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Boletin de Linguistica

versión impresa ISSN 0798-9709

Boletin de lingüistica v.21 n.31 Caracas ene. 2009

 

VIGENCIA DE LAS PALABRAS Y ACEPCIONES INCLUIDAS EN LA LETRA “A” DEL DICCIONARIO DE VENEZOLANISMOS

Natalia Pericchi Pagá

Universidad Central de Venezuela naturby@gmail.com

RESUMEN

El objetivo de esta investigación es comprobar la vigencia de los términos y acepciones incluidos en la letra “A” del Diccionario de venezolanismos. Específicamente, procuré verificar, mediante la revisión de una muestra constituida por 1203 textos, el uso vigente de cada una de las acepciones de las voces registradas en la letra “A” de dicho diccionario. En los casos en donde no encontré testimonios que comprobasen su empleo actual, examiné, mediante encuestas con hablantes caraqueños, si éstas eran reconocidas con la misma acepción que propone el diccionario. También verifiqué si las voces, vigentes o no, están registradas en el Diccionario de la Real Academia Española con las mismas acepciones con las que aparecen en el Diccionario de venezolanismos.

PALABRAS CLAVE: metalexicografía, venezolanismos, vigencia

ABSTRACT

The objective of this investigation is to verify the current usage of entries under the letter “A” of the Diccionario de venezolanismos (1983) (‘Dictionary of Venezuelanisms’). For this purpose, I examined how the words selected for this study were used in a sample consisting of 1203 texts. In the cases where a word could not be found in the sample, I conducted a survey to determine whether it was recognized by Caracas speakers (and in case it was recognized, whether the word was assigned the same meanings recorded in the dictionary). In addition, I also verified whether or not the words that are object of this investigation appear in the Diccionario de la Real Academia Española (2007) (‘Dictionary of the Royal Spanish Academy’), with the same meanings that the Diccionario de venezolanismos (1983) registers.

KEY WORDS: metalexicography, Venezuelanisms, current usage 

Recibido el 05-04-2008. Aceptado el 24-02-2009.

INTRODUCCIÓN Las palabras son el instrumento de comunicación por excelencia, pero su uso y su existencia dependen de las necesidades de los hablantes y de las influencias sociales, políticas y económicas que los afectan. Esto implica que las palabras del repertorio de una lengua y los usos que a ellas les dan los hablantes no siempre son los mismos. Como lo dice la Real Academia Española: “Las lenguas cambian de continuo, y lo hacen de modo especial en su componente léxico. Por ello los diccionarios nunca están terminados: son una obra viva que se esfuerza en reflejar la evolución registrando nuevas formas y atendiendo a las mutaciones de significado” (RAE 2007).

Tomando en cuenta que la labor de los diccionarios monolingües es registrar y describir los términos más extendidos en el uso1 del sistema de una lengua, considero que los diccionarios regionales son sumamente importantes. Como dice el prólogo del Diccionario de venezolanismos (en adelante DIVE), “la aparición de un diccionario revela la existencia de un estado de madurez de la lengua nacional y de una conciencia de los modos expresivos propios que identifican a unos hablantes frente a los hablantes de otros pueblos” (DIVE 1983: ix).

Considerando que desde la última edición del DIVE ha transcurrido más de una década, mi labor ha sido revisar cada una de las acepciones de las entradas correspondientes a la letra “A” de este diccionario para verificar si los términos y las definiciones ahí expuestas tienen vigencia en el español utilizado en la ciudad de Caracas en la actualidad.

El DIVE fue publicado por primera vez en 1983, edición que incluyó sólo el primer tomo, y por segunda y última vez en 1993.2 Este diccionario es de tipo descriptivo, razón por la cual no pretende establecer una norma para el uso de los términos, a pesar de que en el prólogo se admite que “no es posible evitar que los lectores tomen como preceptos las informaciones que se dan allí” (DIVE 1983: xi). En cambio, su objetivo principal es la descripción de tipo lingüístico de los términos que integran su repertorio.

Tomando en cuenta la clasificación de diccionarios que ofrece Porto Dapena (2002), el DIVE se inscribe dentro de los diccionarios monolingües,

porque estudia una sola lengua, el español. Es un diccionario de tipo particular, porque trabaja una porción del conjunto léxico. Es de restricción externa, porque considera el ámbito cultural; y es de tipo dialectal contrastivo, porque se ocupa del léxico de una variedad determinada, la venezolana, y lo hace comparándolo con el español registrado por el Diccionario de la Real Academia Española (en adelante DRAE).

Este estudio de la vigencia de las palabras incluidas en el DIVE se ha limitado a la región de Caracas, pues se encuentra fuera de mis posibilidades realizar una investigación a nivel nacional y he considerado inadecuado escoger un criterio de zona dialectal para su elaboración. Esto debe ser tomado en cuenta, ya que Venezuela posee 23 estados, por lo que no se puede decir que los resultados arrojados por esta investigación sean concluyentes. Simplemente pretendo dar una primera visión de la vigencia de los términos encontrados en el DIVE y espero continuar con la labor de verificar el uso actual en el resto del territorio nacional.

1. OBJETIVOS

 1.1. Objetivo general

El objetivo general de esta investigación es comprobar si los términos y las definiciones incluidas en la letra “A” del DIVE mantienen vigencia en el español hablado actualmente en Caracas.

1.2. Objetivos específicos

i - Verificar mediante la revisión de fuentes escritas y orales del habla de Caracas el uso vigente de cada una de las acepciones de las voces registradas en la letra “A” del DIVE.

ii- Verificar mediante encuestas el reconocimiento que los hablantes caraqueños tienen de las voces estudiadas que no presenten suficientes ejemplos de uso.

iii- Verificar si la palabra está registrada en el DRAE con la misma acepción con la que aparece en el DIVE.

2. METODOLOGÍA

Para la comprobación de la vigencia de los términos incluidos en la letra “A” del DIVE se tomaron en cuenta dos parámetros de estudio: utilización de la acepción y reconocimiento de la acepción. Dichos parámetros fueron estudiados en dos etapas, respectivamente: en la primera verifiqué, con la ayuda del programa Word Pilot 2000, la vigencia del uso de las acepciones mediante la revisión de una muestra compuesta por 1203 textos de tipo periodístico, literario y entrevistas y examiné si las palabras estaban registradas por el DRAE con las mismas acepciones; en la segunda revisé el reconocimiento que una muestra de 108 hablantes caraqueños tenía de las acepciones para las cuales no encontré suficientes ejemplos de uso que comprobaran su vigencia.

2.1. Primera etapa: utilización de la acepción

Tomando en cuenta la acepción propuesta por el DIVE y el contexto que rodea y afecta las voces encontradas en la muestra, me planteé determinar si los usos que poseen en la actualidad corresponden a los expuestos en el diccionario. Para comprobar esto, intenté conseguir al menos tres ejemplos en distintos textos literarios y periodísticos o en testimonios orales en los que se muestra que la utilización de la voz que se está estudiando corresponde con la propuesta por el diccionario.

La muestra estuvo compuesta específicamente por:

  1. Artículos de publicaciones periódicas nacionales. Más específicamente, se revisaron 254 artículos del diario El Nacional, 402 artículos del periódico El Universal y 95 artículos del diario Últimas Noticias.3 Dichos textos fueron recolectados por mí en el periodo comprendido desde junio de 2006 hasta diciembre del mismo año aproximadamente. Los artículos seleccionados abarcan una gran variedad de secciones, temas y contextos, de manera que representen lo más fielmente posible la producción periodística de Caracas.

  2. Cuentos, ensayos y entrevistas extraídos de la página web http://www.ficcionbreve.com, que recoge trabajos publicados e inéditos de venezolanos. De esta fuente fueron recolectados 12 ensayos, 7 entrevistas y 273 cuentos en el mismo período de tiempo.

  3. Entrevistas orales efectuadas por el equipo de investigación del Instituto de Filología “Andrés Bello” a caraqueños de padres caraqueños. Las entrevistas fueron realizadas en el año 1987 y conforman un total de 160. El corpus de hablantes entrevistados está compuesto por 4 hablantes masculinos y 4 hablantes femeninos de cada uno de los 4 grupos de edades seleccionados (14-29 años, 30-45 años, 46-60 años y 61 años en adelante) en combinación con cada uno de los 5 niveles socioeconómicos determinados (alto, medio-alto, medio, medio-bajo y bajo).4 Se ha escogido esta distribución con el objetivo de que sea lo más representativa posible.

Los ejemplos encontrados se identificaron con el apellido y nombre del responsable, la fecha de publicación y las iniciales de la fuente de la que se ha extraído la información (EU para El Universal, EN para El Nacional, UN para Últimas Noticias y FB para Ficción Breve). En los casos en que el autor no está especificado, simplemente he escrito las letras S/A que significan “sin autor”. Los ejemplos extraídos del Corpus Sociolingüístico de Caracas 1987 (Bentivoglio y Sedano 1993) se identificaron con un código que corresponde al grupo de edad, el nivel socioeconómico, el sexo y el hablante. A continuación presento un cuadro que ilustra la distribución de los hablantes:

 

Asimismo, se buscaron las palabras estudiadas en el DRAE (2007) disponible en línea en la página web http://www.rae.es y se compararon las acepciones registradas en este diccionario con las incluidas en el DIVE. De acuerdo con los resultados de esta comparación, se le dio a cada palabra un símbolo, como se observa en el cuadro 2:

 

En los casos en los que la palabra aparece con la misma acepción en ambos diccionarios, escribí en los resultados ambas definiciones para consideración del lector, ya que en ocasiones no es nada sencillo establecer si ambas son exactamente iguales o si, en cambio, poseen diferencias sutiles de significado.

 2.2. Segunda etapa: reconocimiento de la acepción

En los casos en los que no se encontró registro alguno del uso actual de una palabra en la muestra o éstos eran insuficientes para comprobar su vigencia, se elaboraron encuestas cuyo propósito era determinar si el término, con su respectiva acepción, era reconocido por los hablantes encuestados.

Debido a que el repertorio de palabras sin ejemplos de uso o con testimonios insuficientes fue muy extenso (477 acepciones correspondientes a 290 palabras), elaboré tres encuestas cerradas (López Morales 1994: 107) exactamente iguales en su estructura, que permitían la evaluación de distintas acepciones y voces. Cada una de ellas estuvo dividida en cuatro partes: en la primera (selección múltiple), se presentó a los encuestados una serie de palabras e, inmediatamente después de cada una, un mínimo de cuatro opciones con acepciones distintas, además de dos últimas que permitían saber si la voz no era conocida o que no se reconocía la correspondencia de cualquiera de las definiciones con el término. Los encuestados pudieron escoger más de una opción, si consideraban que se correspondía con la palabra que se les mostraba; en la segunda parte (definir), los encuestados dieron una o varias definiciones a una serie de términos, en el caso de haberlos reconocido; en la tercera parte (de la definición a la palabra), se les mostró a los encuestados una serie de conceptos a los que ellos asignaron la o las palabras que consideraron se correspondían con la acepción ofrecida; en la última parte (identifique la imagen), se les mostraron diferentes imágenes, las cuales debían ser asociadas con uno o varios términos por parte de los encuestados.

Para la selección de la parte de la encuesta en la que debía ir cada palabra estudiada, se siguieron los siguientes criterios: en la primera parte, se analizaron todas aquellas palabras que presentaban dos o más acepciones sin suficientes ejemplos de uso para comprobar su utilización. De esta manera se podía analizar el reconocimiento de más de una acepción asociada a una sola palabra; en la segunda parte se incluyeron aquellos términos que tenían menor probabilidad de polisemia, según los criterios del investigador. De otra forma, los hablantes hubieran podido elegir entre una u otra acepción para definir un término, lo que sin duda afectaría los resultados; en la tercera parte se analizaron todas aquellas palabras que presentaban mayor posibilidad de polisemia, ya que al ofrecer al hablante la acepción específica de la que no se encontró prueba de uso, disminuía la probabilidad de que los resultados se vieran afectados, no porque el hablante no reconociera la palabra, sino porque podría elegir entre varias posibilidades de uso; en la cuarta parte se escogió estudiar aquellos términos que se referían a elementos de la flora, fauna y a ciertos dulces típicos o alimentos que probablemente no hubieran sido reconocidos al ofrecer al hablante una descripción escrita u oral del mismo, por lo que se optó por el uso de imágenes que ayudaran a determinar si el término se conocía con la acepción específica de la que no se habían encontrado ejemplos de uso.

Los hablantes que respondieron estas encuestas debían ser venezolanos, hijos de padres venezolanos, nacidos en Caracas o residentes de la ciudad por un periodo mínimo de 12 años. Para establecer esta variable, me basé en el trabajo de Malaver (2002). En él, la investigadora entrevista a “veinticuatro (24) hablantes, nacidos en Caracas o residentes en esta ciudad desde al menos doce años”, excluyendo “los residentes que procedían de zonas con marcadas diferencias dialectales respecto del dialecto caraqueño (por ejemplo, las zonas occidental y nororiental)” (Malaver 2002: 99).

El universo de los encuestados estuvo dividido, basándome en la metodología propuesta para el Proyecto para el estudio sociolingüístico del español de España y América (PRESEEA) (Moreno Fernández 2003), en 36 hablantes para cada encuesta (3 encuestas en total: 108 hablantes), 54 hombres y 54 mujeres divididos en tres grupos de edad: (A) de 20 a 34 años, (B) de 35 a 54 años, (C) de 55 años en adelante. Esta división fue combinada con la variable grado de instrucción propuesta por los investigadores del PRESEEA, que se divide del siguiente modo: (1) analfabetos, sin estudios, enseñanza primaria (5 años de escolarización aproximadamente); (2) enseñanza secundaria (de 10 a 12 años de escolarización aproximadamente); (3) enseñanza superior, universitaria o técnica superior (15 años de escolarización aproximadamente). No realicé una post-estratificación, como la que propone el proyecto, por considerar la primera clasificación lo suficientemente adecuada para dividir el universo de hablantes caraqueños. A continuación, presento un cuadro que ilustra la selección de hablantes encuestados:

 

2.3. Excepciones

No se revisaron aquellas expresiones cuya definición remite a una palabra que no está incluida en la letra “A” del DIVE, a menos que se haya referido a dicha palabra por ser ésta un sinónimo de aquélla. Hice esta excepción  ya que las expresiones que remiten a otras palabras serán desarrolladas bajo la entrada correspondiente en investigaciones futuras. Por ejemplo, la expresión que sigue remite a la palabra baile y se incluirá en el estudio de las entradas de la letra B: ¡AH! (EXPRESIONES): ¡Ah baile! V: s v BAILE. → BAILE (EXPRESIÓN): ¡Ah baile! interj coloq euf por ¡Ah vaina!

3. RESULTADOS

3.1. Utilización de la acepción

Se encontró un 28% de coincidencia entre los usos encontrados en los textos recogidos en la muestra y las acepciones propuestas en el DIVE. En cambio, al 72% del total de acepciones registradas, no se les encontró un mínimo de tres testimonios que comprobaran su uso actual.

El 48% de las 186 acepciones con tres o más ejemplos de uso son también reconocidas por el DRAE como parte de la lengua general, como americanismos o venezolanismos con los mismos usos. Tales son los casos de las voces acure,5 reconocida por el DRAE como parte de la lengua general; de aeromoza, registrada por dicho diccionario como americanismo; o de la expresión a juro, presentada como venezolanismo. Veamos los ejemplos encontrados para una de estas voces:

ACURE 2. Ap N Esp V: ACURITO. (Mamífero roedor. Conejillo de Indias.) (DRAE: m. Roedor del tamaño de un conejo, de carne comestible, que vive en domesticidad en varios países de América Meridional).

TESTIMONIO: Entre los roedores hay de dónde elegir, desde los populares hámsters, en sus dos variedades: normal y el de Angora. Requieren de alimentación dos veces al día, a base de girasol, perrarina, maíz entero, maní, avena y complejo mineral, hasta el acure o conejillo de Indias. (S/A 1997).

En cambio, otras acepciones, de las que se obtuvo un mínimo de tres testimonios para comprobar su uso, no son registradas por el DRAE. Este es el caso de la voz accidentarse, reconocida por el DRAE, mas sin la acepción ‘detenerse con un vehículo por desperfectos mecánicos o eléctricos’,6 registrada por el DIVE. Veamos el ejemplo:

ACCIDENTARSE prnl 1. ≠ Detenerse un vehículo por desperfectos mecánicos o eléctricos. (DRAE: (accidentar) 1. tr. Producir accidente. 2. prnl. Ser acometido de algún accidente que priva de sentido o de movimiento.)

TESTIMONIO:

Quiero reconocer con gratitud a las personas anónimas que me ayudaron el jueves 29 de junio, cuando mi carro se accidentó en la carretera Panamericana a nivel del barrio Cochecito. (Cronick 2006).

Los testimonios encontrados para las acepciones de estas voces comprueban que éstas se han mantenido en el español utilizado en Venezuela y más específicamente en Caracas. No se comprobó, en cambio, el uso de 477 acepciones registradas por el DIVE, ya que para las mismas se encontraron menos de 3 ejemplos de uso, o incluso ninguno. Esto representa un 72% del total de las acepciones incluidas en el repertorio de este diccionario. Tal es el caso de voces como ‘andón’ y ‘azoquetado’. Ninguna de ellas presenta suficientes testimonios que comprueben su utilización por parte de los hablantes incluidos en la muestra. Sin embargo, la diferencia entre ambas recae en que la primera tampoco es reconocida por el 50% o más de los hablantes que respondieron las encuestas, mientras que la segunda sí. Veamos a continuación las voces escogidas para ilustrar este ejemplo:

ANDÓN, A 1. adj Se dice del caballo o mula andadores. (DRAE: adj. Am. Dicho de una caballería: Que anda mucho). Reconocimiento: De 36 personas encuestadas, un 16,6% reconoció la palabra andón con la acepción que muestra el DIVE, por lo que he considerado que no es una palabra que los hablantes de Caracas reconocen.

AZOQUETADO, A Ø p p de AZOQUETARSE. Ú t c adj coloq. (Conducirse ocasionalmente como persona zoqueta o boba).

Reconocimiento: De 36 personas encuestadas, 23 (63,8%) reconocieron la palabra azoquetado con la acepción que muestra el DIVE, por lo que he considerado que esta palabra sí es reconocida por los hablantes caraqueños.

Para ilustrar mejor las coincidencias entre el DRAE y las acepciones estudiadas del DIVE, veamos el siguiente cuadro:

3.2. Reconocimiento de la acepción

3.2.1. Reconocidas

El reconocimiento de las acepciones de las voces fue revisado, a través de las encuestas que describí en la metodología, únicamente para aquellas de las que se encontraron pocos (menos de 3) o ningún ejemplo de uso. En total, fueron reconocidas 62 de las 477 acepciones consideradas como “no utilizadas”, lo que representa un 13% de éstas y un 9% del total de las acepciones registradas en la letra “A” del DIVE (669).

Un 24% (15) de las acepciones que no poseen ejemplos de uso, pero que fueron reconocidas por 50% o más de los encuestados, están registradas en el DRAE como americanismos, venezolanismos o como parte de la lengua general con los mismos usos. Aunque no se encontraron suficientes testimonios (a veces ninguno) para comprobar que dichas palabras son empleadas con el uso que describe el DIVE, voces como tirarse al agua7 (registrada como ‘casarse’), fueron identificadas por más de la mitad de los encuestados. Veamos el siguiente ejemplo:

AGUA (EXPRESIONES): Tirarse (zumbarse) al agua loc verb fig coloq 3. ≠ Casarse.

TESTIMONIO: Y hoy en un lugar de Macaracuay declaran marido y mujer al cineasta y periodista Alfredo Sánchez, gerente de Rrpp de Rctv con una sicóloga de apellido Castillo. Ellos antes de votar harán sus votos o juramento de amarse para ¿toda la vida? ¡Mucho danzó ese muchacho antes de lanzarse al agua!, pero nunca es tarde cuando la dicha llega y me llegó la hora de profundizar fosas que dejaré en stand by, porque el que no vote, sin derecho a mortaja, lo enviaré a estas tenebrosas (El Sepulturero 2006).

Reconocimiento: De 36 personas encuestadas, 25 (69,4%) reconocieron la expresión tirarse al agua con la acepción propuesta por el DIVE, por lo que considero que es reconocida por los hablantes caraqueños.

Como podemos ver, algunas palabras que fueron poco utilizadas en los textos del corpus, o no utilizadas en absoluto, tienen un alto porcentaje de reconocimiento. En vista de esto, me vi en la necesidad de buscar los motivos que justifiquen que esto haya ocurrido:

1. La temática que tocan los textos incluidos en la muestra no requiere del uso de ciertas palabras. Tal puede ser el caso de la voz arepero, entendida como ‘persona que hace o vende arepas’. Para esta acepción conseguí solamente un testimonio, y sin embargo la misma obtuvo el 86% del reconocimiento de los encuestados:

AREPERO, A Ø m/f 1. Persona que hace o vende arepas.

TESTIMONIO: No importa si uno es de los que dicen haiga o nadien, éranos o más mejor, pero no se le ocurra decir "Por favor, déme un vaso de agua...". Nunca faltará a su alrededor alguien que le dirija una mirada de profundo desprecio; algún mesonero, barman, arepero, perrocalientero o afín, improvisado "cultor" del idioma, que lo exponga a uno al escarnio público. ¡Sale vaso con agua para el burro ignorante de la mesa cuatro!... (Nazoa Bolívar 2001). Reconocimiento: De 36 personas encuestadas, un 86,1% reconoció la voz arepero con la acepción propuesta por el DIVE, lo que significa que la palabra es reconocida por los hablantes de Caracas.

Sería posible especular que la razón por la que obtuve estos resultados es porque las noticias recolectadas en la muestra están concentradas primordialmente en temas políticos o económicos y tal vez la palabra “arepero” debería aparecer en otros contextos, como el turístico, o en crónicas, género literario que no he incluido en el corpus.

2. Muchas palabras pueden ser parte de un lenguaje informal que no es apropiado para muchos de los textos incluidos en la muestra. Tal puede ser el caso de apurruñamiento8 que, aunque posee el 100% del reconocimiento, es sin duda una expresión poco formal, aunque no vulgar:

APURRUÑAMIENTO Ø m coloq 1. Apretujamiento cariñoso.

TESTIMONIO: En ningún momento el programa en La Vega pretende sacar lucro de los muchachos participantes, aunque ciertos gastos administrativos, así como la limpieza de los dos centros educativos que amablemente facilitan sus directores, obligan a buscar ingresos. ¿De dónde los obtienen? 'Cobrando por cada materia en la que se inscriban lo que en ese momento cuesta el cine'. Salida práctica ideada por sus organizadores, así como la lista de normas que publican en grandes cartulinas a la entrada de las instalaciones: participación, respeto, puntualidad, cumplir con las asignaturas, no traer koalas, gorras ni zapatos de marca, mucho menos minifaldas (en el caso de las chamas) y cero apurruñamiento. 'Es que no queremos que se caiga en provocaciones. Casos se han dado'. (Espinosa 1999).

Reconocimiento: Las 36 (100%) personas encuestadas reconocieron la voz apurruñamiento con la acepción propuesta por el DIVE, lo que indica que es una acepción reconocida por los hablantes caraqueños.

3. El tabú que representan algunas palabras de connotación sexual u ofensiva puede ocasionar que sean registradas en los textos presentes en la muestra. Es posible que este sea el caso de argolla9 en su acepción ‘homosexual’, veamos:

ARGOLLA 1. ≠ m coloq Homosexual. Reconocimiento: De las 36 personas encuestadas, 22 (61%) reconocieron la voz argolla con la acepción propuesta por el DIVE, lo que indica que es una acepción reconocida por los hablantes caraqueños.

Tal vez la palabra sea considerada ofensiva no por su significado, sino porque lleva en sí una connotación despectiva que el diccionario no especifica, pero que los usuarios de la palabra aprecian. Por esta razón, los hablantes del material recolectado en la muestra pueden haber estado reticentes a usarla.

4. El modo como algunas palabras están escritas puede ser considerado incorrecto por los autores de los textos recogidos en la muestra, lo que puede ocasionar que éstos no sean usados en sus trabajos. Probablemente éste sea el caso de la palabra arbeja, que es la variación del término arveja (‘guisante’), considerada gramaticalmente correcta. Debido a que se valora la transcripción de la primera como ortográficamente errada, es difícil conseguir testimonios que evidencien su uso; sin embargo, la palabra alcanzó el 86,1% de reconocimiento. Veamos:

ARBEJA Ø f desus V: ARVEJA.

TESTIMONIO: Señor Andrades, revisando el Diccionario de la Real Academia Española para darle a usted el beneficio de la duda, conseguí que la palabra 'arbeja' en la realidad

se escribe es arveja'. Ahora bien me pregunto, ¿será que para darle un matiz 'bolivariano' a esta leguminosa, intentan ustedes hacer un juego de palabras? (Silveirac 2003).

Reconocimiento: De 36 personas encuestadas, 31 (86,1%) reconocieron la voz arbeja con la acepción propuesta por el DIVE, lo que indica que la acepción es reconocible en el habla de Caracas.

3.2.2. No reconocidas

El 62% (415/669) del total de las acepciones incluidas en la letra “A” del DIVE, no fueron reconocidas por los encuestados ni se encontraron testimonios que probaran su uso. De éstas, solamente un 23% (97/415) están registradas en el DRAE como parte de la lengua general, como americanismos o como venezolanismos con la misma acepción que registra el DIVE. Sin embargo, en el transcurso de la investigación me di cuenta de que la herramienta de la encuesta, aunque útil para la determinación del reconocimiento de algunas voces, era insuficiente para llevar a cabo el objetivo en su totalidad. Por lo tanto, creo que es necesario apuntar las limitaciones metodológicas que considero justifican el que algunas de esas voces y acepciones no hayan conseguido el reconocimiento o uso esperado:

1. Puede que sean palabras propias o exclusivas de ciertos contextos conversacionales, por lo que es sumamente difícil encontrarlas en textos escritos o incluso en entrevistas transcritas, ya que éstas representan una situación conversacional específica y diferente a otras menos estructuradas. Tal es el caso de la voz ¿ah?,10 que se usa ‘para responder una llamada’. Para esta acepción no se encontró ningún testimonio dentro de la muestra y además obtuvo sólo el 14% (5/36) del reconocimiento de los encuestados. Las voces que se utilizan para responder a llamadas aparecen, por lo general, en situaciones conversacionales familiares o informales que son difíciles de reproducir en entrevistas. Por ello, es posible que ¿ah? no haya sido reconocida ni registrada, ya que, tanto las entrevistas y artículos periodísticos como las encuestas constituyen situaciones estructuradas de habla en la que no es probable que el hablante necesite hacer uso de ese tipo de palabras.

2. Puede que la formulación de la pregunta a través de la cual se procura determinar el reconocimiento de una palabra en específico no haya sido la más apropiada. Creo que éste es el caso de apurruñón (‘apretón, abrazo fuerte’), a la que no se le consiguieron ejemplos de uso en la muestra y que obtuvo sólo un 19% (7/36) de reconocimiento. Decidí que la revisión de esta palabra debía hacerse de acuerdo con el modelo de la tercera parte de la encuesta (de la definición a la palabra), la cual presenta al encuestado el concepto de una palabra para que éste le asigne el término que considere se corresponde con la definición expuesta. Sin embargo no me percaté de los muchos términos que podrían ser reconocidos con la misma acepción, por lo que los encuestados elegían indistintamente uno de otro, lo que sin duda afectó los resultados.

3. Tal vez algunas palabras no obtuvieron el reconocimiento esperado por ser consideradas tabú por su connotación sexual u ofensiva. Pienso que éste es el caso de la palabra acabar (‘alcanzar el clímax sexual’), a la que se le encontró un solo ejemplo de uso en la muestra y que obtuvo un 19% (7/36) de reconocimiento. Veamos:

ACABAR intr. Coloq Alcanzar el clímax sexual. (DRAE: intr. coloq. Arg., Cuba, El Salv., Nic., Ur. y Ven. Alcanzar el orgasmo).

TESTIMONIO: El Chalis estaba emocionado sintiendo que estaba compartiendo su sabiduría con un discípulo fértil. Detrás del cuarto comenzaron a escuchar:

- Me voy. ¡Coño me voy!

- Tranquila concéntrate en tus sentidos.

- Por fá ponte el condón, anda que ya no aguanto más. Era la hermanita de Chalís, la copita de vino de la casa, el amor platónico de Mistolín.

- ¡A mí nadie me dice cuándo ni dónde tengo que acabar!

- Gritaba molesto Lacrita.

(Llorens S/F).

Reconocimiento: De las 36 personas encuestadas, 7 (19%) reconocieron la voz acabar con la acepción propuesta por el DIVE, lo que pareciera indicar que la palabra no es reconocida en Caracas

Esta palabra obtuvo los resultados aquí expuestos, probablemente porque para comprobar su reconocimiento era necesario que el encuestado le asignara un término a dicha definición y muchas de las veces éstos se abstuvieron de colocar alguna por pudor.

4. CONCLUSIONES

Después de haber revisado las acepciones de las voces registradas en la letra “A” del Diccionario de venezolanismos puedo concluir lo siguiente:

1. La mayor parte de las palabras y acepciones incluidas en el DIVE no son utilizadas ni reconocidas por los hablantes que habitan en la ciudad de Caracas. Si sumamos el número de acepciones a las que se les encontró un mínimo de tres testimonios que comprueben su uso, con el total de las que fueron reconocidas por más de la mitad de los encuestados, aunque no presentaron suficientes ejemplos de utilización, se obtiene sólo el 37% (248/669) del total de las acepciones registradas por el DIVE. Sin embargo, existen ciertos factores que pudieron haber afectado los resultados de esta investigación y que han sido mencionados previamente. Tal es el caso del “tabú” que representan algunas voces, el cual pudo haber impedido que algunas de ellas fueran mencionadas tanto en los textos escritos recolectados en la muestra como en las encuestas. Otro de los factores que pudieron haber afectado los resultados son las limitaciones que tiene el uso de las encuestas como método de comprobación del reconocimiento de las voces, ya que representan un contexto estructurado en el que pueden no aparecer voces propias de otras situaciones comunicativas más abiertas, en las que la persona esté menos consciente de su actuación de habla.

2. La mayor parte de las coincidencias entre el DRAE y el DIVE ocurren entre las acepciones que no obtuvieron testimonios ni reconocimientos. Un total de 97 acepciones sin reconocimiento coinciden con el DRAE; esto representa tan sólo el 23,3% del total de las acepciones no reconocidas (415) y el 14,6% del total de las acepciones incluidas en la letra “A” del DIVE. Por otro lado, el porcentaje de concurrencia entre las acepciones que obtuvieron el reconocimiento de más del 50% de los encuestados (62) y las acepciones registradas en el DRAE es de 24,1%, correspondiente a 47 coincidencias y al 2,2% del total de las acepciones estudiadas. Asimismo, sólo el 48,3% de las acepciones que presentaron un mínimo de 3 ejemplos de uso coincidió con las acepciones registradas por el DRAE. Esto corresponde a 90 coincidencias y al 13,5% del total de las acepciones revisadas. Vemos entonces que el DRAE registra como voces venezolanas la mayor parte de las acepciones a las que no se comprobó su uso ni fueron reconocidas por el 50% de los encuestados.

Esta investigación permite observar que la lengua es un instrumento en constante movimiento y adaptación. Su estructura, en especial la léxica, presenta persistentes cambios: elementos de su repertorio pueden caer en desuso, desaparecer, renacer o ampliarse con elementos nuevos y, aunque se mantengan, algunas palabras pueden cambiar su significado. Estos cambios se dan con mayor facilidad en las variedades y en los subsistemas de una lengua, el español en este caso, ya que son éstas las que marcan la diferencia entre una y otra variedad o subsistema. Tal como concluye Colmenares del Valle en su trabajo Estudios léxicos:

En el español de América [...] existe un proceso de desarrollo interno que sin fracturar la unidad del sistema permite la motivación y creación de un conjunto de elementos propios. [...] Dentro del conjunto de elementos propios que funcionan como diferenciadores, el léxico es uno de los más productivos en virtud de que éste es el componente del sistema en donde más directamente se aprecia la aprehensión de la realidad por parte de los usuarios de la lengua (Colmenares 1992: 114).

Los factores que afectan estos cambios están directamente relacionados con la realidad que viven los hablantes de un sistema, ya que la lengua debe adaptarse a las nuevas necesidades expresivas que surgen.

Por eso, son siempre necesarias las revisiones de los diccionarios, ya que éstos registran y describen una serie de elementos sujetos a los cambios que inevitablemente imponen los usuarios de la lengua, por lo que examinarlos contribuye a su enriquecimiento y precisión.

NOTAS

1. Los usos considerados como extensos pueden variar dependiendo de la comunidad que se esté analizando. Si se desea, por ejemplo, elaborar un diccionario de lengua general, se deberían tomar en cuenta los usos empleados por la mayor parte de los hablantes de esa lengua. Si, en cambio, se desea hacer un diccionario regional, se tomará en cuenta la extensión de los usos en una determinada región.

2. La edición del año 1993 incluyó una reimpresión del tomo I y la publicación de los tomos II y III, con algunas adiciones a la versión original de 1983.

3. La distribución no equitativa de los artículos se debe a que el diario El Universal tiene a disponibilidad gratuita sus artículos en la página web www.el-universal.com, mientras que para acceder a los artículos disponibles en el diario El Nacional y el Últimas Noticias era necesario pagar una suscripción, lo que hacía que los artículos encontrados en el diario El Universal tuvieran mayor disponibilidad para la investigación.

4. Para más información sobre los detalles del corpus, consultar Bentivoglio y Sedano (1993).

5. Con referencia a la segunda acepción registrada en el DIVE (Mamífero roedor. Conejillo de Indias).

6. Específicamente, la primera acepción que el DIVE registra para accidentarse.

7. Específicamente, la tercera acepción que el DIVE registra para tirarse al agua.

8. Con referencia a la primera acepción registrada en el DIVE.

9. Con referencia a la cuarta acepción registrada en el DIVE.

10. Con referencia a la primera acepción registrada en el DIVE.

NATALIA PERICCHI PAGÁ

Es egresada de la Universidad Central de Venezuela como Licenciada en Letras y cursa la Maestría en Lingüística en la misma universidad. Es becaria académica del Instituto de Filología “Andrés Bello”, en el que realiza labores de investigación para el Departamento de Lexicografía. Además se desempeña como docente en la Escuela de Letras. Sus trabajos muestran un interés hacia las áreas de lexicografía y gramática

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