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Propuestas críticas para un análisis más comprensivo de la problemática masculina Antonio S. BOSCÁN LEAL Departamento de Ciencias Humanas. Facultad Experimental de Ciencias. Universidad del Zulia. Maracaibo, Venezuela RESUMEN Nuestro propósito es superar la concepción limitada que se tiene de la problemática actual de los varones. Si bien es cierto que todas las mujeres han sufrido las imposiciones del sistema patriarcal, no es verdad que todos los varones se hayan beneficiado siempre o participado de las cuotas de poder que otorga el mismo, quedando en realidad la mayoría de éstos marginada y sometida. La problemática de los varones actuales no se define únicamente por el conflicto planteado por las mujeres contra los varones con una ideología patriarcal, sino también por el conflicto puesto hoy en evidencia por la inmensa cantidad de varones que viven marginados por los congéneres que manejan el sistema. El verdadero cambio para ellos debe consistir en una nueva actitud hacia las mujeres, y en replantear las relaciones que han establecido entre sí.
Critical Proposals for a More Comprehensive Análisis of the Masculinity Problem ABSTRACT Our proposal is to overcome the limited conception of the masculinity problem. Even when it is true that all women have suffered from the imposition of the patriarchal system, it is not true that all men have always benefited or participated in the power structure that the same offers, and the majority of these people are in reality either submitted or isolated. The present problem for males is not only defined by the conflict proposed by women against males with a patriarchal ideology, but also due to the conflict evidenced by the immense number of males that are discriminated against by their peers who run the system. A true change for them must include a new attitude towards women and a redefinition of the relations established among men. Key words: Masculine issues, patriarchy, sexism, homophobia, male liberation. Recibido: 23-03-2006 · Aceptado: 05-05-2006 INTRODUCCIÓN: UN SUPUESTO CUESTIONABLE Y LA PROPUESTA DE UNA NUEVA HIPÓTESIS DE TRABAJO En la Introducción al Tercer Taller: Desaprendiendo el machismo; pistas metodológicas para el trabajo entre hombres (1995), un taller sobre masculinidad y educación promovido por el grupo CANTERA, de Managua, se planteaba lo siguiente: (...) pudimos analizar la construcción de relaciones de poder en la sociedad y descubrir que como hombres tenemos mayores privilegios y ventajas y un valor socialmente reconocido que nos garantizan poder en todos los ámbitos de la vida y especialmente sobre las mujeres. Reconociendo que la búsqueda de relaciones más justas entre hombres y mujeres empieza con que nosotros reconozcamos no solamente el poder que tenemos y las formas en que abusamos del mismo, sino que también nos comprometamos a cambiar... 1 Lo que básicamente deseamos revisar y someter a discusión de este párrafo, es la forma indiscriminada en que se critica y acusa a todos los varones. Aparte de que estas son generalizaciones que han contribuido a promover algunos movimientos feministas extremistas, un estudio histórico serio de la condición de los varones, bastará para confirmar que el patriarcado con el que estamos en total desacuerdo si bien es cierto ha afectado y sigue afectando completamente la vida de todas las mujeres, no es verdad que siempre haya favorecido la vida de todos los varones2. En toda la historia de existencia del patriarcado, han sido pocos los varones favorecidos por un sistema, cuyo principio se nutre fundamentalmente de la rivalidad y competencia permanente entre ellos, lo cual conduce inevitablemente al predominio de los más fuertes y astutos. La mayoría de los varones, si bien no tanto como las mujeres, no sólo ha permanecido y permanece al margen, sino que también ha estado reprimida y execrada, en formas específicas, por no tener muchos de ellos, el talento para cumplir con las exigencias impuestas por el sistema 3 o por no querer amoldarse a los imperativos de éste 4, el cual si bien es verdad se trata de un sistema producto de la mentalidad masculina, sin embargo, no es cierto que el mismo haya sido creado bajo la complicidad de todos los varones 5. Son muchísimos los varones que diariamente en todas partes del mundo, pertenecientes a distintas condiciones sociales, religiosas, económicas y sexuales, viven sufriendo de un modo cruel y de maneras muy específicas las imposiciones de un sistema que sólo lo controlan y únicamente beneficia a unos cuantos varones. El resto, la gran mayoría, repetimos, vive en la represión, la subordinación y la marginación6. Tal como lo señala Michael Kaufman: De hecho, las sociedades dominadas por hombres no se basan solamente en una jerarquía de hombres sobre las mujeres, sino de algunos hombres sobre otros hombres. La violencia o la amenaza de violencia entre hombres es un mecanismo utilizado desde la niñez para establecer ese orden jerárquico7 También nos oponemos a la consideración injusta de que los varones ejerzan violencia únicamente contra las mujeres. En todo caso, se trata de un ejercicio multilateral de la violencia. Definirlo en estos términos, sería asumir una posición demasiado simplista. En realidad, los actos individuales de los hombres ocurren dentro de lo que he descrito como la triada de la violencia de los hombres. La violencia de los hombres contra las mujeres no ocurre aisladamente, sino que está vinculada a la violencia de los hombres contra otros hombres y a la interiorización de la violencia, es decir, la violencia de un hombre contra sí mismo 8 Muchísimos varones además de no ser violentos hacia ningún tipo de persona viven, por el contrario, padeciendo no sólo de los rigores y exigencias impuestos por el sistema, 9 y que en realidad, afecta a todos incluyendo a las mujeres, sino también de la violencia, en diferentes modalidades, ejercida por parte de otros varones y de ciertas mujeres con poder. Algunos autores señalan incluso que es mayor el número de muertes masculinas que femeninas en el sistema patriarcal: En este momento, las víctimas de la sociedad también son los hombres, quizás los que menos conciencia tienen de ello. Yo, por ejemplo, tengo que hacer mucho esfuerzo para llegar a los hombres, para explicarles cuál es su problemática y por qué muchos no tienen conciencia de esta situación... Yo creo que hay más hombres víctimas del sistema patriarcal que mujeres golpeadas, acosadas, o más hombres víctimas que mueren de esta mentalidad en todo el mundo que en las mismas guerras actuales. En las guerras hay muchas más muertes concentradas, y asustan, pero si tienes en cuenta la cantidad de hombres que mueren de infarto, de patologías degenerativas por contener al ser que hay dentro de ellos, cambia la idea .10 Tampoco es cierto que las experiencias de la vida conduzcan a todos los varones a identificarse con los modelos hegemónicos, sexistas y homofóbicos de masculinidad existentes, y que esto los lleve a todos a ser cómplices en la subordinación de las mujeres. Es desmesurado suponer que esta subordinación femenina todos los varones la avalen, poniendo como indicador de ello la supuesta superioridad masculina en todos los campos, la cual también todos los varones la reconocerían como una condición natural. La evidencia de una amplia y muy marcada marginación masculina, es un dato que debería ser aceptado y hacernos reconocer que no todos los varones pueden ni desean desarrollar actitudes de superioridad y mucho menos roles de violencia y marginación hacia otras personas, muy especialmente hacia las mujeres. A los varones que también son discriminados por los que ostentan el poder y con cuyos modelos de masculinidad no pueden ni nunca buscarán identificarse, les resultará difícil apoyar la opinión de que, por ejemplo, a un varón negro se le reprima socialmente básicamente por ser negro, y que a una mujer negra se le reprima doblemente por ser no sólo negra sino también mujer. En ello pareciera predominar una actitud acusatoria extrema y revanchista, que impide reconocer que un varón negro también puede ser doblemente marginado, no sólo por ser negro, sino también porque, a pesar de ser varón, no cumple con el modelo de hombría impuesto por el sistema. Y con ello no nos estamos refiriendo necesariamente a un varón negro gay, sino a un varón negro que simplemente quiera desarrollar, por encima de los patrones establecidos, unas relaciones más armoniosas y equitativas con las mujeres y también con otros varones. A este respecto cabe hacer referencia al excelente estudio de Sabrina Brancato, Masculinidad y etnicidad: las representaciones racistas y el mito del violador negro, (2000), en el que la autora menciona el análisis que realiza Bell Hooks de la relación de los afroamericanos con el modelo patriarcal de masculinidad. Hooks señala que a lo largo de la historia afroamericana ha habido hombres a quienes no les ha interesado el ideal patriarcal. De hecho no existe un modelo monolítico de masculinidad afroamericana y, aunque el ideal patriarcal haya sido la versión de masculinidad más valorizada a lo largo del siglo veinte, han existido hombres negros que han elegido estilos de vida alternativos, oponiéndose al status quo y rechazando una identidad patriarcal ya modelada para inventarse a sí mismos 11 Sin embargo, eso no significaba que todos los hombres negros estuvieran atormentados por su incapacidad de cumplir con el ideal masculino falocéntrico impuesto por el hombre blanco. Muchísimos hombres negros se han sentido fracasados, y han desarrollado una conducta desviada como consecuencia de la incapacidad de cumplir con el destino masculino falocéntrico en un contexto racista. 12 Baste la descripción de este caso para mostrar la situación de opresión y de alienación que sufren la mayoría de los varones como consecuencia de un sistema controlado por el grupo dominante de los mismos. REPLANTEANDO EL ARGUMENTO ENGELSIANO El postulado engelsiano 13 que afirma que la desigualdad entre los hombres históricamente fue establecida con la instauración en el pasado del sistema de clases, y que la primera clase social oprimida fue la de las mujeres, es necesario replantearlo, en base a las consideraciones que hemos expuesto anteriormente. Estamos de acuerdo con Engels en señalar que la desigualdad entre los hombres comenzó con la instauración del primer sistema de clases, pero ya no es posible seguir considerando que en la antigüedad el único tipo de desigualdad que logró instituirse fue la establecida entre varones y mujeres. Existen suficientes indicios que sirven de fundamento para formular la hipótesis de que casi al mismo tiempo que se impuso la desigualdad femenina se instauró la desigualdad entre varones, como si la primera implicara necesariamente la segunda14. El carácter homofóbico del patriarcado una de sus principales fuentes motoras, tal como nosotros lo concebimos tuvo que darse casi simultáneamente, o por lo menos surgió conjuntamente, con el carácter sexista del mismo. Sostenemos que los varones primitivos comenzaron a generar una actitud sexista, después que aprendieran a desarrollar una nueva actitud egocentrista, ansiosa de poder, la cual se expresó tanto en sus relaciones con las mujeres como en las relaciones problemáticas existentes entre los varones. El sistema de producción y de intercambios establecido desde el neolítico por los propios varones, terminó por afirmar la rivalidad y el deseo de éstos de someter a otros de su mismo género. Este nuevo tipo de relaciones de producción, dio lugar a una nueva era de luchas y disputas intragenéricas, que debieron apoyarse también en otro tipo de condicionamientos políticos, culturales e incluso ambientales que alteraron de forma sustancial las relaciones entre los varones, superponiendo una nueva clase de jerarquía social a la impuesta en sus relaciones con las mujeres. Cuando los varones aprendieron a dominar y ejercer su ambición, ante la prosperidad alcanzada en el nuevo modo de producción y de régimen político históricamente establecido, y esto como consecuencia de sus ansias por apoderarse de las nuevas riquezas, concibieron la idea y decidieron hacerla realidad, de reafirmar la subordinación de las mujeres. Sus ambiciones masculinas pasaron a predominar por encima de la otrora admiración y respeto e incluso temor que sentían hacia las mujeres15. Este acto de dominio y control sobre las mujeres debió darse, pues, conjuntamente con el deseo de control y dominio de otros varones. Ya no es posible pues seguir planteando los orígenes de la problemática femenina sin tomar en cuenta el desarrollo histórico de problemática masculina. El patriarcado no es un sistema del cual se han aprovechado todos los varones para oprimir a las mujeres. Es también un sistema de opresión de los varones, no sólo en el sentido ampliamente reconocido de que, efectivamente, causa estragos en la salud psíquica, emocional y física de aquellos, sino también en el sentido que establece entre los mismos un auténtico estado de confrontación, en el cual muy pocos están realmente aptos para participar, y a muchos simplemente les resulta intolerable. EL FACTOR MOTORIZADOR DEL SISTEMA PATRIARCAL Hasta ahora se ha supuesto que el patriarcado únicamente comporta discriminación hacia la mujer. En realidad, Aquellos que se encuentran atrapados en la estructuras y en la dinámica del patriarcado buscan dominar no sólo a las mujeres sino también a los hombres. 16 Pensar que el patriarcado solamente consiste en la opresión que ejercen los varones sobre las mujeres y los hijos, es mantener una visión restringida del mismo, lo cual impide reconocer su principal factor motorizador. Muy pocos autores parecen haberse percatado de que uno de los principales basamentos del patriarcado, consiste en la rivalidad permanente entre los varones tratando de predominar o imponerse como los más astutos y poderosos. Y son ... los hombres poderosos... los beneficiarios de lo que Bob Connell denomina el dividendo patriarcal, otorgado a hombres exitosos o prominentes que se someten al ideal masculino. Además del honor, el prestigio y el derecho a gobernar que el patriarcado les confiere, los hombres obtienen los considerables beneficios materiales y la buena vida que acompañan a las posiciones de autoridad. 17 Junto con la opresión que ejercen sobre las mujeres, los varones necesitan desarrollar un poderío y un liderazgo que únicamente logran compitiendo con sus rivales por conseguir adeptos y obligando a otros hombres a trabajar al máximo... 18 Este es uno de los principales objetivos que, según el patrón tradicional, debe alcanzar todo varón en ciernes, y todo aquel que ejerce el poder. De allí la necesidad de ciertos ritos de iniciación masculina y de cierta clase de relaciones políticas intragenéricas de interdependencia, para el establecimiento y la afirmación de una masculinidad hegemónica. El sistema patriarcal, desde sus orígenes, ha estado en manos de unos cuantos varones, sobre todo de aquellos que se muestran más hábiles en el manejo del poder y la fuerza en las áreas política y social. El patriarcado no es un sistema de distribución equitativa del gobierno entre los varones. Esto implicaría compartir el poder, lo cual, por principio, va en contra de la forma monolítica que ha adoptado el mismo, que se mantiene precisamente en base a la fortaleza lograda mediante la instauración permanente de la rivalidad y la competencia. Semejante situación sólo pueden soportarla, o únicamente pueden alcanzarla, los machos que posean las cualidades personales necesarias. 19 EL PATRIARCADO, MÁS QUE UN SISTEMA DE PRESTIGIO El patriarcado es un sistema jerárquico, que requiere de líderes con suficiente temperamento y fortaleza, pero que no sean insensibles a sus subalternos, ya que la supervivencia del mismo depende justamente de que los que se han hecho con el poder, a través de duras contiendas, logren mantenerse en el mismo, por medio de argucias, persuasión y liderazgo, buscando, bajo el consentimiento dado por convicción o por conveniencia por los subalternos, la fidelidad y adhesión de los mismos, los cuales a su vez esperan se cumplan las promesas de protección y la obtención de algunos beneficios. La disputa y la rivalidad han sido características de las relaciones entre los hombres, pero también las alianzas y los pactos entre ellos. Han pactado sobre la relaciones de propiedad, no sólo de los territorios, sino de las mujeres y de sus hijos e hijas, entre otras cosas 20. Esto quiere decir que el patriarcado es un sistema fundado en el prestigio, el liderazgo y el éxito de los varones más astutos, cualidades éstas que únicamente se alcanzan a partir de una organización basada en la medición de fuerzas materiales, políticas y económicas. Los machos no compiten entre sí sólo por acaparar el mayor número de hembras dóciles, ni tampoco por el simple placer de desarrollar un carácter fuerte o adquirir fama. Lo hacen porque buscan efectivamente controlar la vida social y política y todos sus bienes materiales, los cuales suelen estar en manos de los varones poderosos. Controlándolos a ellos y a sus bienes por la fuerza, o mediante alianzas y manipulaciones, se logra conquistar el mundo, y de paso a las mujeres. Esto quiere decir también que el problema de los varones y de las mujeres dentro del patriarcado, no es un mero problema ético o de voluntad. Es necesario reconocer que el patriarcado, en tanto que sistema u organización social, política y económica es, por principio, autónomo e independiente de la voluntad individual de los hombres. Pero esta autonomía no tiene como única fuente la cultura. Si bien es cierto que el patriarcado es el producto insondable de miles de generaciones, y que en cuanto tal, ha quedado establecido en nuestro inconsciente colectivo, imponiéndose a nuestros deseos y voluntades, desde el nivel de lo simbólico prerracional y prerreflexivo; también es verdad que el patriarcado es una organización material objetiva, reforzada desde hace varios siglos por el sistema capitalista, el cual se rige, asimismo, por sus propias leyes. Se ha propuesto el cambio del actual sistema capitalista, por otro socialista, y esto es necesario. También se ha propuesto un cambio cultural e ideológico, para que las creencias, valores y costumbres de los varones y de las mujeres sean otras, y esto también es necesario. Sin embargo, en lo que pocos pensadores y pensadoras han reparado es en que las reglas del sistema patriarcal y las leyes del capitalismo, no las establecen individuos aislados, ni tampoco es algo que se puede decretar, ni siquiera planificar en un laboratorio con ayuda de las ciencias. Obedecen al orden material mismo que rige la vida social toda. Empero este orden es histórico y, en consecuencia, puede ser subvertido. Pero esto solo será posible por la integración de los diferentes grupos oprimidos en un único movimiento social general. Asimismo, debemos reconocer que el patriarcado ha sido uno de los sistemas organizadores más exitosos de la sociedad humana. Tal como lo señala Mary Douglas: Durante el período de máximo poderío del líder, sus seguidores conocen un nivel de organización más alto que el que jamás habrían sido capaces de alcanzar por sí mismos 21 Pero el sistema patriarcal ha regido la sociedad con leyes injustas, y, además, se trata de un sistema moralmente neutro, manipulable, y centrado en el ego22. En este sentido, el patriarcado se ha instituido como uno de los peores sistemas sociales represores originarios de la historia humana. LA TOMA DE CONCIENCIA MASCULINA: RECONOCIMIENTO DEL VARÓN DE SU MARGINACIÓN POR OTROS VARONES Desde hace varias décadas en diferentes regiones del mundo han surgido grupos organizados de varones concienciados, que se han propuesto establecer un tipo de relaciones más equitativas y solidarias con las mujeres, pero nada parece sugerir que la simple toma de conciencia, por parte de los mismos, de su condición de opresores de las mujeres, los haya hecho cambiar repentina y completamente. Con esto no estamos precisamente refiriéndonos al hecho de que ciertamente resulta muy difícil desaprender el sexismo. Lo que queremos decir es que para que un varón deje de ser sexista, no basta con que enfrente las exigencias de la mujer nueva. También es necesario que sufra una cierta desilusión, que sea consecuencia del tipo de relaciones mantenido con sus congéneres. Al patriarcado se le ha opuesto una filosofía radical como la del feminismo, movimiento que surgió justamente a partir de la toma de conciencia de las mujeres de su condición de oprimidas, toma de conciencia que implicó el rechazo de ellas hacia el modo de actuar y de pensar de los varones de mentalidad patriarcal. Pues bien, nosotros consideramos que un varón de conciencia antipatriarcal sólo es posible no sólo si ha sido ideológica, política y afectivamente conmocionado por el feminismo, sino también, en lo fundamental, si ha pasado por la misma situación de opresión impuesta por otros varones. Esto último nos parece una condición necesaria para que se produzca un auténtico cambio interior en los varones, lo cual indudablemente implica un rechazo, pero en el caso de ellos, a diferencia de lo que sucede con las mujeres, se trata de un rechazo mezclado con vergüenza. Nuestra tesis es que la mera influencia del feminismo o la simple asunción de la filosofía feminista por parte de los varones, no basta para que los mismos logren cambiar las relaciones con las mujeres y su comportamiento frente a otros varones. También hace falta sufrir una decepción con respecto a su propia condición masculina, la cual ha de ser la consecuencia inevitable del conflicto intragenérico. No se trata precisamente de la vergüenza que muchos varones experimentan por los malos actos cometidos, reconocidos como tales ante los reclamos y acusaciones públicas que vienen haciendo las mujeres. Nos referimos básicamente a la vergüenza originada por el sufrimiento en carne propia de las reglas y acciones humillantes que son impuestas por los varones que controlan el sistema, esos que se supone representan a la figura paterna y que tendrían que actuar en forma solidaria y ejemplar, en razón de su condición de líderes o modelos éticos, ante el resto de sus congéneres. Consideramos imprescindible que los varones sean conmocionados por la fuerza emancipadora de las mujeres, pero también que sufran en carne propia los rigores de la marginación impuesta por otros varones, cuyo papel en este mundo resulta verdaderamente vergonzoso. Es en este sentido, que hablamos del doble sufrimiento que tienen que experimentar los varones: el originado por la conmoción interna que han de sufrir por haber maltratado a otros o por haber visto a sus pares maltratar a otros, sobre todo a las mujeres, y el originado por el maltrato que casi todos han padecido a manos de aquellos otros varones de los que cabía esperar un trato diferente. A nuestro entender, los varones necesitarán atravesar un doble proceso de transformación, el cual implica, primero, una toma de conciencia desde el exterior desde las mujeres, y también una toma de conciencia desde el interior, es decir, a partir de sus desencantos, y sobre todo, del reconocimiento de las injusticias de las que la mayoría de los varones también son objeto por parte del sistema patriarcal. Repetimos, ha sido el feminismo, pero creemos que también han de ser sus propias desilusiones, lo que verdaderamente conducirá y de hecho está conduciendo a los varones a detenerse para reflexionar y cuestionar el sistema imperante, y a tratar de encontrar otra forma de actuar ante las mujeres y ante otros varones. Así pues, queda definida, desde nuestro punto de vista, la problemática masculina actual. EL RIESGO DE CAER EN LA INDEFINICIÓN Un gran número de varones buscan hoy dejar de ser machistas, pero no desean hacerse femeninos. Muchos de ellos reconocen que ya no pueden seguir siendo sexistas y homofóbicos, pero no quieren dejar de ser masculinos. Su interés y mayor preocupación consiste en cómo asumir su masculinidad de un nuevo modo. Su propósito no es el de renunciar a la definición convencional que de sí mismos tienen como seres racionales, fuertes, activos, y pasar a poseer todos aquellos atributos que la tradición le ha asignado a la mujer: sentimentales, frágiles, vulnerables, sin ninguna clase de poder. Si las mujeres de hoy buscan ser activas y fuertes como los varones, no hay ninguna razón para desear que los varones se conviertan en seres débiles, tal como se les ha enseñado a las mujeres. Yo no digo que los hombres no hemos de tener la agresividad o la fuerza que teníamos, sino que tenemos que usarla para causas más sistémicas, más ecológicas, más globales, es decir, para no contribuir a un mundo en el cual seamos cada vez más víctimas, sino para construir un mundo en el cual podamos vivir mejor esta situación. 23 Debemos despojarnos de esa sujeción a los modelos de mujer-frágil-sumisa y varón-fuerte-agresivo. Mucho menos debemos desear una situación de igualdad en base a los patrones masculinos prevalecientes en el pasado, los cuales eran establecidos en función de la hegemonía del modelo masculino dominante. El esmero actual por encontrar otros modos de ser masculino no tiene nada que ver ni con el interés de seguir estableciendo modelos únicos y hegemónicos, ni con la propuesta de querer hacer que los varones se vuelvan pasivos, como se pretendió que lo fuesen y aún siguen siéndolo algunas mujeres. La nueva propuesta tampoco plantea un desprecio al desarrollo de actitudes humanas tan nobles y deseables para todos como la sensibilidad, el amor, la receptividad, la solidaridad. Estamos de acuerdo con contribuir a forjar identidades femeninas y masculinas abiertas, versátiles y antiexclusivistas 24. En este sentido, desaprobamos la propuesta actual de una sociedad sin géneros, hecha por ciertos grupos anarquistas 25. Por el contrario, apoyamos la de quienes plantean la superación de la clase de identidades de género existente26. ¿Por qué no aspiramos a una sociedad sin género? Porque necesitamos seguir construyendo nuestros modelos de ser masculinos o femeninos, en base a lo positivo de los modelos que han existido y, sobre todo, para mantener una posición sexual coherente, que impida nuestra caída en la indefinición absoluta. Atravesamos actualmente por un período peligroso de propensión a la indefinición total: mujeres que quieren ser como hasta ahora lo han sido los varones, y varones que, reconociendo lo indeseable del modelo tradicional machista, y a falta de un nuevo modelo de masculinidad, más auténtico, pasan por un proceso de feminización ridícula y sin sentido27. Unas y otros no se dan cuenta de que no están asumiendo posturas revolucionarias auténticas, de que siguen estando manipulados por un sistema que persiste en mantenerse opuesto al feminismo y a un cambio real en la vida de los varones, y que asimismo está logrando conducirlos hacia un estado de descomposición moral y personal, impidiéndoles que se afirmen como mujeres y varones definidos en sus posiciones antisexista y antihomofóbica. NI VARONES BLANDOS NI INDEFINIDOS Sostener que los grupos masculinos actuales que apoyan los actuales procesos de cambios promovidos por las mujeres, están en su mayoría constituidos por varones que, en muchos sentidos, están dejando de actuar como hombres, es una idea que amerita ciertas aclaratorias. Desde cierta perspectiva convencional, se ha tendido a pensar que tales grupos masculinos están constituidos por varones blandos sometidos dócilmente a las exigencias de un feminismo extremista. Es decir, varones con carácter débil, obedientes a los imperativos de mujeres agresivas, con tendencias discriminatorias y antimasculinas. Esta suposición sigue los preceptos de la ideología patriarcal, para la cual sólo deben existir varones machistas y si no, estaríamos ante la presencia de varones afeminados. Esta ideología también sostiene que las mujeres deben ser dóciles y/o hembristas, en todo caso que contribuyan a reforzar el modelo masculino patriarcal. Desde esta perspectiva, las mujeres que buscan unirse con varones no machistas, serán sospechosas de propiciar la feminización de los mismos, ya que al querer relacionarse con varones poco masculinos, lo que supuestamente pretenderían sería establecer un poderío sobre los mismos. Por su parte, a los varones que se oponen al modelo patriarcal, se les acusa de maricones, o que no han podido desarrollar la fortaleza suficiente para contrarrestar la imposición de mujeres rebeldes y castradoras del poder masculino. Éstas mostrarían, además, una tendencia al lesbianismo, y aquellos hacia la homosexualidad. No en balde, se hacen feos chistes de las relaciones y apoyos mutuos establecidos entre feministas y grupos de lesbianas, y entre grupos de varones profeministas y movimientos gays. Este conjunto de suposiciones no tiene un basamento real y aceptable. Muchos grupos de varones no están promoviendo la sustitución del modelo tradicional masculino por otro que implique hacerse pasivos, y entregarse a la homosexualidad, como supuesta alternativa de liberación, tal como algunos movimientos gay actuales lo proponen. Dichos grupos no plantean, bajo ningún aspecto, que la superación del modelo masculino tradicional, sexista y homofóbico, implique eso que se ha catalogado de feminización del varón 28. Pero la actual tendencia liberadora masculina no es, en principio, homofóbica, que es el carácter por el que siempre se ha caracterizado la ideología patriarcal. El asunto de si se debe ser heterosexual, homosexual o ambas cosas no constituye un verdadero problema para los nuevos varones. Esas discusiones pertenecen al ámbito de las decisiones y gustos personales. No son verdaderos problemas ideológicos o políticos, ni son los problemas que orientan los actuales intereses, deseos y aspiraciones de los varones. En otras palabras, no es el problema verdaderamente importante en sus vidas. El miedo y el rechazo a la homosexualidad son típicos de la mentalidad sexista y homofóbica. En el modelo patriarcal se educa a los varones con la amenaza de la homosexualidad. Y es la homosexualidad la principal idea con la que se juzga y se trata de descalificar y desacreditar la tendencia actual de liberación masculina. Dentro del sistema patriarcal, la homosexualidad era y sigue siendo utilizada, intencionadamente, como un medio para aprovecharse de la debilidad que manifiestan muchos varones sensibles, con el objeto de dominarlos; pero también para deshonrar a otros machos con poder. Es así como la homosexualidad ha subsistido, como un recurso paradójico, dentro del sistema patriarcal, al lado del sexismo y como un recurso que se nutre de una homofobia más generalizada. Además de esto, se nota cierta tendencia en los varones gay a someterse a este tipo de relaciones opresivas por temor o por amenaza, lo cual también contribuye a deformar sus deseos de asumir su masculinidad de un modo distinto y auténtico. Muchos han terminado apegándose a un proceso de feminización sistemático, el cual les ha venido impuesto desde el exterior, por parte de los varones machistas29. Éstos nunca buscarán realizar prácticas homosexuales motivados por un deseo auténtico, o con el fin de desarrollar lazos realmente afectivos y comprometedores. Sólo lo hacen por perversión, y lo harán con un varón afeminado, o que vean que ha asumido una posición muy poco impositiva. Y esto con el simple propósito de doblegar o manipular a otros varones. Por suerte, la actitud de los gay de hoy está cambiando, y muchos demuestran, en forma pública y organizada, su repudio a tal situación. La preocupación de los varones antipatriarcales de hoy ya no se define, pues, como miedo a la homosexualidad, sino que consiste en querer encontrar el modo de no dejarse feminizar, tal como lo quieren los varones sexistas y homofóbicos. Entiéndase bien lo que queremos decir. No es que los varones ahora tengan miedo de ser sensibles, amorosos o afectivos por temor a volverse o hacerse femeninos. Su lucha es contra la sodomización 30 de la que puedan ser objeto, en tanto que seres sensibles, por parte de los machos duros y poderosos, lo que implicaría hacerse presa fácil de la manipulación y perversidad de otros varones. Los nuevos varones no temen realmente asumir ciertas actitudes consideradas tradicionalmente como femeninas. El problema político actual de los varones consiste en no saber cómo hacer para que se desarrolle un movimiento de liberación mancomunado, junto a otros varones, y también que esta asociación que logren los varones entre sí no siga siendo fuente de disputas y agresiones, sino que de ella surja y ella misma se nutra de una relación armoniosa y afectiva, realmente transformadora, y que no les ponga como condición la realización de relaciones homosexuales obligatorias. Los varones actuales no buscan disociarse de las mujeres y únicamente asociarse sentimental y sexualmente con otros varones. Este no es el verdadero sentido de su actual propuesta de liberación. Hasta ayer hacerse auténticos varones consistía en desde muy temprano, en demostrar que tenían éxito en doblegar a otros varones y subordinar a las mujeres. Ese era el único modo de demostrar ante sí mismo y ante los demás, sobre todo ante otros varones, que se era un hombre de verdad y que no se aspiraba a ser considerado una mujer. El problema para los varones, en el sistema patriarcal, ha consistido, básicamente, en tener que sufrir permanentemente las secuelas de un enfrentamiento injusto e irracional con otros varones, y en procurar, sobre todo los varones poderosos, ganarse, mediante pactos y tretas, la obediencia pasiva de los más débiles, para de este modo lograr obtener beneficios y hacerse con el poder 31. El éxito en el manejo de tal juego político, representa aún para muchos varones la única forma de afirmarse como seres masculinos. Bajo estas condiciones, los varones han quedado completamente supeditados y subordinados a las reglas del poder, las cuales aún continúan estando en manos de aquellos varones que controlan el sistema. Lamentablemente, las relaciones masculinas todavía se plantean como unas de subordinación y de sometimiento de unos varones a otros. Sin embargo, los varones de hoy comienzan a reconocer que las cosas para ellos no tienen por qué seguir siendo de ese modo, y están empezando a ver que una de las mejores maneras de resolver el conflicto, consiste en una intervención social sobre las leyes del sistema. También se esmeran por replantear la forma en que hasta ahora han definido su problemática. Por este lado, comienzan a descubrir que se necesita, además de un cambio profundo de las estructuras del sistema material establecido, crear, junto con otros varones, unas relaciones nuevas, más afectivas, que contribuyan al forjamiento de un modo de ser masculino no homofóbico y no necesariamente homosexual, que no los separe de su interés primario por establecer un reencuentro amoroso y paritario con las mujeres. En este sentido, la búsqueda actual de los varones consiste ya no sólo en aprender de las mujeres a ser antisexistas, sino también en desarrollar, junto a otros varones, una actitud antihomofóbica (concibiendo la homofobia no sólo como aversión hacia los homosexuales, sino como aversión a cualquier tipo de trato afectivo y solidario hacia otros varones). 32 Frente a las relaciones cruentas, desleales e inhumanas de los machos del pasado y del presente, se yergue la necesidad de establecer nuevas relaciones, nuevos encuentros y, sobre todo, nuevos ritos de iniciación masculina para los varones. Los varones adultos deben comenzar a enseñar a los varones jóvenes a ser masculinos en otro sentido. La competitividad y la rivalidad del pasado debe dejar lugar a la solidaridad, el cooperativismo y el amor. EL FIN NO ES REENCONTRAR EL ESPÍRITU MASCULINO QUE YACE REPRIMIDO, SINO CONSTRUIR JUNTO A LOS OTROS VARONES UN NUEVO TIPO DE RELACIONES Algunos autores pertenecientes a la corriente mito-poética, sostienen que lo que deben procurar los varones actuales es recuperar la masculinidad perdida33. Con ello aluden al supuesto hecho de que hubo un tiempo primigenio, conservado en la psique y los arquetipos de la humanidad, en que los varones actuaban como seres fuertes y orgullosos, sin que esto les impidiera disfrutar de unas relaciones armoniosas con las mujeres y con los otros varones. Pero que a este período sucedió otro, como consecuencia del surgimiento del patriarcado, persistente hasta hoy, en el que ese carácter masculino natural y abierto se restringió y pervirtió, dando lugar a una masculinidad heterosexual, sexista y homofóbica. Ese supuesto estado primitivo permanece oculto y vivo en lo profundo de nuestras mentes y ya es hora de que reviva, con ayuda sobre todo de terapias psicoanalíticas, que urgen en las profundidades del alma masculina. Hacia ello supuestamente se debería orientar la actual liberación masculina. 34 Esta posición nos parece muy bella, pero no estamos de acuerdo con reducir toda la problemática masculina a una simple cuestión espiritual, la cual ameritaría básicamente una solución psicoterapéutica. Aunque no tenemos constancia de tal apertura masculina en un período primitivo, si sabemos que desde que existe el patriarcado, no sólo las relaciones entre mujeres y varones se hicieron problemáticas y desiguales, sino también las relaciones entre los mismos varones. Por otro lado, el patriarcado no es meramente una ideología o mentalidad que haya de ser derrocada con la simple instauración de otra ideología diferente. El patriarcado es un fenómeno general no universal complejo y plurideterminado, con basamentos de distintos órdenes: culturales, sociales, económicos, políticos. Con esto queremos decir que no basta con un simple cambio de estructuras mentales para su erradicación, sino que es necesaria también una transformación de las estructuras materiales y culturales existentes. De modo que de poca ayuda serán las terapias de grupo que algunos grupos de hoy proponen. Otra cosa con la que no podemos estar de acuerdo es con la supuesta existencia en cada uno de nosotros de un doble principio, masculino y femenino. Esta idea basada en la existencia de una naturaleza andrógina en el ser humano, nos parece de carácter esencialista y sustentadora de dicotomías restrictivas. El ser humano no tiene ninguna esencia andrógina, ni existen las naturalezas femenina y masculina. Los partidarios actuales de tal esencialismo plantean una liberación desde el interior. Aquí los factores externos son considerados los causantes de los trastornos provocados a esas tendencias dualistas naturales. El inconveniente que surge con este tipo de pensamiento es que además de no contribuir a un cambio de estructuras externas, únicamente propicia una simple reorientación de las mismas, en el sentido de que contribuyan a una mera reafirmación de las internas, lo cual no nos conduce a reconocer que el problema de los varones no proviene de las afecciones que sufre su interioridad, sino de sus relaciones sociales, materiales y culturales con otros varones. En consecuencia, el cambio no puede resolverse terapéuticamente, en forma personal, por una renovación interior, sino que debe resolverse de forma política y grupal, con la participación de varones y mujeres, es decir, de toda la sociedad. Tal como lo sostiene Laura Asturias: (...) el cambio personal y espiritual de los hombres no será suficiente para hacer frente a los problemas de explotación y desigualdad de poder. Su crecimiento individual no conducirá automáticamente a acciones personales o políticas que apoyen la igualdad de género, y hasta podría hacer que ayude a los hombres a acomodar las demandas de las mujeres en un patriarcado más sutil y modernizado. Es por ello que las estrategias grupales y colectivas son vitales para desmantelar la opresión. 35 CONCLUSIONES No es cierto que todos los varones, por el simple hecho de haber nacido tales, tengan mayores privilegios y ventajas y un valor socialmente reconocido que les garantiza el poder en todos los ámbitos de la vida y sobre las mujeres. En realidad, a lo largo de la historia humana, han sido pocos los varones favorecidos por el sistema patriarcal, un sistema cuyo principio motor consiste en la rivalidad y competencia permanente entre los varones, lo cual conduce a que con el poder se hagan únicamente los más capacitados, fuertes y astutos. La mayoría de los varones permanecen al margen, reprimidos o execrados. Muchos se oponen abiertamente a la clase de modelos e imperativos que el mismo trata de imponerles. La comprensión de tal situación nos obliga a cambiar nuestra visión de la problemática masculina. No podemos seguir considerándola como fundamentada únicamente en el dominio social y doméstico de todos los varones sobre todas las mujeres, dominio que se basaría, a su vez, en la supuesta naturaleza violenta que comparten todos los varones y en el ejercicio unilateral de la misma hacia todas las mujeres. La situación engendrada por el sistema patriarcal, consiste en realidad en la implantación de un estado de desigualdad no sólo entre mujeres y varones, sino y también entre los propios varones. Y dado que dicho sistema, reafirmado desde hace varios siglos por el capitalismo, se constituye a partir de la competitividad y rivalidad, el estado de violencia que esta situación genera afecta no solo las relaciones entre los varones y las mujeres, sino las establecidas entre los propios varones, y también el cuerpo y la psique de cada uno de ellos. Muchos indicios avalan nuestra tesis de que desde siempre han sido muy pocos los varones que han disfrutado de las cuotas de poder y de los privilegios otorgados por el sistema patriarcal. Replantear la situación masculina bajo estos términos nos conduce a revisar desde una nueva perspectiva los acontecimientos históricos, para encontrar una lógica de desarrollo con nuevas premisas que le dan un sentido más complejo no sólo a los acontecimientos del pasado, sino también a los del presente. Cuando los varones establecieron su dominio sobre las mujeres, debieron aprender a ser dominantes y violentos, y esto también lo lograron ejerciendo violencia contra otros varones. El desarrollo de tal comportamiento extremo debió tener su origen en un sistema de producción que permitió a ciertos varones acumular riquezas, lo cual terminó generando la envidia, deseos de posesión y las ansias de poder. Este comportamiento se acentuaría a medida que aumentaba la cantidad y la calidad de las riquezas, lo cual terminó por llevar a los varones más poderosos a instituir plenamente un sistema social, político y económico a su favor. Pero, dadas las circunstancias, dicho sistema no podía estar basado en el principio de la igualdad y la justicia social. El mismo estableció la desigualdad entre los varones (los que tienen poder y los que no, y también los que son del clan y los que no) como otro principio motor del mismo, junto a la desigualdad que los propios varones habían establecido sobre las mujeres. Tal realidad nos conduce a redefinir el sistema patriarcal no como único y exclusivamente sexista, sino como básicamente homofóbico. Bajo la nueva perspectiva desde la que estamos planteando las cosas, lo que entendemos por homofóbico adquiere un nuevo significado. El mismo no implica precisamente la aversión que, en nuestro caso, un varón siente hacia los homosexuales, sino la aversión que un varón experimenta a todo tipo de encuentro igualitario, justo y afectivo con otros varones. En este sentido, la homofobia ha sido consustancial con el patriarcado a lo largo de toda su historia. El patriarcado ha alienado la vida de todas las mujeres y de la mayoría de los varones por no decir de todos, porque aun los que están en el poder sufren sus consecuencias. Pero ya las mujeres llevan tiempo reaccionando en contra de esta situación, a partir de la toma de conciencia de su condición de oprimidas. Desde hace dos décadas y como consecuencia de las arduas luchas de las feministas, que ha removido su conciencia, muchos varones también están comenzando a hacer acto de reflexión de su situación de marginación por parte de otros varones. Y han buscado sumarse a las mujeres en su lucha contra el sistema patriarcal. Sin embargo, la mayoría de los varones, a pesar de los enormes avances de las feministas y a pesar de todos los cambios producidos como consecuencia del desarrollo de una mayor democracia a nivel mundial, no han logrado despertar y no muestran ningún deseo de cambiar. Entonces, la condición que se ha establecido como necesaria para que los varones logren transformar sus vidas es la misma que han tenido que confrontar las mujeres y que se plantea de doble manera: ellos tendrán que verse conducidos al extremo de las más fuertes represiones por parte de otros congéneres, y, como consecuencia de ello, verse obligados a reaccionar, a reflexionar y generar una reacción en contra de la injusticia padecida. La situación actual de los varones se orienta entonces a la constitución de grupos organizados, conformados por varones que ciertamente han sufrido en carne propia, en forma directa o indirecta, las injusticias y la violencia ejecutadas por un sector minoritario de varones poderosos. Se trata además de varones que han sido influidos por el feminismo, y que gracias al mismo su toma de conciencia y su capacidad de dar una respuesta auténtica a su situación, se ha hecho más efectiva. Pero la tarea que se abre ante estos nuevos varones luchadores de hoy no es fácil ni está completamente clara. Saben que deben luchar contra el sexismo y la homofobia, pero no tienen definido el tipo de masculinidad o de masculinidades que habrán de desarrollar ahora. Por otro lado, no bastará con proponer un cambio de ideología y de costumbres. El derrocamiento del sistema patriarcal implica la institución de un nuevo orden social general, al cual la mayoría de los sistemas capitalistas actuales se oponen. Además, el patriarcado existe en casi todas las sociedades del mundo, ¿cómo emprender y mantener una lucha tan amplia? La misma requerirá del concurso de toda la humanidad, sobre todo, de la unión de prácticamente todos los varones del planeta, y esto tardará mucho en conseguirse. Sociedad Vasca y Construcción Nacional Universidad de País Vasco, España Las fuertes transformaciones y cambios que han ido aconteciendo en este final de siglo en el conjunto de nuestras sociedades han supuesto el cuestionamiento de muchas de las certidumbres teóricas y de las formas de estructuración social que hasta ahora habíamos conocido. Como consecuencia de estos cambios, muchas de las formas de las identidades colectivas que prioritariamente venían siendo relevantes hasta ahora han sufrido o están sufriendo profundas mutaciones. Dentro de estas nuevas transformaciones, especialmente una aparece de manera prominente en escena: la que hace referencia a la globalización de capitales y comunicaciones por una parte y al refortalecimiento de las identidades comunitarias por otra. Los trabajos que aquí se recogen, desde el ámbito sociológico, intentan acercar los debates teóricos que analizan las consecuencias de esas transformaciones que nos atraviesan. Tratan de describir cómo afectan esos cambios a las formas de estructuración de la sociedad vasca, centrándose en la dinámica territorial y urbana, en la estratificación social y en el tipo de actitudes sociales hacia algunos temas centrales. Analizan los cambios de articulación de la identidad que experimentan los sujetos en nuestra sociedad, destacando las nuevas formas de socialización (especialmente la de los jóvenes), la identidad de género y la de la identidad que se articula en torno a la lengua. NOTAS 1 Grupo CANTERA. (1995): “Tercer Taller: Desaprendiendo el machismo; pistas metodológicas para el trabajo entre hombre”. 20.es_mas.htm. p. 5. 2 Feministas, como Alda FACIO, se atreven a sostener que: “...si bien es cierto que tanto los hombres como las mujeres hemos sufrido discriminaciones según nuestra clase, etnia, preferencia sexual, etc, NINGÚN hombre ha sido discriminado a causa de su sexo mientras que TODAS las mujeres lo somos” (FACIO, A. (1995): Cuando el género suena, cambios trae. Fondo Editorial “La Escarcha Azul”. Mérida). En respuesta a esta posición extremista, Txema Espada hace mención de la situación de opresión a la que son sometidos igualmente muchos varones por el sistema patriarcal: “Podríamos comenzar por una situación de justicia y, por ejemplo, hacer una enorme lista de crímenes y agravios a mujeres, homosexuales, hombres de raza y etnias no blancas, cometidos por los dominantes y privilegiados (digamos en abstracto que son los hombres blancos, de clase media, de etnia caucásica)” ESPADA, T (2002): “Grupos de hombres. ¿Por qué implicarse?” www.sindominio.net/-txespa/Trasgo.rtf 3 En su obra, Mary DOUGLAS (1978):Signos naturales. Exploraciones en cosmología, Alianza Editorial. Madrid. p. 149, señala: “El poder es teóricamente asequible para todos, pero sólo un hombre de talento puede hacerse con él ateniéndose a las normas establecidas... Cualquiera puede hacerse con la espada mágica, a modo de nuevo rey Arturo, con tal de que sea lo suficientemente fuerte como para empuñarla” 4 Como serían los casos de un homosexual, o de un varón feminista. 5 FLOORD, M. lo reafirma: “..darnos cuenta de que los hombres individuales no son responsables ni pueden ser culpados por las estructuras y valores sociales tales como la construcción social de la masculinidad o la historia de la opresión de las mujeres” (“Tres principios para hombres” – XY.htm. 2003, p. 5). 6 DOUGLAS, M. (1978): Signos naturales. Exploraciones en cosmología. Edic. cit., p. 158, lo expresa del siguiente modo: “El sistema de cuadrícula fuerte (el sistema sustentado en el liderazgo de los ‘grandes hombres’) es de tal naturaleza que sólo unos pocos pueden alcanzarlo. Sólo ellos pueden utilizar las normas imperantes como instrumentos para su propia emancipación. Los otros, la gran mayoría, quizá no lleguen siquiera a darse cuenta de que tienen el camino bloqueado... “. 7 KAUFMAN, M. (1999): htpp://www.fundacionmujeres.es/fondo/Documentos/7p.htm. p. 6. 8 Ibidem 9 Ver CAZÉS, D (s/f): La dimensión social del género: posibilidades de vida para mujeres y hombres en el patriarcado, CONAPO, México; DE KEIJZER, B (1997): “La masculinidad como factor de riesgo”. En: Género y salud en el Sureste de México; TUÑON, E (C) (1997): ECOSUR, Universidad Juárez Autónoma de Tabasco, México; y “Suicidio y honor en la cultura gaucha”. En: VALDÉS y OLAVARIA (Eds) (1997): Masculinidades, Poder y crisis, Ediciones de las mujeres. n°. 24. ISIS Internacional, FLACSO-Chile. 10 COLL, X.; PERAGÓN, A,. (2000): “Sin Fronteras”. n°. 3. Masculin.htm; p. 4. 11 BRANCATO, S. (2000): Masculinidad y etnicidad: las representaciones racistas y el mito del violador negro. Icaria Editorial. Barcelona. p. 110. 12 Ibidem. 13 ENGELS, F. (1970): El origen de la propiedad privada, la familia, y el Estado. Editorial Progreso. Moscú. p. 63. 14 En algunas obras dedicadas a analizar los orígenes del patriarcado y las causas de la opresión femenina, se hace referencia a un estadio previo a la institución del patriarcado en el que los varones comenzaron a establecer unas relaciones distintas entre ellos mismos, como consecuencia del descubrimiento de nueva formas de producción que comenzaron a proporcionar riquezas y excedentes a aquellos varones que las controlaban. La rivalidad que siempre ha parecido existir entre los varones, se acentuó y adquirió un carácter distinto, más político y social que personal, a medida que esas formas de producción se institucionalizaron y con ello la competitividad entre quienes las ejercían. Ver: REED, E (1980): Sexo contra sexo o clase contra clase. Editorial Fontamara. Bogotá, y la obra de ENGELS (1970), Edic. cit. 15 Esto no quiere decir que compartamos la idea de que fue fácil para los varones primitivos someter a las mujeres. En las sociedades primitivas las mujeres ciertamente disfrutaban de un poder social y político muy importante, lo cual no debe ser interpretado como que las mujeres ejercían un auténtico poderío y control sobre los varones. Son muchas las descripciones antropológicas que muestran un amplio y arraigado respeto y reconocimiento por parte de los varones hacia la participación social, económica, cultural y política de las mujeres del pasado y en muchas sociedades no industrializadas del presente. Se trataba –y se trata– de una auténtica valoración y admiración, más que de una subordinación, pues las mujeres no ejercieron el poder en el sentido de dominio o sometimiento de los varones. (Ver REDD, E (1980): Edic. cit. 16 MOORE y GILLETE (1993): “Crisis en el proceso ritual masculino”. En THOMPSON, K. (1993): Ser hombre. Editorial Kairós, Barcelona, p. 68. 17 ASTURIAS, L. (1997): “Construcción de la masculinidad y relaciones de género”. Ponencia presentada en el Foro: Mujeres en lucha por la igualdad de derechos y la justicia social. Ciudad de Guatemala, 5 de marzo. http://www.arnet.com.br/-marko/artasturias.htm. p. 14. 18 DOUGLAS, M. (1978): Signos naturales. Exploraciones en cosmología. Edic. cit., p. 150. 19 Ibid., p. 151. 20 DE LEÓN, A. (2002): “Temas prioritarios de investigación en Centroamérica. Temas prioritarios para la investigación en Género: Región Centroamericana”. Presentado en el Taller: Género y Desarrollo. Instituto de la Mujer. Universidad de Panamá, Montevideo, Uruguay. p. 13. 21 DOUGLAS, M. (1978): Signos naturales. Exploraciones en cosmología. Edic. cit., p. 151. 22 Ibid., p. 153. 23 COLL, X.; PERAGÓN, A. (2000): “Sin Fronteras”. n°. 3. Masculin.htm. p. 7. 24 Con ello se muestran de acuerdo autores como: GILMORE, D. (1994). Hacerse hombre. Concepciones culturales de la masculinidad. Edit. Paidós. Barcelona. KREIMER, Juan Carlos (1991). El varón sagrado. El surgimiento de una nueva masculinidad. Edit. Planeta. Buenos Aires. PALMA MOLINA, Abelardo & MOSQUERA, Alejandro (2003). Del dicho al hecho ... construyendo el trecho. En: file://a:/las (nuevas) masculinidades.htm. PARRINI, Rodrigo (2002). Apuntes acerca de los estudios de masculinidad: de la hegemonía a la pluralidad. En: Red de Masculinidad. http://www.flacso.cl//. 25 A quien quiera analizar más esta posición anarquista recomendamos el texto traducido “Más allá del feminismo, más allá del género”, de la publicación Willful Disobedience, Vol. 2, n°. 8, en file://A:/Más allá del feminismo, más allá del género.htm 26 Ver “La organización social de la masculinidad”. En: VALDÉS Y OLAVARIA (1997): Masculinidades. Poder y crisis. Edic. cit. 27 Un análisis detallado de este asunto puede encontrarse en “Grupos de hombres. ¿Por qué implicarse?” De ESPADA, T. (2002): www.sindominio.net/-txespa/. 28 Es decir, el proceso que ha conducido al varón a asumir posturas asignadas tradicionalmente a las mujeres, pero que en este caso hace referencia a la asunción de posturas emocionales, sentimentales y sexuales consideradas “femeninas”. 30 Por “sodomización” queremos decir el ejercicio de poder de un varón que busca doblegar a otro varón, utilizando la sexualidad para obligarlo a asumir una posición humillante y degradante. 31 Ver el excelente estudio que a este respecto ha realizado Mary DOUGLAS (1978), en los capítulos 4 y 5 de su obra: Símbolos naturales: exploraciones en cosmología. Edic. cit.. 32 Alfonso HERNÁNDEZ también habla de la homofobía como “el temor que tienen los hombres a los hombres mismos, el miedo a la antropofagia por parte de esos “iguales” a quienes no llenan los zapatos del verdadero hombre, de ese modelo de masculinidad vigente en la sociedad occidental actual” (alfonso.htm - 2000) 33 El máximo representante de esta corriente es el norteamericano Robert BLY (THOMPSON, K. 1993). 34 Un magnífico análisis crítico de esta posición lo encontramos en el artículo de KIMMEL, M (1982): “La producción teórica sobre masculinidad: nuevos aportes”. En: RODRÍGUEZ, R (Ed): Fin de siglo. Género y cambio civilizatorio Ediciones de las Mujeres. n° 17, Isis Internacional. 35 ASTURIAS, L (1997): Construcción de la masculinidad y relaciones de género. Edic. cit. p. 6. BIBLIOGRAFIA 1. Grupo Cantera (1995). Tercer Taller: Desaprendiendo el machismo; pistas metodológicas para el trabajo entre hombre. http//: 20.es_mas.htm. p. 5. 2. Facio A (1995). Cuando el género suena, cambios trae. Fondo Editorial “La Escarcha Azul”. Mérida. 3. Espada T (2002). Grupos de hombres. ¿Por qué implicarse?. En: www.sindominio.net/-txespa/Trasgo.rtf 4. Douglas M (1978). Signos naturales. Exploraciones en cosmología. Alianza Editorial. Madrid. p. 149. 5. Floord M (2003). Tres principios para hombres – XY.htm. 2003, p. 5. 6.Kaufman M (1999). Las siete P’s de la violencia de los hombres. En:htpp://www.fundacionmujeres.es/fondo/Documentos/7p.htm. p. 6. 7. Cazes D (s/f). La dimensión social del género: posibilidades de vida para mujeres y hombres en el patriarcado. CONAPO, México. 8. Keijzer de B (1997). La masculinidad como factor de riesgo. En: Género y salud en el Sureste de México. 9. Tuñon E (C) (1997). ECOSUR. Universidad Juárez Autónoma de Tabasco, México. 10.Tuñon E (C) (1997). Suicidio y honor en la cultura gaucha. En: Valdés y Olavarria (Eds) (1997): Masculinidades, Poder y crisis. Ediciones de las mujeres. nº. 24. ISIS Internacional, FLACSO-Chile. 11. Coll X & Perágon A (2000). Sin Frontera. nº. 3. Masculin.htm; p. 4. 12. Brancato S (2000). Masculinidad y etnicidad: las representaciones racistas y el mito del violador negro. Icaria Editorial. Barcelona. p. 110. 13. Engels F (1970). El origen de la propiedad privada, la familia, y el Estado. Editorial Progreso. Moscú. p. 63. 14. Reed E (1980). Sexo contra sexo o clase contra clase. Edit. Fontamara. Bogotá. 15. Moore y Gillete (1993). Crisis en el proceso ritual masculino. En: Thompson K (E) (1993): Ser hombre. Editorial Kairós, Barcelona, p. 68. 16. Asturias L (1997). Construcción de la masculinidad y relaciones de género. Ponencia presentada en el Foro: Mujeres en lucha por la igualdad de derechos y la justicia social. Ciudad de Guatemala, 5 de marzo. http://www.arnet.com.br/-marko/artasturias.htm. p. 14. 17. León de A (2002). Temas prioritarios de investigación en Centroamérica. Temas prioritarios para la investigación en Género: Región Centroamericana. Presentado en el Taller: Género y Desarrollo. Instituto de la Mujer. Universidad de Panamá, Montevideo, Uruguay. p. 13. 18. Gilmore D (1994). Hacerse hombre. Concepciones culturales de la masculinidad. Edit. Paidós. Barcelona. 1994. 19. Kreimer JC (1991). El varón sagrado. El surgimiento de una nueva masculinidad. Edit. Planeta. Buenos Aires. 20. Palma Molina A & Alejandro Mosquera A (2003). Del dicho al hecho ... construyendo el trecho. File://A:/LAS (NUEVAS) MASCULINIDADES.htm. 21. Rodrigo Parrini, R (2002). Apuntes acerca de los estudios de masculinidad: de la hegemonía a la pluralidad. Red de Masculinidad. http://www.flacso.cl//. 22. Ramírez R (1993). Dime Capitán. Reflexiones sobre la masculinidad. Ediciones Huracán, Río Piedra. 23. Kimmel M (1982). La producción teórica sobre masculinidad: nuevos aportes. En: Rodríguez R (Ed): Fin de siglo. Género y cambio civilizatorio. Ediciones de las Mujeres. nº 17, Isis Internacional. 24. Thompson K (1993): Ser hombre. Edit Kairós. Barcelona. 1993. | |||||||||
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