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Revista de Ciencias Sociales

versión impresa ISSN 1315-9518

Revista de Ciencias Sociales v.13 n.2 Marcaibo ago. 2007

 

Naturalismo o antinaturalismo en la investigación

Montoya, César*, Cendrós Guasch, Jesús **, Govea de Guerrero, María**

* Profesor del Instituto Tecnológico de Maracaibo y la Universidad Rafael Belloso Chacín. E-mail: camontoya@cantv.net

** Profesor de la Universidad del Zulia y la Universidad Rafael Belloso Chacín. E-mail: jcendros@hotmail.com

*** Profesora de la Universidad del Zulia y la Universidad Rafael Belloso Chacín. E-mail: mgovea@urbe.edu

Resumen

Con el presente artículo se reflexiona sobre la pretendida capacidad del naturalismo, en su acepción tanto cuantitativa como cualitativa, como vía única e infalible para abordar la porción de la verdad que es vislumbrada en la actividad investigativa. Desde una perspectiva hermenéutica se interpretan diferentes autores, para arribar por medio del análisis a sus ventajas y desventajas. Este trabajo no se podría hacer sin tocar los conceptos de verdad, realidad y naturaleza, por lo tanto son abordados. También contempla la inconveniencia de la discusión, heredera de la crítica al naturalismo positivista entre metodología cualitativa y cuantitativa. Se concluye que el naturalismo es usado tanto por “cualitativistas” y “cuantitativistas” de una manera reduccionista, al limitar la realidad (sensorial, espiritual y material) como expresión única de la materia, situación conveniente de evitar en un mundo donde convergen distintos discursos del saber configurando la transdisciplinaridad y transversalidad. Para obviar el reduccionismo se propone ampliar el término de lo empírico al abordaje no solo de lo experimental, sino de lo experiencial, por medio del cual se pueden lograr de igual forma la transmisión, reproducibilidad y verificabilidad provenientes de otras fuentes de realidades distintas a la material como son la mental y la espiritual.

Palabras clave: Naturalismo, antinaturalismo, investigación, cualitativa, cuantitativa.

Naturalism or Anti-Naturalism in Research

Abstract

This article reflects on the supposed capacity of naturalism in its quantitative as well as qualitative meaning, as a unique and infallible route for approaching the portion of truth that is glimpsed in research activity. From a hermeneutic perspective, different authors are interpreted in order to arrive at its advantages and disadvantages through analysis. This work could not be done without touching the concepts of truth, reality and nature, therefore they are addressed. Also, it contemplates the inconvenience of discussion, heir to criticism of positivist naturalism between qualitative and quantitative methodology. It concludes that naturalism is used as much by “qualitativists” as well as by “quantitativists” in a reductionist manner, on limiting reality (sensorial, spiritual and material) as a unique expression of the matter, a situation that should be avoided in a world where different discourses on knowledge converge, configuring transdisciplinarity and transversality To avoid reductionism, it is proposed to extend the term the empiric to take on not only the experimental, but also the experiential, by means of which transmission, reproducibility and verifiability may all be achieved, coming from other sources of realities different from the material, such as the mental or spiritual.

Key words: Naturalism, anti-naturalism, research, qualitative, quantitative.

Recibido: 06 – 04 – 17 Aceptado: 07 – 01 – 10

Introducción

El Homo Sapiens es la especie que existencialmente y casi en términos de angustia se preocupa por la verdad de lo que piensa, expresa y escucha, es así como desde tiempos inmemoriales, pero en especial desde los griegos, el ser humano ha emprendido de manera sistemática, la búsqueda de la mejor manera de validar las respuestas encontradas a las formulaciones hechas en torno a su mundo exterior e interior. Esta forma de existir permite derivar que verdad y humanidad, para expresarlo en el lenguaje de la estadística, son dos dimensiones correlacionadas, la cual es percibida plenamente por Juan Pablo II (2003) quien expresa: “Se puede definir al hombre como aquel que busca la verdad.

De igual manera, Savater (2003) relaciona la búsqueda de la verdad con otra característica exclusivamente humana: la libertad, al manifestar: “Tan absurdo resulta creer en la omnipotencia de nuestra razón como en la de nuestra ignorancia: absurdo y peligroso. Entre las elecciones de nuestra libertad, ninguna tan imprescindible y llena de sentido como la que opta por preferir y buscar la verdad”.

Por lo tanto, el ser de la humanidad en la libertad están asociadas a la posibilidad de la verdad. Ahora bien, dentro de la lógica cuestionadora que busca la validez de las respuestas, inmediatamente surgen dos preguntas tan antiguas como actuales: 1) ¿Qué es la verdad? 2) ¿Cómo llegamos a ella?.

En cuanto a la primera existen muchas respuestas. Una pudiera ser la clásica ofrecida por Brugger (1995): “verdad es la adecuación del entendimiento con la cosa”. Otra, puede ser la ofrecida por Jesús de Nazareth: “Yo soy la verdad”. En cuanto a la segunda pregunta, sólo hay una respuesta: Llegamos a la verdad por medio del conocimiento. Pero... (Se continúa cuestionando las respuestas como forma de validarlas): ¿Qué es el conocimiento?, ¿Hay diferentes conocimientos?

Al respecto, Locke (1690) planteaba que el conocimiento “es la percepción de la conexión y conveniencia... de nuestras ideas” (Hirschberger, 1981) y en relación con éstas últimas, el filósofo hebreo Spinoza (1989) expresa la existencia cuatro tipos de ideas:

Artificiales: Surgen de la Imaginación del sujeto.

Dudosas: Tienen un carácter confuso y sin claridad.

Falsas: Son ficticias, fingidas.

Verdaderas: Tienen claridad, distinción y objetividad (Rios, 1997).

Por lo tanto pueden existir conocimientos falsos, porque provienen de ideas falsas. La humanidad se ha esforzado en protegerse de este tipo de conocimiento y es allí donde surge la epistemología, como aquella parte de la filosofía que tiene por objeto juzgar la validez de nuestros conocimientos, de manera que, por medio de la cautela epistemológica, se debe pasar de un conocimiento menos verdadero a un conocimiento más verdadero, más aproximado o mejor construido, en otras palabras el conocimiento es progresivo, acumulativo y aproximativo de la realidad, y se da por pasos ubicados en una espiral ascendente de verdad, pero ... ¿ Qué es la realidad?.

Para algunos, explícita o implícitamente, es concebida como material (Materialismo), para otros, se sostiene que está más próxima a la mente que a la materia (Idealismo) y un resto declara que es desconocida e incognoscible (Agnosticismo). Para nosotros, se percibe en la medida que se da la dialéctica contrastante entre la realidad y el conocimiento de donde se espera la emergencia sintética de la verdad y con ello la posibilidad humanidad y la libertad.

Históricamente existen muchas maneras cuyo objetivo terminal es la de facilitar la eclosión de la verdad implícita en una determinada realidad, es a nuestro modo de ver lo que se ha denominado paradigma o formas de responder a las dimensiones estructurantes de la realidad cuestionada. Estas dimensiones son según Lincoln (1990) la Ontológica con la cual se indaga sobre la naturaleza de lo cognoscible, la Epistemológica: se pregunta sobre la naturaleza de la relación entre el cognoscente y lo conocido, y la metodológica que responde a como proceder para descubrir lo cognoscible.

Sandin (2003), pone de manifiesto, que de una manera tradicional y simple, los paradigmas se han clasificado en: el prevaleciente o racionalista o cuantitativo como opuesto al: emergente, alternativo, cualitativo, naturalista. En esta separación paradigmática aparece la palabra naturalismo o naturalista como exclusiva de cualitativismo (dimensionalismo metodológico que descarta o por lo menos evita las matemáticas y a una de sus hijas la estadística). Sea dicho de paso, que no estamos de acuerdo con esta asociación exclusivista de la palabra con lo no empírico, como veremos mas adelante, para muchos autores pareciera lo contrario. Incluso para otros es la única manera de acceder a la realidad.

En todo caso, el propósito de este artículo es reflexionar sobre la pretendida capacidad del naturalismo (en lo cualitativo y/o cuantitativo) como vía única e infalible para abordar la porción de la verdad que es vislumbrada en la actividad investigativa.

1. Naturalismo

Múltiples, son los enfoque que sobre este término se hacen desde la literatura, Guba (1989), considera que el naturalismo es un paradigma, más que un método de investigación donde, al decir de Bisquerra (1996) se tiene preferencia por los métodos cualitativos, donde el investigador para construir el conocimiento trata de interferir lo menos posible con la situación de investigación.

Silverman (2000) la ubica en una no conveniente dualidad excluyente con el positivismo. Inadecuación a la cual se refiere Ibañez, (1985) al expresar “... ni la vía inductiva –empírica– ni la vía deductiva –teórica–, ni ninguna conjunción o articulación entre ambas permiten alcanzar la verdad....”.

Para efectos de este trabajo se entiende el naturalismo, más que en términos de paradigma y/o método de investigación como la postura que esencialmente considerar la naturaleza material como la única fuente original y fundamental de todo lo existente, todo lo quiere explicar en términos de naturaleza. Ante la pregunta ¿Qué es la realidad?, señala que ésta, solo puede llegar hasta donde llegan los límites de la naturaleza, derivándose la inutilidad de cualquier especulación metafísica que no tenga como referencia a la realidad natural o en todo caso sólo es posible una metafísica que se base en la naturaleza.

Por lo tanto la naturaleza se restringe a lo físico – material, el naturalismo es una propuesta, desde esta perspectiva, epistemológica que busca validar el conocimiento si y solamente si se obtiene desde los datos aportados por la naturaleza física, expresada en sus fenómenos, reduciendo todas las leyes a uniformidades mecánicas y llega a negar el dualismo de espíritu y materia (Brugger, 1995).

Como consecuencia de lo anterior, se deriva que hasta la psique y lo moral son expresiones abstractas de una materia gobernada por sus propias leyes. Por lo cual la dualidad mente y materia es admisible como expresiones de la misma sustancia idéntica. La naturaleza incluye múltiples fenómenos y un sustrato común de los fenómenos, pero para su desarrollo actual y para su explicación última, no requiere ningún principio distinto de sí misma. En este supuesto, el naturalismo niega la existencia de una causa trascendente del mundo y se esfuerza en explicar todos los procesos mediante la revelación de potencias esenciales al universo bajo leyes que son necesarias y eternas (Enciclopedia Católica, 1999).

Del naturalismo, surge lo que se conoce como cientificismo o cientismo, términos que se usan para calificar la visión del mundo que pretende dar una explicación omnicomprensiva de la realidad con base exclusiva en las ciencias naturales (Rosas, 1998). En este sentido, se deslinda de la conceptualizacion que ubica el término en las Ciencias Sociales.

Es por lo tanto, un intento presente en la historia del conocimiento, desde la Ilustración, mostrado como el único intento razonado, libre de todo apasionamiento, enteramente independiente de ideologías o convicciones morales o compromisos religiosos o teológicos, procurando deducir la verdad.

De tal concepción se entiende que la ciencia naturalista capacita a los seres humanos para tener una visión coherente del mundo, superadora de viejas herencias metafísicas y teológicas, y está vinculada a un conjunto de prescripciones metodológicas.(naturalismo metodológico) donde todas las hipótesis y teorías deben ser comprobadas experimentalmente con referencia explícita a causas y sucesos naturales resultando inadmisible introducir causas ocultas o explicaciones trascendentales a la realidad.

Si se considera a la investigación científica (entendida naturalistamente) como la forma mas expedita y valida para acceder al conocimiento, se deduce que no deben existir ningún tipo de limitación a la misma bien sea por razones ni morales, políticas, ideológica o religiosa a la investigación, obedeciendo a la perdida de posibles beneficios para la humanidad y de la oportunidad de aumentar el conocimiento. Desde este punto de vista, la limitación a la investigación, por la razón que fueran, no compensan la pérdida de los posibles beneficios. Basta con ver los avances en términos de la tecnología que tal concepción ha generado.

2. Lo natural

Como para el naturalismo, la naturaleza o lo natural en si misma es el único referencial para obtener conocimiento válido, toca preguntarse cuan natural serán algunas situaciones como la política, ética, estética y todos lo derivados de la cultura como la misma tecnología y sus productos.

Por lo anterior, cabe aquí un paréntesis, para responder a una pregunta obligatoria: ¿Si se toma lo natural como base para el conocimiento desde la perspectiva naturalista: Qué es lo natural?

Múltiples son las acepciones hechas del término, Savater (1999) expone algunas perspectivas:

En un sentido aristotélico se refiere con este término a todo lo que existe en el mundo sin intervención humana. Se distinguen natural de lo artificial porque, lo primero brota de una espontaneidad creadora llamada naturaleza y los segundos son producto de la actividad creadora de la humanidad. Esta posición nos enfrenta con otra pregunta ¿Es el hombre, como producto cultural: natural o artificial?. Pregunta que debería ser respondida, para evaluar si el naturalismo estaría en capacidad de discernir plenamente sobre toda la naturaleza humana. Porque si la cultura es un producto de la acción creadora que a la vez moldea a las personas, se pone en duda su “naturalidad”.

La de Stuart Mill (1974) insiste en señalarla como un “nombre para todos los hechos… para el modo en parte conocido y en parte desconocido para nosotros en que las cosas acontecen”; este punto de vista parece más amplio y permite incluir en lo natural al hombre mismo y su quehacer desde este punto de vista existe una continuidad de lo natural en las transformaciones de los sustratos primigenios. En consecuencia, la ciencia como elaboración más acabada del ser humano también constituye, en cualquiera de sus manifestaciones, un acto natural simplemente por pertenecer a la esfera de la realidad del hombre.

3. El naturalismo como fuente inobjetable del conocimiento

Vista la posibilidad de no reducir lo natural solamente al sustrato primario del mundo físico, sino que es más amplio, retomando el tema sobre el naturalismo como fuente inobjetable de conocimiento “únicamente verdadero” es el momento de destacar como tal abordaje de la realidad no deja de tener sus críticos.

Al decir de Artigas (1999), el cientificismo naturalista es la creencia dogmática de que el modo de conocer llamado ciencia es el único merecedor del título de conocimiento, y su forma vulgarizada: la creencia de que eventualmente resolverá todos nuestros problemas o, cuando menos, aquellos problemas ‘significativos’, es una creencia basada sobre una imagen falsa de la ciencia. Según el citado autor, importantes filósofos, desde Nietzsche a Husserl, Apel, Gadamer, Habermas, Heelan, Kisiel, Kockelmans y otros, han considerado el cientismo como la falsa conciencia fundamental de nuestra era.

Para Popper (1992), el naturalismo y cientificismo metodológico del positivismo está equivocado, por lo menos en términos de las ciencias sociales, la cual tiene una línea diferente. Los científicos naturalistas, se creen más objetivos, por practicar una neutralidad valorativa, de la cual carecerían los científicos sociales, este autor dice que la cientificidad de las ciencias sociales, no depende de la parcialidad valorativa de éstos, sino por el proceso social, donde, con la crítica de las teorías, es posible establecer un consenso; así mismo dice que el Positivismo no permite variaciones metodológicas y afirma que las Ciencias Sociales deben tener sus propios métodos, a pesar … que algunos también caigan en lamentación de validarlo al llamarlos también naturalista.

a) Por su parte, la revista electrónica Filósofos (2004) presenta una síntesis de los pro y contra del naturalismo, de allí se extracta un conjunto de buenas consideraciones como son: a) hace hincapié en las diferencias entre naturaleza y sociedad; b) valora la importancia de la creencia, la intención y la acción deliberada; c) los estudiosos de la sociedad deben interpretar lo que sus informantes son capaces de hacer o creen ser capaces de hacer; d) las cualidades o factores imponderables han desempeñado un papel mucho más grande en los estudios que las ciencias naturales.

Pero a pesar de estos argumentos justificados, existe el anti naturalismo el cual tiene la tentación de: a) negar la continuidad entre naturaleza y sociedad y sus elementos comunes; b) ignorar la existencia de ciencias mixtas o socionaturales (demografía, geografía, psicología, lingüística); c) negar que las creencias e intenciones pueden ser estudiadas por las ciencias naturales como procesos cerebrales; d) subestimar la importancia de los factores materiales; e) considerar la interpretación como alternativa de explicación causal y no como su complemento; f) exagerar la posibilidad de reconstruir la experiencia de otros; g) omitir verificar las hipótesis; h) eludir los macroproblemas, sobre sistemas sociales; i) negar la existencia de regularidades sociales; j) rechazar los rasgos valederos del positivismo y el naturalismo junto con los negativos; k) oponerse también dogmáticamente al cientificismo y a la posibilidad de construir ciencias objetivas.

Como se puede observar, existen críticas explícitas al cientificismo, a las cuales se suma la consideración que ha conllevado a pasar de un cientificismo optimista a uno pesimista, al considerar que ni siquiera en las ciencias experimentales como máximo exponente de esta racionalidad, se puede alcanzar la verdad con certeza, mucho menos es posible lograrla en otros entornos donde la rigurosidad del experimento no existe. Es frecuente afirmar que la ciencia experimental posee un valor simplemente instrumental, en este sentido Artigas (1989) expresa que:

“el cientificismo se apoya en la confiabilidad de la ciencia experimental…El empirismo sensorial fundamentado en la experiencia es uno de los rasgos del enfoque naturalista, sin embargo afirmar que solo los conocimientos obtenidos de esta manera son validos, dejan por fuera realidades tan ciertas como el análisis vectorial, la lógica, el álgebra boleana, los números imaginarios. No se puede afirmar que tales aspectos no sean científicos a pesar que no son esencialmente empírico-sensoriales… Por lo demás, el materialismo naturalista debe afrontar serias dificultades cuando se intenta explicar la realidad de los fenómenos humanos, entre los cuales se incluye la actividad científica. En efecto, la existencia misma de la ciencia supone, como condición de su posibilidad, admitir que la persona humana tiene una capacidad de auto-reflexión que le permite plantearse los problemas relacionados con la verdad, y esa capacidad se sitúa en un contexto de una subjetividad que supera los condicionamientos materiales. Puede decirse que el progreso científico es un hecho cuya explicación exige superar las ideas materialistas.

Por lo tanto la limitación más fuerte del naturalismo, consiste en limitar la verdad, al origen fáctico, empírico, experimental de la evidencia. Un posible intento de superación del problema consiste en considerar el termino empírico como “demanda de evidencia experiencial” (se entiende en términos de la experiencia vital para distinguirla de la experiencia experimental), lo que permitiría reconocer un empirismo sensorial propio de las ciencias naturales, la ingeniería, la química, un empirismo mental (incluye la lógica, las matemáticas, la semiótica, la fenomenología, la hermenéutica, la filosofía), incluso un empirismo espiritual incluyente de las experiencias místicas y espirituales.

Siguiendo a Wilber (1998), la evidencia experiencial de cada una de estas modalidades se ajusta a los requisitos generales de la ciencia: es completamente pública y compartida, puede ser adiestrada, constituyendo una demostración de su reproducibilidad, siendo por lo tanto elementos de validación de cada uno de los ámbitos generadores de conocimiento verdadero. De la crítica a la veracidad absoluta naturalista, se desprenden dos prejuicios uno opuesto al otro, precisos de eliminar en cualquier tipo de análisis: Uno el “cientificista” y el otro el “alejado de la práctica” (Villoro, 1982): El “cientificista” sostiene que los únicos conceptos analizables son los llamados científicos. Esta es una forma de positivismo puesto que existen otros conocimientos como el “conocimiento natural” intuitivo y recibido por la experiencia llamado sentido común, la moral, el arte, la literatura y la poesía, donde es aplicable también la teoría del conocimiento.

El segundo prejuicio tiende a reducir el conocimiento a una actividad teórica desligada de la práctica, hacer lo otro modo es evadir que el conocimiento tiene un interés práctico porque los seres humanos somos individuos reales, miembros de comunidades de conocimiento socialmente condicionadas. El análisis de los conceptos no se entiende sin su relación con los fines humanos, es decir sin una ética.

4. El enfrentamiento entre la investigación cualitativa y la cuantitativa como herencia del reduccionismo naturalista

Cabe señalar una controversia ya superada, pero sigue rondando aún en las mentes de algunos investigadores y asesores metodológicos. Todavía se palpa en muchos ambientes académicos un reduccionismo que a nuestro modo de ver, ocurre paradójicamente entre quienes quieren evitar las limitaciones del naturalismo, y sin saberlo caen en la misma tónica de segmentar las vías del conocimiento y niegan en la práctica, la posibilidad múltiple y válida de alcanzarlo con fuertes indicios de verosimilitud por diferentes caminos. Nos referimos a la situación, en la cual se pretende colocar a la investigación cualitativa frente a la investigación cuantitativa. De alguna manera se quiere presentar a la investigación cuantitativa como reflejo del cientificismo naturalista y a la cualitativa como la respuesta neo paradigmática al caduco naturalismo, a pesar que ciertas posiciones cualitativistas se apropian del término, tal y como ya se ha indicado y se basan del mismo modo, en la premisa de la validez del conocimiento, únicamente si se manejan datos proveniente de una realidad llamada sensorial. Nada más alejado de la realidad, en términos wilberianos: sensorial, mental o espiritual. La investigación cuantitativa supone la recogida, análisis e interpretación de datos objetivamente mensurables y la cualitativa basada en datos que no pueden sintetizarse, estrictamente, en forma de números, pero finalmente en datos provenientes de la realidad.

El enfrentamiento, visto de este modo, es un craso error ya que una investigación cuantitativa puede estar fuera de la concepción naturalista, dependiendo del objeto de estudio. Perfectamente, se puede elaborar un instrumento para medir numéricamente la permeabilidad a la sectas (Montoya, 2000), la religiosidad, o el amor según san Pablo, aspectos éstos muy reales pero obviamente no vinculados, estrictamente hablando, al naturalismo o hacer una investigación cualitativa para establecer los gustos por determinado producto del mercado, o desarrollar la teoría fundamentada del proceso de aprendizaje en niños con discapacidad, aspectos tan naturalistas como la temperatura, la humedad o la presión sanguínea.

Por lo tanto, ambas deben considerarse complementarias y es responsabilidad del investigador cuando y como aplicar cada una. Straus y Corbin (2003), lo expresan de una manera muy metafórica cuando dicen que ambos son las caras de una misma moneda donde aún no se ha impreso nada.

5. Conclusión

El título lo colocamos como una interrogante, porque concluir tajantemente en términos de la ciencia y la filosofía pudiera significar que se cierra el debate presumiendo el alcance de la verdad, cuando por el contrario toda investigación o reflexión con pretensiones de validez siempre debe estar abierta a la crítica e incluso dispuesta a ir al martirio para que nuevas emerjan. Haciendo analogía con el dicho “Sangre de mártir semilla de cristiano”, sostenemos que “destrucción de una teoría nacimiento de otras”, renovadas y actualizadas.

Para finalizar, podemos decir que el naturalismo como enfoque para encontrar la verdad basado en la realidad tangible bien sea desde un óptica cualitativa o cuantitativa, no puede pretender la exclusividad del conocimiento válido. Como se ha plasmado en el transcurso de este trabajo, varía desde la concepción de lo natural hasta la definición de la realidad. Esta diferencia en la óptica de abordaje del problema indica que la naturaleza de la realidad y la realidad misma es múltiple y por lo tanto múltiples deben ser los enfoques para abordarla.

Hemos encontrado cómo la crítica más fuerte al naturalismo es su postura reduccionista al sostener que: siendo la materia la única realidad, cualquier cosa que tenga lugar en el mundo es el resultado de causas materiales y debe ser explicado por antecedentes físicos. Ya se vio como esto no es así, existen realidades subjetivas interiores y trascendentales también sujetas a lo experiencial y la reproductibilidad por lo tanto portadoras de conocimiento válido. Pero reconocer esto, no significa dejar de mostrarse de acuerdo con las bondades del método científico naturalista para indagar las realidades sensoriales, lo contrario sería caer de nuevo en el reduccionismo y negar su paternidad en la gestación y desarrollo de la tecnología.

Estas afirmaciones obedecen a que el ser humano y la vida son algo más que un complejo problema de física y química; la conciencia es más que una propiedad de la materia; el pensamiento racional no se reduce a la sensación, y la voluntad al instinto. La mente no es un acompañamiento impotente o epifenómeno de ciertas formas o agrupaciones de la materia. El hombre es más que un autómata consciente cuya entera actividad mental tanto como fisiológica, está determinada por antecedentes materiales, definitivamente la realidad existe si existe la humanidad, sin ser humano solo tendríamos pura materia.

Es opinión de los autores que, como humanidad, debemos seguir avanzando en la creación de nuevas formas que nos permitan responder a preguntas no contestadas aún por la ciencia naturalista y las cuales, quizás, nunca podrá responder: ¿Quiénes somos, y qué debemos ser? ¿De dónde vine? ¿Por qué estoy aquí? ¿Qué se supone que debo hacer? ¿Hacia dónde voy? ¿Soy significativo en un universo que me ve como sólo una partícula de polvo cósmico más? ¿Tiene algún significado intrínseco mi existencia? o, ¿debo determinar por mí mismo cuál es mi lugar y cuál será mi papel? ¿Es posible relacionarme con lo trascendente: Dios? ¿Cómo se expresa su presencia?

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