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Educere

versión impresa ISSN 1316-4910

La Revista Venezolana de Educación (Educere) v.9 n.28 Meridad mar. 2005

 

Jesús soto, maestro del descubrimiento

Carlos Servando García

Columnista del Diario VEA

Obra tridimensional: Jesús Soto

Jesús Soto, el hombre de la investigación, del estudio, se adentró en el rigor de la creación, como aporte reflexivo del hombre ante el mundo, protagonista de su historia y de su tiempo, superó las eventualidades superaficiales materialistas del hoy para proyectar su obra en la eterización, aportó un nuevo lenguaje a la historia del arte universal: la creación del movimiento virtual, la ilusión de movimiento visual en la obra de arte creando modelos conceptuales y lúdicos, sin uso de motores u otros medios mecánicos inducidos. Inspirado en la gran revolución abstracta, Soto logra dar el gran paso de producir la ilusión de movimiento en la obra haciendo coincidir o chocar visualmente varillas de hierro contra líneas blancas y negras pintadas en un plano de fondo; cuando el espectador camina de un lado al otro delante de la obra y chocan en la retina ambos componentes, se produce una vibración visual que da la sensación de que la obra vibra o se mueve rítmicamente, sin necesidad de usar ningún medio externo que lo impulse. Este trascendental descubrimiento lo lleva a la cúspide del lenguaje de la abstracción en Europa. El arte cinético lidia, como también lo hace el arte abstracto, con los fenómenos intangibles del mundo, con las dimensiones cósmicas del universo. A través del uso de las geometrías básicas (líneas rectas, curvas, cubos, ovoides, esferas), de la luz y del color, este arte apunta a fenómenos acústicos y musicales, a ritmos y movimientos en el cosmos. El arte cinético es estructura inmaterial con movimiento virtual.

Jesús Soto inicia sus investigaciones en los cincuenta en París, con construcciones tridimensionales en las que utiliza leños pintados y varillas de metal superpuestas que producen una vibración óptica; para los años sesenta ha redimensionado la fuerza visual de la obra, produciendo ya una variada cantidad de estas estructuras de poderosa fuerza visual. La ruta creativa de Soto marcará a partir de aquí complejas creaciones cinéticas que se plasmarán en estructuras bidimensionales, tridimensionales, murales y estructuras ambientales, interiores y exteriores. Serán la expresión de la pasión de un hombre entregado al descubrimiento. Hay grandes maestros que sin dejar de serlo, no inventan, pues se dedican a representar, con la mayor justeza posible, una tendencia ya efectivamente comprobada. Pero Soto experimenta e innova, como en su momento lo hizo Reverón, en la búsqueda de nuevas generaciones de espectadores que puedan acceder al placer de observar una obra suya, capaz de ampliar e intensificar la experiencia de la vida cotidiana.

“Desde el momento en que comprendo el funcionamiento de la música serial decido aplicar esa noción de lo permutable a un elemento esencialmente pictórico: el color” (Jesús Soto).

Las primeras obras parisinas corresponden a su preocupación por crear superficies de dinamismo visual con base en el color, la forma geométrica y la ambigüedad forma-fondo (Composition dynamique, 1951). A partir de 1953 realiza los primeros trabajos de cinetismo virtual, efecto obtenido tras separar el fondo y la forma: la primera, sobre una placa transparente de plexiglás, y la segunda, sobre una placa de madera colocada a 10 centímetros, ambas fijadas con varillas metálicas. De esos años son: La cajita de Villanueva (1955) y Espiral con plexiglás (1955). En 1955 junto a Agam, Tinguely y Pol Bury, formula en sus trabajos los principios del cinetismo.

En principio, trata el espacio como materia plástica (Structure cinétique, 1957) y más tarde incorpora a sus piezas elementos de desecho que combina con tramas geométricas (Cubos ambiguos, 1958). A finales de la década de 1950 crea las primeras obras vibrantes y la serie Esculturas, basado en varillas que cuelgan de hilos de nylon frente a un fondo trama, con movimiento natural que, combinado con la percepción del espectador al moverse frente a la obra, producen el efecto cinético (Estructura cinética de elementos geométricos, 1958). Profundizando en esta línea consigue incorporar totalmente al espectador en la obra a través de los Penetrables (Penetrable amarillo, 1969).

Realizó obras públicas como murales del edificio de la UNESCO, París, 1970. A partir de esta fecha realizó distintas estructuras cinéticas integradas en la arquitectura: Hall de fábrica Renault de Boulogne-Billancourt (1975); Volumen suspendido en el Centro Banaven de Caracas (1979); Volumen virtual en el Centro Pompidou de París (1987). En los años ochenta vuelve a estudiar la ambivalencia del color sobre el plano, según los principios de Wassily Kandinsky de la última etapa de Mondrian, a través de cuadros de diferentes formatos sobre una trama blanca y negra (Rojo central, 1980).

Entre otras muchas distinciones, Premio Nacional de Artes Plásticas: Caracas, 1960; Medalla de Picasso de la Unesco, 1981; designado Miembro Titular de la Academia Europea de las Ciencias, las Artes y las Letras, París 1981; Premio Pedro Ángel González, Gobernación del Distrito Federal Caracas, 1995; Gran Premio Nacional de Escultura de Francia, 1995. Además fue Commandeur de L ‘Ordre des Arts et des Lettres de Francia, 1993 y Gran Cordón de la Orden del Libertador, Venezuela, 1996.

Una de sus mayores contribuciones al mundo artístico fue su interés por lograr una participación física del espectador. Sus obras son esculturas integradas a la arquitectura que buscan que el espectador tenga “una experiencia viva con sensaciones táctiles y auditivas”, según dijo el maestro en una ocasión. Visto así, el arte de Soto es ante todo un arte participativo, lúdico. Busca constantemente la acción del espectador para completar el significado de ésta. Intención que tenderá de una obra entendida como objeto a un ambiente entendido como obra. Un espacio cada vez más inmaterial, se podría decir un espacio virtual, llegará a su máxima expresión en los “Penetrables”, espacios que no invitaban a la observación distante sino que requerían de la proximidad corporal del espectador, de su transito interno, para la vivencia/comprensión de la obra.

Soto siempre será Soto y único, un maestro del crear y el descubrir, hoy duerme entre nosotros, pero vive como la luz y el viento en cada una de sus obras y solo descansará cuando su cuerpo repose cerca de su amado río.