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Boletin de Linguistica

versión impresa ISSN 0798-9709

Boletin de lingüistica v.21 n.32 Caracas dic. 2009

 

Estudio lingüístico de la fitonimia científica de las orquídeas desde una perspectiva multidisciplinaria

Pedro Jesús  López Trabanco

Doctor en Ciencias Filológicas. Profesor Titular, Universidad de Pinar del Río. Algunas de sus publicaciones son: Dictionary of Foresty (Cuba 1994), Catálogo etimológico de las orquídeas cubanas (España 1996), La motivación semántica en la denominación de las orquídeas (Cuba 1999), El lenguaje de las flores (España 2008). Cuenta con varios premios por sus resultados en su investigación. Ha colaborado con varias universidades de Cuba, Colombia, Jamaica y Brasil en temas relacionados con la lingüística. Universidad de Pinar del Río. Cuba pelotra@fcsh.upr.edu.cu

RESUMEN

Abordar el estudio de los nombres de las orquídeas contribuye a desbrozar el camino para el conocimiento científico de la fitonimia. Así, la utilidad de este trabajo radica en que reúne las primeras experiencias metodológicas en la investigación de los fitónimos de una familia de plantas, lo cual conlleva trazar las pautas para el desarrollo de la fitonomástica en América Latina. Para lograr los resultados hubo que recurrir no sólo a los métodos de investigación de la lingüística, la onomástica y la terminología, sino también al conocimiento que nos ofrecen la botánica, la sistemática y la orquideología. Por tanto, se ha procurado conjugar balanceadamente los análisis lingüísticos y botánicos en la descripción científica de los orquideónimos.

PALABRAS CLAVES: orquideónimos científicos, fitonimia, fitonomástica

ABSTRACT

The study of orchid names contributes to develop scientific knowledge about plant names. This research is a methodological experience on the study of plant family names and its purpose is to contribute to the foundations of phytonomy in Latin America. The approach used in this study is rooted in the scientific methods of linguistics, onomastics and terminology, as well as botany, plant systematics and orchideology. Thus, in the scientific description of the orchid names a balance combination between botanic and linguistic methods was used.

KEY WORDS: orchid names, plant names, phytonomy

Recibido el 07-10-2008. Aceptado el 01-02-2009.

INTRODUCCIÓN

“Los nombres son signos lingüísticos convencionales que el hombre aplica, por ejemplo, a las plantas, que en la terminología especializada son identificados con el término de fitónimos” (López 1996:1). Estos tienen la finalidad de facilitar la comunicación entre las personas. Sin embargo, los nombres son útiles sólo si son comprendidos y tienen el mismo significado para la comunidad de hablantes que los creó o adoptó de una comunidad lingüística.

Cuando en un país o una región las personas hablan de las plantas que las rodean, normalmente utilizan el nombre vulgar (orquídea de chocolate, manga blanca, tabaco rubio, pino macho, etc.). Sin embargo, ese nombre no reúne las condiciones necesarias para ser un nombre de validez universal, ya que son muchas las lenguas que se hablan en el mundo. Las denominaciones se expresan en multitud de idiomas, muchos de ellos muy diferentes entre sí. Por otra parte, dentro de un mismo idioma, los mismos nombres pueden ser aplicados a diversos objetos o varios nombres pueden responder a un mismo referente.

Por ese motivo, es necesario utilizar la nomenclatura botánica para que los científicos e interesados puedan comunicarse con mayor exactitud a nivel internacional. El griego y el latín tienen actualmente ese grado de neutralidad, que es imprescindible para la nomenclatura científica en ese contexto.

Uno de los grandes esfuerzos de la ciencia moderna ha sido la identidad simbólica y la economía de conceptos en el uso del lenguaje a la hora de clasificar los objetos. Si bien, por un lado, el desechar los nombres vulgares cumple el objetivo de clasificación, por el otro, se tira por la borda los contenidos simbólicos y funciones que estos nombres tienen enraizados en el habla popular. Los nombres son claves de un sistema simbólico o de una cosmovisión determinada. Este hecho no demerita ese sistema de clasificación que responde a sus propios objetivos, pero sí nos señala la importancia de aprovechar otros caminos para ampliar el universo de comprensión.

En una primera parte, a partir de ese criterio, el estudio abarca los nombres científicos que se emplean en latín y se rigen por el Código Internacional de Nomenclatura Botánica (Cribb 1994), los cuales son, de hecho, una nomenclatura o fitonimia franca porque responden a la comunicación científica internacional.

El presente trabajo tiene como objeto de estudio los nombres científicos de las orquídeas. Para un estudio de este tipo es imprescindible recurrir a varias disciplinas, que nos permiten descifrar toda esa bella e interesante historia que se encuentra detrás del nombre de una planta.

Las orquídeas comprenden alrededor de 35.000 especies y constituyen la familia más numerosa del reino vegetal, y eso sin tener en cuenta los 180. 000 híbridos creados por la mano del ser humano. La belleza de estas flores, debido a sus colores e intrincados detalles, es motivo para que posean gran demanda internacional desde el punto de vista ornamental. Parece que la belleza, por sí sola, no puede explicar la fascinación que despiertan. Ninguna otra planta ha sido objeto de tanto interés en la hibridación ni tan notable materia de mitología y fantasía. En resumen, todo eso ha hecho posible que se haya creado una disciplina particular de la botánica para el estudio de las orquídeas, como es la orquideología.

Este trabajo se propone estudiar y esclarecer, desde el punto de vista lingüístico, los factores que participan en el proceso de denominación de las orquídeas, tomando en cuenta las denominaciones botánicas. Con esto aspiramos a que los especialistas en botánica y lingüística puedan contar con un instrumento útil de trabajo e información. Asimismo, se hace énfasis en la relación entre el nombre científico y la motivación.

1. BREVE ACERCAMIENTO HISTÓRICO A LA NOMENCLATURA BOTÁNICA

1.1. Surgimiento de la nomenclatura botánica

Plinius Secundus (23-79 d.c.) conocido como Plinio el viejo, en su libro Naturalis historia (1469), incorporó las traducciones en latín de la obra del naturalista griego Teofrasto de Efeso (cisca 370 - 285 a.c.). Este documento, aunque tiene algunos errores, posee valor, ya que atestigua e informa acerca del trabajo de 473 autores (146 romanos y 327 griegos) (Sprague 1933). Esta obra fue de gran importancia en la Edad Media y el Renacimiento, puesto que fue considerada como el mayor trabajo enciclopédico sobreviviente de la Antigüedad latina en esta esfera. Muchos conceptos griegos y nombres de plantas fueron conocidos por los botánicos del siglo XVI a través del latín de Plinio. Para hacernos una idea, 187 términos de este libro tienen hoy validez en la terminología botánica moderna o se usan en alguna medida en la botánica, como por ejemplo: bractea, corona, pistilo, polen, etc. (Stearn 1992).

Con el paso de los siglos y la expansión de los europeos hacia otros continentes, los naturalistas comenzaron a familiarizarse con muchas plantas nuevas y desconocidas para ellos. Los medios ópticos avanzados de la época revelaban detalles más variados y complejos, para los cuales no existían términos.

El perfeccionamiento del proceso de identificación y agrupación dentro del conocimiento de la diversidad de los organismos vivos dio lugar a una rama de la biología y, a su vez, de la botánica, conocida hoy como sistemática o taxonomía vegetal.

La sistemática es la disciplina que enseña la similitud, jerárquicamente escalonada, de los organismos, o sea, los organiza en un sistema, los ordena y los nombra. Mediante la taxonomía se ordenan y clasifican los organismos, pero cuando se nombran, interviene la otra parte de la sistemática, que es la nomenclatura.

La palabra nomenclatura significa ‘sistema de nombres’, y se deriva de las voces latinas nomen, ‘nombre’, y clamare, ‘llamar’. Su finalidad es dar nombre a los seres vivos, de manera que sean estos universalmente aceptados por los naturalistas.

No fue sino hasta mediados del siglo XVI cuando se hicieron los primeros ensayos de nomenclatura, cuando Konrad Gesner (1516-1565) expuso sus ideas para la formación de los géneros y se refirió a la distinción entre especie y variedades en los animales.

A finales del siglo XVII fue hecho otro ensayo de importancia por el botánico Joseph Pitton de Tournefort (1656-1708), siguiendo las ideas de Gesner para las plantas. Este sistema tenía sus dificultades, ya que había que retener frases completas para identificar las especies. El nombre de cada planta estaba constituido por cinco o seis palabras, y hasta por dos oraciones, por lo que eran muy difíciles de memorizar. Además, en cada país la misma especie podía tener un nombre científico diferente.

Teniendo en cuenta esas dificultades, Carl Linné, considerado el padre de la botánica moderna, continuó trabajando en la clasificación de las plantas y tuvo la idea genial de nombrarlas de forma general. Recurrió a un sistema similar al nombre de las personas (apellido y nombre), donde el apellido equivaldría a la denominación del género, el cual es invariable, y el nombre sería el de las especies en su sistema, por ser el que cambia de una especie a otra, como el nombre de pila de cada persona. De este modo, propuso que se emplearan dos palabras solamente, una tomada del sistema de Tournefort, o sea, el nombre genérico, al que le añadió un epíteto específico para diferenciar una especie de otra del mismo género. Todo lo escribió en latín, para que fuera de utilidad universal, ya que ésta era la lengua culta conocida por todos los científicos de la época. Linné (1736, 1737a, 1737b, 1751) hizo un aporte para las denominaciones y descripciones de las plantas. “Rehuyó los verbos” (Stearn 1992: 67), y trató de usar sustantivos y adjetivos en una forma simplificada del latín en esas denominaciones y descripciones.

Así nació la nomenclatura binaria o linneana, publicada en su libro Species plantarum (1753). Este libro, se dio a conocer en la Feria de Primavera de Leipzig, en 1753, y por esto el 1º de mayo de ese año se considera la hora cero de la nomenclatura.

A pesar de que Linné publicó su obra en 1753, no fue hasta 1867 cuando tuvo lugar el histórico Congreso Botánico de París, en el que se confeccionó el conjunto de leyes que regularían la nomenclatura botánica. A partir de este congreso comenzó a utilizarse el Código Internacional de Nomenclatura Botánica, que no es un simple conglomerado de reglas, sino un conjunto armónico de normas que exige, en primer lugar, una distinción entre sus fundamentos y la sucesión numerada de artículos reguladores que constituyen la parte ejecutiva.

Pero para establecer una nomenclatura hubo que contar con la problemática de las lenguas, y en este caso, en el proceso de denominación de las plantas, no se pudo pasar por alto la ciencia del lenguaje o lingüística.

1.2. La relación de la lingüística con la botánica

Durante muchos años, la lingüística estuvo dominada por un enfoque historicista, cuyo interés principal consistía en explicar los hechos de la lengua, sus modificaciones en el transcurso del tiempo. Los estudios lingüísticos fueron por fin liberados de la tendencia historicista a principios del siglo XX por Ferdinand de Saussure (1857-1913), cuyo aporte fue precisamente el de dar un giro a las concepciones sobre el lenguaje. “Con Saussure surge la lingüística general, disciplina que trata los problemas técnicos de la lengua a partir del estudio de su estructura y sus condicionamientos internos” (Mounin 1973: 7). Los principios metodológicos postulados por Saussure constituyen la base en que descansan las contribuciones lingüísticas realizadas hasta la fecha.

En la historia de la lingüística hay un momento importante e interesante, que lleva a los lingüistas a recurrir a algunos conceptos de la biología, tales como sistema o estructura y, fundamentalmente, organismo.

La ambición del lingüista Rasmus Rask (1787-1832) fue la de construir una sistemática lingüística fundamentándose en Linné.

Por otra parte, August Schleicher (1821-1867) fue un botánico convertido en lingüista, cuyo aporte resultó muy influyente para el siglo XIX. Schleicher propuso la idea de la separación que había que hacer entre la antigua disciplina humanística, la filología, y la nueva disciplina lingüística, que él quería llamar glottik.

Con el desarrollo de las ciencias naturales a partir de Linné (admirado sobre todo como clasificador, y quien influyó directamente en Rask), y con el aporte de George Cuvier (1769-1832), el botánico Schleicher conformó la formulación más categórica de la tesis lengua-organismo.

Se consideró que la lengua evoluciona por ser un organismo vivo, y en este plano el aporte de Charles Darwin (1804-1882) en cuanto al origen de las especies (1859), fue asimilado inmediatamente por Schleicher. Deseoso de hacer coincidir la historia conocida del lenguaje con un punto de vista evolucionista de tipo biológico, Schleicher había llegado a plantear un esquema de la historia de las lenguas, en la forma de un árbol genealógico. A pesar de algunos desaciertos de perspectiva, Schleicher fue uno de los grandes lingüistas de su época.

Su obra es apreciada como un aporte considerable a esta ciencia y es definida, generalmente, como la etapa final y el coronamiento del período que inició Franz Bopp (1791-1867) con el comparativismo. Se celebra el rigor de su método y, por primera vez, gracias a Schleicher, la lingüística proporcionó el estudio descriptivo e histórico de una lengua popular no literaria (el lituano), observada sobre el terreno, en su forma hablada.

Rask y Schleicher relacionaron la lingüística con la biología, en especial con la botánica, para brindar nuevas ideas en el estudio de las lenguas a partir de los aportes planteados por Linné y Darwin. Nuestro análisis, por el contrario, no está basado en la extrapolación de una ciencia a otra, puesto que se basa en un objeto de estudio que corresponde a ambas ciencias. Es decir, que analizamos la fitonimia, teniendo en cuenta los aportes que nos brindan la lingüística y la botánica, para hacer el estudio más completo de los nombres científicos de las plantas a partir de las orquídeas.

La onomástica, como disciplina particular de la lingüística con métodos propios, unida a la heterogeneidad y complejidad de los nombres, ha dado lugar a una división en la investigación del material onomástico, la cual es realmente indispensable, ya que el campo onomástico es muy rico y versátil. De ahí que la onomástica se subdivida en diferentes ramas de estudio, según la esencia del objeto denominado que sirve de base para su estudio (Camps y Noroña s/f, 1984).

La fitonomástica es la rama de la onomástica, y por consiguiente de la lingüística, que estudia los nombres de las plantas. Su labor consiste en descifrar dónde, cómo y por qué este o aquel nombre se asigna a una planta. Es decir, la fitonimia es el conjunto de fitónimos o nombres de plantas que son el objeto de estudio de la fitonomástica.

Dada la diversidad de familias de plantas, se hace imprescindible tomar como muestra para este estudio una sola familia. En nuestro caso escogimos las orquídeas, ya que ellas constituyen una importantísima familia de plantas monocotiledóneas, que comprende más de 800 géneros, y que, a su vez, cuenta con unas 35.000 especies (Caneva 1994), sin tener en cuenta los 180.000 híbridos creados por la intervención de los humanos, por lo cual es considerada la familia más numerosa del reino vegetal. En Cuba se reportan 303 especies nativas distribuidas en 89 géneros (Dietrich 1984), que revisten gran importancia para la flora cubana.

A manera de ilustración, se presenta la siguiente figura que refleja la relación lingüística-onomástica-fitonomástica-botánica-sistemática-nomenclatura.

2. ANÁLISIS SEMÁNTICO DE LOS NOMBRES CIENTÍFICOS

2.1. La motivación de los fitónimos científicos

Sobre la motivación de los nombres, según Stearn (1992: 276), Francisco Rabelais (1495 - 1553) consideraba que las plantas eran nombradas: a) en honor de sus primeros descubridores, cultivadores, etc.; b) debido a la procedencia de la planta; c) por las virtudes significativas de la planta; d) por contraste o ironía; e) en alusión a transformaciones mitológicas y f) por el parecido con animales.

La clasificación semántica hace referencia a la motivación, que se define como “la asociación casual entre la envoltura fónica y el significado de una palabra. La forma interna es el rasgo, la imagen subyacente que vincula la palabra con su significado (con su contenido original), y revela el carácter de la denominación, por estar relacionada con el aspecto onomasiológico de la palabra” (Cárdenas 1990: 58).

La elección del rasgo de la denominación que define el contenido de la forma interna del nombre está determinada, ante todo, por distintos factores extralingüísticos y depende, prácticamente, de condiciones concretas. Estos rasgos son de diversa índole, y se determinan por las propiedades físicas de la planta, por su relación con otros organismos u objetos, y por la actitud que tenga el botánico o hablante respecto a ella.

Por la relación que tienen con la esencia de la planta, los rasgos pueden ser calificativos o relacionantes (Cárdenas 1985, 1990). Los rasgos calificativos tienen que ver con la forma, color, olor, tamaño, textura, marcas y otros, que son propios de la planta y la diferencian de las demás de su género. Los rasgos relacionantes reflejan la asociación que se establece entre la planta específica y otros objetos y organismos que, generalmente, pertenecen a familias, géneros o especies diferentes.

La motivación no puede analizarse separadamente de la forma interna del nombre, ya que en las unidades léxicas transparentes ambas se correlacionan.

Cuando el concepto de forma interna del nombre se vincula solamente con el contenido original de la palabra, sin tener en cuenta su posible desarrollo, se llega a relacionarlo estrechamente con la etimología. Esto sucede fundamentalmente en la nomenclatura científica, lo que obliga a hacer un estudio diacrónico. Por ello se establece una diferenciación entre forma interna etimológica y forma interna usual. La primera se revela a través de investigaciones de las descripciones originales de la planta, y la segunda se refiere al rasgo subyacente actual, en sincronía.

2.2. Fuentes de nominación de las orquídeas

En el proceso de nominación, el hombre muchas veces nombra las cosas mediante palabras o giros léxicos que son utilizados para denominar otro organismo u objeto. Esto nos lleva al lenguaje traslaticio, es decir, al hecho en que un término ya existente adquiere un nuevo significado a partir de una relación de analogía o contigüidad.

La metáfora es una fuente de nominación que consiste en trasladar el sentido recto de los vocablos a otro figurado, en virtud de una comparación tácita. Esa comparación en algunas ocasiones puede estar completamente borrada, y se dice que la metáfora está muerta. Por ejemplo, el nombre de orquídea no se asocia actualmente con el fitónimo griego orchis, Teofrasto (1916), que significa ‘testículos’, por el parecido de los tubérculos radicales con estos, que a su vez denomina a un género de orquídeas europeas y representa a la familia Orchidaceae (Lindley 1840). Sin embargo, cuando el elemento motivador está presente, la metáfora está latente en la mente de las personas, como es el caso de Arachnis por el parecido de las flores con las arañas.

William Shakespeare (1971) evidenció la idea del parecido de los tubérculos radicales de las orquídeas con los testículos al considerar varios de los nombres vulgares de las orquídeas como malsonantes o groseros, por ejemplo: testículo de perro, testículo de zorra, testículo de chivo, testículo de tonto. Estos eran algunos de los nombres populares de las orquídeas británicas cuando Shakespeare escribió Hamlet por el año 1602. En esa obra (Acto IV, Escena VII) la reina, en la descripción de la muerte de Ofelia, dice:

Inclinado sobre un riachuelo elévese en la orilla un sauce, Que refleja su blanquecino follaje en la corriente cristalina; Allí se encaminó Ofelia ataviada con caprichosas guirnaldas, De ranúnculos, ortigas, margaritas y esas largas flores purpúreas, A las cuales nuestros licenciosos pastores dan un mal nombre; Pero que nuestras castas doncellas apellidan dedos de difuntos.

En la metonimia, la transferencia está basada en una asociación de contigüidad. Es una transposición de nombres entre las cosas que están de alguna manera conectadas en la realidad. “Esa transferencia puede estar condicionada por nexos espaciales, temporales, causales, simbólicos, instrumentales, funcionales y otros” (López 1999: 1438). Un ejemplo sencillo es el empleo de un rasgo representativo, que posee la flor u otra parte de la planta, para nombrar la planta como el color, la forma, el olor, la belleza, etc. Es decir, “la parte por el todo” (Ullmann 1967: 247).

3. CLASIFICACIÓN DE LOS NOMBRES CIENTÍFICOS SEGÚN LA MOTIVACIÓN

Para hacer el estudio general de los orquideónimos científicos a partir de la motivación, establecimos 13 clasificaciones (López 1999).

3.1. Antropofitónimos (motivación basada en el nombre de personas) (del griego ánthropos, ‘hombre’, phytón, ‘planta’ y ónoma, ‘nombre’)

Anguloa: en honor a Francisco de Angulo, director de las minas de Perú.

Bletia: por Luis Blet, farmacéutico español del siglo XVIII, quien atendía un jardín botánico en Algeciras.

Brassavola: dedicado a Antonio Musa Brassavola, noble veneciano y botánico.

Broughtonia: para recordar a Arthur Broughton, botánico inglés, quien trabajó en Jamaica.

Cattleya: en memoria de William Cattley de Barnet, horticultor inglés y patrocinador de botánica.

3.1.2. Epítetos específicos

Bletia carabiana: dedicada a Carabia, investigador cubano que publicó varios trabajos sobre la flora cubana en los Estados Unidos.

B. wrightii: en memoria de Charles Wright, botánico norteamericano que recolectó y estudió varias plantas cubanas.

Cattleyopsis lindenii: dedicada a Jean Linden, orquideólogo belga que investigó y recolectó orquídeas en Cuba.

Dilomilis bissei: en honor a Johannes Bisse, científico alemán que investigó la flora cubana desde 1966 hasta su muerte en 1985.

Epidendrum acuñae: en honor a Julián Acuña, destacado agrónomo cubano que estudió las orquídeas.

Lepanthes leonii: dedicada al Hermano León, botánico francés que vivió y trabajó mucho tiempo en Cuba.

3.2. Hagiofitónimos (motivación que evoca el recuerdo de los santos o personajes mitológicos o fantásticos) (del griego hagios, ‘santo’, phytón, ‘planta’ y ónoma, ‘nombre’)

3.2.1. Nombres genéricos Ada: El nombre se refiere a Ada, hermana de Artemisa en Caria y antigua reina.

Elleanthus: nombre genérico en honor a Elena, una joven que se ahogó cruzando el estrecho entre Europa y Asia Menor. Ella estaba huyendo con su hermano Dhrius, falsamente acusado de violación. El estrecho fue nombrado también en honor a ella: el Helesponto. Representa también el arquetipo de la belleza femenina.

Laelia: nombre genérico que se refiere a una de las seis vírgenes que cuidaban el fuego de las diosas.

Paphiopedilum: etimológicamente significa ‘zapatilla de Venus’, porque Paphos fue la ciudad en la isla de Chipre donde fue edificado el templo para Venus.

3.2.2. Epítetos específicos

Afrodita: diosa de la belleza, que está representada en la denominación Dendrobium aphrodite. Chimaera: es un monstruo que ha brindado su nombre a Dracula chimaera. Hay una generación de múltiples bestias con varias cabezas en la mitología griega, que incluye a la Quimera, una criatura que lanza fuego por la nariz, con una parte del cuerpo que recuerda a la cabra, otra al león y otra a una serpiente. Polyphemus: el cíclope que capturó a Ulises y a su gente. Este epíteto está representado en Dracula polyphemus.

3.3. Somafitónimos (motivación basada en el parecido con las partes del cuerpo humano) (del griego soma, ‘cuerpo’, phytón, ‘planta’ y ónoma, ‘nombre’)

3.3.1. Nombres genéricos

Gastrodia: significa ‘barriga’, ya que hace referencia a la inflamación de la columna por delante. Glossula: significa ‘lengua’, por los segmentos en forma de lengua del labelo. Maxillaria: significa ‘quijada’, por la forma de mentón de las flores. Otoglossum: significa ‘oreja’ y ‘lengua’, por la forma de las aletas del labelo. Renanthera: significa ‘riñón’ y ‘antera’, por la forma de las masas políneas.

3.3.2. Epítetos específicos

Cattleya labiata: significa ‘labiada’`, por la forma del labelo. Evelyna capitata: significa ‘en forma de cabeza’, por la inflorescencia. Listeria cordata: significa ‘en forma de corazón’, por las hojas. Epidendrum dentiferum: significa ‘dentado’, por la forma dentada de las hojas. Serapia lingua: significa ‘lengua’, por la forma del labelo.

3.4. Tecnofitónimos (motivación basada en el parecido con objetos creados por el hombre) (del griego téchnee, ‘arte’, phytón, ‘planta’ y ónoma, ‘nombre’)

3.4.1. Nombres genéricos

Gomphichis: significa ‘clavo’, por la forma de los vellos de la especie tipo. Habenaria: significa ‘rienda’, por los largos lóbulos de los pétalos y el labelo. Pelexia: significa ‘casco’, por la forma del sépalo dorsal y los pétalos. Scuticaria: significa ‘látigo’, por la forma de las hojas. Sphyrastylis: significa ‘martillo’ y ‘columna’, por la forma de la columna.

3.4.2. Epítetos específicos

Cochleanthes flabelliformis: significa ‘en forma de abanico’, ya que hace referencia a la forma de las hojas. Cryptophoranthus tribuloides: significa ‘en forma de tríbulo’, por el parecido de las flores a este instrumento romano de cuerdas. Homalopetalum vomeriforme: significa ‘en forma de punzón’, por el ápice de las hojas. Pleurothallis nummularia: significa ‘en forma de moneda’, por las hojas.

3.5. Zoofitónimos (motivación basada en el parecido con animales) (del griego zoo, ‘animal’, phytón, ‘planta’ y ónoma, ‘nombre’)

3.5.1. Nombres genéricos

Cycnoches: significa ‘cisne’ por el parecido de la columna de la flor con un cisne. Mesospinidium: significa ‘pinzoncito’ por la forma de la columna vista de frente, que semeja un pinzoncito.

Myoxanthus: significa ‘lirón’ y ‘flor’, por el parecido de la flor con un lirón. Ophidion: significa ‘pequeña serpiente’, por la semejanza de las flores con una pequeña serpiente. Palumbina: significa ‘paloma torcaz’, por el parecido de las flores con una paloma torcaz. Peristeria: significa ‘paloma’, por la semejanza de la flor con una paloma. Phalaenopsis: significa ‘falena’, por el parecido de la flor con un tipo de mariposa nocturna (la falena). Sauroglossum: significa ‘lagarto’ y ‘labelo’, por la semejanza del labelo con un lagarto.

3.5.2. Epítetos específicos

Aspasia psitticina: significa ‘loro’, por la semejanza de la flor con un loro. Encyclia vespa: significa ‘avispa’, por el parecido de las flores con las avispas. Lepanthes hystrix: significa ‘puercoespín’, por la forma exterior de la flor, que semeja a un puercoespín. Lepanthes felis: significa ‘gato’, por el parecido de la flor con un gato. Lepanthes golondrina: por el parecido del labelo de la flor con una golondrina. Oncidium papilio: significa ‘mariposa’, por la semejanza de la flor con una mariposa. Orchis simia: significa ‘simio’, por el parecido del labelo de la flor con un mono. Ophrys apifera: significa ‘abeja’, por la semejanza de la flor con una abeja.

3.6. Fitofitónimos (motivación basada en el parecido con otras plantas) (del griego phytón, ‘planta’ y ónoma, ‘nombre’)

Los sufijos -opsis y -oides que indican semejanza se utilizan para for-mar los nombres genéricos y epítetos específicos, respectivamente.

3.6.1. Nombres genéricos

Cattleyopsis: por el parecido de las flores con las del género Cattleya. Coeliopsis: por el parecido con el género Coelia. Eriopsis: por la semejanza con el género Eria. Ionopsis: por el parecido de las flores con la violeta.

3.6.2. Epítetos específicos

Beadlea cranichoides: el sufijo indica ‘semejanza’, por el parecido de esta especie con las del género Cranichis. Dichaea graminoides: el sufijo indica ‘semejanza’, por el parecido de la planta con las gramíneas. Eneydia oncidioides: el sufijo indica ‘semejanza’, por la semejanza de esta especie con las del género Oncidium. Ionopsis utricularioides: el sufijo indica ‘semejanza’, por el parecido de las flores de esta especie con las del género Utricularia.

3.7. Fisiofitónimos (motivación basada en las características físicas de las orquídeas) (del griego physis, ‘naturaleza’, phytón, ‘planta’ y ónoma, ‘nombre’)

Los nombres descriptivos, que están basados en algún rasgo físico de la planta, representan el grupo más grande, y requiere divisiones posteriores para cubrir la forma, el tamaño, la textura, el color, el olor, y algún otro rasgo que los botánicos hayan tenido en cuenta para nombrar la planta.

3.7.1. La forma

En relación con la forma como rasgo físico de la planta, los botánicos se refieren a ella con más frecuencia en los epítetos específicos, que describen y califican al nombre genérico.

3.7.1.1. Nombres genéricos

Campylocentrum: significa ‘curvo’ y ‘espolón’, por la forma del espolón de la flor. Cyrtopodium: significa ‘curvo’ y ‘pie’, hace referencia al pie de la columna. Encyclia: significa ‘envolver en círculo’, se refiere a los lóbulos laterales del labelo que envuelven la columna. Trigonidium: significa ‘pequeño triángulo’, por la forma de los sépalos, del disco viscoso y del estigma.

3.7.1.2. Epítetos específicos

Briegeria teretifolia: el epíteto significa ‘hoja cilíndrica’.

Calopogon tuberosus: el epíteto específico significa ‘tuberoso’, alude a la forma tubular del tallo. Elleanthus linifolius: el epíteto específico significa ‘hoja lineada’, se refiere a la forma de las hojas. Encyclia triangulifera: el epíteto significa ‘en forma triangular’, refiriéndose a la forma del labelo.

3.7.2. El tamaño

Los botánicos se pueden referir al tamaño de una de las partes de la planta o al de la planta como tal. Con mayor frecuencia aluden al tamaño en los epítetos específicos.

3.7.2.1. Nombres genéricos

Brachystele: significa ‘corto’ y ‘columna’, por el tamaño de la columna. Macradenia: significa ‘grande’ y ‘glándula’, por el tamaño del estípite de los polinios. Oncidium: significa ‘pequeño tumor’, por el callo de la hoja. Nanodes: significa ‘pequeño’, por el tamaño de la planta.

3.7.2.2. Epítetos específicos

Eulophia alta: alude al tamaño de la planta. Hormidium pigmaeum: significa ‘muy pequeña’, por el tamaño de la planta. Encyclia nana: significa ‘enana’, por el tamaño de la planta. Oncidium altissimum: significa ‘muy alto’, por la altura del escapo floral. Malaxis pusilla: significa ‘muy pequeña’, por el tamaño de la planta.

3.7.3. La textura

La textura comprende la forma de la superficie de una parte de la planta. En cuanto a ella, hay un predominio de uso en los epítetos específicos.

3.7.3.1. Nombres genéricos

Crossoglossa: significa ‘fleco’ y ‘labelo’, por la forma de flecos del labelo. Eria: significa ‘lana’, por las hojas vellosas de algunas especies.

Leochilus: significa ‘liso’ y ‘labio’, por la textura del labelo. Liparis: significa ‘viscoso’, por la consistencia de las hojas. Malaxis: significa ‘ablandamiento’, por la contextura suave de las hojas.

3.7.3.2. Epítetos específicos

Basiphyllaea sarcophylla: significa ‘carne’ y ‘hojas’, ya que posee las hojas carnosas. Domingoa hymenodes: significa ‘membranoso’ ya que las flores son membranosas. Epidendrum criniferum: significa ‘peludo’, ya que hace referencia a los vellos del fruto. Epidendrum verrucosum: significa ‘verrugosa’, ya que el labelo está cubierto de verrugas. Erythrodes hirtella: significa ‘erizado, velludo’, ya que hace referencia a los pelos de las hojas y el escapo floral. Vanilla barbellata: significa ‘que lleva barba, o está cubierta de pelos’, por el labelo.

3.7.4. El color

Durante el siglo XIX, los botánicos elaboraron listados de los nombres de los colores con fines científicos para poder describir todas las tonalidades de colores que se encuentran en las plantas. Entre ellos están los de Candolle (1813), Bischoff (1833) y Jackson (1899, 1928). Para el presente trabajo nos basamos en el listado de colores de la nomenclatura científica de Lindley (1848, 1849) y la utilizada por Jackson (1899, 1928), con algunas adecuaciones hechas por el autor de este trabajo, más el equivalente en la lengua española.

3.7.4.1. Grupos

A - B: incoloro y blanco; C: gris; D: negro; E: carmelita o castaño; F - G: amarillo y anaranjado; H: verde; I - J: azul, violeta y morado; K: rojo; L: términos vagos; M: veteados, marcados; y otros.

3.7.4.2. Nombres genéricos

En cuanto a los nombres genéricos de las orquídeas, se recogen pocos que hagan alusión al color de las flores, ya que se prefirió usar más este recurso de denominación en los epítetos específicos. Por eso, entre los nombres genéricos se conocen sólo estos casos: Nigrietella que significa ‘casi negro’, aludiendo al color pardo oscuro de las flores; Phaius, que significa ‘morado’ y Erythrodes, que significa ‘rojizo’.

3.7.4.3. Epítetos específicos

3.7.5. El olor

El olor se refleja más en el epíteto específico que en el nombre genérico.

3.7.5.1. Nombres genéricos

Myrosmodes: significa ‘perfume’ y ‘oloroso’ aludiendo a la fragancia de las flores. Osmoglossum: significa ‘olor’ y ‘labelo’, ya que el labelo posee fragancia.

3.7.5.2. Epítetos específicos

Dendrobium anosmum: significa ‘sin olor’. Se llama así por tratarse de una flor inodora. Encyclia fragrans: significa ‘perfumada’, por la fragancia de la flor. Aerides odorata: significa ‘olorosa’, por la fragancia de la flor.

3.8. Estetofitónimos (motivación basada en una valoración estética de alguna de las partes de la planta) (del griego aisthetiké, ‘estética’, phytón, ‘planta’ y ónoma, ‘nombre’)

Hay varios nombres que están basados en una valoración afectiva del botánico. Algunos fitónimos reflejan la belleza de las orquídeas y otros la extravagancia.

3.8.1. Nombres genéricos

Aganisia: siginifica ‘agradable’, por la belleza de la flor. Caladenia: significa ‘bello’ y ‘glándula’ en referencia al disco del labelo adornado con glándulas. Calanthe: significa ‘bella’ y ‘flor’, por la belleza de la flor. Eulophia: significa ‘bien’ y ‘hermoso’, por la cresta que hay en el labelo.

3.8.2. Epítetos específicos

Calopogon pulchellus: significa ‘bonito’, por la belleza de la flor. Dracula bella: significa ‘hermosa, bella’, por las características exclusivas de la flor.

Masdevallia amabilis: significa ‘agradable’, por la belleza de la flor. Oncidium aemulum: significa ‘muy bonito’, por la belleza de la inflorescencia.

3.9. Cronofitónimos (motivación basada en la época de florecimiento o fragancia de la planta) (del griego chronos, ‘tiempo’, phytón, ‘planta’ y ónoma, ‘nombre’)

Los botánicos se han basado en algunas ocasiones en la época de florecimiento o fragancia de la flor para nombrar las plantas de orquídeas. Los cronofitónimos son usados con más frecuencia en los epítetos específicos que en los nombres genéricos.

3.9.1. Nombres genéricos

Earina: significa ‘primaveral’, alude a su floración en primavera.

3.9.2. Epítetos específicos

Aplectrum hyemale: significa ‘de invierno’, en alusión a la hoja que persiste durante esa época. Encyclia diurna: significa ‘diurna’, ya que las flores son fragantes durante el día. Epidendrum nocturnum: significa ‘nocturna’, porque las flores son perfumadas durante la noche. Laelia autumnales: significa ‘de otoño’, en referencia a que la planta florece en otoño.

3.10. Topofitónimos (motivación basada en los nombres de los lugares donde habita la planta) (del griego tópos, ‘lugar’, phytón, ‘planta’ y ónoma, ‘nombre’)

Este tipo de denominación está basada en los nombres de los lugares geográficos y en el de las locaciones ecológicas (hábitat).

3.10.1. Nombres geográficos

3.10.1.1. Nombres genéricos

El uso de nombres geográficos en la constitución de nombres genéricos es algo limitado. Sin embargo: Domingoa, Mexicoa y Philippinia, son algunos de los nombres que hacen referencia a los lugares de origen del ejemplar tipo, en estos casos: Santo Domingo (actual República Dominicana), México y Filipinas, respectivamente.

3.10.1.2. Epítetos específicos

Calanthe mexicana: por México. Dinema cubincola: por Cuba. Epidendrum jamaicense: por Jamaica. Laeliopsis cubensis: por Cuba. Lepanthes guantanamensis: por Guantánamo.

3.10.2. Nombres ecológicos

Las condiciones bajo las cuales las plantas crecen han interesado siempre a los botánicos, y en muchas ocasiones se han reflejado en sus nombres.

3.10.2.1. Nombres genéricos

Rimacola: significa ‘morador de rajaduras’, por el hábitat que prefiere. Silvorchis: significa ‘selva’ y ‘orquídea’, ya que alude al hábitat inusual en tierras boscosas de esta orquídea.

3.10.2.2. Epítetos específicos

Habenaria limosa: significa ‘cenagoso’. Dilomilis montana: significa ‘montaña’. Encyclia monticola: significa ‘morador de montículos’, ya que prefiere habitar en lugares altos. Cranichis muscosa: significa ‘musgosa’, ya que prefiere los lugares donde hay musgo. Platysthelys querceticola: significa ‘morador de roblares’, ya que habita en los bosques de robles. Pleurothallis lichenicola: significa ‘morador de líquenes’, ya que prefiere los lugares donde hay líquenes.

3.11. Hexifitónimos (motivación basada en la forma o hábito de vida o crecimiento de la planta) (del griego hexis, ‘hábito’, phytón, ‘planta’ y ónoma, ‘nombre’).

3.11.1. Nombres genéricos

Colax: significa ‘parásito’. Hace referencia al hábito epífito, aun cuando los términos parásito y epífito no sean sinónimos técnicamente, porque las plantas epífitas no se nutren del hospedero. Dendrobium: significa ‘que vive sobre los árboles’. Epicladium: significa ‘sobre las ramas’. Epidendrum: significa ‘sobre los árboles’. Xylobium: significa ‘árbol’ y ‘vida’, por ser plantas epífitas.

3.11.2. Epítetos específicos

Wullschlaegelia aphylla: significa ‘áfila’, ya que la planta no posee hojas. Cyclopogon epiphyticus: significa ‘epífita’, por ser una planta epífita. Maxillaria conferta: significa ‘amontonada, colmada’, ya que los bulbos están muy juntos en el rizoma. Oncidium sylvestre: significa ‘silvestre’, por la forma de vida silvestre.

3.12. Onomafitónimos (motivación basada en el propio nombre vulgar de la planta, en la combinación de dos nombres, en un anagrama y en la abreviación de un nombre) (del griego ónoma, ‘nombre’ y phytón, ‘planta’).

En este grupo se incluyen los orquideónimos que se basan en el uso del nombre nativo de la planta, la combinación de dos o más denominaciones, la reagrupación de grafemas de otro fitónimo, y la abreviación del vocablo para formar uno nuevo o acortar el original.

3.12.1. Nombres basados en el nombre nativo

En este tipo ocurren los procesos de latinización de los nombres nativos, traducción en latín del nombre vulgar, o el uso en latín del original.

Angraecum: latinización de Angrek, nombre malayo de estas plantas. Cypripedium: traducción en latín del nombre vulgar ‘zapatilla de Venus’. Vanda: proviene del nombre vulgar en sánscrito de una orquídea en Bengala. Vanilla: latinización del nombre vulgar español ‘vainilla’. Peristeria: traducción en latín del nombre vulgar ‘paloma’.

3.12.2. La combinación

En este tipo de onomafitónimos se hace una combinación de palabras o partes de palabras para formar un nombre nuevo. Esto ocurre con mayor frecuencia en los nombres genéricos formados a partir de la hibridación artificial; aunque también se forman cuando una planta posee características específicas de dos o más géneros independientes, o sea, que no se pueda ubicar en ninguno de los géneros relacionados, porque tiene un carácter intermedio.

3.12.2.1. Denominación a partir de la hibridación de dos géneros o bigenérica

Angrangis: Angraecum x Aerangis Ansidium: Ansellia x Cymbidium Aranda: Arachnis x Vanda

3.12.2.2. Denominación trigenérica

Laeliocatonia: Laelia x Cattleya x Broughtonia. Epilaeliocattleya: Epidendrum x Laelia x Cattleya. Miltadium: Miltonia x Ada x Oncidium. Schombroucatonia: Schomburgkia x Broughtonia x Cattleya.

A partir de los híbridos trigenéricos para formar los nombres, se comenzó a utilizar el apellido o nombre de una persona (antropofitónimos), adicionándoles el sufijo -ara, ya que una combinación de tres o más nombres se hace prácticamente impronunciable. Por ejemplo, este fitónimo que está conformado por tres géneros es bastante largo, pues está conformado de Schombolaeliocattleya = Lyonara: Schomburgkia x Laelia x Cattleya.

3.12.3. El anagrama

Cuando aparece un nombre extraño, sin significado de un género nuevo, es debido, generalmente, a un anagrama del nombre de un género muy relacionado con el nuevo. Hay muchos fitónimos de la antigüedad usados así por los griegos y los romanos.

Nidema: es un anagrama de Dinema, nombre de un género de orquídea parecido. Rangaeris: es un anagrama cercano del género Aerangis. Sedirea: anagrama de Aerides.

3.12.4. La abreviación

En este caso se opta por abreviar el nombre genérico, cuando se menciona más de una vez el mismo nombre. Por ejemplo, Bletia purpurea, B. patula, B. wrightii; Encyclia phoenicea, E. fucata, E. diurna, E. fragrans.

Además, frecuentemente se encuentra el uso de abreviaturas en los nombres de híbridos: Cattleytonia: Ctna, Epicattleya: Epc, Laeliopleya: Lpy, Brassoepilaelia: Bpl.

3.13. Fitónimos sin transparencia u oscuros (no se conoce la motivación)

Estos son los nombres a los que no se les puede determinar el rasgo motivador con exactitud, ya que el botánico no dejó explícita su etimología, si nos regimos por la clasificación de Ullmann (1967).

Aa: este es un nombre genérico debido a Reichembach; se piensa que lo haya nombrado así para que siempre encabezara cualquier listado alfabético. Otros creen que se haya formado a partir de la primera y la última letra del género Altenstemia, del cual fue separado. Oeonia: Lindley (1964) nunca explicó este nombre. Puede ser que provenga del griego y signifique ‘eterno’, aludiendo al largo período de floración, o de la palabra griega oinos, ‘un ave de presa’, refiriéndose a las partes del perianto esparcida con el labelo trilobado, acapuchado, horizontal, que parece un ave agarrando la presa al vuelo.

3. CONCLUSIONES

Cuando las personas escuchan una palabra extranjera o no familiar por primera vez, tratan de buscarle sentido, al relacionarla con palabras que conocen bien. Comienzan a suponer el significado y frecuentemente lo hacen incorrectamente y, más aún, cuando en la actualidad la mayoría de las personas tienen escasos o pocos conocimientos del latín, ya que esta lengua tiende a estudiarse en menor grado que otras lenguas como el inglés o el francés. Precisamente, uno de nuestros fines fue agrupar por categorías ideográficas los nombres científicos de las orquídeas a partir de la motivación, para facilitar su comprensión, es decir, nos propusimos brindar algunos métodos para el análisis de los orquideónimos desde el punto de vista semántico.

El estudio científico de los fitónimos sólo es posible mediante la ubicación del nombre en un contexto; pero también es importante la relación del nombre con su referente para analizar los aspectos lingüísticos y extralingüísticos que favorecieron su surgimiento.

La persona que se dedique a la investigación fitonomástica no debe desconocer estas peculiaridades de su objeto de estudio, aun cuando su interés esté centrado en el aspecto lingüístico del fitónimo, pues, si obvia la otra cara, si ignora la clase de objeto que es denominado, la época en que surgen los nombres y los factores que motivaron su surgimiento, el resultado del análisis de las formas o estructuras que ellos adoptan será una clasificación formal que nada trasluce de toda la red de componentes, mecanismos y leyes que dan vida al nombre de una planta; hay que recurrir no sólo a los métodos de investigación o a la teoría de la lingüística y la onomástica, sino también al conocimiento que nos ofrecen la botánica y la sistemática. Sin embargo, no ha sido fácil lograr un balance entre la botánica y la lingüística en el estudio de la orquideonimia para evitar caer en soluciones parcializadas. Por tanto, hemos procurado conjugar los análisis lingüísticos y botánicos en la descripción científica de los nombres de las orquídeas.

En este trabajo no sólo se pretendió analizar los nombres científicos de las orquídeas cubanas, sino también los de un gran número de orquídeas exóticas ‘orquídeas foráneas adaptadas a nuestro entorno’, con el objetivo de universalizar el estudio y hacer tipificaciones en relación con sus nombres.

Aunque el corpus de nuestra investigación fue más amplio, tomamos como muestra en las conclusiones de este artículo, el análisis de los orquideónimos científicos de los géneros y especies cubanas reportados por Dietrich (1984). A partir de ese estudio se pudo observar un predominio en el uso de fisiofitónimos en la denominación por los botánicos, como se observa en el cuadro 2.

Es necesario aclarar que hay nombres que se deben a dos tipos de motivación a la vez. Por ejemplo: Calopogon, del griego kalos, ‘bello’ y pogon, ‘barba’. Aquí se hace alusión a la belleza de la cresta o barba que adorna el labelo. Es decir, se tomó en cuenta una valoración estética (estetofitónimo) y a la vez hubo una comparación metafórica (somafitónimo). Por tanto, hay algunos nombres que se repiten en más de un tipo semántico.

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