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Revista Venezolana de Estudios de la Mujer

versión impresa ISSN 1316-3701

Revista Venezolana de Estudios de la Mujer v.15 n.35 Caracas dic. 2010

 

Si las abuelas se disponen a cuidar, madres y padres pueden emigrar 1

Amparo Micolta León * María Cénide Escobar Serrano **

* Trabajadora social de la Universidad del Valle, magíster en Docencia Universitaria de la Universidad Javeriana, con estudios de doctorado de la Universidad Complutense de Madrid (España), Profesora de la Escuela de Trabajo Social de la Universidad del Valle. amicolta70@yahoo.com  Colombia

** Trabajadora social de la Universidad del Valle, especialista en Intervención con Familias de la Universidad del Valle, profesora de la Escuela de Trabajo Social de la Universidad del Valle.

RESUMEN

El propósito de este artículo es evidenciar la importancia del papel que desempeñan en las familias las abuelas que deciden asumir el rol de cuidadoras de los hijos e hijas de hombres y mujeres migrantes. Gracias a ellas, a través de la migración internacional se hacen posible, de una parte, los proyectos familiares que abanderan mujeres más jóvenes, quienes en su red de apoyo cuentan con abuelas que cuidan de sus hijos(as), mientras buscan oportunidades laborales para mejorar la calidad de vida de sus familias; y de otra parte, países desarrollados pueden contar con mujeres que llegan de otras latitudes a contribuir con su trabajo en las economías desarrolladas.

PALABRAS CLAVE: abuelas, cuidado, hijos-hijas, migración internacional, familia.

ABSTRACT

This article seeks to provide evidence for the importance of the role of grandmothers as child care takers of their emigrating sons ‘and daughters’ children. Thanks to this, and through international migration, family projects undertaken by younger women who are now able to seek better job opportunities to improve their family living standards are facilitated, while they are supported by their mothers. At the same time, industrialized countries benefit from foreign women’s labor as they make important contributions to these nations’ economies.

KEYWORD: grandmother, care, children, international migration, family.

Fecha de recepción: 05 de abril de 2010 Fecha de aceptación: 20 de abril de 2010

Introducción

La familia se constituye en un espacio relacional intersubjetivo en el que las personas construyen una cotidianidad y un mundo de significados y de símbolos. En el contexto social actual, tanto unos como otros de estos elementos se ven alterados en las familias con madres y/o padres que migran hacia otros países por la separación física que produce la migración internacional, un fenómeno que hace parte del abanico de experiencias que la sociedad de hoy ofrece.

En los actuales procesos migratorios internacionales Colombia se ubica como un país emisor de población migrante, situación que corroboró el censo llevado a cabo por el Departamento Administrativo Nacional de Estadística de Colombia (DANE) el cual estimó que alrededor de 3.331.107 colombianos vivían en el exterior en el año 2005; siendo sus principales destinos Estados Unidos, España, Venezuela, Ecuador, Panamá, Canadá, México y Costa Rica. Así mismo los datos de la CEPAL muestran que el flujo migratorio de colombianos es el de mayor cuantía en la escala intrarregional latinoamericana; en 1990 ascendía a cerca de 600.000 personas y en 2000 alcanzó los 700.000 (CEPAL, 2006).

El afrontamiento que las familias hacen de la experiencia de la migración internacional les implica movilizar sus recursos y los de su entorno, representados fundamentalmente en las redes de apoyo, en las que se conectan una gran cantidad de personas significativas y se fortalecen los vínculos que ayudan a enfrentar las demandas de nuevas situaciones familiares, desencadenadas entre otras, por la ausencia física de la madre y/o el padre. El cuidado de los hijos se convierte en uno de los mayores desafíos, los padres buscan ayuda en su red social cercana, entre sus propios padres, hermanos, tíos u otros parientes, para que se encarguen de atender las necesidades de sus hijos e hijas2, lo que genera diversas prácticas de solidaridad, entre las cuales emergen tareas asociadas al cuidado de los niños y niñas cuando los padres están por fuera del país durante temporadas largas. Este cuidado que está marcado por particularidades, entre las cuales la distancia y el tiempo generan incertidumbre frente al momento del regreso, conlleva tensiones y conflictos explícitos o implícitos, entre los hijos(as), cuidadores y migrantes, en tanto muchas cosas en las que socialmente se considera indispensable la presencia corporal del progenitor(a) tendrán que empezar a acordarse de otras maneras.

Cuando es la madre quien migra la situación suele ser mucho más compleja, ya que cuando se va el progenitor y la madre se queda, es casi incuestionable que es ella la llamada a seguir velando por el cuidado de sus hijos. Si migra la madre, usualmente otras mujeres de la familia asumen el cuidado de los niños(as), estas mujeres son principalmente abuelas quienes en un gesto de solidaridad con las madres y/o los padres les transmiten tranquilidad y confiabilidad facilitándoles con ello el que lleve a cabo el proceso migratorio.

El cuidado de los hijos en la familia es un trabajo que socialmente se ha camuflado al ser catalogado como una labor femenina, razón por la cual no se ha reconocido ni valorado a las abuelas, quienes en nuestra cultura, siempre han cuidado de sus nietos y nietas haciendo posible que otras mujeres y también los hombres salgan a trabajar y cumplan con un proyecto de vida personal y familiar. El trabajo que realizan estas abuelas por estar circunscrito al ámbito de la familia y por ende, corresponder a la esfera de la reproducción social, se lo hace invisible. El cuidado que realizan las abuelas a los hijos(as) e hijas de mujeres y hombres migrantes fue un hallazgo objeto de análisis en la investigación que dio origen a esta publicación. Se trató de un estudio de carácter exploratorio, cuya estrategia de investigación incluyó la entrevista semi-estructurada como técnica para la obtención de la información. Las personas entrevistadas fueron seleccionadas de acuerdo a los siguientes criterios: hombres o mujeres residentes en Cali, que tuviesen bajo su cuidado a hijos o hijas menores de 20 años, de madres y/o padres que emigraron a España; que la migración se hubiera llevado a cabo entre 1998 y 2008; y, que al momento de la entrevista los emigrantes aún permanecieran en España. En total fueron entrevistados 97 adultos responsables del cuidado de los menores. Se encontró que un 85% de personas que asumen el cuidado de hijos de madre o padres migrantes en España son mujeres que tienen algún parentesco con los niños(as), son madres, abuelas, tías o amigas. Del porcentaje señalado, el 34% corresponde a abuelas.

Los hallazgos de la investigación mostraron una situación que parece ciertamente conocida, como lo es el que las abuelas se hacen cargo de nietos y nietas, cuando los progenitores por diversas razones no pueden asumir su rol paterno o materno, como en el caso de los hijos e hijas de los colombianos y colombianas que emigraron a España en el periodo anotado. Sin embargo esta realidad no ha recibido el reconocimiento que su importancia reviste tanto para las familias como para la sociedad en general; pese a que con este trabajo las abuelas contribuyen al desarrollo, en la medida que sin el mismo es casi imposible que otras personas puedan ir a trabajar a otros países y contribuir a otras economías.

El trabajo que las abuelas realizan en el marco de la migraciones internacionales hace parte de las denominadas «cadenas globales del cuidado» (Ramírez et al, 2005), formadas por mujeres a través del cuidado a otras personas, tanto en los países de origen como en los de llegada. En estas cadenas las mujeres migrantes cuidan de otros, dejando a sus hijos en sus países bajo el cuidado de otras mujeres (Carmen Gregorio, 1998; Laura Osso, 1998; Ninna Sorensen, 2004). En esta línea la revisión de los resultados de los estudios al respecto, no dejan duda alguna sobre el significativo aporte de las mujeres al desarrollo tanto desde el punto de vista económico como social, desde las migraciones internacionales3.

El análisis de los hallazgos en torno a la presencia de las abuelas en el cuidado de los hijos(as) de padres y madres migrantes, se ha articulado en este escrito a partir del género femenino, ya que en sus trayectorias de vida personal y familiar se encuentran evidencias de procesos de socialización en los que prevalece la idea de que lo femenino obliga a la preocupación por el otro aún pasando por encima de los deseos propios. El camino elegido para el propósito que nos ocupa es presentar en primer lugar algunas ideas sobre vejez, abuelidad y género, posteriormente se señalan las formas particulares del cuidado realizado por estas abuelas en el contexto de la migración; y aspectos como la confianza, la lealtad de género, el cumplimiento del cuidado desde los aprendizajes de ser mujer y algunos dilemas, son los tópicos que finalmente se tratan.

I. VEJEZ, ABUELIDAD Y GÉNERO

La vejez ha tenido diversas valoraciones dependiendo de la cultura y el momento histórico. En nuestro contexto las personas que están llegando a la vejez suelen cargar con el peso de una sociedad que los excluye y si a esto se suman las condiciones de vida previa y la perspectiva de género, la situación para las mujeres suele complejizarse, en tanto que en sus trayectorias de vida continúan manteniendo una pauta histórica, cual es la de cumplir funciones de reproducción en medio de relaciones de inequidad4.

En Colombia la mayoría de las mujeres que hoy se encuentran en la vejez, dedicaron gran parte de su juventud y vida adulta al mundo doméstico, cumpliendo el rol de amas de casa y cuidadoras de sus familias; si bien algunas de ellas, lograron en su momento trabajar por fuera del hogar, se trató de empleos informales, en los que no gozaron de prestaciones sociales y en los pocos casos que se les concedió este beneficio, no llegaron a cumplir el tiempo exigido para reclamar una pensión porque se retiraron por presiones de la familia5.

Para estas mujeres, llegar a la vejez significa segregación, pérdida de lugar y participación social, lo que se agrava con el hecho de ser mujer y ama de casa. La posibilidad de ser abuela y gozar de cierto reconocimiento ganado en la vida privada a través del cumplimiento del trabajo doméstico, de la socialización y del cuidado a sus familias, es para algunas mujeres una opción de inclusión6. Esto podría explicar el hecho de que varias abuelas entrevistadas para esta investigación se dediquen exclusivamente a lo doméstico más por falta de opciones que por decisión propia. La no voluntariedad para cuidar de otros puede representar una experiencia que genera diversidad de sentimientos, desde sentir que se es útil, hasta irritación por la falta de tiempo para ellas y para sus proyectos personales. Algunas de las abuelas entrevistadas cuidan a sus nietos con ambivalencia; a la vez que se sienten en «el deber» como madres de ayudar a sus propios hijos(as) mediante el cuidado, ellas experimentan agotamiento, no esperaban estar cuidando de otros en esta etapa de sus vidas.

Cuando mi hija se fue para España, tenía seis hijos todos estaban ya grandecitos a las dos menores las iban a mandar a Pereira y a mí me tocaba quedarme con los más grandes. Ella me dijo mamá usted se hace cargo de los niños, no es para dejárselos del todo, porque ellos ya están criaditos, sino para que al menos esté vigilándolos y haciéndoles la comida, le dije, ‘¡pero qué más que me toca ponerme a hacerles la comida, viendo que yo ya no debo de hacer tanto oficio!’. Entonces me dijo mamá nosotros nos vamos y de allá le ayudamos y así usted no va a pasar tantos trabajos. (070-AAPA-2).7

Los estudios sobre abuelas y abuelos cuidadores son relativamente nuevos en el marco de las investigaciones en familia. Ni la dimensión de cuidado, ni los abuelos han sido motivo de mayor interés en el campo académico. En un estudio realizado por Sacramento Hernandis:

«El rol de abuelo es un rol familiar, una fase del ciclo vital que apenas ha recibido atención en la literatura científica, mucha de la cual, se centra en aspectos tales como el rol familiar de los abuelos como sustitutos parentales, y la importancia de su experiencia vital» (1999:169).

En Colombia los estudios que abordan estos cuidados apenas se asoman, situación que impide que de manera clara y contundente se muestre el impacto que la presencia de abuelas cuidadoras está teniendo sobre la familia, esto a pesar de que abuelas y abuelos se vengan constituyendo en figuras centrales para el cuidado de hijos de mujeres y hombres que se encuentran ausentes por un fenómeno de tanta relevancia en Colombia como lo es la migración internacional.

Los resultados de la investigación «Cambios en la paternidad y en la maternidad en cinco ciudades de Colombia», desarrollada en Colombia entre 1998 y el 2000, muestra información importante en relación al rol de las abuelas en la familia:

«…Se destaca el papel de las abuelas ante las necesidades de las madres solteras porque, gracias al apoyo brindado, éstas logran seguir en el sistema educativo o cumpliendo su papel de proveedoras, a pesar de las responsabilidades que su situación les demanda. Este tipo de hogar, se constituye en una necesidad valorada por los sectores de más bajos ingresos de las ciudades, pues se convierte en un mecanismo de supervivencia ante la crisis, el desempleo y como alternativa de apoyo para la crianza de hijos e hijas. A su vez, la convivencia de tres generaciones en la misma vivienda flexibiliza las fronteras para compartir los recursos, proveer a los desprotegidos, compartir viviendas amplias,…o asumir la protección de los niños/as cuando las madres se ausentan por circunstancias laborales» (Yolanda Puyana, 2003:72).

En los sectores de bajos ingresos económicos, el ejercicio del rol de abuelidad, específicamente en el cuidado de nietos y nietas, de enfermos o de personas en situación de discapacidad, no es un rol que se ponga en cuestión8. Los hallazgos de la investigación que aportaron la información para la construcción de este artículo, reflejan la situación señalada en párrafos anteriores, porque en nuestro contexto las mujeres llegan a la vejez y con frecuencia continúan asumiendo el rol de amas de casa y cuidadoras, en este caso de aquellos nietos y nietas cuyos padres han migrado a España. Hay abuelas que asumen funciones de cuidado en la familia, ante la imposibilidad que tienen de contar con recursos para pagar una persona que se encargue de dicha función con niños, niñas, enfermos y discapacitados, mientras otros trabajan, de esta manera las abuelas están facilitando que los miembros de las familias adelanten proyectos en el terreno personal, laboral, económico y profesional. A las abuelas por ser mujeres se les considera dotadas por la naturaleza para cuidar, desarrollando afecto que se expresa mediante la preocupación9.

Los estudios alrededor de los abuelos resultan ser más frecuentes que los del cuidado. El cuidado ha sido tratado especialmente por profesionales del campo de la salud, quienes se han ocupado de investigar y explorar sobre las tareas de cuidado que desempeñan alguno de los miembros de una familia cuando deben convivir con pacientes que padecen enfermedades crónicas y/o irreversibles. De estos estudios se destaca que el cuidado en términos generales, se ha concebido como una actividad femenina, no reconocida, no remunerada y no valorada, que al igual que otras tareas domésticas ha sido atribuido a las mujeres,

«…a quienes se les ha adjudicado históricamente las tareas de cuidado y atención, a partir de la extensión del rol de la maternidad a todos los comportamientos sociales de las mujeres; y desde esta experiencia se propone reconstruir este valor para toda la humanidad» (Alba Carosio, 2007:6).

Esta autora relaciona el cuidado con «…una actitud de generación, reproducción, mantenimiento y conservación de la vida» (Ibíd., 2007,6).

Es evidente la diferencia entre cuidado y tareas domésticas, sin embargo hay una relación entre lo doméstico y el cuidado en la medida en que a ambos se les incluye en la lógica de la domesticidad, es decir, aludir a lo doméstico, conlleva de manera implícita a una lógica asociativa con el cuidado. En la misma línea, culturalmente lo doméstico se relaciona con lo femenino, en consecuencia, se asume como natural el que sea la mujer quien cuide y no el hombre. Cuidar de los miembros de la familia y de su bienestar es parte de la vida privada, del mundo doméstico10.

Flavia Marco (2007) ha abordado el tema del cuidado, cuestionando que se le tome como función femenina y no se haga un reconocimiento en términos económicos y jurídicos del aporte que las mujeres hacen a la sociedad. Dicha autora se refiere al cuidado bajo la denominación de economía del cuidado y lo define como:

«…un espacio bastante indefinido de bienes, servicios, actividades, relaciones y valores relativos a las necesidades más básicas y relevantes para la existencia y reproducción de las personas. Como todo concepto en construcción sus alcances y límites son difusos. Podría argumentarse que en realidad toda actividad humana tiene como objetivo final la propia reproducción, como personas y como sistema social. Esto puede ser cierto, pero la economía del cuidado, con sus ambigüedades, refiere a un espacio más acotado» (Ibíd., 2007, 9).

De igual manera Flavia Marco resalta que «…lo que particularmente interesa a la economía del cuidado, es la relación que existe entre la manera cómo las sociedades organizan el cuidado de sus miembros, y el funcionamiento del sistema económico» (Flavia Marco, 2007:17). De otro lado, esta autora insiste en la necesidad de que se revise la situación de cuidado como responsabilidad femenina y el tema pase del ámbito privado al público-estatal.

«Las mujeres siguen a cargo del cuidado porque la reversión de esta situación implica modificar el sistema de género, que como es sabido conlleva construcciones sociales y culturales internalizadas por los individuos y por tanto difíciles de modificar. Un imperativo de justicia social asumir el cuidado, componente principal del trabajo no remunerado, como un bien público, como responsabilidad social y estatal. Las escasas iniciativas y crecientes debates siguen apuntando a facilitar que las mujeres sigan siendo el vínculo, el espacio de ajuste entre el espacio productivo y el reproductivo, no a la redistribución ni a la cobertura estatal del cuidado» (Flavia Marco, 2007:8-9).

Para cerrar este apartado es preciso señalar que las condiciones materiales de las abuelas se convierten en otro argumento para asumir el cuidado de los nietos. Las abuelas entrevistadas pertenecen a ese grupo poblacional en el que las posibilidades de tener una jubilación o pensión es poco probable, dado que para ello se requeriría de que hubiesen estado vinculadas laboralmente con prestaciones sociales, y no lo estuvieron. Las abuelas cuidadoras entrevistadas para esta investigación se encuentran desprovistas de seguridad social para su vejez, por lo que han quedado a merced de hijos e hijas que aportan algunos ingresos para los gastos de la familia, mientras ellas continúan encargándose de la vida doméstica y de los cuidados de la casa, labores por las cuales nunca han percibido remuneración económica. Por ello, algunas abuelas se encuentran a expensas de las remesas u otros ingresos que les provean sus hijos11. Así lo ilustró una de las abuelas:

Cuando mi hija se fue para España, tenía seis hijos todos estaban ya grandecitos a las dos menores las iban a mandar a Pereira y a mí me tocaba quedarme con los más grandes. Ella me dijo mamá usted se hace cargo de los niños, no es para dejárselos del todo, porque ellos ya están criaditos, sino para que al menos esté vigilándolos y haciéndoles la comida, le dije, ‘¡pero qué más que me toca ponerme a hacerles la comida, viendo que yo ya no debo de hacer tanto oficio!’. Entonces me dijo mamá nosotros nos vamos y de allá le ayudamos y así usted no va a pasar tantos trabajos sin plata. (070-AAPA-2).

En este sentido, Elisa Dulcey y Cecilia Uribe (2002) afirman que se ha generado una tensión para las abuelas que siendo adultas de mediana edad, se encuentran abocadas al cuidado, más por condiciones económicas y de la dinámica de la familia que por decisión propia.

II. SI LAS ABUELAS SE DISPONEN A CUIDAR, MADRES Y PADRES PUEDEN EMIGRAR

En los relatos analizados encontramos que las abuelas cuidan por deber o porque tienen disposición para cuidar de los hijos e hijas de las mujeres y los hombres migrantes y con ello facilitar la migración. Con dicha disposición las abuelas transmiten a las madres y a los padres migrantes tranquilidad, razón por la cual progenitora y progenitor parecen encontrar en las abuelas características y condiciones que les generan confianza para dejarles a sus hijos(as), confianza que ha sido acumulada a partir de la relación que previo al viaje han establecido abuelas y nietos o nietas; lo que se constituye en un nicho que abre posibilidades para que madres y padres consideren dejar a sus hijos e irse a mejorar las condiciones de vida familiar. Una abuela ante la angustia de una de sus hijas, no sólo se ofrece para cuidar de su nieta, sino que además presenta la migración como una alternativa para solucionar las dificultades económicas, ayudando de esta manera a encontrar opciones de mejoramiento para las familias.

Cuando llegué aquí a Cali mi hija me dijo: ‘Lola lo que gano no alcanza para nada de lo que estoy debiendo’ y esa muchacha, todas las noches lloraba y yo le dije: ‘no llores, si quieres yo tengo la propuesta de una amiga, para que te vayas para España’. Ella me dijo: ‘Lola, si usted me dice así yo me voy’. Yo le dije: ‘a María (la nieta de Lola), no le va a hacer falta nada, usted sabe como las crié yo a ustedes, váyase’ (035- AAMA-2).

En el testimonio anterior, se destaca la decisión de la abuela para hacerse cargo de la nieta y la garantía de que la cuidará igual que ha cuidado a sus hijos e hijas, un argumento que puede dar seguridad para aquellas madres y padres que muestran temores de dejar a sus hijos. Algunas abuelas reconocen la tranquilidad que pueden ofrecer al ser ellas las que se encarguen del cuidado de los nietos y nietas cuyos padres y/o madres migran, así lo dijo una de las abuelas entrevistadas: «Creo que como yo le he ayudado a cuidar los hijos ella se pudo ir» (097-AAMA-2).

La seguridad que estas abuelas han logrado transmitir a las madres y padres migrantes es una actitud básica y necesaria para la vida misma. Se considera básica en tanto que funda las relaciones, el establecimiento de relaciones humanas con cierta profundidad sería inviable si no se dispusiera de cierto grado de seguridad o confianza en el otro. Según Castilla del Pino (2000:319-330) «siempre ha de haber (alguna) confianza». En las familias estudiadas, la confianza, es fundamental para que se produzca y se mantenga el proyecto migratorio. De un lado el progenitor(a) que decide emigrar cuenta en su entorno familiar con personas en las que ha tenido y podrá seguir teniendo un grado de confianza suficiente para creer que sus hijos podrán mantener una vida de calidad y sobre todo estarán protegidos12.

De otro lado, también las abuelas que se quedan al cuidado deberán desarrollar cierta confianza en que las madres o padres de estos nietos, de los que se han hecho cargo, estarán al tanto y no los abandonarán.

CUIDADO, TRAYECTORIAS FAMILIARES Y LEALTAD

En las familias de mujeres y hombres migrantes se encuentran relatos que destacan experiencias vitales y prácticas de cuidado que crean un ambiente de confianza y garantías que facilita a las madres y a los padres la migración. En estas familias las abuelas han estado cuidando de sus nietos y de otros miembros de la familia desde antes de la migración, construyendo historias de cuidados en las que a partir de su vivencia, las abuelas desarrollan mayor comprensión y solidaridad con sus familiares. Las abuelas que nos aportaron información refieren que la convivencia con sus nietos no es una experiencia nueva para ellas, porque desde el nacimiento de estos niños(as) muchas han estado cercanas a ellos(as) y cumpliendo de alguna manera la función de cuidadoras, de manera que asumir el cuidado cuando los padres migran, es para ellas un asunto de la vida cotidiana, es decir, aquel «ámbito de la realidad, en el cual el hombre participa continuamente, en formas que son al mismo tiempo inevitables y pautadas (...) es la región de la realidad en que el hombre puede intervenir» (Alfred Schutz y Thomas Luckmann, 1973:25); y que en palabras de Agnes Heller es

«la vida de todo hombre, que sin excepción la vive cada cual, cualquiera que sea el lugar que le asigne la división del trabajo intelectual o físico (...) allí hombres y mujeres participan con todos los aspectos de su individualidad, de su personalidad. En ella se ponen en obra las capacidades intelectuales, las habilidades manipulativas, los sentimientos, pasiones, ideas, ideologías (...) Son partes orgánicas de la vida cotidiana la organización del trabajo y de la vida privada...» (Agnes Heller, 1985:39-40).

Los niños tampoco sienten una amenaza ante la ausencia física de sus padres, lo que no significa que ante la migración el vínculo parental entre padres migrantes e hijos(as) necesariamente se debilite, sino que continúa con las particularidades de la no presencia física, pero manteniendo las relaciones con la madre, el padre o ambos desde la distancia geográfica, de esta manera la ausencia de las y los migrantes, no resulta del todo ajena en el proceso de crianza y socialización de estos niños y niñas.

Valeria siempre ha estado aquí. Cuando mi hija estaba en la universidad, salía a las siete y muchas veces no llegaba, seguía derecho cuando tenía parciales o se quedaban haciendo trabajos. Valeria siempre ha estado conmigo, pero ha visto a la mamá, la mamá no se había ido mucho tiempo; ese es un motivo más para que ahora le haga mucha falta la mamá. En otro tiempo (antes de viajar a España) no había problema, pero ahora si porque sabe que está muy lejos (042-AAMA-3).

Retomando los aportes de Luis E. Guarnizo (1997), entendemos que el mantenimiento de los vínculos es uno de los elementos centrales en el análisis de las relaciones familiares en el contexto de la migración internacional, vínculos a partir de los cuales se conforman las denominadas familias transnacionales. Sin desconocer que la presencia de niños en los hogares de origen no es una condición necesaria para que se conformen las familias transnacionales, estas familias son más propias de aquellos inmigrantes que mantienen a sus hijos y a sus cónyuges en el país de origen13. Esto por las características que entrañan los roles parentales, en el sentido de que a través de estos roles las personas deben dar cuenta de tareas que se llevan a cabo en la relación cara a cara, en el día a día, como el cuidado, la atención y la crianza de los menores. Con urgencia las abuelas en Colombia y los padres y las madres migrantes realizan ajustes y acomodaciones a fin de garantizar la continuidad en el cumplimiento del rol parental. El estudio de Vanessa Burholt (2004) al comparar los contactos y las remesas entre migrantes del Sur de Asia que viven en Birmingham (Reino Unido), con sus familiares en el país de origen, encontró que las comunicaciones y remesas que los migrantes envían desde el exterior, son mayores entre padres e hijos, que entre otros parientes.

Algunos de los nietos y nietas que estas abuelas están cuidando son hijos de madres adolescentes, lo que ha implicado que desde la misma maternidad de las hijas, estas mujeres asuman a estos nietos como a otros hijos más.

El niño fue mi primer nieto yo me volví loca con mi nieto, mi primer nieto. La mamá de él estaba muy niña cuando quedo embarazada, tenía como 14 o 15 años. Mi hija se quedó con nosotros, siguió estudiando... yo fui la que lo lidie recién nacido, lo bañaba, lo cargaba, le daba el alimento. Yo me trasnochaba con ese bebe y entonces el niño se apegó a mí, ella únicamente lo cogía y le ponía la teta y ya, eso fue todo. El niño siempre ha estado conmigo (052-AAMA-3).

En los relatos de las abuelas es común identificar la naturalidad con que ellas asumen el cuidado de sus nietos(as), independientemente de su voluntad y a pesar de las tensiones que esto les genere, como lo veremos más adelante. Pareciera que ellas deben permanecer leales a las funciones que se asumen propias a su condición de género.

En la compleja experiencia de las abuelas cuidadoras, que se mueven entre el deseo y el deber ser, se evidencia como ya se ha mencionado, una naturalización de ese papel de cuidadoras que han asumido. De acuerdo a lo que expresaron, aunque hay conciencia de las obligaciones que implica asumir el cuidado esto no compromete la claridad que tienen de ayudar, de ser solidarias, finalmente, culturalmente aprendieron que de una madre se espera ayuda incondicional, ayuda que opera como un principio de lealtad, entendida ésta como una actitud constitutiva de las colectividades humanas y fundamental para la formación y mantenimiento de la identidad.

Según Iván Boszormenyi-Nagy y Geraldine Spark (1983:54-57), la lealtad es una «actitud confiable y positiva de los individuos hacia lo que ha dado llamarse el ‘objeto’ de la lealtad», en este caso se entiende que el objeto de lealtad es una prescripción social sobre las tareas que debe cumplir una mujer para hacer parte del género femenino. Iván Boszormenyi-Nag y y Geraldine Spark van un poco más allá cuando señalan que en los grupos, la lealtad se va construyendo como una trama relacional interiorizada que implica al uno y al otro, dispone cómo ser, cómo pensar y cómo actuar o no actuar, generando con esto un compromiso que los miembros deberán cumplir, para hacer parte de. No cumplir conlleva sentimientos de falta con el mandato interiorizado, es decir con el colectivo y consigo mismo. Finalmente dependiendo de la historia personal y del colectivo, de la posición que ocupa la persona y del significado atribuido a esa lealtad, se estará en mayor o menor capacidad de atreverse a romper con el compromiso de mantener las expectativas creadas.

MADRES SOLTERAS PRIMERO Y ABUELAS CUIDADORAS DESPUÉS. UNA HISTORIA QUE SE REPITE

Las funciones maternas asumidas por las abuelas están relacionadas con experiencias familiares y personales que ellas han vivido. Varias de las abuelas cuidadoras en sus relatos refirieron que fueron madres solteras que asumieron el cuidado de sus hijos sin la participación del padre. Ahora siendo abuelas sienten que repiten una historia en doble sentido: se encargan de sus nietos, solas, mientras sus hijos(as) residen en España, y vivencian y se identifican con sus hijas o nueras en la experiencia que ellas tuvieron con sus hijos(as) siendo mujeres adolescentes. Veamos: «Yo me he sentido cabeza de familia toda la vida, desde que me separé del papá de ellos, ahora es lo mismo con la mamá de ellos» (031-AAMA-3)

En las sociedades contemporáneas se espera que padre y madre sean personas adultas capaces de asumir el cuidado, la protección y la educación de los hijos(as), funciones éstas tendientes a garantizar la satisfacción de las necesidades emocionales e instrumentales de los menores. En Colombia, un estudio realizado por María Cristina Maldonado y Amparo Micolta (1999a; 1999b), encontró que la mujer adolescente que concibe un hijo se encuentran con problemas para su progreso social y económico, y enfrenta obstáculos para desarrollar proyectos tanto colectivos como individuales. Las mujeres adolescentes llevan el peso de la maternidad mientras que los padres, usualmente se ausentan de la paternidad. Hallazgos éstos que también están en correspondencia con lo que nos informaron algunas de las abuelas que entrevistamos.

Aunque la maternidad y la paternidad adolescente no es una cuestión nueva, hoy se la considera como un asunto que está por fuera de la normativa social. Los embarazos a temprana edad forman parte del patrón cultural de algunas regiones y de grupos sociales, pero en las grandes ciudades, generalmente, no son deseados y se dan en parejas que no han iniciado una vida en común.

III. CUMPLIENDO CON EL CUIDADO

LA ALIMENTACIÓN Y LA ESCUELA, DOS ASUNTOS CENTRALES PARA LAS ABUELAS

Entre todas las tareas que deben asumir las abuelas para cuidar de sus nietos y nietas cuyos padres se encuentran en España, se destacan las que tienen que ver con la alimentación y la educación.

Las abuelas conceden un valor especial a la alimentación; ellas se preocupan por la preparación de los alimentos y la nutrición de sus nietos y nietas, para lo cual toman en consideración los gustos de los niños y niñas, se interesan por gratificarlos con la alimentación que les ofrecen y que en consecuencia la disfruten, de tal manera que la comida no sólo satisfaga una necesidad básica, sino que remarque el vínculo entre ellas y los nietos y nietas.

A nosotros (refiriéndose a ella y a su esposo), nos pasó con una ensalada que preparamos con mango (risas), a ellos les fascinaba ese mango que no está maduro ni verde, que esta como pintoncito; eran bobos comiéndosela, hasta que llegó el momento que se cansaron. Dije hay que variarles, que ellos ni siquiera sepan que hay de comida, viendo el gusto que tienen para comer, así mismo preparo la comida. A la niña le fascinan las pepas, a él no le gustan tanto como le gustan a ella, pero tampoco es fregado para comérselas (088-AAPA-3).

En la actitud de las abuelas respecto a la alimentación de sus nietos(as), se evidencia un cambio en la visión que las familias habían tenido del niño como un ser pasivo y receptor del que se esperaba obediencia, respeto y distancia con el adulto. Contrario a lo narrado por Philippe Ariès (1987), en el sentido de que anteriormente las sociedades se interesaban por la particularidad infantil, ni existía una sensibilidad como la de hoy acerca de la niñez. La información que hemos analizado nos muestra que las abuelas tienen en cuenta la opinión de los niños para elegir la alimentación, es decir, los valoran como miembros con participación y protagonismo en sus vidas. Este cambio en el desempeño que tiene el niño en la vida familiar, lleva una concepción que flexibiliza los límites y las jerarquías del adulto cuidador; que en los escritos se asocia con la denominada democratización de las relaciones familiares (Micolta, 2002), un asunto que ha sido ampliamente abordado por Elizabeck Beck-Gernsheim, y Ulrich Beck (1998; 2003), entre otros.

En estos casos, progenitor y/o progenitora migrantes en España envían el dinero para la compra del mercado y los niños participan en la decisión del tipo de comida que se compra; la madre y/o el padre migrante, a través del envío de remesas además de propiciar el que sus hijos tengan alimentación, les abren oportunidades para que participen en la toma de decisiones frente a un tema que ha sido principalmente del manejo de los adultos cuidadores. Estas decisiones antes del viaje del progenitor se encontraban limitadas, en parte porque tradicionalmente los adultos y generalmente las mujeres, han decidido el tipo de alimentación para la familia, y de otro lado, porque las opciones requieren de ingresos económicos, que según las abuelas, antes de la migración no los tenían. Así pues, si bien las abuelas son las encargadas de la preparación de la comida, de hacer el mercado y de orientar el tipo de alimentos que se compran, escuchan y respetan la voz tanto de los niños como de los padres.

Yo no les pongo reglas, no mas dicen qué les compro, a ellos (los niños) la mamá les dejó una lista de lo que van a comprar, si ellos quieren cambiar algo, o comer otra cosa, entonces ellos mismos lo deciden y lo cambian por otro artículo, dicen no vamos a comer suponiendo frijoles, yo quiero cambiar esto por otra cosa, y lo cambia (049-AAMA-2).

La formación escolar de sus nietos(as) es otro de los temas que inquieta a las abuelas, ellas se ocupan de las matrículas, las reuniones de padres de familia y deberes escolares. Se dan casos en que las mismas abuelas asumen la orientación en las tareas escolares, aunque esta situación es la menos frecuente, pues ellas no se sienten preparadas ni actualizadas para guiarlas. Esto lo resuelven activando redes de apoyo, al buscar ayuda en miembros de la familia o en personas ajenas a ésta. La necesidad de cumplir con esta función permite establecer y fortalecer la red de apoyo. Una abuela materna dijo al respecto: «Con las tareas ayudamos todos aquí, el que más pueda, por un lado y por el otro. Si no entendemos, corremos a llevar la niña a otra parte para que saque sus tareas» (082-AAMA-3).

El tema de la educación formal de los niños se vuelve un punto de encuentro entre algunas madres que se encuentra en España y las abuelas; desde España estas madres buscan la manera de estar al tanto del desempeño académico de sus hijos y tener cierto control, encontrando en las abuelas apoyo para lograrlo.

IV. DILEMAS CON LAS TAREAS DEL CUIDADO

ENTRE EL DESEO Y EL DEBER

En su condición de mujeres las abuelas desarrollan un sentido del deber y de solidaridad con otras mujeres, ello es, una especie de acatamiento de costumbres y prácticas que culturalmente se consideran correctas para el sexo femenino. Las abuelas aplazan sus necesidades y sus proyectos, de manera que sus hijas puedan alcanzar los suyos propios. La postura de sacrificio y negación del deseo sigue funcionando como un mandato en la vida de estas mujeres14.

Uno cómo iba a decirle a ella no se vaya, el deseo de ella es poder algún día ofrecerles una casa y venir a vivir con ellos (se refiere a los nietos) ya no volverse a ir. Entonces yo le decía pues déjelos. Es una responsabilidad muy tremenda, es muy duro porque como le digo uno va llegando a una edad donde un niño es muy difícil para uno. Hace doce años decíamos que pereza cuidar nietos (088-AAPA-3).

Algunas abuelas expresan su agotamiento por el cuidado de los nietos y no quieren estar más a cargo de ellos. El desgaste lo producen los comportamientos de los nietos, especialmente la adolescencia les despierta este tipo de experiencia de impotencia y extenuación que ha producido el encargarse de los nietos y nietas. Los testimonios que a continuación se presentan, son un reflejo claro de la experiencia de estas abuelas impotentes, y sintiendo el peso de la soledad para cuidar.

Hay raticos que quisiera como abrirme de ese niño y no volver acá. No les gusta hacer nada, hasta los calzones tengo que levantárselos del baño, no le gusta bañarse, no come y anda la calle se me pierde. No yendo lejos, ayer en un momentico, un carro le dañó la bicicleta, a él no le paso nada, le pasa algo a él, dígame, yo en que me meto? Y así es todo. Se va para la calle y en este momentito la preocupación es por lo niños, eso es muy difícil, ella asume que yo soy la responsable (…) Yo quiero que se vayan, porque es horrible o sea, el espacio de tanto tiempo sin la mamá los hace ser rebeldes, groseros, malcriados, de todo. Ella dice que ya se los va a llevar porque hay que solucionar las dificultades (008-AAMA-2).

LA RESPONSABILIDAD Y LA AUTORIDAD

El tema de la responsabilidad genera múltiples reacciones entre las abuelas, algunas lo asocian con el cumplimiento de las funciones de cuidado, otras con la protección a los niños(as) para que no les pase nada. La responsabilidad por lo que les pueda suceder a los nietos lleva a las abuelas a tener una comunicación permanente con éstos, para conocer sus pensamientos y sentimientos. Las abuelas sienten que la responsabilidad se concreta cuando los nietos se encuentran en espacios públicos, momento en el que ellas activan mecanismos de control que les permite saber qué se encuentran haciendo los niños y en compañía de quién están.

Cuando lo iban a llevar a entrenamientos (el nieto) yo llamaba al celular a la encargada o iba a las reuniones que hacían. Vivo pendiente de que este llegando a la hora, él sale a las 12 y media y si a las 12: 45 no está aquí, yo ya salgo a buscarlo o me paro en la esquina, pero es que él tiene una amiguita que la va a acompañar a coger el autobús, pero yo estoy pendiente que si se paso las 12:30 y no llega (052-AAMA-3)

La obtención de la custodia de los menores a través de las instancias gubernamentales encargadas de la protección de los niños(as) en Colombia, no es una práctica frecuente en las abuelas y los padres y las madres antes de migrar, sin embargo, las abuelas que lo hacen tienen sentimiento de autonomía respecto a la forma de ejercer las funciones de cuidado.

En los castigos y la orientación tenemos autonomía completa, tenemos hasta una escritura que nos mandaron de España, dice que somos los únicos que podemos estar con el niño, somos los cuidadores del niño, un papel, así grandísimo. Allá en España lo hicieron como ante un bienestar o como una notaria, como las de aquí en Colombia, la mamá nos dio la responsabilidad (079-AOPA-3).

A las abuelas se les dificulta el ejercicio de la autoridad, ejercer ésta les genera estrés y preocupaciones por la edad y lo que socialmente es pertinente para los chicos y las chicas hoy. El manejo de la autoridad y la toma de decisiones son temas por los que las abuelas mostraron preocupación, el temor de no ser obedecidas o de excederse con la autoridad les crea dudas al momento de actuar. Ellas reconocen la autoridad de los padres y de igual manera desde España los padres apoyan las decisiones tomadas por las abuelas. El castigo físico es frecuentemente reprochado por las madres migrantes, quienes aunque no las desautorizan prefieren otras medidas correctivas, la idea que subyace a esta limitación es que sólo los padres y las madres pueden castigar a los hijos(as).

Como uno no es la mamá, eso es como más difícil que le obedezcan, porque a los hijos de uno si es de darles un correazo, se les da su correazo, en cambio a los nietos no, porque uno sabe que no son de uno y a la mamá tampoco le gusta que uno les pegue, dice que no los deje salir, que no los deje ver televisión (097-AAMA-2).

Menos claridad se presenta frente a cómo mantener la justicia y el equilibrio para lograr el respeto de los nietos y garantizar a través de éste el control. Esto es particularmente importante cuando los nietos y nietas se encuentran en la adolescencia, momento de la vida asumido por las abuelas como sinónimo de rebeldía. La adolescencia de los nietos es, en general, la etapa en que las abuelas mostraron mayor tensión y prevención.

Yo ejerzo el papel de papá-mamá-abuela. Tiene que haber como un equilibrio, porque uno siempre con ese sentimiento, como de pesar porque no está la mamá y no está el papá y yo tan dura. A veces se la montan a uno, entonces también hay que tener equilibrio. Yo soy la abuela y ellos me tienen que respetar, pero ya como entran a una etapa de una rebeldía como en la que está la mayor, ella ya no quiere hacer nada de nada (031-AAMA-3).

Algunas abuelas creen que si las madres y los padres estuvieran en Colombia ellas podrían controlar mejor a sus nietos y nietas, estableciendo de esta manera una relación entre conductas de desobediencia de los hijos y la ausencia de los progenitores. Hay abuelas que no llegan a tener la investidura de autoridad suficiente; ellas no se atreven a hablar abiertamente a los nietos acerca de la migración de los padres, de manera que el ejercicio de la autoridad se complejiza en tanto que no hay claridad frente a la vida pública de quien se hace cargo de los menores.

Las dificultades que pueden tener los niños que tienen a sus papás en España se dan muchas veces porque, el niño quedó con la abuela, con los abuelos, y uno es como acudiente del colegio, pero muchas veces uno se ve obligado a no decir que la mamá del niño no vive aquí que no está. Uno asume la responsabilidad (034-AAMA-3).

V. COMENTARIOS DE CIERRE

La investigación que dio lugar al tema objeto de este artículo, arrojó un hallazgo que confirma la importancia de las redes en el proceso migratorio, tomando como referencia el país de origen. Sin embargo el estudio llegó más allá, al identificar que en la composición de estas redes las mujeres tienen un lugar preponderante, no sólo porque son en su mayoría mujeres quienes conforman la red, sino porque muestra la riqueza y calidad de los vínculos. Se trata de mujeres dispuestas a ofrecer su ayuda, están unidas por lazos de solidaridad que generan medios familiares sanos para los hijos de los y las migrantes.

Como se insistió a lo largo de este escrito, las abuelas que participaron de esta investigación y a partir de las cuales se generaron las reflexiones que se acaban de presentar, hacen posible el proyecto personal y familiar de algunas familias residentes en Cali y con padres o madres en España. Sin embargo el valor de este trabajo en términos económicos, sociales y relacionales no se hace visible y por el contrario las abuelas sufren una doble segregación, por la etapa del ciclo vital en la que se encuentran, por su condición femenina y por su poca participan en mundo laboral remunerado.

Las expectativas que la cultura teje en torno a lo femenino se evidenció con esta investigación, las abuelas aunque han sobrepasado la etapa de su ciclo vital, en el que la tarea central que se les adscribía era el cuidado y la socialización, siguen asumiendo de manera natural la maternidad, ayudan a sus propias hijas(os) a través de sus nietos con quienes continúan realizando tareas de cuidado y socialización, con el esmero necesario, para garantizarle al padre o madre migrante, que su hijos se encontrarán bien. Metafóricamente cuidan «objetos preciosos», cumpliendo con la consigna literal del cuidado, que la tarea encomendada salga lo mejor posible.

Aunque se han alcanzado reivindicaciones de peso para las mujeres y se sigue avanzado, lo cual es muy importante, el trabajo de las abuelas debe ser valorado y considerado en la intervención en marcos de migración. Los estudios de globalización y migración no han abordado aún el tema, falta mucho camino para evidenciar el lugar de estas abuelas y la inclusión en políticas, programas y proyectos que se orienten a las familias y la migración.

Notas

1 La información que aquí se presenta hace parte de los resultados de la investigación, titulada «Familias de Cali con padres y/o madres inmigrantes en España: Perfil socioeconómico y cambio en roles y funciones», cuyo proyecto contó con la financiación de la Universidad del Valle, a través de la convocatoria interna del año 2007. Proyecto registrado en la vice-rectoría de investigaciones de la Universidad del Valle con el código CI 4227. Hacemos un reconocimiento a nuestras estudiantes de séptimo semestre de Trabajo Social Genny Andrea García, Johana Sevillano y Johana Vergara, quienes se desempeñaron como monitoras del proyecto. Ellas participaron en la ubicación de las personas a entrevistar, en la trascripción de las entrevistas y en la sistematización de la información mediante los programas de SPSS y Atlas ti. En la revisión de los resultados y del informe final del Proyecto, participó la profesora María Cristina Maldonado.

2 En algunos apartes de este informe utilizaremos el vocablo «padres» cuando hagamos referencia a la pareja parental: el padre y la madre.

3 Véase Amparo Micolta, 2006.

4 En algunas culturas los viejos llevan a cuestas una imagen poco favorable, en el mundo occidental, por ejemplo, es una etapa del ciclo vital que se ha estigmatizado, se le conoce, según algunos estudios de familia, como «nido vacío» (Estrada, 1982), dando a entender que no hay nada, nada se tiene, solo soledad. La imagen creada sobre los viejos está incidiendo en las relaciones intergeneracionales, las torna estresantes, de manera que para los hijos se convierten en una carga, pues se encuentran por fuera del sistema laboral, generan gastos y no aportan ingresos para satisfacer sus necesidades básicas. Según Aura Marlene Márquez (2007:396) los viejos se convierten en una «obligación moral… llevando consigo adjetivos de improductividad, incapacidad (física y mental), minusvalía y por tanto la dependencia». De esta manera los viejos se convierten en objetos, pierden su identidad, la cual progresivamente es ocupada por los hijos, quienes llegan incluso a tomar decisiones por ellos.

5 Sandra Huenchuan y José Miguel Guzmán señalan que en Colombia para el año 2002 las fuentes de ingreso para los viejos eran muy pocas, casi un 70% de la población mayor no contaba con ingresos, sólo el 15% tuvo un empleo y otro 15% reciben dinero por concepto de jubilación o pensión.

6 Hernandis, Sacramento (1999:172), refiere que esta situación fue reconocida en una investigación realizada en España, en la que preguntaron a 286 abuelos el significado que tenía para ellos ser abuelos, muchos de ellos, respondieron que la experiencia de la abuelidad, se constituyó en una posibilidad de dotar de otros sentidos esta etapa de la vida. El cumplimiento de actividades con los nietos y los sentimientos producidos al ejercer el papel de abuelos les permitió alcanzar una identidad personal y familiar.

7 Estos códigos expresan datos sobre: el orden en el que se realizó la entrevista, si se trata de abuela materna o paterna y el estrato social en el que está ubicada la familia de acuerdo a la clasificación de la oficina de Planeación Municipal de Cali, Colombia. Así, el código de este testimonio indica que corresponde a la entrevista 70 (070), es una abuela paterna (AAPA), de estrato social 2.

8 Según Aura Marlene Márquez (2007) el término abuelidad fue acuñado por Paulina Redler, en el año 1977, para referirse a cierto tipo de organización que incluye en la estructuración psíquica individual y familiar la figura del abuelo, es decir, da cuenta de un proceso de interacción familiar y de un proceso psíquico de internalización de la relación intergeneracional entre un adulto mayor y un niño, adolescente o joven. Para dicha autora, Redler haciendo uso de las reglas de la sintáctica, reemplaza el primer término usado, abuelitud, por abuelidad, el cual empieza a difundirse a partir de estudios de corte histórico sobre el tema. La psicología y la sociología empiezan a hacer uso del término a partir de 1996 dada la relevancia del compromiso de «las abuelas de la Plaza de Mayo». Es importante señalar que el termino abuelo es frecuentemente cargado de una connotación negativa, pues se habla del «abuelito», diminutivo que generalmente está asociado a la idea de que los viejos vuelven a ser niños. Al uso de diminutivos en el caso de los viejos se le ha llamado viejísimo y se considera que este y otros vocablos, dependiendo de la cultura, atentan contra los derechos de este grupo erario (Márquez Aura Marlena, 2007:391).

9 En Cristina Villalba (2002:54), encontramos una diferenciación teórica entre preocuparse y cuidar de otro. Mientras que la preocupación involucra relaciones y emociones, que se experimentan por alguien significativo y se da en el plano emocional; cuidar a otro es una noción más práctica, pues está preferiblemente relacionado con las tareas de cuidados. Preocuparse por otro pude incluir tareas de cuidado, mientras que el cuidado no necesariamente lleva a que se instale un sentimiento de preocupación. La preocupación es un sentimiento característico de los vínculos con las personas significativas.

10 La filosofía aborda el cuidado en relación a la ética, Foucault (2006), es uno de los filósofos interesados y propone a partir de sus investigaciones sobre la historia de la sexualidad, estudiar el cuidado de sí como un valor promovido desde las culturas griegas; establece diferencias entre el cuidado de sí y las actitudes individualistas que se imponen en ciertas épocas. Los estudios de ética se constituyen en una entrada importante para las investigaciones de feministas como Carol Gilligan (1994), quien ha evidenciado que la formación moral y ética de hombres y mujeres es diferente, recalca la idea de que la diferencia entre el hombre y la mujer, implica además de lo biológico, el proceso de socialización mediante el cual, niños y niñas aprenden diferentes formas de relacionarse con el otro. Si bien la constitución como sujetos morales no puede atribuirse sólo al género, la perspectiva de la «ética feminista del cuidado» o «ética de la diferencia», confronta los estereotipos de la mujer responsable de cuidar a otros, sacrificando su propio bienestar, es decir, visibiliza y cuestiona una «ética femenina del autosacrificio». Las mujeres aprenden en una cultura que las prepara para desplazar su deseo, para auto-sacrificarse y responder por el débil. Además de reivindicar una ética feminista del cuidado, Carol Gilligan (ibíd.), llama la atención para que esta noción invoque el principio de justicia.

11 En una investigación Marcela Márquez encontró que los viejos colombianos reclamaron trabajo para sus hijos porque consideran que en la medida en que sus descendientes cuenten con mejores recursos y mayor estabilidad económica, ellos estarán protegidos, confían en la retribución (Márquez, 2007, 397).

12 Según Castilla del Pino(2000:324), necesitamos de la confianza para vivir pero hacemos uso de ella en la dosis que la consideramos precisa, es decir, < >; coloquialmente se habla de grados de confianza, con lo que se está aludiendo a que la confianza plena es una utopía en la que suelen embarcarse los ingenuos, pues toda relación humana y de cierto compromiso implica que hay aspectos íntimos que no damos a conocer a otros y sabemos que otros también lo harán, en consecuencia aunque confiemos y confíen en nosotros la incertidumbre de lo no contado, es siempre una posibilidad.

13 El transnacionalismo, es definido como un proceso social donde los migrantes operan en campos sociales que traspasan fronteras geográficas, políticas y culturales (Nina Glick Schiller, Linda Basch and Cristina Szantón 1995; Luís Eduardo Guarnizo, 1997; 2003; 2006; Luís Eduardo Guarnizo et al, 2003).

14 Sobre el deseo en las mujeres Carol Gilligan (1994:19- 48) concluye que el proceso de socialización de hombres y mujeres tiene singularidades, que conlleva a unas y a otros a desarrollar posturas éticas diferentes y que en cualquier sociedad, la personalidad femenina llega a definirse en relación y conexión con otras personas más de lo que suele hacerlo la personalidad masculina. (…) para ellos las diferencias están entrelazadas en cuestiones sexuales. Según dicha autora, las niñas, a diferencia de los niños, se definen más por el apego y la experimentación más fuerte de las necesidades de los otros mientras que los niños definen su virilidad por la separación.

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