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Revista de Ciencias Sociales

versión impresa ISSN 1315-9518

Revista de Ciencias Sociales v.15 n.1 Marcaibo mar. 2009

 

La globalización económica y sus implicaciones socio-culturales en América Latina

Mesino Rivero, Ledis*

* Economista. Magíster en Gerencia de Empresas. Mención: Gerencia Financiera. Cursando Doctorado en Ciencias Económicas en la Universidad del Zulia (LUZ). Docente de la Universidad Fermín Toro y del Instituto Universitario de Tecnología del Estado Portuguesa (IUTEP). Venezuela. Teléfonos: 0424-509-46-55 y 0416861-97-08. E-mail: ledismrC@yahoo.com

Resumen

La discusión teórica acerca de la globalización económica y cultural constituye un debate permanente que se desarrolla dentro de un continuon que va desde la lógica de la racionalidad económica hasta el progresivismo cultural de la sociedad, dadas las profundas implicaciones del fenómeno globalizador en la complejidad identitaria y educativa del individuo. En este marco de referencia epistémico se ubica el presente artículo científico el cual se propuso como objetivo central, generar algunas reflexiones acerca de la globalización económica y sus implicaciones socio cultural en América Latina. Para tales fines, se recurrió a un modelo de investigación sustentado en el paradigma cualitativo, con base en un diseño documental teórico interpretativo bibliográfico, como vía de aproximación al fenómeno investigado. Para el desarrollo del análisis documental, desde una perspectiva crítica interpretativa, se recurrió al método hermenéutico, el cual se asume como un proceso reflexivo basado en la interpretación y análisis del discurso textual. Entre algunas de las más importantes conclusiones del artículo, se tiene que la modernidad como paradigma civilizatorio asumió el término globalización económica como un modelo para relacionar al hombre con los mercados de producción de bienes y servicios, el cual ha entrado en crisis y con él también la cultura.

Palabras clave: Globalización económica, globalización cultural, educación global, postmodernidad.

Economic globalization and its socio-cultural Implications in Latin America

Abstract

The theoretical discussion about economic and cultural globalization constitutes a permanent debate that develops within a continuum that goes from the logic of economic rationality to the cultural progressivity of the society, due to the deep implications of the globalizing phenomenon on the identity-related and educational complexity of the individual. The present scientific article is located within this frame of reference; its central aim is to generate some reflections about economic globalization and its socio-cultural implications in Latin America For such purposes, the study recurred to a research model supported by the qualitative paradigm, based on a documentary theoretical interpretive bibliographic design as route to approach the phenomenon under investigation. For development of the documentary analysis from a critical interpretive perspective, the study used the hermeneutic method, assumed as a reflexive process based on the interpretation and analysis of textual discourse. Among the most important conclusions of the article is the observation that modernity, as a civilizing paradigm, assumed the term economic globalization as a model to relate man to goods and services production markets, which have entered a crisis, and with them, culture as well.

Key words: Economic globalization, cultural globalization, global education, post-modernity.

Recibido: 07-10-19 · Aceptado: 08-11-28

Introducción

El escenario internacional se caracteriza en la actualidad por el desarrollo acelerado de profundos cambios de paradigmas. El mundo se está integrando de manera vertiginosa, tanto en lo político, social como en lo económico, donde los procesos productivos se llevan a cabo a nivel de corporaciones y redes globales, modalidad de organización industrial que se basa en un enfoque mucho más horizontal y descentralizado que ha permitido a las organizaciones empresariales ubicar cada una de sus operaciones en aquellos lugares del mundo que más ventajas competitivas le ofrezcan.

Debido al elevado costo y riesgo que implica la producción y distribución de bienes de alto valor agregado, estas empresas globales están organizadas a escala planetaria en forma más estratégica que sus competidores del pasado, y dependen para su funcionamiento de un elevado conocimiento de los mercados, del uso de recursos tecnológicos a gran escala y el manejo de información como dimensiones de una moderna gerencia de capital.

Evidentemente, este proceso de mundialización de la economía ha traído como consecuencia, que las fronteras neoeconómicas se hayan vuelto más permeables en la medida en que el flujo de bienes, servicios y capitales ha ido aumentando mucho más rápidamente que la producción. Por ello, la globalización de la economía internacional está ejerciendo una fuerte presión sobre los distintos estamentos de la sociedad, tal y como lo refiere Cano (2007:2) cuando aporta:

La globalización actual es un fenómeno complejo, que trasciende la economía e impacta directamente aspectos fundamentales de la vida de las naciones, tales como la cultura, la educación, la política y, en general, las visiones del mundo contemporáneo.

Esto significa que, el fenómeno de la globalización ha acentuado las interacciones de todo orden, propiciando espacios para nuevos conocimientos y generando una tendencia hacia la homogeneización de la cultura y los valores, lo cual genera incertidumbre sobre el advenimiento de una sociedad mundializada, donde pareciera estar en riesgo, tanto la diversidad cultural como el arraigo por la fenomenología local y regional.

En este contexto se enmarca el presente trabajo científico, el cual pretende generar una profunda discusión teórica acerca de las grandes implicaciones que el proceso globalizador tiene para América Latina, y más específicamente para Venezuela. Para tal efecto, se adoptará una postura crítica que permita construir un discurso sobre la base de la confrontación dialéctica entre una visión apologética de la globalización económica y otra socio-crítica.

Por todas estas razones, se articulará el trabajo en base a distintas dimensiones del fenómeno globalizador que incluye su origen, su configuración mundial, el rol de los Estados, la educación, el empleo, la competitividad de los mercados, la productividad económica y social y las implicaciones socio culturales; pero en un plano más específico interesa develar desde la criticidad, ¿Cuáles son las más importantes implicaciones socio-culturales y educativas del proceso de globalización económica en América Latina?

1. Las dimensiones de la globalización de la economía mundial

El tema de la globalización ha cobrado una relevancia especial en la discusión económica mundial de la década de los años noventa y lo que va del presente siglo, al punto de considerarse como un modelo de la realidad del mercado que integra las dimensiones micro y macro a través de una red interactiva de conexiones que condiciona el modo de pensar, actuar y concebir el mundo.

En este sentido, Fernández (2003:17), comenta que los especialistas en economía internacional definen la globalización como “el proceso contemporáneo de permeabilización y debilitamiento de las fronteras nacionales de los países dirigidos a integrar a todos los pueblos del mundo dentro de grandes circuitos internacionales de producción y consumo”. También Solana (1998:77), sostiene que la globalización es un término económico que se usa para referirse a:

… una gran variedad de fenómenos, que abarcan desde el incremento del comercio internacional de bienes y servicios, hasta la movilidad del capital, la interdependencia de los mercados financieros del mundo, la transformación exponencial de las comunicaciones y la disponibilidad mundial instantánea de información.

Desde este punto de vista, pareciera que la globalización económica significa una categoría histórica multipolar, donde quien no se anexe rápidamente en la carrera del progreso, no tiene otra alternativa para sobrevivir. De allí la necesidad de abrir los mercados a la competencia con la industria y capitales extranjeros e incorporar los más recientes avances tecnológicos al proceso de producción y distribución de bienes y servicios.

Esta realidad también implica el máximo aprovechamiento de los recursos materiales y humanos, que ofrezcan las mayores ventajas comparativas y competitivas para poder acceder y permanecer en mercados dinámicos donde se han acrecentado los mecanismos y efectos globalizantes.

Es así como se articula un conjunto de factores emergentes del modelo económico capitalista, que ha contribuido a dinamizar toda una red de transacciones transversales del comercio mundial con apoyo en el paradigma electroinformático, tal y como lo argumenta Moreno (2007:122), cuando acota, que el “impacto de la globalización económica en la sociedad es múltiple, contradictorio, ambiguo y polisignificante; pero en general privilegia el “apareamiento educativo” al nuevo paradigma global electroinformático-técnico-económico de reconversión productiva”.

Evidentemente, que la informatización del conocimiento constituye una poderosa herramienta para generar grandes transformaciones, no solamente en la dinámica de los mercados, sobre la base de la interconexión de los medios de información y comunicación lo cual ha impactado entre otras realidades, la organización del trabajo, la estructura del empleo y los modos de aprender.

Conforme a esta idea, se hace necesario que los análisis acerca de la educación y la cultura, enfaticen en la posibilidad de pensar en políticas educativas transmodernas y emancipadoras, que permitan superar la brecha existencial que hay entre globalización, tradicionalismo y pensamientos emergentes para poder estimular el desarrollo del potencial humano aún inexplorado desde los agotados modelos pedagógicos.

Toda esta discusión conduce a pensar, que la globalización económica es una suerte de ordenamiento ideal de la economía mundial, que se ha desarrollado más allá de la actividad de las corporaciones multinacionales en el que se ha tejido un complejo proceso de expansión de relaciones culturales, políticas y económicas entre todas las naciones del mundo, que ha permitido integrar en un solo contexto, los mecanismos de producción, distribución y consumo de bienes y servicios, pero también la tecnología, el trabajo y los modos de educar al hombre.

Este planteamiento es compartido por Morín (2007:34), quien refiere que: ”La globalización actual forma parte de un proceso histórico de dominación económica y de la expansión planetaria del capitalismo, en tanto las configuraciones culturales con las características propias de cada época. Ha sido precedida por la dominación política y económica”.

En el marco de estas formulaciones, es evidente que la globalización económica conlleva a los países subdesarrollados de América Latina, a la coexistencia de dos estructuras imbricadas del mercado, conformadas, por una parte, por la presencia de una fuerza productora y vendedora como expresión de un nuevo orden económico internacional, y por la otra, una comunidad de consumidores, receptora, pasiva y completamente excluida del trabajo productivo por no poseer nivel competitivo. En relación a este aspecto, Ugalde (1998:102) comenta: … de esta manera tenemos cada vez más una población mundial invitada al consumo de punta, que revoluciona el deseo irracional de adquirir bienes y servicios de manera universal y niveladora, pero a ella le está vedado de hecho el acceso de ese consumo por la vía de la negación del acceso al trabajo de alto nivel competitivo.

Del comentario aportado por el autor, se infiere que los países latinoamericanos están frente a una paradoja dinámica de mercado donde se les incluye como consumidores, pero al estar excluidos del trabajo competitivo, no pueden participar en la producción de esos bienes y servicios, lo que en definitiva significa fortalecer el régimen de acumulación del capital por parte de las grandes empresas transnacionales, a quienes no les interesan los factores de nacionalidad de ninguna especie, y menos, las identidades locales.

Pero los consumidores homogéneos no son tales, no se ven todavía; el mundo continúa atado a un desarrollo desigual. Ciertamente, entre algunos pequeños grupos existe homogeneidad en tanto a patrones de consumo asociado a la riqueza, pero las dos terceras partes de los grupos sociales de todas las naciones de la tierra, específicamente en las regiones subdesarrolladas, permanecen flotando en un mar heterogéneo de pobreza y marginalidad. Allí sólo parecieran están globalizadas las desigualdades.

En línea con estas reflexiones, se ubica el planteamiento de García (2000:6) quien afirma que “el proceso de globalización ha beneficiado a unos y ha marginado a los más débiles y como fuerza dominante de la última década del siglo XX, ha dado forma a una nueva era en la interacción entre naciones económicas y pueblos.

Coincide con este planteamiento Krugman (1998:168), quien sostiene que “la globalización como fenómeno de mercado, tiene su impulso básico en la capacidad de éste para reducir el costo de movilizar bienes, servicios, dinero, personas e información a los fines de maximizar ganancias en el corto plazo”.

Esto equivale a decir, que los efectos demoledores del diluvio globalizador se ha hecho sentir en todas partes del planeta, en tanto que los mismos han sido más severos en Latinoamérica: crecimiento inusitado del desempleo y la pobreza, desmantelamiento de los mecanismos de seguridad social, desarticulación del mundo laboral, concentración de la riqueza en grupos minoritarios ligados a la industria y a las finanzas transnacionales, desaparición de las soberanías nacionales y disolución de los acervos e identidades culturales.

Por tales razones, las ventajas y competencias de los llamados mercados globales, sólo permanecerán en el tiempo si el fenómeno cobra un rostro humano. De modo tal, que en tanto se tenga sólo una visión economicista de este patrón de dominación económica, se estaría limitando el desarrollo a escala humana.

Es por ello, que se requiere en la actualidad una nueva aproximación dialéctica para lograr los equilibrios necesarios entre las ventajas ofrecidas por los mercados globales y la competencia y la distribución de oportunidades para todos, en términos de asignación de recursos, preservación ambiental y superación de las grandes desigualdades sociales, y mejoramientos de la calidad de vida de la gente.

En este orden de ideas, el reto tremendo al cual tienen que enfrentarse los países latinoamericanos, consiste en definir estrategias de desarrollo adecuadas, para que los grandes instrumentos de las sociedades, como son el Estado y el mercado, y ahora los organismos y agrupaciones supranacionales, vuelvan a ser herramientas para reforzar la identidad, la dignidad y la solidaridad humana.

Esta definición de estrategias de desarrollo es una necesidad impostergable, dado que la globalización no se detiene, y en el caso de los países latinoamericanos, tal y como lo revela González (1998:17), es “un intrincado proceso de entrada de capital extranjero con retornos excedentarios, que poco dejan a su paso por los países pobres”.

2. Globalización, Estado y modernización económica en América Latina

Obviamente, no toda la población económicamente activa va a ser competitiva a nivel mundial, cuando se conoce que dos tercios de la población del planeta se mantienen excluidos de las bondades del progreso modernizador.

Es por ello, que los países latinoamericanos, para poderse enganchar en este nuevo orden civilizatorio que impone la dinámica de los nuevos mercados virtuales, tienen que diseñar proyectos concretos de países que apunten entre otras dimensiones, a una redefinición del rol del Estado, que tiene que iniciarse por una clara direccionalidad en la formación de un recurso humano competitivo, que responda a las exigencias de la dinámica empresarial, como fuerza motriz para lograr el crecimiento económico y la generación de riqueza para un país.

Desde este punto de vista, es compromiso irrenunciable de los Estados, articular las bases del sistema educativo en todos sus niveles y modalidades para dar respuesta a nuevas realidades económicas, sociales y culturales.

En el marco de esta discusión, se inserta la opinión de Ugalde (1998:106), quien afirma: Si no media el Estado como potenciador de los pobres, reforzando su colocación y el desarrollo de su talento en organización, eficiencia productiva y en ciudadanía, tenemos una mayoría de excluidos… dado que la globalización sólo se interesa por aquellos aspectos del país que le son atractivos y competitivos, como petróleo, turismo, telecomunicación y algunas áreas relacionadas con el mercado de consumo.

En atención a esta afirmación, los Estados de los países latinoamericanos tienen que precisar lo que está ocurriendo en el resto del mundo, y pensar en la necesidad impostergable de explotar la nueva materia prima del futuro: el conocimiento, para poder comprender la profundidad de la ola de cambios globales, y más específicamente aún, la rapidez con que éstas actúan. A este respecto, acota Salazar (2000: 10), al referirse a la transformación económica mundial y sus implicaciones en Venezuela, alude que: … se debe hablar menos del futuro de la economía y más de la economía del futuro … dado que el conocimiento es en realidad lo que llamamos el cambio del poder, el sustituto obstinal, donde el factor más importante no son precisamente los bienes materiales, sino lo que está dentro de la cabeza de la gente.

Es por ello, que los líderes políticos empresariales y conductores de la sociedad, tienen que entender que los imperativos actuales del desarrollo económico y tecnológico están asociados a los fundamentos de la educación. En este sentido, también tienen importancia las modificaciones de esas estrategias de desarrollo, que según la UNESCO (1998), deben estar destinadas a lograr un desarrollo humano sostenible, en el que el crecimiento económico está al servicio del desarrollo social y garantice una sostenibilidad ambiental.

Conforme a estos planteamientos, Venezuela es un país que requiere repensar el papel del petróleo como fuente de generación de riquezas en la sociedad y fortalecer las bases de una economía socio productiva, lo que a decir de Cisneros (1998:113): … esto pasa por el diseño de una política de Estado que permita convivir con el petróleo donde se mejore el bienestar social de la población, promueva el desarrollo de las fuentes permanentes de la vida económica y social, como lo es el talento humano y se fortalezcan las energías productivas de todos los venezolanos.

Aunado a este enfoque, esta realidad sólo es posible concretar en la medida en que se conjuguen un conjunto de factores estrechamente vinculados al quehacer económico y social del país, como es el caso de la canalización de grandes flujos de inversión de capital, por parte del Estado, tanto a programas estratégicos de producción de bienes y servicios (agricultura, minería, industria, turismo), como al fortalecimiento y desarrollo del talento humano.

En este sentido, el Estado Venezolano debe garantizar las reglas de juego, orientando suficientes recursos para construir y mantener la infraestructura básica para la prestación eficiente de servicios públicos, que generen las condiciones favorables para la inversión extranjera, y más específicamente la inversión para la producción y exportación de bienes elaborados, en aquellas áreas donde se tengan ventajas comparativas y competitivas, como minería, petroquímica e hidro electricidad. Asimismo, atender la formación y desarrollo del capital humano a través de la educación, la salud y la seguridad social.

Desde esta perspectiva, se identificarían espacios para el desarrollo de estrategias de integración, en el marco del libre comercio internacional que actualmente promueven los países de América Latina, pero aún con todo ello, es tanto o más importante el cambio cultural, educativo y de valores, que el económico, por lo que se requiere la mediación del Estado para garantizar la direccionalidad del proceso de cambio.

Sin embargo, la mayor preocupación de los líderes de los países de América Latina y particularmente de Venezuela, debe centrarse, no solamente en que los equilibrios macroeconómicos se traduzcan en mayor bienestar para la gente, sino que ese bienestar de hoy, no signifique miseria y penuria para las futuras generaciones.

En este marco de referencia, Venezuela enfrenta un reto histórico en la actualidad, dado que lamentablemente el inmenso volumen de ingreso petrolero no se ha orientado a la formación y desarrollo del capital humano para insertarlo en el contexto competitivo, lo cual se puede evidenciar en el Reporte del Sistema Económico Latinoamericano y del Caribe (SELA) (2005), que revela que más del 50% de la población económicamente activa se ubica en la denominada economía informal; es decir, más de 5 millones de venezolanos están excluidos del mercado formal y la seguridad social, lo que evidencia, que así no se puede ser realmente competitivo para participar en mercados globalizados.

Evidentemente, este hecho contraviene la opinión de Cisneros (1998), quien al referirse a la globalización económica como realidad histórica, señala que la apertura y liberación de la economía mundial, promueve la eficiencia en la asignación de recursos, y por su parte conlleva en general, la adopción de tecnologías ahorradoras de mano de obra y/o la utilización de fuerza laboral, pero altamente calificada para ponerla a disposición del proceso productivo generador de riqueza.

3. Globalización, educación superior y formación de recursos humanos

Ahora bien, a estas alturas del discurso, es necesario establecer las diferencias entre la noción de riqueza material y bienestar del ser humano, y aquello que se deriva del aprendizaje, la experiencia, el conocimiento, el talento y la creatividad que se alcanza y desarrolla con el hacer de la actividad productiva socialmente útil, como expresión de la educación permanente.

Esto significa entonces, que la educación en sí misma, desligada de la actividad productiva, contribuye a elevar el nivel cultural de la población, pero muy poco a desarrollar una actividad hacia el emprendimiento, el descubrimiento y aprendizaje significativo.

Esta postura es particularmente trascendente en el caso de la Educación Superior venezolana, en virtud de que a este nivel es donde se deben generar los grandes procesos de descubrimiento y de colectivización del saber, y sólo así las universidades podrán convertirse en centros garantes de la convivencia de un mundo sin fronteras.

En este contexto se inscribe la opinión de Gianetto (2001), quien opina que: … el progreso proviene del conocimiento, la ciencia y sus avances se generan por comunidades nacionales e internacionales y le dan validez a la investigación. A las universidades les espera una tarea difícil: acompañar y promover los nuevos aprendizajes. Es el reto de vivir en el ambiente de los medios de la hipercomunicación tecnológica del conocimiento donde las autopistas de la información crecen y se vuelven más anchas, pero lamentablemente seguimos en un país lento. Esto es lo que hay que cambiar.

En referencia a esta calificada opinión, es precisamente en la universidad donde deben discutirse las contradicciones entre lo local y lo global, de modo tal que se produzcan ideas transformadoras del contexto social, tal y como lo comenta Fernández (2003:20), quien refiere que “ante los efectos demoledores de la globalización de la economía mundial, la universidad debe reivindicar la postura ética de la ciencia, la tecnología y la cultura, al equilibrar unidad y diversidad, y estimular así nuevas modalidades de vinculación Estado – Educación Superior, empresa y comunidad”.

En este sentido, la universidad debe educar para una nueva sociedad, con una visión global y regional al mismo tiempo, apuntar hacia lo sustantivo y trascendental y sobre todo, educar para apropiarse de la historia y la cultura del mundo, pero teniendo como gran destinatario, al pueblo; pero en realidad esto implica adelantar un profundo proceso de transformación de la estructura universitaria y de la educación en general.

Ahora bien, en el contexto de la Educación Superior, asumiendo este momento de cambio de paradigmas evolutivos y de apertura hacia la multidimensionalidad del saber, las universidades deben asumir el reto de colocarse en sintonía con los avances científicos – tecnológicos y sociopolíticos. Este desideratum propone, lógicamente que el individuo se constituya en actor de su propio proceso de aprendizaje donde la relación dialógica entre hombre y sociedad se concrete sobre el saber construido en colectivo.

Todo este parecer se inscribe dentro del pensamiento de Cabrera (2000:14), quien al referirse a la ontología del saber colectivo y transversal de la Universidad del futuro, afirma que: La relación individuo, sociedad debe producirse a través de una visión ontológica, ubicándose dentro del paradigma de acción crítica emergente, donde predomine una visión humanística y sistémica del hecho educativo donde el proceso de triangulación del saber permita formar un capital humano proactivo, con autonomía personal para la toma de decisiones y sinérgico con los cambios del país.

Sobre la base de esta afirmación, los países latinoamericanos deberán asumir la educación filosófica y epistémica, como un conjunto organizado de componentes integrados que permita desarrollar acciones socializadoras que conduzcan a la solución y evolución de problemas funcionales y organizaciones, para garantizar la visión y misión de una sociedad en permanente cambio.

De modo tal, que en el marco de la sociedad globalizada, la universidad como instancia generadora de saberes, para poder enfrentarse al escenario socio-económico y cultural del futuro, necesita generar transformaciones profundas, tanto en la revalorización del conocimiento trascendente, como en lo ético valorativo y deontológico de la profesión de egresados.

Al internalizar este planteamiento, Cabrera (2000:15), señala que “el Currículo de la Educación Superior, deberá enfocar los perfiles profesionales en esa dirección, dado que el capital humano, la investigación científica y humanística, y su acción de extensión tienen como contexto la competitividad para lograr la excelencia de una sociedad global”.

En atención a este punto de vista, es pertinente destacar, que la competitividad es una categoría económica que está asociada a la generación de valor agregado vía conocimiento; de allí, que la innovación y la mejora de los productos y servicios de las empresas, provienen de la inteligencia, el uso del talento y la creatividad de la gente, utilizando como insumo básico la información y los medios disponibles para operarlos.

A este respecto, refiere Valdez (1998: 12): La sociedad del conocimiento sitúa en primer lugar la exigencia de valor agregado, y la rapidez con que los individuos y las organizaciones aprendan, será la nueva fuente de ventajas competitivas… el principal reto de la gerencia consistirá en desarrollar el capital intelectual, y estructurar y sistematizar el conocimiento a través de las reformas educativas en su esencia.

Toda esta realidad implica que los líderes de la educación de los países en vías de desarrollo, están obligados a repensar el papel de la educación en todos sus niveles y modalidades, con lo que hay que examinar su pertinencia social, así como también el uso de tecnologías para favorecer un aprendizaje permanente en un mundo globalizado, como una forma abierta y holística de abordar la realidad sociocultural.

Para la UNESCO (1998:12): La educación global se caracteriza por el estudio de núcleos temáticos, tomados como base la constante referencia a las diversas áreas geográficas y culturales del mundo … lo que plantea la enseñanza y el aprendizaje recurriendo al trabajo en las aulas con unidades didácticas integradas, tales como el ambiente, la energía, la racismo, los conflictos lingüísticos, directivos, humanos, la alimentación, … pero analizando tales contenidos con una visión global viendo el mundo como un todo integrado por partes, que interactúan constantemente como sistemas interdependientes.

Desde esta temática, está implicada una visión de futuro, por lo que hay que educar a partir de una perspectiva planetaria, donde se enfatice la noción de interdependencia y la necesidad de abordar aspectos relevantes dentro de un contexto multidimensional.

4. Incidencia de la globalización en la cultura

Actualmente todas las sociedades del planeta están viviendo una globalización cultural, promovida principalmente por los grandes adelantos de los medios de comunicación. Al respecto García (2000:19), señala que: “está emergiendo una sociedad civil global conectada a través de la tecnología comunicativa… estos adelantos en las tecnologías de las comunicaciones, alientan un modo de vida global que se expresa en la moda, las costumbres, la música y la gastronomía”.

También para Ramos (1997:28), “la globalización de la cultura, especialmente la que se transmite por la televisión, tiende a la uniformización y a la colonización cultural, erradicando las costumbres y las culturas oriundas”.

De igual manera, la mundialización de la cultura o “cultura internacional popular”, según Ortiz, citado por Sequera (1997:68): … está profundamente asociada al desarrollo de la industria cultural bajo la hegemonía de la televisión: la globalización de las telecomunicaciones, tiende a difundir hábitos de consumo, comportamientos y valores predominantes en las sociedades industrializadas, y a imponerse las culturas de los países más poderosos, por ejemplo, Estados Unidos promueve mundialmente el uso del inglés como lengua global y patrones de consumo, representaciones y valores propios de esa sociedad.

Al respecto Matos (1998), plantea que la situación anteriormente expuesta, afecta la construcción de las identidades nacionales de otros países. Para Cadena (1998), la globalización tiende a arrasar con las culturas, especialmente las más frágiles.

Sin embargo, los medios de comunicación no son los únicos actores que promueven y definen la homogeneización cultural, en América Latina por ejemplo, existen otros, tales como los agentes transnacionales, entre los cuales pueden mencionarse en primer lugar, las corporaciones transnacionales como la Organización de Estados Americanos (OEA), el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLC), el MERCOSUR (Mercado Común del Sur) y el Tratado de la Cooperación Amazónica; en segundo lugar, la creciente penetración de los territorios indígenas por colonos, terratenientes, empresas transnacionales, entre otros, en tercer lugar, las iglesias locales relacionadas con redes transnacionales, así como organizaciones ambientalistas y de defensa de los derechos de los pueblos indígenas, localizados en Canadá, Estados Unidos, Europa Occidental y en América Latina.

Evidentemente, el legado cultural actual de los países latinoamericanos responde a las expresiones de una realidad decadente, en tanto la sociedad se deja arrastrar sin mucha resistencia por los embates de la cultura dominante, lo norteamericano, una cultura con pocas credenciales que presentar.

Según González (1999:6-7), desde el punto de vista cultural, la globalización es: La fase actual de la modernidad, entendida como un intento de unificar los imaginarios culturales mundiales a partir del efecto de la razón vista ésta como herencia grecolatina. Se diferencia de épocas anteriores, por la existencia de multiplicidad de actores, quienes inciden en que la difusión de este modelo encuentre una resistencia acerada, ayudados por los avances y descubrimientos realizados en el campo cultural académico en el último siglo, acelerada de la validez y vialidad de la cultura de los países periféricos.

En el marco de tal concepción, se puede acotar, que la globalización cultural es un proceso a través del cual, se van construyendo cada vez más espacios de relaciones internacionales y transnacionales entre una amplia variedad de agentes sociales, relaciones que son multidimensionales que se derivan entre actores sociales concretos, aunque existen diferencias significativas de poder entre estos agentes.

Visto así, la globalización representa históricamente la intensificación y profundización de los intentos de mundialización capitalista surgidos desde el siglo XV y antropológicamente, representa la canalización de los impulsos de las sociedades humanas por establecer contacto, bien sea físicos, audiovisuales o más propiamente simbólicos, en los inicios del tercer milenio.

Vale acotar, que a nivel mundial, las presiones de cambio más sobresalientes son la globalización de los avances tecnológicos, la escasez de talentos y la competencia. La globalización, genera una competencia cada vez más feroz, por lo que las organizaciones para sobrevivir, tienen que ser cada vez más ágiles, flexibles, inteligentes y dispuestas al cambio. Por su parte, los avances tecnológicos, imponen retos crecientes y constantes y, a su vez aumentan las oportunidades para compartir y generar redes de trabajo en base a la innovación, manejo de información y gerencia del conocimiento.

En este contexto, quizás uno de los mayores frenos culturales para aceptar y aplicar modelos como la gerencia del conocimiento, sea la disposición a guardar con eficacia la información que se cree hace a las personas poderosas e indispensables. Así, concentrados en la capitalización de la información como instrumento de poder, se suele olvidar que el conocimiento es un concepto dinámico que está evolucionando constantemente y que, de no ser compartido, se hace obsoleto y se queda sin uso. Su dueño queda también marginado y cercena sus posibilidades de crecimiento y desarrollo.

La globalización cultural se presenta entonces, como el lugar de encuentros, desencuentros y luchas entre los imaginarios nacionales de transnacionales, entendiendo éstos como la acumulación del patrimonio mundial de intentos de homogeneización anteriores, que forman parte de un lenguaje común del proceso de creación de una civilización industrial.

Estos encuentros se ven amplificados por el fenómeno adicional que son los movimientos poblacionales a gran escala, inmigraciones por guerras, epidemias, hambres, pauperización, los cuales han creado una nueva macroétnica mundial que es la comunidad étnica bicultural – binacional, la cual comparte en gran medida el espacio del campo cultural, industrial – masivo y en menor medida el campo cultural académico.

En opinión de Francés (2000), la actual embestida globalizadora es, a la vez más densa y débil que las visiones anteriores. Los medios audiovisuales dan la impresión de que la globalización es omnipotente y alcanza a casi todos la mayor parte del tiempo. Sin embargo, existe una resistencia mundial creciente de grupos dispares y provenientes de otras culturas. En este sentido, González (1999), manifiesta que los países periféricos por haber tenido menos acceso a estos elementos de la modernidad, pueden verse a sí mismos como una espiral de ascenso, al acceder al campo cultural académico de los países, bien sea por migraciones cada vez menores, debido a las restricciones xenofóbicas o por enclaves de los mismos en sus propias periferias.

En este mismo orden de ideas, Martínez (1999:47), expresa que “el sentimiento de pertenencia a un grupo humano asentado en un contexto geográfico particular, unido por un conjunto específico de costumbres y tradiciones, es sin duda, un elemento fundamental de la cultura de los pueblos”. Una de las principales virtudes de esa noción de lo nacional, es que permite un anclaje sólido de la cultura colectiva e individual y establece referencias imprescindibles para una sana identidad propia y su correspondiente autoestima.

De esta manera, el sentimiento nacional le otorga a la personalidad del individuo, la base de la sustentación sobre la cual se levanta la condición más elevada, la condición de ser humano. Así las cosas, lo nacional debe alentar la aparición de lo global, convertirse en la plataforma a partir de lo cual, el individuo pueda abarcar esferas más ampliadas de la diversidad cultural, pero sin desconectarse de los fundamentos de su riqueza cultural local.

5. Conclusiones

La globalización es hoy en día una realidad objetiva que se ha hecho presente en todos los países del mundo. Es la transnacionalización de los intereses de los grandes centros de poder que controlan la economía mundial, condicionan los patrones de comportamiento de las denominadas fuerzas del mercado, y manejan la información y la tecnología, como fuentes de dominación económica social y cultural de la postmodernidad.

Entonces, con el fenómeno globalizador se han descubierto realidades inmediatas y mediatas de una sociedad planetaria que se moviliza sin trabas de fronteras, barreras arancelarias, diferencias étnicas, credos religiosos, ideologías políticas y condiciones socio económicas o culturales.

De este modo, la modernidad como paradigma civilizatorio, asumió el término globalización económica como un modelo para relacionar al hombre con el mercado de producción y consumo de bienes y servicios, el cual ha entrado en crisis y con él también la cultura, pues cuando el fenómeno globalizador emprende contra los modos de producción local, la cultura de la gente, es decir, los modos de aprender, de crear y de vivir comienzan a debilitarse y a menudo son sustituidos por expresiones culturales sin contenido local y/o regional.

Ergo, países como los de América Latina, lo que se acentúa como cultura de la vida, es la lucha cada vez más intensa de los pueblos, por superar las serias restricciones económicas institucionales, culturales y geográficas, así como también las profundas desigualdades sociales, donde en la realidad, pareciera que la magia de la globalización no ha llegado.

Sin embargo, la globalización económica significa el avance de un nuevo orden civilizatorio, que se identifica con el progreso de la humanidad en el que los pueblos no pueden permanecer ausentes. De allí que, el fenómeno globalizador resulte una oportunidad para educar a la sociedad de modo multidimensional y multicultural, sobre la base de que la educación y por ende, el conocimiento es hoy la principal ventaja competitiva de las naciones.

Bibliografía citada

1. Cabrera, Pedro (2000). “Ontología del Saber Colectivo y Transversal en la Universidad del Futuro”. Revista Gerente. Universidad Fermín Toro. Cabudare. Estado Lara.         [ Links ]

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