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Cuadernos del Cendes

versión impresa ISSN 1012-2508

CDC v.54 n.54 Caracas set. 2003

 

El Convenio Andrés Bello: reseña histórica de un organismo de integración cultural, científica y educativa en el área andina*

JUAN CARLOS RAMÍREZ**

* El presente documento constituye una versión actualizada de uno de los temas centrales abordados en el trabajo final de grado titulado: «La integración cultural de la Comunidad Andina de Naciones. Logros y limitaciones. (1970-2001)», tesis presentada para optar al título de Sociólogo de la Universidad Central de Venezuela.
** Sociólogo, UCV.

Introducción
La mayoría de las experiencias integracionistas que se han desarrollado en América Latina, luego de finalizada la II Guerra Mundial, han estado centradas fundamentalmente en la creación de un sistema avanzado de libre comercio, en función de influir en el crecimiento económico de los países miembros y paralelamente propiciar una mejor inserción de éstos en el Nuevo Orden Mundial. Sin embargo, a pesar de los notables esfuerzos realizados en aras de alcanzar estos objetivos, en diversos estudios se ha podido determinar que los avances en esta materia no han sido muy alentadores,1 salvo por supuesto, algunos casos muy puntuales. Uno de los esquemas de integración en América Latina, que a principios de la década de los setenta tuvo la virtud de profundizar el proceso de integración más allá de lo estrictamente económico, fue el Pacto Andino (PA), hoy en día denominado Comunidad Andina de Naciones (CAN).2 En tal sentido, los países miembros de este bloque subregional, junto a Venezuela, comprendieron en ese entonces la imperiosa necesidad de promover y programar el desarrollo de la educación, la ciencia y la tecnología a través de un proceso de integración que tuviese como eje central lo cultural. Por consiguiente, y sobre la base de esas premisas, en 1970 los países andinos suscriben el Convenio Andrés Bello (CAB) a efectos de darle celeridad a este proceso.
Actualmente, luego de treinta y tres años de su suscripción, el CAB ha dejado de ser un mero acuerdo de cooperación entre países, para pasar a convertirse en un organismo internacional e intergubernamental, rebasando las fronteras andinas.
En este trabajo se presentarán algunos de los logros más significativos de este organismo durante su trayectoria, y los principales obstáculos que ha tenido que enfrentar a efectos de profundizar la integración cultural no sólo en el área andina, sino también en el resto de Latinoamérica.

El Convenio Andrés Bello de integración cultural, educativa y científica
El CAB surgió por iniciativa de los países andinos, en aras de desarrollar la integración educativa, científica, tecnológica y cultural de la región andina, bajo la premisa de que estos aspectos beneficiarían la integración económica emprendida preliminarmente en el Acuerdo de Cartagena.
Entre sus principales disposiciones el Convenio se planteaba como tareas la de planificar la educación, la ciencia y la tecnología en concordancia con las necesidades que se producían en la integración económica. Este planteamiento se puede corroborar en el Artículo vigésimocuarto del mencionado tratado: «Planificar la educación y la investigación científica y tecnológica en consonancia con las necesidades de la región y principalmente las derivadas de la integración económica de los países signatarios» (v. Fernández, 1973).
Como se puede observar, el pensamiento que prevalecía dentro del CAB en sus inicios reflejaba claramente la concepción de que la integración cultural era un sustento o una plataforma para que la integración económica generase en definitiva los beneficios que esperaban las naciones signatarias lo cual evidenciaba el peso relevante que aún tenía el aspecto económico en los supuestos desarrollistas de la época. No obstante, no se puede negar que el pensamiento latinoamericano, y en especial el pensamiento integracionista de la región andina, logró grandes avances en este sentido, ya que durante los años setenta los procesos de integración en el ámbito cultural finalmente comenzaron a tener una mayor presencia en los modelos desarrollistas, en comparación con los modelos emprendidos en las décadas anteriores, y prueba de ello es precisamente la creación del CAB.
Por otra parte, el tratado suscrito por el CAB en 1970 fue derogado en 1990, con la suscripción de uno nuevo según la resolución N° 05/90. Este nuevo tratado fue firmado el 27 de noviembre de 1990, con el firme propósito de adecuar los esfuerzos integracionistas del Convenio al contexto mundial (Henríquez Guajardo, 2000). En tal sentido el CAB ha dejado de ser un mero acuerdo integracionista, para pasar a convertirse en un organismo de integración de carácter internacional e intergubernamental, con personalidad jurídica internacional, lo cual quiere decir que posee la facultad para suscribir diversos acuerdos con Estados y organizaciones del mundo entero sin mayores restricciones. Además, también tiene la capacidad de iniciar cualquier tipo de procedimiento jurídico que considere necesario, como queda expresado en el Artículo 9 del nuevo tratado (CAB y Parlamento Andino, 1999).
En líneas generales, muchas de las disposiciones de 1970 se mantienen en el nuevo tratado, pero de una manera más puntual que en el anterior, especialmente en lo que se refiere al reconocimiento de los estudios cursados en los niveles de primaria y secundaria en todos los países miembros, incentivos al otorgamiento de becas de modo recíproco, promoción y difusión de las actividades culturales de los Estados miembros a través de los diversos canales que deparan los medios de comunicación social, etc.
Entre las novedades que se observan en el nuevo tratado está el notable enriquecimiento3 de la estructura organizacional del Convenio, además queda de manifiesto el alto nivel de especialización de sus órganos y demás entidades.
Otro aspecto que es importante señalar, es que el tratado del CAB contempla entre sus disposiciones la posibilidad de que cualquier Estado que desee adherirse al Convenio pueda hacerlo, una vez que efectúe su solicitud, y que la Reunión de Ministros de Educación del Convenio Andrés Bello (Remecab)4 dictamine su aprobación tras haber realizado la evaluación preliminar. A treinta años de su suscripción, el organismo ha incrementado notablemente el número de países miembros. Actualmente lo conforman Bolivia, Ecuador, Chile, Perú, Colombia, Venezuela, Panamá, España, Cuba y Paraguay.5

Principales logros
Desde su suscripción, el CAB ha impulsado la integración en tres áreas en particular: la educación, la cultura, y la que comprende la ciencia y la tecnología. Es interesante observar que el CAB, en procura de evitar una concepción abstracta de integración cultural, asumió el compromiso de atender lo cultural de modo separado de dos esferas igualmente culturales como lo son la educación y el área conformada por la ciencia y la tecnología, en virtud de que cada una de ellas tiene un objeto de conocimiento distinto y por ende una lógica diferente de estudio. Esta distinción, a juicio de la coordinadora del área educativa del CAB, Martha Vargas,6 facilitó notoriamente la posibilidad de adaptar la programación según el área correspondiente. Durante el período 1970-1989, se pueden apreciar algunos importantes logros del CAB en beneficio de los países miembros. A modo de ejemplo pueden mencionarse:

  • Se puso en práctica la política de reconocimiento de los estudios cursados en las etapas de primaria y secundaria en todos los países signatarios, de modo que los estudiantes interesados en cursar estudios universitarios en otros países del área andina pudiesen hacerlo sin mayores restricciones.

  • Se incrementó el número de países miembros del CAB de seis a ocho con el ingreso de Panamá en 1980 y España en 1982. La anexión de estos países al Convenio contribuyó enormemente a forjar puentes estratégicos con Centroamérica y Europa respectivamente (Henrique Guajardo, 2000).

  • Se logró compilar toda la legislación cultural y ambiental de los países miembros del Convenio (CAB, 1989).

  • Se crearon nuevas instituciones dentro del CAB para vigorizar el proceso integracionista. Estas instituciones están conformadas por el Instituto Internacional de Integración (I.I.I), el Instituto Andino de Artes Populares (Iadap) y el Instituto de Transferencias de Tecnologías Apropiadas (Itacab).

Muchos de los proyectos iniciados durante el período 1970-1990 no se culminaron o finalmente no prosperaron por razones fundamentalmente económicas, relacionadas con la crisis económica que se produjo en América Latina durante los años ochenta. Sin embargo, como se puede observar, se alcanzaron algunos logros importantes.
A partir de los años noventa, en el marco de la aprobación de un nuevo tratado para el Convenio, se desarrollan nuevos proyectos con objetivos más acordes con las principales necesidades de los países participantes, y se continúan otros proyectos que se habían paralizado a mediados de los ochenta. Además, hay que destacar que a partir de los noventa, se inició un proceso de revisión conceptual del CAB como organización integracionista. Indudablemente que este período tampoco estuvo exento de obstáculos, como ocurrió en los años ochenta, sin embargo, en líneas generales resultó una década muy productiva.
Como ya se ha mencionado, el CAB suscribió en 1990 un nuevo tratado a fin de adecuar el Convenio a las exigencias que plantea la globalización (Henríquez Guajardo, 2000). En virtud de este contexto, el CAB se convirtió en un organismo internacional e intergubernamental, superando de este modo las fronteras andinas. Estos profundos cambios estructurales del Convenio, no significaron in extremis su ruptura definitiva con la Comunidad Andina, pero sí su independencia con respecto a esta última, en vista de que el CAB se ha proyectado no sólo hacia otros países de América Latina, sino también hacia otros países de Europa. A pesar de esta situación, el CAB sigue manteniendo un fuerte vínculo con la CAN lo cual quedó plenamente ratificado el 2 de septiembre de 1998 en un acuerdo de cooperación que suscribieron ambos organismos (CAB y Parlamento Andino, 1999). Algunos de los principales logros alcanzados por el CAB durante el período comprendido entre 1990 y 2000 son los siguientes:

  • Se creó el Foro Andrés Bello de Integración, un espacio destinado a la reflexión, discusión e intercambio de experiencias en lo referente a la dinámica de la educación, que se ubica no sólo en el nivel local y regional, sino también en el internacional (CAB, 2000). Este foro se desarrolla de manera permanente a través de internet.

  • El Convenio no sólo ha continuado sus programas de protección del patrimonio cultural de las naciones signatarias, además ha ampliado el concepto a otros ámbitos que tradicionalmente no forman parte del mismo. De tal manera, el concepto de patrimonio que maneja la organización envuelve, entre otros, los recursos ecológicos, los desarrollos científicos, las costumbres, las artesanías, los lugares religiosos etc. (CAB, 2000).

  • La Cátedra Andrés Bello, es otro espacio creado por el Convenio con la finalidad de promover la reflexión, el pensamiento y la investigación en los ámbitos concernientes a la educación y a los procesos integracionistas en América Latina. Las cátedras Andrés Bello, desarrollan sus actividades de manera permanente en el ámbito académico y en particular en las universidades (CAB, 2000).

  • Concurso Internacional «Somos Patrimonio». El Convenio ha creado este concurso de carácter internacional, a fin de que los diversos sectores de la sociedad civil o instituciones gubernamentales en sus variadas expresiones participen en los esfuerzos que promueve el CAB para propiciar el desarrollo de las sociedades. El concurso consiste en presentar un trabajo que narre una experiencia particular en torno a desarrollo comunitario, preservación y disfrute de algún patrimonio de origen local, donde se manifieste un sentido de pertenencia, convivencia social e integración a la diversidad, etc. Los ganadores del concurso obtienen premios7 que oscilan entre 10.000 y 25.000 dólares. Estos montos varían según la categoría en la cual se haya concursado. Este concurso se celebra anualmente y hasta los momentos se han realizado cuatro (CAB, s/f).

Principales obstáculos
Como ha podido observarse, en el período comprendido entre 1990 y el año 2000 se llevaron a cabo interesantes proyectos, sin embargo, es necesario también señalar algunos obstáculos enfrentados a lo largo de está década, que han limitado la posibilidad de alcanzar mejores resultados. Uno de los más importante que se debe destacar es el modo como ha funcionado el Convenio dentro de los países miembros. En tal sentido, la presencia de la organización en el seno de las naciones ha sido muy limitada, por consiguiente, esa inmensa responsabilidad la ha asumido históricamente un solo actor, es decir, cada uno de los departamentos de relaciones internacionales de los ministerios de Educación de los países miembros.
En el caso puntual del Departamento de Relaciones Internacionales de Venezuela, se han podido determinar, a través de la observación directa, algunas limitaciones de orden burocrático/gubernamental, en virtud de que en sólo una persona (específicamente el coordinador del Convenio en Venezuela) recaen las actividades que realiza el Convenio en general. Esta situación ha dificultado en gran medida agilizar y acelerar las actividades de la manera más deseable. Tal como lo reconoce Eduardo Wilches, coordinador del área cultural del CAB en Colombia: «Las secretarías nacionales son básicamente los funcionarios de Relaciones Internacionales de los ministerios de Educación, pero sus ocupaciones no permiten que un solo individuo pueda realizar la labor de ser CAB en cada país».8
Esta modalidad de funcionamiento del CAB dentro de los países miembros ha perdurado desde la suscripción del Convenio en 1970. Para inicios de los años noventa se implantaron numerosas reformas en el seno de la organización a fin de adecuarla al contexto internacional, de tal manera que para ese entonces, a nuestro juicio, se han podido aplicar las políticas correctivas necesarias en función de mejorar y fortalecer la presencia del CAB en cada uno de los países miembros; no obstante, ello no ocurrió. Sin embargo, actualmente en el área cultural, específicamente a través del Observatorio de la Integración y las Culturas del CAB,9 se está trabajando a fin de impulsar una serie de políticas que incentiven la participación, de manera protagónica, de otros actores no gubernamentales en los esfuerzos integracionistas que ha venido desarrollando el Convenio durante más de treinta años. La articulación de estos actores no gubernamentales con el CAB facilitaría notablemente el logro de los objetivos propuestos por el organismo, ya que las actividades programadas no tendrían porque depender tanto del Convenio, como ha ocurrido tradicionalmente.
Otro obstáculo fundamental que ha determinado en gran medida el rumbo que ha llevado el CAB durante mucho tiempo ha sido la concepción economicista de la integración, la cual ha perdurado históricamente en la región andina y en el resto de América Latina. Esta situación, naturalmente, ha perjudicado en gran medida la relación entre la CAN y el CAB. Al respecto Wilches manifiesta que:

... el peso específico de lo económico debería depender en un 98 por ciento del peso específico de lo cultural. Es decir, que un modelo económico debería surgir de un tipo de cultura o calidad de los tipos de relaciones que una sociedad o comunidad establezca. No podemos pretender, como nos lo está demostrando la época actual, que sea lo económico lo que determine los tipos de relaciones entre los seres humanos. Conceptos y pensamientos como estos no son ni siquiera mencionados en organismos como la CAN, cuya finalidad de fondo es generar mayores niveles de intercambios comerciales y muy poco con las demás dimensiones. El CAB y la CAN tienen un tipo de relación cada vez más precaria y, a diferencia de lo que dicen, cada vez menos integrada. Sus intereses son muy diversos en sus niveles directivos y ejecutivos y dependen demasiado de los grupos comerciales e industriales de cada país.

Esta misma apreciación que plantea Wilches en lo concerniente a la importancia desmesurada que le ha dado la CAN a la integración económica en perjuicio de lo cultural, también es compartida por el ex-secretario ejecutivo del Convenio, Pedro Henríquez Guajardo al manifestar que: «... el peso de lo económico y comercial ha sido la piedra angular en el desarrollo de la CAN. La agenda social y cultural la considero retrasada».10
Evidentemente estas apreciaciones provenientes de dos expertos vinculados estrechamente al CAB expresan, en estricto rigor, un alto sentido crítico en torno a la manera como la CAN ha asumido el proceso integracionista, ya que los mayores esfuerzos se han concentrado fundamentalmente en la dimensión económica, olvidando, por consiguiente, la razón de ser de organismos como el CAB dentro del Sistema Andino de Integración (SAI).11 Esto no sólo ha perjudicado la posibilidad de concretar mejores resultados de los esfuerzos integracionistas invertidos hasta ahora, sino que también ha suscitado múltiples conflictos para coordinar las políticas entre ambos organismos, lo cual, a su vez, ha afectado la relación de cooperación entre las dos organizaciones.
Otra importante limitación, según Henríquez Guajardo, que ha obstaculizado en gran medida el buen desenvolvimiento de las actividades del CAB, tiene que ver con la ausencia de continuidad en las políticas que se han desarrollado para efectos de culminar con éxito los proyectos programados a mediano o a largo plazo. Esta problemática ha menoscabado vigorosamente las políticas de planificación que ha liderado históricamente la Secretaría Ejecutiva del CAB (Secab) dentro del Convenio. Estas limitaciones que establece Henríquez Guajardo con respecto al papel que ha cumplido la dirigencia política del CAB (por lo menos durante su gestión) manifiesta claramente cómo un proceso de tanta envergadura como la integración no puede continuar siendo un asunto que dependa exclusivamente de los entes gubernamentales porque, finalmente, las propuestas o proyectos que se pretendan llevar a cabo dependiendo de sus magnitudes, terminan por agotarse inexorablemente debido a la falta de voluntad política.
En vista de estas circunstancias, es indispensable promover la ampliación del Convenio en aras de crear un espacio que propicie la participación de diferentes actores en las actividades que desarrolla este organismo, lo cual permitiría acelerar el proceso de modo más eficaz. De tal manera que el verdadero motor que debe dinamizar los proyectos que viene emprendiendo el CAB en América Latina es precisamente el ciudadano común y por consiguiente es imperioso democratizar y descentralizar el proceso de integración. En tal sentido, los gobiernos nacionales, los organismos internacionales e incluso la empresa privada deben abocarse a estrechar sólidas alianzas con los diversos sectores de la sociedad civil, a fin de que puedan participar y generar nuevas ideas. Por los momentos, el CAB continúa su marcha en este nuevo siglo en procura de fortalecer la integración latinoamericana bajo el firme convencimiento de que todos los obstáculos pueden superarse de manera mancomunada. Para ello la integración programada a través del eje cultural será crucial.

Conclusiones
Desde su creación, el CAB marchó a un ritmo relativamente lento para cumplir con la programación preliminar; pero finalmente fue superando las etapas necesarias para madurar como organización y constituirse en un sólido organismo de carácter internacional e intergubernamental con autonomía propia.
El Convenio, a lo largo de su trayectoria, ha tenido que confrontar múltiples dificultades en procura de avanzar en la consecución de sus propósitos. En este sentido deben mencionarse los numerosos desacuerdos que se han producido entre la Secab y la Remecab, como consecuencia de la falta de voluntad política para darle continuidad a diversos proyectos que, por sus niveles de envergadura, requieren de mucho tiempo para su total conclusión. También es importante señalar que muchos de los proyectos programados a principio de la década de los ochenta tuvieron que ser retrasados o finalmente cancelados, debido a la crisis económica que se produjo en América Latina durante esa década. Por consiguiente, el periodo comprendido entre los años setenta y los ochenta resultó, en líneas generales, poco productivo en materia de logros concretos para los países miembros del CAB, aunque esta institución creció a tal magnitud que dejó de ser un mero tratado, para pasar a convertirse en un organismo internacional e intergubernamental, como ya se ha señalado.
La trayectoria del CAB dibujada en este trabajo revela que su período de mayor auge luego de treinta y tres años de funcionamiento, tuvo lugar a partir de 1990, precisamente cuando internamente se impulsaron profundos cambios. Así, para inicios de los años noventa, el CAB no sólo suscribió un nuevo convenio acorde con su nueva etapa como organismo internacional, sino también aceleró algunos proyectos iniciados a mediados de los años ochenta, e inició otros como el Foro Andrés Bello y las cátedras Andrés Bello, los cuales constituyen dos logros de mucha importancia, ya que son espacios destinados a crear una conciencia integracionista en la ciudadanía a través de la academia.
En este orden de ideas, es necesario destacar otro de los principales logros del CAB en función de contrarrestar una de sus principales limitaciones, como ha sido la débil presencia de este organismo en cada uno de los países miembros. Para tales fines el Convenio creó a finales de los años noventa el Observatorio de la Integración y las Culturas, el cual es un mecanismo que tiene como propósito incentivar en el nivel nacional y regional la participación de movimientos sociales, empresarios, redes, universidades, ONG, entre otros actores, a fin de agilizar los procesos integracionista que en este caso lidera el CAB. Por consiguiente, este Observatorio constituye otro avance para fortalecer la integración en su dimensión cultural. A pesar de estos importantes logros, es indudable que aún queda mucho por avanzar, si tenemos claro que las transformaciones de índole cultural, en virtud de sus dinámicas, se caracterizan por ser procesos que evolucionan muy lentamente, lo cual sugiere la imperiosa necesidad de continuar apoyando este tipo de esfuerzos de manera programada.
Finalmente, es necesario reiterar lo que se ha mencionado a lo largo de este documento, el éxito eventual de organismos como el CAB será posible en la medida en que la integración deje de ser un proyecto exclusivo del Estado, y por el contrario se incentive progresivamente la incorporación de manera articulada de los múltiples sectores de la sociedad civil en estos procesos. El asunto está en la disposición de los entes gubernamentales en democratizar las políticas integracionistas a efectos de impulsar la participación ciudadana en sus diversas expresiones, y en como la ciudadanía, a su vez, asuma el importante compromiso de brindarle el apoyo necesario a organismos como el CAB, para la consecución del éxito de este proyecto de infinita terminación.

Referencias bibliográficas

1. Convenio Andrés Bello-CAB (1989). «Programa para el fortalecimiento del proceso integracionista», Revista del Convenio Andrés Bello, año XIII, n° 36, pp. 132-134, Santafé de Bogotá.

2. Convenio Andrés Bello-CAB (2000). Un fuerte viraje. Legado conceptual de una administración, Santafé de Bogotá, Ed. Convenio Andrés Bello.

3. Convenio Andrés Bello-CAB (s/f). IV premio CAB. Somos Patrimonio. Experiencia en apropiación social de patrimonio cultural y natural para el desarrollo comunitario, Santafé de Bogotá, Ed. Convenio Andrés Bello.

4. Convenio Andrés Bello y Parlamento Andino (1999). «Tratado de la organización del Convenio Andrés Bello de Integración Educativa, Científica Tecnológica y Cultural», en Parlamento Andino y Convenio Andrés Bello, Organismos del Sistema Andino de Integración. Estructura normativa, pp. 334-342, Santafé de Bogotá, Ed. Parlamento Andino-Convenio Andrés Bello.

5. Fernández, Rafael (1973). El Convenio Andrés Bello, 2a ed., Caracas, Ministerio de Educación.

6. Henríquez Guajardo, Pedro (2000). «Discurso inaugural de la XX Reunión de Ministros de Educación del Convenio Andrés Bello», Tablero, año 24, n° 64, pp. 63-67, Santafé de Bogotá.

7. Henríquez Guajardo, Pedro (2002). Entrevista vía correo electrónico, 28 de noviembre de 2002, Universidad de Chile, Instituto de Asuntos Públicos.

8. Sánchez Avendaño, Gabriel (1999). «Treinta años de integración andina. Integración regional, ¿política versus economía?», Nueva Sociedad, n° 162, pp. 79- 99, Caracas.

9. Sistema Económico Latinoamericano-SELA (2001). «Guía de la integración de América Latina y el Caribe 2001», Documento n° SP/Di 5-01, Caracas.

10. Vargas, Martha (2002). Entrevista vía correo electrónico, 13 al 14 de agosto de 2002, Convenio Andrés Bello, Secretaría Ejecutiva del Convenio Andrés Bello.

11. Wilches, Eduardo (2002). Entrevista vía correo electrónico, 13 de agosto al 5 de septiembre, Convenio Andrés Bello, Secretaría Ejecutiva del Convenio Andrés Bello.

NOTAS

1 Para mayores detalles, véase SELA, 2001.

2 El PA surge en 1969 a través de la firma del Acuerdo de Cartagena y estuvo constituido en sus inicios por Chile, Colombia, Perú, Bolivia y Ecuador. Posteriormente en 1973 se adhiere Venezuela, pero en 1976 se retira Chile por disposición de la dictadura de Augusto Pinochet implantada en ese país en 1973. En 1996, luego de un profundo proceso de reformas al Acuerdo de Cartagena, el esquema de integración andino cambia de nombre, y desde entonces se le conoce como Comunidad Andina de Naciones. Véase SELA, 2001.

3 Cabe destacar que la estructura organizacional e institucional del CAB en la actualidad es notablemente grande y compleja, y podría parecer, a primera vista, que ello ha perjudicado históricamente el desempeño del organismo. En tal sentido, es interesante observar la opinión de Sánchez Avendaño (1999) en torno a esta problemática. Este autor considera que es incuestionable, como lo sostienen algunos detractores, que un complejo entramado institucional podría causar demoras en las transacciones, negociaciones y en general retardos en los avances integracionistas, debido al funcionamiento burocrático de las instituciones, pero también considera que la existencia de una estructura institucional integral permite garantizar que los países signatarios puedan cumplir con los compromisos acordados en forma efectiva; además también se evita que algún país, por cualquier motivo, imponga sus intereses por encima de los demás miembros.

4 La Remebac constituye la figura institucional de mayor autoridad en el Convenio Andrés Bello. Los miembros de esta institución se reúnen en sesiones ordinarias cada dos años, y en sesión extraordinaria cuando el presidente de la última reunión así lo solicite, o por convocatoria de tres de sus miembros.

5 Para mayores detalles véase la página web del Convenio: www.cab.int.co.

6 Entrevista a Vargas, vía correo electrónico, el 14-8-02.

7 Es interesante hacer notar que el Convenio exige a los participantes ganadores invertir todo el monto ganado en la experiencia que fue presentada, en función de profundizarla y fortalecerla. Para garantizar el pleno cumplimiento de esta normativa, los ganadores están obligados a firmar un compromiso conforme al cual tendrán que presentar semestralmente una relación de ejecución del aporte y la aplicación en el proyecto presentado.

8 Entrevista realizada a Wilches, vía correo electrónico, 5-9-02.

9 El Observatorio de la Integración y las Culturas del CAB, según Wilches, es un programa que ha sido creado a fin de integrar a través de diversos mecanismos o acuerdos, a todas aquellas entidades, redes sociales, universidades, organismos etc., que propugnan y llevan a la práctica políticas de integración cultural en el contexto latinoamericano. De tal manera que el Observatorio constituye otro logro fundamental del CAB, ya que esta instancia tiene como objetivo central desarrollar estrategias que permitan contrarrestar la débil presencia del CAB, no sólo en los países que integran al Convenio, sino también en el resto de América Latina.

10 Entrevista realizada a Henríquez Guajardo, vía correo electrónico, el 28-11-02.

11 El SAI constituye un sistema de ordenamiento institucional de todos los órganos que componen el esquema de integración andino.