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Boletín de Malariología y Salud Ambiental

versión impresa ISSN 1690-4648

Bol Mal Salud Amb v.46 n.2 Maracay dic. 2006

 

Investigaciones sobre la transmisión vertical de Trypanosoma cruzi en ratas Wistar crónicamente infectadas

Elio A. Moreno1*, Arelis C. Quintero1, Marítza E. Alarcón1, Ana Lugo de Yarbuh1, Stelliana C. Moreno1, Sonia Araujo A.1 & Rafael Borges2

1 Laboratorio de Parasitología Experimental (LAPEX), Departamento de Biología, Facultad de Ciencias, ULA - Mérida.

2 Departamento de Estadística, Facultad de Economía, Universidad de los Andes, Mérida 5101, Venezuela.*Autor de correspondencia: emorenob@ula.ve

Resumen

Se presentan los resultados de un estudio experimental sobre la posible transmisión vertical de Trypanosoma cruzi en ratas albinas (Rattus norvegicus) cepa Wistar crónicamente infectadas. El curso de la infección fue evaluado antes del apareamiento, durante la gestación y después del parto mediante pruebas de diagnóstico parasitológico, inmunológico e histopatológico. Como controles se utilizaron ratas vírgenes infectadas y sanas gestantes. Los exámenes directos en muestras de sangre, hemocultivos y xenodiagnósticos realizados a las madres y a las crías, no presentaron parasitemias patentes y/o subpatentes. Exámenes serológicos realizados con la IFI y ELISA a las ratas vírgenes infectadas (A), gestantes infectadas (B) y a las crías, revelaron anticuerpos específicos anti-T. cruzi en el 100 % de las madres infectadas, 26,2 y 44,6 % de las crías y 41,6 y 83,3 % de las crías sanas que fueron alimentadas sobre madres infectadas. El estudio minucioso de las muestras frescas y de cultivo de líquido amniótico, no mostró formas flageladas de T. cruzi. El estudio histopatológico reveló discreta miocarditis, miositis y vellositis con características de cronicidad, acompañada de nidos de amastigotes de T. cruzi a nivel del músculo cardíaco, esquelético y en el estroma de una placenta; moderado infiltrado inflamatorio sin parasitismo en útero, cordón umbilical y glándulas mamarias. La persistencia de nidos de amastigotes de T. cruzi en el corazón, músculo esquelético y en una placenta de ratas con infección chagásica crónica, sugiere la posibilidad de infección fetal. La patogenicidad de la cepa, formas del parásito utilizado y el tamaño del inóculo, pudieran ser factores que inciden en las variaciones observadas en la transmisión vertical de T. cruzi.

Palabras claves: Trypanosoma cruzi, transmisión vertical, rata Wistar, infección crónica.

Research on vertical transmission of Trypanosoma cruzi in chronically infected Wistar rats.

SUMMARY

We give the results of an experimental study on possible vertical transmission of Trypanosoma cruzi in chronically infected Wistar rats. The progress of the infection was evaluated before, during and after parturition with parasitological, serological and histopathological tests. Infected virgin rats and healthy gestating rats were used as control. Direct parasitological examinations of blood samples, blood cultures and xenodiagnosis carried out on mothers and offspring did not reveal patent or sub-patent parasitemias. At the same time, serological tests with IIF and ELISA on virgin rats (A) and infected gestating rats (B) and offspring showed specific anti- T. cruzi antibodies in 100 % of infected mothers and 26.2 and 44.6 % of offspring, while the figures for healthy offspring nursing from infected mothers was 41.6 and 83.3 %. Histopathological tests showed slight parasitic persistence in cardiac, skeletal muscle and in stroma from a placenta; discrete myocarditis and myositis with features of chronicity; moderate inflammatory infiltrate without parasitism in the uterus, umbilical cord and mammary glands. These results suggest that fetal infection is possible in Wistar rats with chronic chagasic infection. There follows a discussion of the factors that might produce the variations noted in congenital T. cruzi transmission, including the pathogenicity of the strain, the parasite forms used and the amount inoculated.

Key words: Trypanosoma cruzi, vertical transmission, Wistar rat, chronic infection.

Recibido el 24/04/2006 Aceptado el 26/10/2006

INTRODUCCIÓN

Trypanosoma cruzi (Kinetoplastida: Trypanosomatidae) agente etiológico de la infección chagásica, puede ser transmitido de la madre al hijo por vía transplacentaria y por el amamantamiento, durante las fases aguda y/o crónica de la infección materna (Bittencourt, 2000). La posibilidad de transmisión congénita de la infección fue referida por Chagas (1911) y su comprobación fue atribuida a Dao (1949), quien observó formas sanguícolas de T. cruzi en la sangre periférica de un niño recién nacido de madre con enfermedad de Chagas agudo. A partir de ese momento, otros casos congénitos se han descrito en Venezuela y en otros países del Continente Americano (Howard, 1957; Rassi et al., 1958; Pifano, 1960; Bittencourt, 1972; Schmunis & Szarfman, 1977; Azogue et al., 1985; Ponce & Ponce, 1995; Torrico et al., 2004; 2006). Bittencourt et al. (1988) señalan que la prevalencia de la infección por T. cruzi en mujeres embarazadas en Sudamérica, varía entre 2 y 51 % en centros urbanos y de 23 a 81 % en áreas endémicas para la enfermedad de Chagas. Las madres infectadas asintomáticas pueden transmitir la infección a sus hijos a través de la placenta y ocasionalmente por la lactancia. Hasta el presente se desconocen las causas por las cuales esta incidencia es tan baja, así como los diferentes factores que influyen para que una misma madre genere algunos hijos infectados y otros no (Bittencourt, 2000; Blanco et al., 1999). La transmisión congénita de T. cruzi ha sido investigada en diferentes modelos animales, con el objeto de clarificar aspectos relacionados con este mecanismo de transmisión. Los primeros trabajos Rocha-Lima (1914) quienes formularon la hipótesis de la transmisión placentaria al encontrar nidos de amastigotes de T. cruzi en las placentas de cobayos experimentalmente infectados, sin observar alteraciones en las crías. A partir de entonces, otras investigaciones efectuadas en ratones (Delgado & Santos-Buch, 1978; Andrade, 1982; Abdelkarim et al., 2002; Moreno et al., 2003a), conejos (Villela, 1923), perros (Souza-Campos, 1928) y monos (Sullivan et al.,1994), han demostrado transmisión congénita del parásito durante la fase aguda de la infección a un número reducido de crías. Estudios experimentales llevados a cabo en la rata albina (Rattus norvegicus), cepa Wistar, machos y hembras, producidas por la inoculación intraperitoneal de formas sanguícolas de la cepa Y de T. cruzi, demostraron que la misma constituye un modelo apropiado, que reproduce con gran semejanza: el espectro patológico que predomina en la enfermedad de Chagas aguda (Scorza, 1980) y los mecanismos de transmisión congénita del parásito durante la fase aguda de la infección chagásica (Moreno et al., 2006). Partiendo de esta premisa, el presente trabajo tiene como objetivo investigar si este mecanismo de transmisión vertical de T. cruzi ocurre en ratas con infección chagásica crónica. El curso de la infección fue evaluado antes, durante la gestación y después del parto, mediante un estudio parasitológico, inmunológico e histopatológico en las ratas crónicamente infectadas con T. cruzi y en sus crías.

MATERIALES Y MÉTODOS

Parásitos

Se utilizaron parásitos de la cepa Y de T. cruzi (Pereira da Silva & Nussenzweig, 1953) de referencia internacional y cedida por la Cátedra de Parasitología de la Universidad de Carabobo, Valencia-Venezuela, y mantenidos en nuestro laboratorio por pasajes seriados en triatominos (Rhodnius prolixus), cultivos in vitro y en ratones NMRI. Las formas sanguícolas de T. cruzi fueron obtenidas por cardiopuntura con jeringas heparinizadas, a partir de ratones experimentalmente infectados con altas parasitemias. La sangre fue mezclada con PBS pH 7,2 y el número de parásitos fue cuantificado siguiendo la metodología descrita por Brener (1962), mediante el contaje de los tripomastigotes en 5 mm3 de la suspensión sanguínea.

Infección experimental

De un total de 30 ratas hembras de 20 días de nacidas y con un peso promedio de 50 gr, 20 fueron inyectadas intra-dérmicamente en el miembro inferior derecho con un inóculo aproximado de 1x105 tripomastigotes sanguícolas contenidos en un volumen de 0,1 mL de la suspensión. Las 10 ratas juveniles restantes sanas, utilizadas como grupo control, fueron inyectadas por vía intra-dérmica con 0,1 mL de solución fisiológica salina. Ambos grupos de ratas fueron mantenidas en jaulas separadas en nuestro bioterio experimental bajo condiciones ambientales controladas y alimentadas con dieta comercial (ratarina) y agua ad libitum.

Estimación de la infección y apareamiento

A las ratas adultas que cursaban la fase crónica de la infección, se les practicaron exámenes parasitológicos (directos en sangre periférica e indirectos tales como: xenodiagnóstico utilizando ninfas de IV estadio de R. prolixus y hemocultivo en medio de cultivo NNN-USAMRU (Walton et al., 1972) adicionada con solución fisiológica salina como fase líquida) y serológicos siguiendo los procedimientos indicados por Moreno et al. (2003b). Inmediatamente después, las ratas infectadas y controles sanas fueron separadas en tres grupos: Un grupo control infectado (A) de 8 ratas vírgenes, un grupo (B) de 12 ratas infectadas y un grupo control sano (C) de 10 ratas. Las ratas de los grupos B y C en etapas de proestrus y/o estrus de su ciclo estral, fueron apareadas con machos en una relación de 2 hembras/1 macho por jaula. Una vez comprobados los espermatozoides en el lavado vaginal, las ratas infectadas y controles sanas preñadas, fueron colocadas en jaulas individuales en el bioterio experimental bajo las mismas condiciones ambientales señaladas.

Estimación parasitológica durante la gravidez

La parasitemia fue evaluada en forma individual en las ratas infectadas mediante el examen directo de muestras de sangre extraída con capilares heparinizados, por punción del plexo retro-orbital a los 6, 12 y 20 días de la gravidez y a los 15 días después del parto normal, utilizando el método modificado de Brener (1962) y el microhematócrito como método de concentración (Freilij et al. 1983).

Detección de anticuerpos humorales

Los métodos serológicos empleados para apreciar los niveles de anticuerpos (Ac) específicos anti-T. cruzi en los sueros de las madres infectadas, en las ratas no preñadas infectadas y en las crías, fueron las técnicas de Inmunofluorescencia Indirecta (IFI) y el Ensayo Inmunoenzimático (ELISA). Para estas pruebas, se utilizó 0,5 y 1 mL de sangre extraída del plexo retro-orbital de cada animal y los sueros separados por centrifugación fueron congelados a -20 °C hasta su uso. El antígeno empleado se preparó con formas de cultivo de la cepa Y de T. cruzi, colectadas en fase exponencial de crecimiento en el medio de cultivo NNN, siguiendo los procedimientos descritos por Camargo (1966) y Voller et al. (1975).

Transmisión de T. cruzi transplacentaria y por el amamantamiento

Al término de la gestación las ratas del grupo B fueron separadas en tres subgrupos: a 4 ratas (B1) se les permitió el parto normal con el objeto de investigar transmisión transplacentaria del parásito; 4 ratas (B2) se les permitió el parto normal, pero sus crías recién nacidas fueron intercambiadas por crías recién nacidas de ratas sanas, con la finalidad de investigar la transmisión de T. cruzi a través de la leche durante la lactancia y las 4 ratas infectadas (B3) restantes, junto con 3 ratas gestantes sanas fueron sacrificadas para buscar tripomastigotes del parásito en el líquido amniótico y alteraciones histopatológicas a nivel del corazón, músculo esquelético, útero grávido, cordón umbilical, glándulas mamarias y placentas.

Evaluación parasitológica de las crías Muestras de sangre extraída de la cola de cada una de las crías juveniles amamantadas por sus madres biológicas infectadas y las alimentadas por nodrizas sanas, fueron examinadas a los 10, 20 y 30 días de nacidas, con el fin de detectar parasitemias patentes. Igualmente, parasitemias ocultas o subpatentes fueron investigadas después del último muestreo, mediante exámenes parasitológicos indirectos como el hemocultivo en medio NNN y el xenodiagnóstico con ninfas de R. prolixus. Para tal fin, 0,3 mL de sangre obtenida con capilares heparinizados del plexo ocular de cada cría juvenil, fue mezclada con la solución fisiológica salina contenida en tubos con medio de cultivo NNN. Los hemocultivos fueron mantenidos en estufa a 26 °C y revisados a los 15, 30 y 45 días después de la adición de la sangre. Para la aplicación de xenodiagnósticos, 10 ninfas de R. prolixus se alimentaron hasta la repleción sobre cada una de las madres infectadas y sus crías inmovilizadas dentro de una malla de plástico. Las ninfas fueron mantenidas en el insectario experimental y 30 días después de la ingesta sanguínea, las heces de los triatominos obtenidas individualmente mediante compresión abdominal, fueron examinadas al microscopio con el objeto de precisar la presencia de formas flageladas de T. cruzi.

Evaluación parasitológica del líquido amniótico (LA)

Las ratas infectadas del grupo B3 y 3 ratas sanas (A) a término de la gestación fueron sacrificadas por hiperanestesia con éter dietílico. En el momento del sacrificio, se extrajo cuidadosamente el útero grávido con sus órganos anexos, el cual fue lavado sobre una cápsula de Petri con solución fisiológica salina y cuidadosamente secado con papel adsorbente a fin de eliminar restos sanguíneos procedentes de las venas y arterias uterinas para evitar cualquier contaminación. Con una pipeta Pasteur se hizo una pequeña incisión sobre la membrana en cada cuerno uterino a nivel de los fetos. Se recolectaron varias muestras de LA, una para ser examinada bajo el microscopio y las otras fueron depositadas en un recipiente estéril con la finalidad de conformar un “pool”. Entre 0,3 y 0,5 mL del pool de LA/rata fue adicionado a 2 tubos con medio de cultivo NNN y revisados a los 15, 30 y 45 días después de la adición de la muestra.

Estudio histopatológico

Las incisiones sobre la membrana uterina fueron ampliadas para extraer los fetos unidos por el cordón umbilical a sus placentas. Al mismo tiempo, se extrajo el corazón completo que fue cortado frontalmente en dos partes, fragmentos de músculo esquelético poplíteo, útero grávido y el sexto par de glándulas mamarias. Los tejidos fueron fijados en formalina neutra al 10 % durante 48 horas e incluidos en Paraplast (Monoject Scientific, St. Louis, MO. USA). Los cortes de 6 μm de espesor se hicieron en un microtomo American Optical Spencer y fueron coloreados por los métodos de Giemsa-Pappenheimcolofonio (Bray & Garnham, 1962) y hematoxilinaeosina (HE). Igualmente, fueron sacrificadas por sobreanestesia con éter dietílico las crías juveniles provenientes de las madres chagásicas, junto con las crías sanas que fueron amamantadas sobre ratas infectadas y las crías de las ratas controles restantes. De cada una de las crías se extrajo el corazón completo que fue cortado frontalmente en dos partes iguales y fragmentos de la musculatura esquelética.

Análisis estadístico

Los títulos de anticuerpos anti-T. cruzi obtenidos con las técnicas serológicas empleadas (IFI y ELISA), fueron examinados mediante un análisis de variancia en una vía (Kleinbaum et al., 1998). Las diferencias en los promedios de cada variable según los grupos y tiempos fueron considerados estadísticamente significativos con valores de P<0,001.

RESULTADOS

Parasitemias

Los exámenes directos de muestras de sangre, hemocultivos y xenodiagnósticos realizados a cada una de las ratas con infección chagásica crónica, antes del apareamiento, durante el período de gestación y a los 15 días después del parto, no mostraron parasitemias patentes o subpatentes. Igualmente, resultaron negativas a las pruebas de diagnóstico parasitológico las 103 crías juveniles provenientes de las 8 ratas infectadas de los grupos B1 y B2 y amamantadas hasta el destete por sus madres biológicas y por nodrizas sanas, así como las 12 crías juveniles de madres sanas que fueron amamantadas por madres infectadas del grupo B2.

Presencia de anticuerpos

Las pruebas serológicas realizadas a las ratas vírgenes infectadas (A) y a las ratas chagásicas gestantes (B) antes del apareamiento, durante la gravidez y a los 15 días después del parto, mostraron títulos específicos anti-T. cruzi > 1:32 para la IFI y densidad óptica (DO) > 0,35 para la ELISA, considerándose en ambos casos el 100 % de las ratas seropositivas. Los títulos de Ac obtenidos con la IFI durante el período de gestación, se analizaron mediante un gráfico que representa la mediana en cada tiempo y en cada grupo ± DT, observándose diferencias significativas en los títulos entre los tiempos (P<0,001) (Fig. 1). 

Igualmente, los valores de DO obtenidos con la ELISA, mostraron diferencias significativas en los tiempos (P=0,03356) y no en los grupos (P=0,2899). En cuanto a los exámenes serológicos efectuados a las crías, las pruebas realizadas con ambas técnicas presentaron porcentajes variables de seropositividad desde un 26,2 y 44,6 % para las crías nacidas de madres chagásicas y 41,6 y 83,3 % para las crías sanas que fueron amamantadas por madres infectadas (Tabla I). 

Los sueros procedentes de las ratas sanas y de sus crías no mostraron reactividad alguna.

Valoración del líquido amniótico y alteraciones histopatológicas

En los exámenes microscópicos directos realizados a las muestras de líquido amniótico de las ratas infectadas sacrificadas a término de la gestación, y en los cultivos in vitro, no se apreciaron formas flageladas de T. cruzi. Por otro lado, el análisis histopatológico de los órganos maternos reveló a nivel del corazón y músculo esquelético moderada miocarditis y miositis focal de variable intensidad, destrucción de algunas fibras musculares con discreta fibrosis en la masa muscular y persistencia escasa de nidos de amastigotes (Fig. 2 A, B). 

El útero grávido mostró distensión de las fibras musculares lisas, discreto infiltrado celular sin parasitismo y abundantes eosinófilos. En las secciones del cordón umbilical se observó un discreto infiltrado celular en el tejido mucoso de Wharton y en las túnicas media y adventicia de las arterias y venas umbilicales. En los cortes de glándulas mamarias no observamos alteraciones apreciables ni presencia de parásitos en los alveólos, conductos excretores y en el tejido conectivo inter e intralobulillar. Las células alveolares mostraron citoplasma altamente basofílico y secreciones con presencia de macrófagos en los conductos alveolares. En los cortes de las placentas se observaron focos inflamatorios a nivel del estroma velloso placentario y en las placas coriónica y desidual. En una placenta se evidenció un nido de amastigotes a nivel del estroma y vellositis de variable intensidad (Fig. 3).

El estudio histopatológico de los cortes de corazón y músculo esquelético de las crías juveniles, nacidas de madres con infección chagásica crónica y de las 12 crías de madres sanas amamantadas por madres infectadas, mostraron en algunas secciones discretos focos inflamatorios y ausencia de parasitismo tisular. Los cortes del corazón, músculo esquelético y las placentas de madres sanas no presentaron alteraciones histopatológicas apreciables.

DISCUSIÓN

Los métodos de diagnóstico parasitológico empleados en las ratas infectadas con T. cruzi, durante el desarrollo de la investigación, revelaron ausencia de parasitemias patentes y/o subpatentes, lo que indica que en la fase crónica de la infección chagásica hay un control sobre la liberación de parásitos al torrente sanguíneo. Estos resultados corroboran las observaciones publicadas por Moreno et al. (2005) quiénes estudiando la reactivación de la infección chagásica en ratas gestantes crónicamente infectadas con formas metacíclicas de T. cruzi DSM, no detectaron exacerbación de parasitemias en la sangre. Sin embargo, observaron cambios apreciables en la respuesta inmunológica caracterizados por una disminución en los niveles de IgG y un incremento significativo de la IgM, signos característicos de una reactivación de la infección chagásica aguda. Estos cambios en la respuesta inmunológica probablemente sean los responsables de la eliminación de las formas sanguícolas del parásito. No obstante, Bittencourt (1992) señaló que mujeres en estado crónico de la enfermedad de Chagas, desarrollan embarazos aparentemente normales, presentando pocas evidencias que indiquen cambios en la respuesta inmune o reflejen recrudecimiento de la enfermedad de Chagas.

En cuanto a la transmisión vertical de T. cruzi, algunos autores han referido casos congénitos de madres que presentaban importantes manifestaciones clínicas producidas por la infección chagásica tanto en la fase aguda (Dao, 1949; Jörg, 1954; Howard, 1957; Pifano, 1960) como en la fase crónica (Rassi et al., 2004).

En animales experimentales los resultados han sido contradictorios, Souza-Campos (1928) demostró transmisión congénita del parásito en perras durante esta fase de la infección. Por otra parte, Apt et al. (1967) investigaron este mecanismo de transmisión en ratas con infección aguda y crónica. Los autores señalaron que a pesar de obtener infección en las ratas madres, no observaron infección congénita en las crías, lo que podría deberse a la resistencia natural de la rata a la infección por T. cruzi. Por otra parte, Carlier et al. (1987), Marques de Araujo & Chiari (1996) trabajando con ratones crónicamente infectados con T. cruzi, y Jansen et al. (1994) con faros (Didelphis marsupialis), no observaron este mecanismo de transmisión del parásito a su progenie. La única referencia de infección congénita en ratones en fase crónica, es la de Cunio et al. (1980), quienes observaron formas amastigotas en el tejido fetal.

La transmisión vertical de la infección chagásica es mayor durante la fase aguda por la presencia de tripomastigotes en la sangre materna. Se ha señalado que el parásito invade y se multiplica en las células de Hofbauer de la placenta, que los tripomastigotes son liberados posteriormente y pueden alcanzar al embrión o feto por vía hematógena (Bittencourt, 2000). Este mecanismo de transmisión ha sido investigado en animales experimentalmente infectados con diferentes cepas de T. cruzi, variando el inóculo y la forma del parásito. Dávila et al. (1994) trabajando con ratas endogámicas infectadas con 1x106 tripomastigotes sanguícolas de T. cruzi durante la gestación, demostraron que 5/67 (7,5 %) de las crías procedentes de madres infectadas presentaron parasitemias patentes y 5/15 hemocultivos positivos. Igualmente, Moreno et al. (2003b) empleando inóculos bajos de 1x104 formas metacíclicas de T. cruzi de origen canino, observaron transmisión vertical del parásito en 4/44 (9,1 %) crías procedentes de ratas que cursaban esta fase aguda de la infección chagásica. La transmisión vertical también ha sido observado en ratones C3H (Marques de Araujo & Chiari, 1996), ratones C3H/HeN (Solana et al., 2000), ratones NMRI (Moreno et al., 2003a) y en monos (Sullivan et al., 1994). En el presente trabajo, los exámenes parasitológicos efectuados a las crías nacidas y amamantadas por las madres biológicas crónicamente infectadas, no mostraron formas sanguícolas de T. cruzi en las muestras de sangre examinadas, a pesar de que en una de las placentas se observó un nido de amastigotes. Estos resultados concuerdan con la opinión de Rassi et al. (1958) quienes, aún cuando observaron parásitos en la placenta, no pudieron comprobar la presencia de T. cruzi en el recién nacido. Posteriormente, Bittencourt (2000), señaló que la transmisión transplacentaria parece depender de factores ligados al parásito y al hospedador. La autora sugiere que el epitelio trofoblástico que separa la sangre materna del estroma y las vellosidades, además de ofrecer una barrera mecánica, constituye una barrera inmunológica. Por otra lado, se ha señalado que el pasaje transplacentario de T. cruzi también depende de la patogenicidad de la cepa y de la actividad fagocítica en la placenta (Delgado & Santos-Buch, 1978).

El otro mecanismo de transmisión de T. cruzi investigado, fue a través de la leche durante el amamantamiento. Las crías de madres sanas, que fueron amamantadas hasta el destete por ratas crónicamente infectadas, no presentaron infecciones patentes evidenciables por los métodos de diagnóstico parasitológico utilizados. En vista de la presencia de anticuerpos anti-T. cruzi en las crías, podría pensarse que los anticuerpos maternos transferidos pasivamente restringen la parasitemia. Investigaciones llevadas a cabo en mujeres crónicamente infectadas con T. cruzi y en animales infectados experimentalmente, no han evidenciado la transmisión del parásito por esta vía (Bittencourt, 1992; Marques de Araujo & Chiari, 1996; Amato Neto et al., 2000; Campos et al., 1988). Bittencourt et al. (1988) señalaron que la transmisión de T. cruzi a través de la lactancia raramente ocurre aún en casos con enfermedad de Chagas aguda. Igualmente, Miles (1972) había indicado que la transmisión del parásito por la leche materna era extremadamente rara, debido a la dificultad de la transmisión oral. Estas observaciones fueron corroboradas por Pinto et al. (1989) y por Moreno et al. (2003b) quienes estudiando la transmisión congénita de la infección chagásica aguda en ratones y ratas Wistar, no encontraron evidencias del pasaje de T. cruzi a través de este medio.

Anticuerpos humorales anti-T. cruzi fueron apreciados en los sueros de las ratas madres crónicamente infectadas. Los títulos de anticuerpos en las ratas gestantes aumentaron significativamente al final de la gestación, regresando después del parto a valores similares a las ratas infectadas no preñadas. Este incremento de los Ac sigiere que se produjeron cambios en la respuesta inmune de la madre, los cuales son potenciados por los efectos paralelos de la gravidez. Igualmente, fueron detectados importantes niveles de anticuerpos específicos en los sueros de las crías nacidas y amamantadas por sus madres biológicas con infección chagásica crónica y en las crías de madres sanas amamantadas por ratas chagásicas.

Con la técnica de ELISA, los valores porcentuales de los títulos de anticuerpos fueron mayores, lo que índica la mayor sensibilidad de la reacción. Estos hallazgos, confirman que hubo transmisión pasiva de anticuerpos maternos anti- T. cruzi vía transplacentaria y a través de la leche a su progenie, confiriéndole protección parcial contra infecciones por T. cruzi (Apt et al., 1967; Pinto et al., 1989; Carlier et al., 1992).

El estudio parasitológico del líquido amniótico no reveló formas flageladas del T. cruzi en este medio. No obstante, Moreno et al. (2003a; 2006) observaron dichas formas en el líquido amniótico de ratones y en ratas en fase aguda de la infección chagásica, tanto en muestras frescas como en el pool sembrado en los tubos de cultivo NNN. Señalan los autores que la presencia de tripomastigotes en este medio, es indicativo de una posible infección fetal. En humanos, se han encontrado formas flageladas de T. cruzi en el líquido amniótico de mujeres jóvenes con enfermedad de Chagas y se ha demostrado la transmisión transplacentaria del parásito a sus hijos (Bittencourt et al., 1981; Nilo et al., 2000). Es importante alertar a los médicos y enfermeras sobre la presencia de formas infectivas de T. cruzi en este medio, a fin de evitar cualquier contacto con el líquido amniótico durante el momento del parto, principalmente de mujeres procedentes de áreas endémicas para la enfermedad de Chagas.

El estudio histopatológico realizado a los corazones y fragmentos de músculo esquelético de las ratas chagásicas sacrificadas a término de la gravidez, mostraron una miocarditis y miositis focal con características de cronicidad, destrucción de algunas fibras musculares con discreta fibrosis y persistencia de parásitos en el tejido muscular, similar a la descrita por Moreno et al. (2005) en ratas Wistar y Añez et al. (1999) y Elías et al. (2003) en humanos con enfermedad de Chagas crónica. En las secciones del útero grávido se evidenció un moderado infiltrado linfocitario en el miometrio y abundantes eosinófilos; la presencia de estas células sugiere posibles efectos de la infección por T. cruzi asi como los efectos inducidos por la gravidez.

La persistencia parasitaria también fue evidente en una placenta, en donde se observó un pequeño pseudoquíste a nivel del estroma y vellositis de variable intensidad. La presencia de nidos de amastigotes en la parte vascular de la placenta, sugiere la posibilidad de infección fetal en la fase crónica. Esto es posible que ocurra aunque la placenta actúe como una barrera contra infecciones producidas por varias cepas de T. cruzi, aún siendo ellas altamente patógenas (Delgado & Santos-Buch, 1978; Andrade, 1982). Por otro lado, Moreno et al. (2003a) y Carraro-Abrahão et al. (2000) observaron en placentas de ratones NMRI y suizos infectados con la cepas RAL y Y de T. cruzi, un intenso parasitismo y grandes nidos de amastigotes en el citoplasma de las células gigantes del estroma, así como transmisión vertical a su progenie en la fase aguda de la infección. En placentas humanas se ha descrito una placentitis chagásica, necrosis de las vellosidades del epitelio trofoblástico, intenso parasitismo y células inflamatorias abundantes. Este parasitismo placentario no necesariamente tendría una estricta correlación con la infección fetal, dado que se han observado casos de enfermedad de Chagas congénita sin el hallazgo histológico de T. cruzi así como nidación placentaria sin infección fetal (Bittencourt, 2000). Los resultados también confirman las observaciones de Andrade (1982) y Delgado & Santos-Buch (1978), quienes señalaron que cepas de T. cruzi de diferente origen, presentan distinto tropismo por la placenta, por lo que la transmisión congénita dependería de la virulencia (capacidad de proliferación) e histotropismo de la cepa del parásito así como de la capacidad fagocítica de los macrófagos de las vellosidades placentarias. Técnicas moleculares han demostrado que diferentes cepas y clones de T. cruzi presentan diferencias en tropismo hacia los tejidos del hospedador vertebrado (Vago et al.,1996; 2000; Macedo et al., 2002). De conformidad con esta proposición, la cepa Y de T. cruzi mantiene un tropismo placentario evidenciable por los resultados observados, mientras que otras cepas estudiadas en nuestro laboratorio tendrían un bajo o inexistente tropismo placentario, lo cual explicaría en parte la diferencia en la transmisión vertical del parásito (Moreno et al., 2003b; 2005).

La presencia de focos inflamatorios en la masa muscular cardiaca y esquelética de las crías nacidas de madres chagásicas y las crías de madres sanas amamantadas por madres infectadas, posiblemente se deba a la acción de los anticuerpos maternos anti-T. cruzi transferidos pasivamente por vía transplacentaria y por la leche materna, más que a la presencia de tripomastigotes de T. cruzi, ya que estas formas parasitarias no fueron detectadas a través de los exámenes parasitológicos empleados. Es importante señalar que dada la posibilidad de control de la transmisión vectorial, la transmisión vertical adquiere más importancia, ya que en los países donde se ha controlado o no hay transmisión vectorial este sería el principal factor, conjuntamente con la transmisión por transfusiones sanguíneas, de nuevas infecciones por T. cruzi. Finalmente, es necesario conocer y entender los factores que pueden incidir en las variaciones observadas en la transmisión congénita del parásito, entre ellos la patogenicidad de la cepa, las formas del parásito y el tamaño del inóculo utilizado.

AGRADECIMIENTOS

Al Consejo de Desarrollo Científico, Humanístico y Tecnológico de la Universidad de los Andes por el apoyo financiero a través de los Proyectos C-1184-03-03-A.; al FONACIT: Proyecto S1-2002000500l; al Insectario de cría “Dr. Herman Lent” del Departamento de Biología de la Facultad de Ciencias, por el suministro de las ninfas de R. prolixus.

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