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Educere

versión impresa ISSN 1316-4910

Educere v.11 n.37 Meridad jun. 2007

 

Universidad, desintitucionalización estatal (el otro) y utopía

Carlos Massé Narváez*

Universidad Autónoma del estado de México México-México

Resumen

Este ensayo pretende sostener que, al menos en Latinoamérica, se vive un proceso cada vez mayor de descomposición institucional al que denominamos desinstitucionalización social. Lo que no escapa a la lógica más general del capitalismo globalizador. Para ello partimos de un breve análisis del quehacer del (los) Estados nacionales en su atención o desatención a los ciudadanos que sufrimos sus hacer o, dejar de hacer. Con ese contexto pasamos a ubicar a la Universidad Pública; proceso en el cual, la Universidad también hace o deja de hacer sus labores de docencia, investigación, difusión de la cultura y vinculación con la sociedad. Posteriormente mostramos, como paral mediano cumplimiento de sus fines la Universidad depende cada día más del sacrificio de sus docentes, pues al dejar de contratar más personal para la atención a la demanda la carga de trabajo se multiplica; lo que repercute en una exclusión cada vez mayor de alumnos aspirantes a formarse en sus aulas (esto ya no es un supuesto sino una realidad probada), así como también repercute en una baja de la calidad. Concebimos a dicha realidad como crítica y preocupante, aunque con un futuro aún peor. Sin embargo, propugnamos, por la adopción de una visión de futuro centrada en la no claudicación frente al embate neoliberal y en la ponderación de una utopía realizable como práctica, crítica, de vanguardia y transformadora.

Palabras clave: Desinstitucionalización social, Estado Nacional, Latinoamérica, Universidad, globalización

University, state deinstitutionalization (the other one) and utopia

Abstract

This essay aims to sustain that, at least in Latin America; there is an increasing process of institutional decomposition which we will call social deinstitutionalization; which cannot escape any general logic of globalizing capitalism. To achieve this, we start from a brief analysis of national State(s) tasks when attending or unattending citizens who suffer due to their performed or unperformed tasks. With this context we move on to locating Public University; a process in which University also performs or does not perform its educational, research, culture diffusion and society-connecting tasks. Subsequently we show how the University, as it serves as mainstay, depends more and more everyday on their teaching staff sacrifice; since not hiring more personnel to take care of the demand increases workload. This has repercussions on a growing students’ exclusion who long for education in their classrooms (this is not an assumption anymore but a proven truth), as it also has repercussions on quality decrease. We conceive such reality as critical and worrying, and with an even worst future. However, we advocate for the adoption of a vision of the future centered in not giving in into the neoliberal attack and into the consideration of an achievable utopia as transforming and at the forefront practice and critic.

Key words: Social deinstitutionalization, National State, Latin America, University, globalization

Fecha de recepción: 07-01-07 • Fecha de aceptación: 22-02-07

Partimos de proponer que la situación actual, al menos en países latinoamericanos, vive un proceso cada vez mayor de descomposición institucional al que denominamos desinstitucionalización social; lo que no escapa a la lógica más general del capitalismo globalizador. Ello implica un breve análisis del quehacer del (los) Estados nacionales en su atención o desatención a los ciudadanos que sufrimos sus acciones o, sus no acciones. En ese contexto es que ubicamos a la Universidad Pública; la que es permeada por este proceso, en el cual, la Universidad, también hace o deja de hacer sus labores de docencia, investigación, difusión de la cultura y vinculación con la sociedad. Para el mediano cumplimiento de sus metas, la Universidad depende cada día más del sacrificio de sus docentes, pues al dejar de contratarlos, ello repercute en una exclusión cada vez mayor de alumnos aspirantes a formarse en sus aulas (esto ya no es un supuesto sino una realidad probada). Concebimos dicha realidad como crítica y preocupante, y con un futuro aún peor. Sin embargo, propugnamos, por la adopción de una visión de futuro centrada en la no claudicación frente al embate neoliberal y en la ponderación de una utopía realizable como práctica, crítica, de vanguardia y transformadora.

1. De la desinstitucionalización

La degradación del Estado o “Estado mafia” (Friedman, 1977), es la consecuencia de la imposibilidad de mantener la generosa utopía de la democracia clásica, a partir del hecho de que las dimensiones de la sociedad, su crecimiento poblacional, heterogéneo y diverso, inequitativo y desigual, aunado a la tergiversación de los fines por los medios (el Estado y su utópica democracia clásica surge como el medio de impartir justicia y regulación social de los distintos grupos y clases sociales), pero deambula hasta consolidarse como “Estado mafia”, cuyos fines son endogámicos, degenerando en una “supercorporación volcada en la administración de sí misma” (Massé: 2006), en mero patrimonio de la clase estatal.

El fenómeno de la degradación estatal y de los medios no es simplemente una consecuencia de la malevolencia de la clase política o de los periodistas; más bien es el resultado de algunas imposibilidades fundamentales de las que nunca se habla; los dirigentes ya no pueden gobernar los Estados, ya no pueden “mantener el contacto con las masas, que se han hecho demasiado grandes (Friedman: 1977, 8).

A este fenómeno, en términos teórico-metodológicos le llamamos “desinstitucionalización social”. Es decir, las instituciones del Estado, no funcionan como lo quisiera el bruto, pero también el “refinado positivismo”.

Si le otorgamos a esta incipiente caracterización, el valor de una característica de la situación actual a nuestra sociedad, podemos aceptar que los dirigentes, por ambición, por el mero gusto del poder, no cederían a ser gobernantes de pequeñas comunidades con un número menor de “gobernados”. Pensar así en una limitación del poder sería consecuencia del carácter igualitario que conllevan las organizaciones pequeñas, nos dice Friedman (1977). Pero se queda corto en su crítica, pues al menos, el Estado latinoamericano actual, posee en efecto una organización que podría decirse que fue concebida para gobernar en pequeño, dicha organización es El Municipio. Al cual además se le ha otorgado el carácter de Autónomo. Pero como ya lo señaló La Salle hace mucho tiempo, lo que está escrito en las legislaciones constitucionales opera dentro de la correlación de fuerzas de la interacción social en una arena de lucha (Nietzsche) en desigualdad de fuerzas en donde vence el más fuerte.

2. El Estado y la universidad

Si se acepta esta visión de la sociedad como mayormente identificada con lo caótico que con lo ordenado, concebida en su ser como hipercompleja, ¿cómo entonces, conceptuaríamos a la Universidad (en este caso, a la Universidad Pública; si se dice con orgullo que ésta es autónoma? Lo mismo se dice de la figura más pequeña de la administración y organización social: el Municipio Libre. Pero si atendemos solamente a la concepción más literal, tendríamos que admitir que así lo dice la ley, pero la realidad nos dice otra cosa. Lo mismo vale para la idea de autonomía.

Sin embargo, al ir más allá de este nivel aparente, encontramos que ni el municipio es libre, ni la autonomía así entendida permite a la universidad, ser verdaderamente autónoma. Así como tampoco, la alternancia en el poder por el juego de partidos, nos vuelve democráticos, sobre todo después de las dudas que arrojó el actuar oficial a cargo de las elecciones recientes en México.

De ahí desprendemos que, la autonomía universitaria no es nada mientras se dicten políticas públicas verticales y autoritarias desde el Centro de Poder (Ejecutivo), a través de sus entidades subalternas (secretarías de Estado).

La ley escrita e impresa en un papel no es nada nos ha mostrado (La Salle) --refiriéndose a “La Constitución”--, lo que vale es cómo interpretan estas leyes los gobernantes en turno. Pero detrás de estos actores hay grupos de poder “transexenales”, por llamarles de alguna manera que deciden las políticas que han de regir en nuestra sociedad y, la Universidad no escapa a ellas. Luego entonces, de qué manera sería válido plantear una utopía realizable (Friedman); o bien cómo convencer de la necesidad de vivir una utopía concreta (Bloch).

¿Es una “blasfemia” hablar de la educación y de la universidad como instituciones degradadas? Veamos.

Si pensamos que no se tuvo en cuenta la advertencia de Freire, “las instituciones escolares a veces se convierten en casas para la distribución de conocimientos y no para el acto de conocer” (1975, 88).

Por otra parte, en toda Latinoamérica, la Universidad demostró escasa racionalidad autocrítica, lentitud para responder a las demandas sociales, cierto despilfarro de inteligencia, incoherencia entre discurso y práctica social. Hubo quien puso el dedo en la llaga, diciendo que los intelectuales latinoamericanos habían cambiado la crítica por una beca. No fueron suficientes el entusiasmo y la alegría para superar actitudes corporativas y enfrentamientos sectoriales que desnudaban los escasos aprendizajes democráticos anteriores. Comienzan a diseminarse los nuevos discursos de la calidad, la eficiencia, el pragmatismo y la competencia preanunciadores de la etapa que arribó.

La confrontación entre identidad socio-cultural y globalización es desigual y perversa porque pretende mostrar al modelo hegemónico de concentración a escala mundial (modelo neoconservador) como natural, y por ello ausente de toda otra opción o posibilidad alternativa.

En esta época ya no es el recurso literario sino el impacto de la imagen fílmica la que testimonia el desgarramiento de las relaciones sociales. El modelo social impuesto quizá permite comprender, en una paradoja trágica, la materialidad del no-lugar al que alude Marc Auge (1993). La fugacidad del tiempo y la ausencia de espacios de identidad, hacen que seamos ciudadanos de calles o de shopping, de estaciones de transporte, de viviendas transitorias. Avanza la privatización sobre lo público en todos sus aspectos.

Parece la presencia de Garabombo, invisible, el mítico personaje de Scorza. Para la lógica del poder imperante somos in-visibles, habitando un no-lugar, estableciendo “relaciones solitarias con el mundo” (Augé, M., 1997: 349). De allí que se supriman derechos, se suprima y/o precarice el trabajo, se desatienda la salud, la educación y se niegue acceso a la tierra, se abandone a su suerte a los niños huérfanos y a los viejos.Es que la globalización, eufemismo del capitalismo tardío, en la expresión de Eduardo Rosenzwaig (1997) en su intento destructivo de las interacciones sociales que alimentan la sociedad, pretende la integración sólo a través de la virtualidad mediática: muchos miran desde fuera la fiesta de unos pocos.

Lejos está la interpretación de no-lugar del sentido etimológico de utopía, en tanto referencia a un lugar inexistente. El mismo remite a útero, fuente de vida, y también a utensilio, medio favorecedor de materialidad. Desde esta perspectiva la utopía se asocia por sentido y por sinonimia con lo maravilloso, lo soñado: el ideal.

Hoy, son las vivencias, las expectativas y las necesidades de los nuevos movimientos sociales con las mujeres, los campesinos, los pobres, quienes con sus luchas que no claudican y de noble coraje cívico, reivindican y legitiman espacios sociales alternativos. Son también los jóvenes a través de sus expresiones musicales, los desocupados y subocupados, los ambulantes y la empresa familiar con su tenacidad, los intelectuales con sus búsquedas y denuncias y el periodismo de investigación denuncia. Pero ojalá que sólo en eso nos quedásemos, pues ello permitiría –creemos-- la realización o, al menos, puesta en marcha de una utopía posible o concreta.

Pero el capitalismo tardío lleva en su seno la más escalofriante de todas nuestras realidades sociales, el alza de la criminalidad y el apoderamiento del narcotráfico de las más altas esferas de los dominadores: el Estado y la clase granempresarial nacional y extranjera. En este contexto, en el que además, no olvidemos el cada vez más limitado apoyo financiero estatal a las universidades públicas, empleado como mecanismo de presión; ¿cómo es que funciona la Universidad?

En la Universidad actual en casi toda América Latina, se han impuesto políticas, discursos y prácticas funcionales al modelo hegemónico intentando legitimar la lógica del mercado. Atrás ha quedado la defensa de la autonomía universitaria, supeditada a las políticas establecidas desde los Ministerios de Educación que a la vez reflejan los condicionamientos de los organismos financieros internacionales.

Un vertiginoso ritmo de exigencias respecto a acreditaciones académicas de postgrado, a investigaciones, publicaciones, gestión y evaluaciones establecidas bajo el denominador común de requerimientos para acceder a la excelencia académica, exhiben a la vez el deterioro de condiciones laborales, profesionales y salariales de los docentes universitarios. Muchas apariencias, exigencias y controles, poco espacio para la construcción común, la reflexión, el asombro, la creatividad.

Esto ocurre simultáneamente junto a la depreciada tarea áulica de grado lo que ha aumentado, también a ritmo vertiginoso, las parcelas de competencia personal y grupal, un individualismo creciente; es decir la fragmentación de la institución universitaria.

Los innegables avances científico-tecnológicos ocurridos en algunos campos de conocimiento, entre los que resaltan la posibilidad de transitar las pistas informáticas de Internet, en muchos casos no demuestran orientarse al servicio de las urgentes e imperiosas necesidades humanas de las mayorías populares. Al menos no es esa la direccionalidad de políticas universitarias a las que se aludió más arriba.

La situación socio-cultural-educativa que se viene analizando, se ubica en las antípodas de la praxis freiriana: en ella son los sujetos indagando su historia, identificando raíces, reivindicando luchas, y aun reconociendo sumisiones, los únicos que pueden tener conciencia y por eso liberarse. Una liberación comprometida, relacional, de construcción permanente, no la caricatura del individualismo competitivo, o el egoísmo defensivo elevado a categoría de valor en este fin de siglo (Revista Contextos [www.unrc.edu.ar])

No es casual que los últimos libros de Freire, entre ellos Política y Educación y Pedagogía de la autonomía, al volver a los elementos constitutivos de la utopía ética implicada en la concienciación liberadora, enfaticen la dimensión política de la educación, valoren el acto de conocer y el conocimiento en un marco de diálogo, apuesten a la construcción común de la paz sin abandonar la lucha. Afirmar que Freire en la Universidad es hoy un testimonio y un compromiso no es una lisonja fácil. Se trata nada más ni nada menos que la apuesta para conciliar palabras y prácticas, razón y sentimiento, denuncia y reconstrucción.

La Universidad es también ámbito propicio para la vigencia de Freire en tanto lugar específico del trabajo político de docencia, de investigación, de extensión y de gobierno. Pero sabiendo que no habrá transformación educativa y científica posible si no se transforma junto a la sociedad en lo económico, en lo político, en lo cultural.

3. Epistemología y filosofía: realidad, presente y utopía universitaria

En este apartado nos ocupamos de plantear la importancia del nivel temporal en su vínculo con la realidad como aquí la concebimos, ambos en la dimensión de la epistemología dialéctica crítica y de la vulgar distinción del simple sentido común, que supone, “aclara” lo que “es” la realidad, “distinguiéndola” de lo que es una utopía.

Sólo en una perspectiva que concibe a la realidad en movimiento, es comprensible el tiempo presente como aquí lo concebimos. La representación del movimiento de la realidad en la cual analizamos al Estado y a la Universidad, se encuentra en la forma que adquieren ambas instituciones en los momentos de lo dado y lo que está dándose del proceso que los articula en indisoluble vinculación. En ese vínculo se encuentra la potencialidad que orienta la dirección de un campo de acción entre estos actores, pero esta dirección no es manifiesta. Sin embargo, es un contenido emergente. Lo que Hegel (1978) llamaría, el lugar de las transformaciones cualitativas. Lo que para Bloch (1983)1 sería “lo novum”.

Este último concepto emerge del Filosofo de la Utopía a raíz de la búsqueda de la utopía concreta. La utopía tiene un sentido peyorativo solo si se entiende como mera ilusión y deseo de lo óptimo, sin ninguna probabilidad de realización y sin ningún motor práctico. Lo que sería la utopía abstracta.

La utopía genuina o utopía concreta emerge con base en un ideal abstracto para convertirse en un futuro concreto. Utopía concreta es lo realmente posible en un mundo malo y falso. Este mundo malo y falso es la realidad dada y la utopía concreta es la posibilidad de arribar a ese mundo bueno que estaría por darse con base en la práctica concreta, la que puede ser viable conociendo el vínculo entre lo que está dado y lo que está dándose.

Si los actores que aspiran a incidir en la realidad pueden rescatar ese vínculo entre lo producido y lo que se está produciendo, pueden con ello incidir en lo que está por darse (futuro). De ahí que la diferencia entre la perspectiva presente -pasado y perspectiva presente -futuro radica, en que en la primera hay una realidad producida (un topos) y en la segunda aún no deviene la realidad (no es una empiria). “Topos” (el lugar) es el objetivo empírico. Pensar la realidad como topos, como un dato objetivo o con una perspectiva objetivista, diagnosticarlo y pronosticarlo a partir de la objetividad, es ya, estructuralmente, quedarse enraizado y estancado en el mismo lugar.

Se ha olvidado el futuro porque no sabemos la naturaleza de los datos posibles y no obstante, la discusión cotidiana entre los distintos actores sociales no se da sólo sobre el pasado (a excepción del trabajo académico de los historiadores). En este punto surge la pregunta ¿cómo incorporar la dimensión gnoseológica a la dimensión del futuro?

La respuesta está en Bloch. En él, la utopía es un concepto dual. No aquí y ahora (sentido negativo) de la realidad y, por inferencia, si allá y después (sentido positivo). Un negativo al comienzo, una negación en el proceso y por ello, un posible futuro positivo. Es por eso que el concepto de lo no existente también puede ser objeto de conocimiento científico.

En esta perspectiva –a la que nos adherimos–, no busca tanto organizar una visión de futuro sino de construirlo, aunque para ello la visión es una cuestión ineludible. Sin embargo, no hay que creer que teniendo un modelo de futuro, con ello lo vamos a construir, pues no todos los proyectos son viables si tomamos en cuenta que en la relación dialéctica sujeto-objeto interviene lo contingente, el azar. Además se debe tener en cuenta que el sujeto (psicológico, institucional, ideológico, religioso, económico y cultural), el individuo, actúa con sus subjetividades en la realidad objetiva.

Aunque la realidad es vivida por cada individuo en sociedad, es ésta quien constituye la individualidad y la realidad. Esta a su vez, puede ser pensada por diversos modos de apropiación por distintos individuos, pero la generación del pensamiento, y de las interpretaciones, sean cuales sean éstas, se producen en la sociedad como totalidad. Esto lo consideramos así, pues como señala Covarrubias:

La realidad social es totalidad orgánica, unidad contradictoria deviniente. El devenir se expresa en momentos que el pensamiento denomina etapas y que, como condensaciones específicas de la totalidad, son unidades contradictorias irrepetibles. El desarrollo histórico no es más que el proceso de transformación de la realidad hecho pensamiento. La historia al igual que la contradicción, el movimiento y el cambio, no son sujetos en sí que dirijan y gobiernen a los seres humanos; son categorías que representan los procesos de la realidad. De esta forma, la historia, el movimiento y la contradicción no hacen nada; es el hombre concreto quien hace, y cuya actividad se realiza en el movimiento, el cambio, la contradictoriedad y la historia (1995b: 225, 226).

De manera similar, otro autor señala que:

…en toda historia, tanto natural como cultural, que está produciéndose, actúa la ya producida. El hombre es siempre producto y productor de su historia, forma impresa relativamente constante que viviendo se desarrolla. Lo devenido no es algo simplemente pasado, que aparezca frente al sujeto histórico como un objeto extraño a él (Heller, 1983: 21).

La conciencia de que toda la sociedad latinoamericana actual vive un proceso de desinstitucionalización social es algo irresponsable, pero me atrevo a afirmar que al menos los países como México, han claudicado ya frente a los dictados de los poderes financieros internacionales y al de los poderes de las empresas transnacionales y granempresariales nacionales que paulatinamente saquean los recursos naturales del país, a la vez que le aplican una usura permanente y estructural por parte de una deuda externa ya multipagada. A ello se suma el atraco de los banqueros nacionales que a través del FOBAPROA han acrecentado la deuda pública interna, esclavizándonos cada vez más y volviendo más negro el panorama de las presentes y futuras generaciones de jóvenes y niños.

Por todo ello, la Universidad Pública latinoamericana no puede desempeñar un papel más efectivo en las funciones para las que fue creada. Por ello también, habría que apuntar a formar al universitario del realismo utópico.

4. El universitario del realismo utópico

A causa de Marx, la práctica ética pasa a ser práctica material y sensible y la dialéctica del espíritu autocontemplativo pasa a ser dialéctica de la práctica material. Gracias a Marx, el sujeto ensalzado por Kant en su autonomía respecto al mundo y a la historia, pasa a englobarse dentro de la objetividad de un mundo que es la historia de la humanidad en desarrollo. Parafraseando a Bloch, el ser universitario es la utopía de sí mismo o, lo que es lo mismo, que el ser universitario es la materia y la materia es la utopía de su forma. Esta es “la materia primera” o “sustrato del mundo” que permea e inspira todo el mundo y la historia social con una universal fuerza de aspiración a eso que llamamos la patria de la identidad.

Ante una materia así, que concibe y preña su forma genuina, la actitud a tomar del universitario es la esperanza, pero no como pasiva o especulativa de algo que en el porvenir podrá acontecer sin nosotros, sino como praxis revolucionaria cierta de su éxito futuro, como con un militante oportunismo, como algo positivo que puede suceder a condición de desenmascarar y negar la negatividad (de la desinstitucionalización estatal, de su patética burocratización, de detectar lo factible de este cambio hacia mejor, a través de la concretes de la utopía, de la acción de la esperanza).

Por su relación con la práctica la utopía deja de ser un mero sueño para convertirse en el motor de la utopía concreta, como ariete de factibilidad y su proceso epocal de realización y aterrizaje. Por su relación con la utopía, la práctica se convierte en una estrategia política. Por la práctica, la utopía se vuelve transformación y liberación hacia la eficiencia y el humanismo que necesita la sociedad civil (incluye a la Universidad). Pero desde la Universidad, hay que proyectar hacia aquélla la necesidad de la autocrítica y de la utopía concreta.

La utopía concreta será el horizonte de la práctica material y ésta el motor y la mediación de la utopía. La práctica que se pone en movimiento al rechazar la alienación o no identidad del universitario, toda vez que ha sido y está siendo objeto de los desatinos de la desinstitucionalización estatal y de una burocracia que pasó hábilmente de ser el medio de apoyo al quehacer universitario, al fin patrimonialista de su conservación y reproducción. El binomio se ha invertido. El quehacer de los universitarios (aún no utópicos concretos, aún sin ser universitarios del realismo utópico) se ha convertido en el medio de los fines patrimonialistas de una tal buro-aristo-cracia (la sociedad política universitaria: Gramsci). Por ello, “Para Bloch, pues, la utopía es un concepto dual, como la etimología griega lo sugiere. “No aquí y ahora” (sentido negativo) y, por inferencia, “Sí allá y después (sentido positivo), con la necesaria condición de que el No pueda desaparecer. Un negativo al comienzo, una negación de la negación en el proceso y, por esto, un posible futuro positivo: en esto consiste el horizonte utópico de la historia social y de la existencia humana” (Aguilar: 1977).

Una existencia humana, universitaria si se quiere no es, como una terminología equívoca parece sugerir, lo dado, algo con contexto y límites definitivos y perceptibles. “A lo real no le son de esencia ni límites ni contexturas definitivos, sino al contrario “frontera”, que, como su nombre indica, es un “hasta aquí se ha llegado”, y “horizonte”, que es el “novum” hacia el que tiende. “No hay realismo –dice Bloch– si no se entiende la realidad como algo inacabado y en trance de realización”. De esta suerte, puede Bloch tachar de tautología el principio de identidad de la lógica tradicional: No A = A es la proposición, sino A = todavía no A” (González: 1979).

Suspendida entre el pasado y el futuro, lo dado, el presente burocratizado, desinstitucionalizado adquiere una significación nueva. No es ya, la relación clásica de un proceso que camina a un “resultado” en el sentido hegeliano. Es más bien un paradigma de cómo las posibilidades de un presente se van necesariamente haciendo futuro. Un futuro que queremos incidir hacia mejor quienes asumimos la necesidad de llegar a buen puerto, a devolver a las instituciones y sobre todo a la Universidad, los fines para los que fue creado. El universitario del realismo utópico, con el arma de la esperanza como aquí la concebimos, camina por las letras y por el aula, hacia la siembra de conciencias liberadoras.

* Licenciado, maestro y doctor en Sociología. Actualmente se desempeña como Profesor e Investigador Titular en la Facultad de Derecho de la UAEM Líneas de investigación de siempre: Epistemología y Gnoseología de la Ciencia: Transdisciplinariedad y Complejidad (investigación de frontera). Líneas actuales de investigación aplicada: De la desisnstitucionalización social al nuevo estado de bienestar: De la sociedad civil pasiva a la sociedad politizada; La educación y la Universidad Pública en la complejidad globalizada. La educación como objeto complejo de investigación.

Notas

* Nos referimos a lo otro como aquello que se ha puesto fuera de la responsabilidad para la que fue creado. Este fenómeno no es nuevo, con anterioridad ha sido teorizado como: instituciones del Estado autoritario, o, como patrimonialismo, o bien, como de dudoso quehacer público. Lo otro, el
Estado, se ha colocado fuera de su vínculo inicial con la sociedad civil a quien se debe, al menos en las llamadas “cartas magnas” nacionales.

1 Cabe no obstante aclarar, que, buena parte de los planteamientos que retomamos de Bloch, son tomados del artículo de Luis F. Aguilar Villanueva de 1977, de la Revista de Filosofía de la UIA, México de 1977, pp. 21-36.

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