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Revista Venezolana de Economía y Ciencias Sociales

versión impresa ISSN 20030507

Revista Venezolana de Economía y Ciencias Sociales v.11 n.1 Caracas ene. 2005

 

PRESENTACIÓN

Nydia Ruiza

aFacultad de Ciencias Económicas y Sociales (Faces) - Universidad Central de Venezuela

La Revista Venezolana de Economía y Ciencias Sociales con su primer número de 2005 abre la discusión sobre los nuevos modelos de conocimiento y gestión en ciencia, tecnología e innovación y algunos temas inextricablemente ligados con éstos como el de la universidad venezolana en la sociedad y la economía del conocimiento.

El problema fundamental, enfocado desde distintas ópticas, es el de la inserción de nuestros países y Venezuela en particular, ya no sólo en la era de la información, sino también en lo que se avizora como el nuevo conocimiento donde se cimentará la economía del futuro: la bioelectrónica, la biotecnología, la nanotecnología... La búsqueda de posicionamiento temprano en esos campos acelera el ritmo de la acumulación de conocimientos e innovaciones en los países desarrollados y abrirá oportunidades para aquellos en vías de desarrollo que, entendiendo el proceso en su complejidad, sean capaces de emprender estrategias originales, coherentes y sostenidas.

La pobreza y exclusión acumuladas en Venezuela son elementos importantísimos a tomar en cuenta para cualquier iniciativa que persiga su engranaje en la sociedad del conocimiento. El mayor o menor éxito en sus políticas de innovación para dar respuesta a los ingentes problemas sociales y a la generación de riqueza indispensable para extender hacia la mayoría los beneficios de la inclusión, entendida como libertad en el sentido que muestra Amartya Sen, está por verse en los próximos años.

En los últimos seis años se ha establecido una nueva institucionalidad, con la creación del Ministerio de Ciencia y Tecnología (MCT) en 1999, la promulgación de la Ley Orgánica de Ciencia, Tecnología e Innovación en 2001, y la creación del Fondo Nacional de Ciencia y Tecnología (Fonacit) en el mismo año. A esta nueva institucionalidad se vinculan dos temas importantes. La adscripción al MCT de todos los centros de investigación financiados por el Estado, salvo Intevep. Con esta medida parecía volverse a aquella noción de "sector" que había intentado superarse en los años del aggiornamiento de Conicit (1993-1998) y, con ella, a la segregación de la práctica científica de otros ámbitos de la sociedad. Sin embargo, por otra parte, se intentó redefinir las relaciones entre la ciencia, la tecnología y la producción, mediante la integración de esas actividades en la innovación concebida como conocimiento transformado en nuevos productos y procesos, central a la actividad del recién creado MCT. En el libro Ciencia y tecnología en Venezuela de Carlos Genatios y Marianela Lafuente (Caracas, OPSU, 2004), respectivamente ministro y viceministro de planificación del MCT desde su creación hasta 2002, hacen un recuento del proyecto original en su concepción, organismos y logros. Dicho proyecto podría tomarse como base para la evaluación de la continuidad y pertinencia de las políticas y la gestión de la ciencia, tecnología e innovación en estos años, así como de sus resultados. Esa evaluación pendiente, ofrece dificultades en la actualidad por la escasez de información al respecto y las dificultades para acceder a ella. Cualquiera sea el caso, interesa destacar el dinamismo de las políticas públicas en estos temas.

El artículo de Hebe Vessuri "Ciencia, política e historia de la ciencia contemporánea en Venezuela" se interroga desde la situación presente, acerca del "lugar legítimo de la ciencia en la sociedad", tratando de "desenredar" las condiciones en las cuales creció la comunidad científica venezolana desde sus inicios y que conforman la peculiar historia local, así como lo que ello implica tanto para la política científica como para las posibilidades de desarrollo del país.

En "La estructura productiva de América Latina: ¿convergencia hacia la sociedad del conocimiento?" Alexis Mercado señala, cómo las economías desarrolladas, aunque sustentan su producto en la agregación de valor, consumen recursos naturales, muchas veces de manera irracional, y las economías latinoamericanas continúan siendo suplidoras de materias primas para aquéllas. Asimismo, adelanta criterios en torno a la relación Estado-sector privado en estos países, en las nuevas condiciones mundiales.

Las universidades venezolanas, los más importantes centros de producción y difusión de conocimientos, no han tenido procesos de actualización o reorientación, encontrándose la mayoría todavía cerradas sobre sí mismas, y desarticuladas a lo interno. Temas como el modelo de producción de conocimientos en la sociedad de la información, los tópicos o problemas fundamentales del país en las condiciones actuales, y las políticas de fomento y apoyo nacional a la innovación comienzan ahora a aparecer como preocupaciones de las universidades de investigación en tanto instituciones (en lo sucesivo se hará referencia exclusivamente a las universidades de investigación). Pese a la existencia de la mencionada Ley Orgánica de Ciencia, Tecnología e Innovación, éstas parecen considerar que se rigen exclusivamente por la Ley de Universidades, a cuya nueva redacción dedican importantes esfuerzos, y no parecen haberse percatado de la incidencia de aquél instrumento legal sobre su funcionamiento, especialmente en términos de apertura de nuevos ámbitos, oportunidades y mecanismos de colaboración con otros sectores sociales para la producción de bienes y servicios, así como de nuevas formas y figuras de autofinanciamiento. Hoy por hoy, las universidades siguen respondiendo al modelo "ofertista" con el cual se institucionalizaron las políticas estatales para la ciencia en los países latinoamericanos desde los años 60 del siglo xx. Aunque cuenten en su plantilla profesoral y de investigación con expertos en políticas y financiamiento de la ciencia, tecnología e innovación, prevalece la brecha entre los decisores y quienes detentan los conocimientos sustantivos sobre esas materias. Tampoco parecen tener suficiente conciencia de sus fortalezas como para encaminar una parte de sus esfuerzos a contribuir en la satisfacción de los problemas sociales o las necesidades del mercado. Predomina la consideración de la investigación como justificada en sí misma, reforzada por el éxito de los programas de estímulo a esa actividad (PPI, Conaba y otros). En un contexto económico inflacionario, la deficiente remuneración a la actividad académica ha encontrado algún alivio en ellos, los cuales, por su parte, no han intentado incidir sobre la orientación de las investigaciones o la pertinencia social de sus resultados.

Es menester, no obstante, reconocer el legado del modelo de gestión de la ciencia a superar en el interior de las universidades, porque las nuevas formas de producción y gestión del conocimiento sólo pueden establecerse gracias a los logros de aquél. El conocimiento producido en un contexto de aplicación, en equipos trans o multidisciplinarios y generado en redes de innovación, requiere de una base social de egresados de la educación superior, una masa crítica de investigadores activos, infraestructura de laboratorios y bibliotecas, políticas e instrumentos de apoyo financiero, etc., y esta es precisamente una parte de la herencia a reivindicar. El artículo de Ignacio Ávalos, "La investigación universitaria en tiempos de la sociedad del conocimiento" aborda la necesidad de vinculación de la universidad con la sociedad, como condición del funcionamiento de esas instituciones en la sociedad del conocimiento.

En el contexto actual es importante detectar experiencias pioneras –en laboratorios, empresas u organismos estatales–, o innovaciones institucionales capaces de abrir caminos o servir de referencia a otras innovaciones. Hemos seleccionado unas pocas. El artículo de Catalina Ramos, Rafael Fuentes y Luis Chang, "Metodología de creación de alianzas sostenibles. Las Agendas de Innovación en Panamá" se refiere a una innovación institucional desarrollada en Conicit durante la década de los 90, las Agendas de Innovación, actualmente en proceso de ser puestas en práctica en otros países. Tiene el mismo sentido, la entrevista a Jean-Louis Salager director del Laboratorio de Formulación, Interfases, Reología y Procesos (FIRP-ULA) acerca de "La gestión de la investigación en el Laboratorio FIRP de la Universidad de Los Andes", que ilustra un caso de desarrollo científico vinculado al quehacer industrial, en especial petróleo y petroquímica, mediante un modelo de gestión original, capaz de aprovechar en su beneficio las posibilidades ofrecidas por las instituciones, políticas y financiamiento en ciencia y tecnología, sorteado exitosamente sus obstáculos. En el artículo "Gestión estratégica de la innovación: un caso del sector químico proveedor de la industria petrolera venezolana", Nydia Ruiz y Edgar Cotte, describen una experiencia de trabajo colaborativo entre el MCT, Intevep y Asoquim que partiendo de un estudio prospectivo propuso un modelo de desarrollo a futuro sostenible y de punta para un sector de la industria química.

María Victoria Canino y Hebe Vessuri en "Rebelión de Saberes. Los operadores de la refinería de Puerto La Cruz" recogen testimonios de operadores de la refinería de esa localidad durante la huelga petrolera de finales de 2002 y comienzos de 2003, y la participación de éstos, desde su saber y funciones, en la reanudación de las actividades de ese centro, y la valoración que dieron a sus acciones.

El título del artículo de Thaimy Márquez "Aprovechamiento de la información tecnológica contenida en patentes para el desarrollo de la ciencia y las empresas" describe su contenido y llama la atención sobre la poca importancia que se concede en Venezuela, tanto en el medio académico como industrial, a la información tecnológica y al Sistema de Propiedad Intelectual en su conjunto.