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Interciencia

versão impressa ISSN 0378-1844

INCI v.34 n.11 Caracas nov. 2009

 

EVALUAR DE VERAS NUESTRA CIENCIA

Cómo evaluar a la ciencia y a los científicos es un problema de vieja data y de escasas soluciones para ciertas disciplinas, y particularmente para los países designados como "en vías de desarrollo". Las dificultades para una evaluación adecuada derivan de cuán apropiados son los indicadores utilizados para hacerlo, algo que varía según sean los objetivos que se persiguen.

Probablemente lo único que está claro al respecto es que para los países desarrollados con predominio de la lengua inglesa como medio de comunicación entre científicos, la evaluación que se lleva a cabo a través del factor de impacto implementado por el ISI, resultante de las citas recibidas representa una adecuada primera aproximación, parcial, a la calidad científica de investigadores, revistas e instituciones. Solamente una primera aproximación parcial, pues se trata de un indicador que distorsiona su propia validez por los altos valores resultantes de las citas que reciben trabajos sobre metodologías de uso general y las revisiones temáticas en áreas de moda. Para las revistas, es un indicador inoportuno por el predominio de las grandes publicaciones. El indicador también es distorsionado por los bajos valores asignados a trabajos en algunas disciplinas con características particulares, que siguen un patrón de publicación que se pudiese considerar como "atípico", o por la publicación en idiomas diferentes al inglés y por ende menos accesibles, o por la falta de interés de parte de la ciencia de corriente principal por ciertos temas que sí son de interés, a veces gran interés, en países como los que integran a la América Latina.

El trabajo de Ricker et al. en este número de Interciencia desarrolla algunos de estos puntos y presenta propuestas para una mejor evaluación de la producción científica.

Las distorsiones que preocupan a los cientometristas del primer mundo han llevado a desarrollar indicadores más apropiados para ciertos fines, tales como lo son el índice h, que mide la calidad relativa de un científico o grupo de científicos a través del número de publicaciones y el número de citas que éstas reciben, el eigenfactor, que clasifica la influencia de las revistas por su utilización aplicando la teoría de redes, o el SJR de SCImago, que ubica revistas y países con datos de la base de datos Scopus.

Los problemas que plantea la competencia generada por una desmedida carrera por publicar un mayor número de trabajos, o la preferencia de publicaciones extensas y densas frente a dividir en múltiples reportes, tiene mucho que ver con los resultados de las diversas formas de evaluación que se utilicen, aunque es claro que no son resultados de éstas.

Otro aspecto del asunto es que en los ámbitos de la ciencia y la técnica dejan de tener sentido, en un mundo interrelacionado y con una economía globalizada, los argumentos que valoran lo vernáculo por encima de lo universal, argumentos éstos que sí son plenamente valederos en los ámbitos de la cultura y la expresión de los pueblos. Existe diversidad en las comunidades científicas, y sus contextos e intereses tienen particularidades dignas de ser consideradas.

Para Interciencia, como revista multidisciplinaria que es, la evaluación de tal condición es particularmente importante. Grandes revistas como Nature, Science, PNAS, por ejemplo, poseen elevadísimos índices, y es más factible alcanzar un valor significativamente mayor cuando la revista se concentra a un público científico delimitado por una especialidad. En 2008 Interciencia ha sido desplazada en la valoración del WoS basada en el eigenfactor, de la categoría temática "Multidisciplinaria" a la de "Ecología", la cual ciertamente no le corresponde. Ello hace que tras estar colocada históricamente, durante sus 32 años de presencia en el SCI, alrededor de la mitad de un grupo cercano a cincuenta revistas de su categoría, se encuentre, en 2008, en el último cuartil de un grupo de 125 revistas especializadas.

No obstante, lo más grave de la situación para nuestros países es la distorsión cultural de nuestros científicos, que privilegian las citas a trabajos de corriente principal, antes de referirse a los esfuerzos de sus colegas en instituciones de países en desarrollo, así como la tendencia de algunos de subestimar cualquier sistema de evaluación basado en patrones foráneos.

Miguel Laufer, Director