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Boletin de Linguistica

versión impresa ISSN 0798-9709

Boletin de lingüistica v.21 n.31 Caracas ene. 2009

 

FORMAS DE TRATAMIENTO EN MÉRIDA (VENEZUELA) DURANTE EL SIGLO XVIII

Enrique Obediente Sosa

Universidad de Los Andes Mérida – Venezuela enobe@ula.ve

RESUMEN

El trabajo estudia las formas de tratamiento en la Mérida del siglo XVIII a partir del análisis de un legajo de los fondos documentales del Archivo General del Estado Mérida: un conjunto de 33 cartas contenidas en el Protocolo Disenso, Matrimonio y Divorcio, en las que quince sujetos intervienen como autores de escritos en los que se ventila el caso del matrimonio entre un esclavo y una mulata libre. Destinatarios y remitentes pertenecen a distintos estamentos sociales. El análisis revela que: i) a finales del siglo XVIII continúa aún el uso del vos familiar, que alterna con tú, y ii) alternan diversas formas de tratamiento formal, incluso en un mismo escrito: vuestra merced~usted~su merced.

PALABRAS CLAVE: Mérida (Venezuela), tratamientos, siglo XVIII

ABSTRACT

The purpose of this study is to determine the use of address forms in the XVIII century in Merida (Venezuela). The data consists of 33 letters found in the Protocol Disagreement, Marriage and Divorce taken from the State of Merida’s General Archives. Fifteen different writers participated in the exchanges regarding the case of the marriage between a slave and a free mulatto woman. Addressees and senders belonged to different social classes. Analysis reveals that: i) the familiar use of vos alternating with tú is still in use at the end of the XVIII century. ii) there is an alternation of the different ways of formal addressing – even within the same document: vuestra merced~usted~su merced.

KEY WORDS: Mérida (Venezuela), address forms, XVIII century

Recibido el 07-10-2008. Aceptado el 01-02-2009.

INTRODUCCIÓN*

Con miras a contribuir al conocimiento del uso que se hacía de las formas de tratamiento en la Mérida de Venezuela del siglo XVIII, he analizado uno de los legajos que forman parte de los fondos del Archivo General del Estado Mérida (AGEM), contenido en el Protocolo Disenso, Matrimonio y Divorcio, Tomo I, ff. 5r-105r. En él se encuentra un conjunto de 33 cartas (no ordenadas cronológicamente),1 escritas entre el 23 de octubre de 1783 y el 26 de enero de 1784, en las que quince sujetos intervienen como autores de estos escritos de carácter particular y privado (según la tipología propuesta por Heredia 1985), a través de los cuales se ventila el caso de la relación amorosa y subsiguiente matrimonio de una muchacha mulata con un esclavo de su casa.2

La historia es la siguiente: Francisco de Angulo (un rico mulato liberto) se opone a que su hija María Manuela se case con Pablo Nepomuceno,3 su esclavo mulato,4 por evidente desigualdad social.5 El mismo Pablo recurre al Vicario y Juez Eclesiástico de Mérida Francisco Antonio Uzcátegui para que permita y autorice el matrimonio. La iglesia, tal como se lee en estos documentos, protege y resguarda a Pablo no sólo de la ira de Francisco de Angulo sino también de Pascual María González, Administrador de la Renta Real de Tabaco, quien lo anda buscando para ponerlo preso por contrabando de urao, sustancia que estaba sujeta a estanco. Pablo y Manuela (ya encinta de su amante) consiguen finalmente contraer matrimonio el 28 de diciembre de 1783 gracias a las razones esgrimidas por la iglesia local y sobre todo a sus diligencias (solícitas y expeditas, por lo demás), acontecimiento que llena de tristeza a Paubla Rodríguez, madre de la joven mulata, tal como se lo manifiesta epistolarmente a su esposo Francisco de Angulo, quien, ante tal hecho, a su juicio vergonzoso e ilegal, apela ante el tribunal del Arzobispo de Santa Fe de Bogotá a través de José Antonio Maldonado, su procurador apoderado en la capital del Virreinato. El legajo contiene, como última carta escrita en Mérida, la que Francisco Lezama dirige a Francisco de Angulo en la que le manifiesta su pesar y lamenta que sus diligencias, en tanto que apoderado de éste, no hayan dado el resultado deseado: la prohibición de que los jóvenes se casaran.6

1. CARTAS DE DENUNCIAS, QUEJAS Y SÚPLICAS

El legajo objeto de estudio de este trabajo consta, como ya dijimos, de 33 cartas. Para Carrera de la Red (2006), la carta, particularmente la de carácter oficial, es el documento indiano por excelencia; el estatus especial de este tipo de discurso contribuyó a la expansión y mantenimiento del imperio colonial, o como lo dijo llanamente la investigadora en el transcurso de una conferencia, “América se hizo a punta de cartas”. Pero no sólo por ello la carta del período colonial tiene una particular relevancia, también la tiene por ser “una de las zonas más prósperas de confluencia de lo oral con lo escrito” (Carrera de la Red 2006: 628); es, por tanto, la carta una fuente inagotable y riquísima de fenómenos lingüísticos, como ya se ha demostrado en los trabajos que de distinta índole han realizado no pocos especialistas.

De acuerdo con la calidad del emisor y del destinatario, Heredia (1985: 138-141) ha propuesto la siguiente tipología de las cartas indianas (en Carrera de la Red 2006: 636):

 

Según ello, las nuestras caen en las dos últimas categorías: son cartas particulares y privadas las que forman el corpus por tratarse unas de correspondencia entre particulares y autoridades constituidas, y otras de correspondencia entre particulares, como veremos en el punto 3.

El contenido de las cartas, ya lo vimos, remite al caso de la relación amorosa y subsiguiente matrimonio entre un esclavo y una muchacha hija de liberto. Los padres de ésta se oponen a lo que consideran un desafuero; la iglesia merideña, por el contrario, ve con buenos ojos el que los jóvenes se casen, sobre todo para que el hijo que está por nacer sea legítimo.7 Cartas van y cartas vienen en un flujo delirante, signadas por tres aspectos anímicos (y jurídicos) reflejados claramente en la escritura: quejas, denuncias y súplicas. Cada uno de los emisores privilegiará en sus misivas una u otra de esas expresiones según su interés y el punto en el que se halle la “discusión epistolar” entre los corresponsales. En la queja, el emisor muestra su enojo ante una acción, pasada o presente, que lo afecta desfavorablemente. “Por lo general, la queja incluye un juicio moral y se produce cuando se incumplen las expectativas del emisor en relación con un acontecimiento que podría haber sido favorable o cuando se quiere evitar uno desfavorable” (Álvarez et al. 2008: 6). Se distingue de la denuncia porque en ésta el descontento manifestado por el emisor se refiere a hechos considerados inapropiados, ilegales o injustos (y que no lo afectan necesariamente a él); tiene en común con la queja, el que el emisor espera que el destinatario actúe para que se haga justicia o se deshaga el entuerto. En cuanto a la súplica, Díaz Pérez (2003) la define como “un acto ilocutivo por medio del cual un hablante le comunica a un oyente que quiere que ése lleve a cabo un acto que redundará en beneficio del hablante”. Los tres tipos de expresiones, que comparten una serie de rasgos semánticos, se dan en nuestro corpus de manera separada o combinada; así, hay cartas de queja y súplica, cartas de queja, cartas de súplica, cartas de denuncia, etc. Todo lo cual era de esperarse dado el objeto extralingüístico de que tratan tales misivas.

2. ANTECEDENTES

Carrera de la Red (2006: 632, nota 9) afirma, respecto a las formas de tratamiento transmitidas a través del discurso epistolar y a las investigaciones que se han llevado a cabo sobre el tema, lo siguiente:

Los usos de los tratamientos en las cartas constituyen un punto esencial de investigación en sociolingüística y pragmalingüística históricas. Aunque no existe aún un estudio sistemático, se han hecho una serie de aproximaciones valiosas sobre distintos corpora epistolares y desde perspectivas muy diversas: tratamientos en cartas de inquisición española (Eberenz 1994:73-87), tratamientos en cartas privadas del inglés medieval (Nevala 2002:135-160), tratamientos en cartas de inmigrantes a Indias escritas por mujeres (García Mouton 1996-1997:319-326, 1999:263-276), la expresión de la intimidad en esas cartas de inmigrantes (Fontanella 1994: 7-32; Bentivoglio 2003:177- 191), la cortesía en cartas oficiales y particulares de Indias (Carrera y Álvarez 2004).8

Cómo ha de dirigirse alguien a su interlocutor epistolar es un asunto complejo, variable en el tiempo y en las distintas comunidades lingüísticas, pero puede afirmarse, de manera general, que “Sociedad y retórica dictaminan qué tipo de salutaciones –esto es, de tratamientos– han de escribirse en cada caso, en la dirección y en el resto de la carta, de acuerdo con el “rango y el sexo” (Carrera de la Red 2006: 632). Títulos y tratamientos están fuertemente relacionados, mas no funcionan de modo absolutamente paralelo; el título hace referencia a la dignidad de una condición o cargo, el tratamiento, por su parte, es una cortesía verbal hacia la persona con la que se interactúa. Así, por ejemplo, en nuestro corpus, al Vicario y Juez Eclesiástico se le da de manera preferente este título en el encabezamiento de las misivas dirigidas a él, mas en el cuerpo de las mismas el tratamiento que se le dispensa es Vuestra Merced9 (o alguna de sus variantes), como se verá más adelante en el análisis.

Conocemos lo complicado del sistema de tratamiento español a partir del siglo XVI. Los estudios han demostrado que tú, vos y vuestra merced (y sus formas derivadas, particularmente usted), constituían un todo que más que servir para interpelar al “otro” se erigía en una nomenclatura que hacía referencia explícita al tipo de relación existente entre los interlocutores.10

Específicamente en el ámbito de las cartas, el que nos concierne de manera directa, es el esclarecedor análisis de Fontanella de Weinberg (1999). La investigadora encontró que en las 650 cartas de inmigrantes que desde las Indias escriben a sus parientes en la Península11 hay una notable mayoría de la fórmula vuestra merced, fórmula exclusiva en las relaciones asimétricas (de menor a mayor poder) y predominante en las simétricas (relaciones de parentesco cercano como entre hermanos o primos). En la única relación simétrica en la que aparecía mayoritariamente vos es en la relación entre esposos, “lo que parece indicar que esta era la forma que expresaba la intimidad por antonomasia en relaciones simétricas” (Fontanella de Weinberg 1999: 1411). Por otra parte, vos también predomina en las relaciones asimétricas cuando el destinatario se halla en el polo de menor poder, como el hijo respecto de los padres.

Lo encontrado por Fontanella puede resumirse en el esquema siguiente:

Tú, por su parte, apenas si aparece en el corpus analizado: sólo, y escasamente, de padre a hijo.

Bentivoglio (2003), en un estudio posterior al de Fontanella y sólo sobre 52 cartas del mismo corpus, todas escritas en la segunda mitad del siglo XVI, llega a resultados distintos: Cartas con uso constante de vos: 23 (44%) Cartas con uso constante de vuestra merced: 13 (25%) Cartas con alternancia de vos, tú, él/ella, vuestra merced: 16 (31%)

Según los datos manejados por la autora, en la segunda mitad del siglo XVI los emigrados a Indias preferirían la más tradicional forma vos a la más reciente y formal vuestra merced para dirigirse a sus parientes (Bentivoglio 2003: 182).12 Y agrega: “El corpus de las cartas que he analizado revela un estado diferente del de los testimonios de algunos autores del siglo dieciséis, quienes aparentemente sólo tomaron en cuenta las formas de tratamiento empleadas por las clases superiores y los literatos” (Bentivoglio 2003: 187).13 Por otra parte, las 16 cartas en las que coexisten vos y vuestra merced revelan algo sumamente interesante: el cambio de actitud del emisor hacia el destinatario. En este sentido, Bentivoglio afirma que la alternancia no parece casual sino más bien motivada por factores pragmáticos, por situaciones evocadas en la misma carta, aunque el cambio no siempre signifique lo mismo: “cambiar de la tercera a la segunda persona puede estar relacionado con un aumento de ternura pero también puede constituirse en una función totalmente opuesta” (Bentivoglio 2003: 187).14 Más adelante añade:

vos se emplea generalmente para la intimidad y contextos más familiares, y vuestra merced para solicitudes más formales, recomendaciones o incluso quejas. En algunos casos, sin embargo, el cambio de vuestra merced a vos puede dar a entender una significación opuesta, es decir, un cambio de actitud de mayor desprendimiento a menor tolerancia por parte del que escribe (Bentivoglio 2003: 188).15

Un antecedente más directo lo constituye el trabajo de Carrera de la Red y Álvarez (2004), en el que las autoras analizan las fórmulas de tratamiento empleadas en cuatro documentos del siglo XVI: dos cartas particulares y dos documentos públicos producidos en territorio de la actual Venezuela. La identificación de los documentos es la siguiente:

1VILLACORTA = carta que envía Andrés de Villacorta, Teniente de Alcaide de la Fortaleza de Cumaná participando a las autoridades de Cubagua la destrucción de dicha fortaleza por un terremoto.

2AGOSTINO = carta de Agostino a su mujer, Ana de Santiago, en Sevilla.

3CIUDADES = los Cabildos de las ciudades de Mérida, Pamplona y Villa de San Cristóbal solicitan al Rey su incorporación a la Gobernación del Espíritu Santo de La Grita.

4ORELLANA = visita de Juan Prieto de Orellana, desde Tunja, a la ciudad de Pamplona, del Espíritu Santo y la encomienda de Pachaquirá (Carrera de la Red y Álvarez 2004: 231).

En los documentos 3 y 4 la relación emisor-destinatario es asimétrica, de inferior a superior; en el documento 1, la relación es “de cierta asimetría”, pues una autoridad inferior se dirige a una superior; la carta del marido a su mujer es la única en la que la relación es simétrica (Carrera de la Red y Álvarez 2004: 236).

Tres de los cuatro documentos (el 1, el 3 y el 4) presentan, en cuanto a formas de tratamiento, “paradigmas coherentes de las diferentes formas pronominales (pronombres o fórmulas honoríficas) en todas las funciones sintácticas atestiguadas”, mientras que el otro (el 2) tiene “una mezcla de paradigmas de vuestra merçed y vos” (Carrera de la Red y Álvarez 2004: 232)

Como conclusión general, las autoras afirman que “la forma pronominal de tratamiento que aparece como fundamental es vos. No obstante, parece claro que la cortesía se desplaza a diferentes fórmulas honoríficas, fundamentalmente a vuestra merced. Todavía no se encuentra en estos textos el sustantivo personal usted” (Carrera de la Red y Álvarez 2004: 241).

Si tomamos en consideración los datos aportados por Fontanella de Weinberg (1999), Bentivoglio (2003) y Carrera de la Red y Álvarez (2004), pudiéramos llegar a la conclusión de que hacia finales del siglo XVI en las relaciones simétricas parecía predominar en el tratamiento la forma vos sobre vuestra merced, pero ya en el XVII la relación se invertiría. Ciertamente, la realidad reflejada por las cartas producidas en América parece no concordar, al

menos en parte, con lo que señalan gramáticos y letrados peninsulares. Veamos algunos testimonios del siglo XVII:16

Sebastián de Covarrubias, en su Tesoro (1611) dice, a propósito de las formas de tratamiento, lo siguiente:

TÚ. [...] no se dice sino a criados humildes y a personas bajas, en nuestra lengua castellana hablando ordinariamente. VOS. [...] usamos de él en singular, y no todas veces es bien recibido. MERCED. [...] es una cortesía usada particularmente en España, como en Italia la señoría, que es común a cualquier hombre honrado [...] por ser persona que merece ser honrada la llamamos merced.

Ambrosio de Salazar, en su Espejo general de gramática en diálogos de 1615, señala:

Sepa que los españoles reciben un bofetón cada vez que los tratan de vos, y aunque sea un azacán, tienen por punto de honra de que no los tratan bien [...] De manera que cuando se habla o se trata a alguno de vos, lo tienen a afrenta muy grande.

Juan de Luna, Diálogos familiares, 1619:

El [tratamiento] primero y más bajo es tú, que se da a los niños o a las personas que queremos mostrar grande familiaridad o amor. Vos se dice a los criados y vasallos. De Merced usamos llamar a las personas a quienes respetamos y debemos o queremos dar honra, como son jueces, caballeros, eclesiásticos, damas y gente de capa negra17 ... De vos tratamos a los criados y mozos grandes, y a los labradores y personas semejantes; y entre amigos adonde no hay gravedad ni

Gonzalo Correas, Arte grande de la lengua castellana, 1626:

De Merced usamos llamar a las personas a quienes respetamos y debemos o queremos dar honra, como son jueces, caballeros, eclesiásticos, damas y gente de capa negra17 ... De vos tratamos a los criados y mozos grandes, y a los labradores y personas semejantes; y entre amigos adonde no hay gravedad ni cumplimiento se tratan de vos. Y aun en razonamientos delante reyes y dirigidos a ellos, se habla de vos con debido respeto y uso antiguo.

Y en otra parte agrega: “[tratamos] de vos por desdén”.

Llegados al siglo XVIII, la situación parece no haber cambiado si nos atenemos a lo que apunta la Real Academia Española en su primer diccionario

TU. [...] Se usa asimismo en el trato común, hablando con familiaridad, o amistad, o con superioridad al inferior. VOS. [...] Se usa asimismo como tratamiento que dan los superiores a los inferiores. MERCED. Tratamiento o título de cortesía, que se usa con aquellos que no tienen título u grado por donde les toque la Señoría.

Y agrega la forma usted, la que define como “Voz del tratamiento cortesano, y familiar: es síncopa de V.m.”.

Lo complejo del sistema en lo que a uso de las formas de tratamiento se refiere, más su polisemia y la superposición morfológica pronominal y verbal, era una debilidad que debía resolverse. Un sistema tan inestable debía simplificarse. En América la simplificación se realizó mediante la fusión de los paradigmas de vos y de tú, excepto en aquellos territorios (como las capitales virreinales) donde la lengua ya había alcanzado un alto grado de estandarización; tal fusión paradigmática, en efecto, encontró una gran resistencia en México y Lima, similar a la que se daba en la misma metrópoli, donde habría de triunfar el tú para el tratamiento informal.18

A partir del siglo XVIII, la contienda entre vuestra merced (> usted) y vos se irá resolviendo de modo distinto según las regiones; así, comienza un proceso de restricción de una forma y de expansión de la otra que estará en el inicio de la estructuración de cada uno de los sistemas modernos americanos. Fontanella de Weinberg (1999) registra para Buenos Aires una expansión del vos en detrimento del usted. ¿Qué ocurrió en la Provincia de Mérida? ¿Qué dicen respecto a las formas de tratamiento nuestras cartas merideñas del siglo XVIII?

3. ANÁLISIS

Nuestras cartas, que, como ya dije, son de carácter particular y privado según la clasificación de Heredia (1985), tienen por autores a quince sujetos distintos de diferente jerarquía, clase o cargo en el entramado social merideño de entonces. Ellos son, agrupados en las siguientes categorías, los que enumero a continuación:

Particulares (7):

Paubla Rodríguez, su esposo Francisco de Angulo, los apoderados de éste, Francisco Lezama (en Mérida) y José Antonio Maldonado (en Santa Fe de Bogotá), el mulato Juan Pablo Nepomuceno Dávila y sus hermanos Tomás y Mariano Dávila.

Funcionarios civiles y militares (5):

Antonio Ignacio Dávila (Padre General de Menores y Personas Desvalidas),19 Baltasar Padrón (Administrador General de la Real Renta de Tabaco, con sede en Maracaibo) y Pascual María González (Administrador de la Real Renta de Tabaco en Mérida), Francisco Dávila (alcalde ordinario) y Antonio Moreno (Subteniente Comandante del Destacamento).

Funcionarios eclesiásticos (3):

Francisco Antonio Uzcátegui (Vicario y Juez Eclesiástico de Mérida),20 Buenaventura Buitrago (Cura de San Juan de Lagunillas, lugar del que los amantes eran feligreses) y Luis Dionisio de Villamizar (Cura Rector de la Iglesia Parroquial de Mérida).

La correspondencia que se realiza entre emisores y destinatarios por categorías sociales es la siguiente:

Veamos en detalle quién escribe a quién en cada una de las categorías arriba señaladas.

Antes de ver las formas de tratamiento que nos ocupan, es necesario que conozcamos las formas alocutivas que encabezan cada carta, algunas de  las cuales son o contienen títulos que, como tales, hacen referencia al cargo, oficio o jerarquía del destinatario:21

Excepto en la relación simétrica de familiares y amigos (grupo A), y en la relación asimétrica polar (grupo B, de particulares a funcionarios), la forma alocutiva que prevalece en las cartas es Muy Señor mío, que alterna con Señor Vicario cuando el destinatario es el Vicario y Juez Eclesiástico, único encabezamiento de carta en los grupos C, D y E que hace referencia al cargo. Del tratamiento Muy22 señor mío dice el Diccionario de Autoridades que, como encabezamiento de cartas, “lo pone el inferior al superior, o el igual al igual”. En nuestro legajo lo encontramos de modo prevalente en las cartas de los grupos C, D y E, en las que la relación entre emisor y destinatario es (cuasi)simétrica por tratarse de escritos entre funcionarios.

El protocolo (o “hipercortesía”) verbal es prácticamente inexistente en este corpus, nótese que sólo el esclavo Pablo trata de Ilustrísimo al Vicario y de mi amo y señor teniente al Padre de Menores; es el que más distancia pone entre su persona y los destinatarios, no sólo por su misma condición de esclavo, por lo tanto, el más débil de todos los personajes, sino también porque sabe que su vida y su matrimonio con Manuela dependen de la decisión que tomen aquellos; su posición de suplicante lo lleva a mostrarse como el más humilde, de allí que se dirija a ellos con tales expresiones. También hay que resaltar que en seis cartas no aparece forma alocutiva alguna, particularmente en las cartas escritas por el Vicario y Juez Eclesiástico (cartas del grupo D), a pesar de estar dirigidas a funcionarios del gobierno colonial. ¿Esto podría, eventualmente, tomarse como manifestación probable de arrogancia frente a sus interlocutores, a los que consideraría como inferiores en la pirámide social colonial?

Veamos ahora las formas de tratamiento específicas empleadas por los distintos remitentes.

La forma común de tratamiento formal, indistintamente de la jerarquía civil, militar o eclesiástica de los interlocutores, indistintamente de la posición ocupada por ellos en el entramado social de la Mérida del XVIII, es vuestra merced, que alterna a veces con usted (cartas [9], [10] y [11], las tres escritas por el Administrador de la Real Renta de Tabaco). En las cartas [13], [16] y [32], escritas por esclavos, se observa que la única forma de tratamiento es su merced, pero en la carta [17], escrita también por Pablo, aquélla alterna con vuestra merced.23 Llama la atención que en la carta [4] sólo aparece, como ya lo dije, vuestra señoría, dirigida al Vicario General y Gobernador del Arzobispado de Santa Fe por un particular, el apoderado de Francisco de Angulo; recordemos que esa carta carece de forma alocutiva en el encabezamiento. Veamos algunos ejemplos de cada forma empleada en el legajo que nos ocupa:

Dichas formas aparecen siempre con los pronombres correspondientes y los verbos en 3ª persona, así, en ninguno de los escritos analizados se observó inconcordancia. Poseen nuestros documentos lo que Carrera de la Red y Álvarez (2004: 232) llaman paradigmas coherentes.

Es de hacer notar que en la carta signada con el número [6], dirigida por el doctor Buenaventura Buitrago, cura de San Juan, al Vicario y Juez Eclesiástico de Mérida, no hay ninguna forma de tratamiento explícita; podría inferirse que aquél trata a éste de vuestra merced por ser el uso normal y por estar los verbos en 3ª persona, aunque cabe la posibilidad de interpretar el escrito como menos personal; en efecto, en respuesta a la carta del Vicario y Juez Eclesiástico, el cura le escribe diciéndole que “en cumplimiento de la orden que antecede debuelbo al Jusgado del Señor Vicario las diligencias que manda y asi mismo obedesco en lo demas que me ordena” (f. 15v). ¿Que manda y ordena el Juzgado del Señor Vicario? ¿O que manda y ordena Vuestra Merced?

Podría argumentarse a favor de una u otra interpretación tomando en cuenta todo el discurso textual, pero esto se escapa del objetivo del presente trabajo. Incluso de vuestra merced trata el apoderado a aquel de quien recibe el poder, con el que ciertamente mantiene una relación de amistad (sólo a alguien de confianza se le otorga un poder como el que se desprende de la lectura de los folios 6r-7r); de hecho, el encabezamiento de la carta que Francisco Lezama le dirige a Francisco de Angulo es Estimado amigo mío (f. 6r), lo que permite inferir una relación simétrica aunque no íntima. En cuanto a las formas de tratamiento simétrico e íntimo tenemos que sólo la carta de Paubla Rodríguez a su marido refleja algo de cómo era este trato; es el único escrito en el que no está presente la formalidad por tratarse de una carta estrictamente familiar que uno de los cónyuges le dirige al otro. Allí, la mujer emplea tanto el tú como el vos:

a bos te costa [‘a vos te consta’] de sus buenas [sic] Prosederes [...] como qe sí fuera Hermano tuío [...] Te suplica qe no le eches en olvído [...] todos te estamos encomendamos a Dios qe saqueis tu pleito con uitoria Me le dareis Mis expresiones a maria de la Cruz yo estoí Buena Para servirte...[1].

Vemos cómo alternan tú y vos, con sus correspondientes formas verbales pero, al igual que ocurre en el voseo americano actual, las formas pronominales objeto y posesivo son sólo te y tu/tuyo. Así, llama poderosamente la atención la inconcordancia gramatical o incoherencia de paradigmas en “a bos te costa” y en “que saqueis tu pleito con uitoria”, formas que se repiten hoy por hoy en zonas voseantes de América, de las que, sin embargo, no forma parte en la actualidad el territorio andino de la Provincia de Mérida.

4. CONCLUSIONES

El análisis nos dice que en el proceso de reestructuración de las formas de tratamiento ocurrido a lo largo del siglo XVIII, Mérida escogió vuestra merced; las cartas analizadas muestran ya igualmente algunos casos del contraído usted. La provincia andina prefirió, pues, mantener la forma más usual en el XVI, la cual no sólo habría de afianzarse con el tiempo sino que expandiría su campo pragmalingüístico ocupando los antiguos territorios de vos y tú, de manera que estos pronombres quedarían prácticamente desterrados. Tal preferencia, que, como veremos enseguida, ha perdurado en los tiempos modernos, nos llevaría a clasificar a la comunidad merideña (en una primera aproximación y siguiendo a Fontanella de Weinberg 1999) como conservadora, pues en ella prevalece la forma de tratamiento correspondiente a las antiguas relaciones asimétricas (cf. Fontanella de Weinberg 1999: 1416).

Esa preferencia de vuestra merced (> usted) que hemos encontrado en ese breve corpus del siglo XVIII, se continúa en el habla moderna merideña (y andina, en general). Páez Urdaneta (1981: 90-91) en un trabajo pionero sobre el voseo afirmaba que, aunque existe un voseo andino venezolano que “se extiende a lo largo de los Estados Táchira, Mérida [y] parte de Trujillo […] los mismos estados andinos son predominantemente ustedeantes”. Y agregaba más adelante: “En Táchira y Mérida el uso de usted presenta mayor intensidad que en Trujillo […] en el habla venezolana, el “ustedeo” es una de las peculiaridades más resaltantes de la región andina (1981: 94-95). Pero en la actualidad, ¿puede explicarse el uso de usted en esta región apelando a las nociones de relaciones asimétricas o al carácter conservador de sus habitantes? ¿Qué nos dicen las últimas investigaciones realizadas?

Las investigaciones recientes (Álvarez y Barros 2001, Álvarez y New 2003, Álvarez y Carrera de la Red 2006) indican, en primer lugar, que la forma de tratamiento que los merideños prefieren tanto en la producción como en la recepción es, sin duda, usted. En segundo lugar, que el uso del usted merideño no tiene que ver con el tipo de relación entre los interlocutores (simétrica o asimétrica) o al carácter conservador de la comunidad, sino que funciona primordialmente como un marcador de identidad, de pertenencia grupal, de “andinidad”. Por otra parte, por ser el pronombre usted el más extendido entre los merideños, parece haberse convertido en la forma no-marcada para la cortesía, mientras que el “extraño” tú vendría a ser una forma marcada, empleada cuando se quiere ser cortés con el foráneo. En definitiva, el uso del usted merideño, empleado tanto en situaciones formales como informales, tanto en relaciones simétricas como asimétricas, obedece a un juego pragmalingüístico de extrema complejidad, difícil de dominar por los venezolanos no andinos. Este uso, ciertamente, es la prolongación en el tiempo, al menos en parte, del que hemos visto en nuestras cartas del siglo XVIII.

ANEXO:

Transcripción paleográfica de la carta que Paubla Rodríguez dirige a su esposo Francisco de Angulo Nota: se ha añadido un guión a final de renglón cuando la palabra está partida †

/f. 5r/ Franco de Angulo Todo Mi pensar )//: Muí Mi estimado consorte de Mi maior apresio te noticío Como el Sor Vicario lla caso â Manuela el dia 28 del prosimo pasado el Mulato se huío a Barinas y el apoderado del SorComte se porto Mal con el dho Sor pues el no hauerle dado pronptamte aviso al dho Sor Para aver puestto el remedio en tiempo y aver ôbiado tal caso pues Luego Luego [sic] el dho SorDn Antonio Moreno llegó â su notisia paso donde el Vicario y hablo barbalmente y Puso su enpedimto y le exserto con vn escrito atendiendo â se contuuiera en el matrimonio y puso guardias en todos los Caminos y en casa de DnAntonio Davíla pero como el SorVicario es tan âtropellado y el dho Dauila ha sído el ha estado asiendo todo alto como a bos te costa de sus buenas Prosederes, el dho Manifiesta, el Sor Comte a echo sus ofisios como qe sí fuera Hermano tuio pq se â desforsado como Noble qe es pues estoi Mui âgradesída y lo mismo â echo el Sor dn Pascual = La mulas no le dieron síno fueron sinco pregones y al fin fue qe el Vicarío se quedo con ellas = el Mulato dizen qe esta Casa del Vicarío anparandolo como lo hiso desde sus prensipíos, y asi te doí auiso de todo pa tu gobierno escríuirle al Sor dn Antonio y al dho Sor don pasqual pq ellos asta La presente an deba- /f. 5v/ -cuado con enpeño en sus ôfisíos y asi no Te portes mal con dhos Sres el mulato lo amonestaron Libre, lla te aluierto qe agires con empeño contra el dho Vicario pr qe y es alcalde es Theniente es comte es Governador y es facultatiuo en todos Casos como se á uisto y qe atropellado el quartel sobre el Caso susedio en Merida sobre el adsunpto de cojer un Mulatico qe tenía el Sor dn Pasqual de bolante.

Por âca no haí nouedad, todos estamos Buenos no auido Nouedad nínguna Sa da fransisca Ana Te suplica qe no le eches en oluído la Carta qe te recomendo y lo mismo Sor dn Angl quienes asen sus expresiones y lo mismo asen todos los Muchachos. y damíana y Sor felis y Joaquin y Juan Josefe el de la quebrada y Tia Lorensa y todos tus conosidos Las Muchachas hasen sus Memorias y lo mismo las criadas y criados y lo mismo hasen con fruto y Nicolas todos te estamos encomendamos a Dios qe saqueis tu pleito con uitoria Me le dareis Mis expresiones a maria de la Cruz yo estoí Buena Para seruirte y Ruego a Díos te gue Ms as. de esta tuía Caparu y eNero 1 de 1784. Tu esposa qe desea verte y no escriuirte.

 

Paubla Rodrígues
[firmado-rubricado]

[Al margen izquierdo dice] te aluierto qe Conpres Balleta asul qe en esta Ciudad no se encuentra yo í todos La solisitan te encargo vnas colchas Para la cama no dexes de escriuir Para tener algun consuelo Dios te guê Ms as.

NOTAS

* Este artículo forma parte de un trabajo de investigación más amplio sobre las formas de tratamiento en los Andes. Otros trabajos parciales han sido presentados en el XV Congreso Internacional de ALFAL (Montevideo, agosto 2008) y en el V Simposio de Lingüística Hispánica celebrado en la Universidad Laval (Québec, octubre 2008). Agradezco al Consejo de Desarrollo Científico, Humanístico y Tecnológico (CDCHT) de la Universidad de Los Andes por el financiamiento del proyecto El Español de Mérida – III (H-895-05-06-A), del cual forma parte este trabajo.

1. Para este trabajo he numerado cada carta atendiendo al orden secuencial en que se encuentran en el Archivo. Para evitar confusiones, el número de las cartas va encerrado entre corchetes.

2. En el legajo, además de las cartas, hay escritos de otro tipo: interrogatorios, órdenes, poderes y dictámenes, los cuales no son objeto de análisis en este trabajo.

3. A lo largo del legajo, este esclavo es llamado Juan, Juan Pablo, Pablos (seguido de Nepomuceno) o simplemente Nepomuceno. En las cartas que él se hace escribir (las marcadas con los números 13, 17 y 32 en este trabajo) aparece como Pablo Nepomuceno Dávila.

4. Pablo Nepomuceno es tratado de mulato en nueve cartas ([1, 7, 8, 12, 14, 16, 17, 23 y 31]) y de zambo en dos ([9] y [11]), ambas escritas por Pascual María González (Administrador de la Real Renta de Tabaco) y dirigidas al Vicario Francisco Antonio Uzcátegui. Recordemos que el mulato era el hijo de europeo y negra, mientras que el zambo lo era de indio y negra (o viceversa), y aunque ambos formaban parte de las clases inferiores, el mulato estaba un poco más arriba en la escala social que el zambo. Es muy probable que Nepomuceno fuera en realidad mulato, sobre todo teniendo en cuenta que así lo califica Francisco de Angulo, él mismo mulato.

5. Aunque reconoce ser “mulato liberto”, Francisco de Angulo considera que está por encima de Pablo Nepomuceno no sólo por su riqueza, producto de su trabajo, sino, sobre todo, por ser éste su esclavo; nótese, sin embargo, que Pablo Nepomuceno compra su libertad mediante la ayuda económica de sus hermanos en noviembre de ese mismo año de 1783, es decir, un mes antes de casarse con María Manuela.

6. Para más detalles sobre esta “historia de amor”, véase Ramírez Méndez (2004: 85-89). Por este autor sabemos que, en la apelación contra la decisión de la Vicaría de Mérida de autorizar el matrimonio, Santa Fe de Bogotá le dio la razón a Francisco de Angulo, sentencia, sin embargo, que la iglesia merideña desconoció; sabemos también que Paubla Rodríguez desheredó a sus nietos, los hijos de Manuela, alegando que ésta se había “prostituido y casado con su esclavo Nepomuceno contra la voluntad manifiesta de su padre y mía cuyo echo causó innumerables perjuicios y quebrantos de nuestro caudal”. Estas noticias están en los testamentos de los padres de Manuela Angulo. Este matrimonio ha sido estudiado por diversos especialistas por los factores sociales y políticos de primer orden involucrados en el caso. Véanse también Martens Ramírez (2004) (autora que yerra al afirmar que Francisco de Angulo era blanco y que la causa de su oposición al matrimonio de su hija era una cuestión basada en la diferencia de clase/color) y el artículo Rebelión de los Comuneros en Fundación Polar (1997).

7. Según Ramírez Méndez (2004: 88), la inusitada rapidez del Vicario Uzcátegui en autorizar el matrimonio hace suponer “cierta parcialidad en las acciones del tribunal eclesiástico” que tendría su origen en la enemistad, por razones políticas, entre aquél y Francisco de Angulo como consecuencia de la rebelión de los comuneros (1781); ante la adhesión del poblado de Ejido a dicho movimiento, el Vicario se vio en la necesidad de huir y refugiarse en la Gobernación de Caracas, de donde volvió una vez doblegada la rebelión, cuyo líder en estas tierras merideñas salvó los pocos bienes que no le fueron embargados trasladándolos a la hacienda que tenía su amigo íntimo Francisco de Angulo en Caparú. “Aquella vinculación indudablemente le fue adversa a Francisco de Angulo cuando tuvo que recurrir a la justicia del vicario, quien falló en su contra” (Ramírez Méndez 2004: 88).

8. Esta última referencia remite a la comunicación presentada en el XIV Congreso de la Asociación de Hispanistas Alemanes (Regensburg, 6-9 de marzo de 2003), trabajo que luego sería Carrera de la Red y Álvarez (2004).

9. Todavía en el siglo XVIII no era usual en España y sus posesiones tratar a un prelado de Monseñor. El Diccionario de Autoridades señala que es un título de honor que se da en Italia a los prelados eclesiásticos y de dignidad.

10. Ver, entre otros, Bentivoglio (2003), Fontanella de Weinberg (1999), Obediente Sosa (2007) y Páez Urdaneta (1981) para una visión de conjunto de las formas de tratamiento.

11. Las publicadas por Enrique Otte (1993).

12. Bentivoglio señala en la nota 11 (pág. 189) que en las cartas por ella analizadas la forma tú apareció una sola vez (en la carta 127, de 1594), razón por la cual decidió no incluir tú en su trabajo.

13. Mi traducción de: “the corpus of letters I analyzed reveals a state of affairs different from the testimony of some sixteenth-century authors, who apparently only took into account the address forms used by upperclass people and literary writers” (Bentivoglio 2003: 187).

14. Mi traducción de: “...switching from the third to the second person may well correlate with an increase in tenderness but it may also serve a totally opposite function” (Bentivoglio 2003: 187).

15. Mi traducción de: “vos is generally used for intimate and more familiar contexts, and vuestra merced for more formal requests, recommendations or even complaints. In some cases though, the shift form vuestra merced to vos may convey an opposite meaning, i.e., a change from a more detached to a less tolerant attitude on behalf of the writer” (Bentivoglio 2003: 188).

16. Sigo en los testimonios a Páez Urdaneta (1981: 48-53).

17. Es decir, urbanos y decentes, gente opuesta a la de “capa parda” o rústica.

18. Sobre este complejo proceso de reestructuración, ver Fontanella de Weinberg (1999: 1413-1414).

19. A pesar del título, Antonio Ignacio Dávila es un funcionario civil o militar; el esclavo Pablo lo trata una vez de “señor teniente” [17], pero recuérdese que ese título no remitía necesariamente, en el siglo XVIII, a un grado militar; el Diccionario de Autoridades define la voz de esta manera: “Usado como substantivo, el que ocupa, y exerce el cargo, ò ministerio de otro, y es como substituto suyo” (s.v.).

20. Prelado que ejercía la jurisdicción ordinaria. Aunque la erección de Mérida como sede episcopal data de 1778, la llegada del primer obispo, fray Juan Ramos de Lora, no se efectuaría sino en febrero de 1785.

21. Los elementos entre paréntesis pueden faltar en alguna de las cartas.

22. escrito también como mui.

23. Dice Germán de Granda que la función deferencial de la forma su merced se transformó, en amplias zonas americanas, en función reverencial, función manifestada por el uso que de aquella forma de tratamiento hicieron los esclavos de Puerto Rico, Cuba, Perú y Argentina “para dirigirse a sus amos, hasta la supresión de la institución esclavista” (Granda 2007:167). Vemos que la situación descrita para esos países se practicó igualmente en la Provincia de Mérida.

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