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Investigación Clínica

versión ISSN 0535-5133

Invest. clín v.43 n.3 Maracaibo set. 2002

 

Aspectos básicos y determinación de las vitaminas antioxidantes E y A.

Mercedes Márquez1, Carmen E. Yépez1, Rosalía Sútil-Naranjo1 y Manuel Rincón2.

 

1Clínica de Dislipidemias, Departamentos de Farmacología.

2Departamento de Bioquímica. Escuela de Medicina, Facultad de Ciencias de la Salud, Universidad de Carabobo, Valencia, Venezuela.

Resumen.  

    La vitamina E funciona en general como un antioxidante biológico, previniendo la oxidación de los ácidos grasos poliinsaturados y de las proteínas, por lo que es considerada como un importante elemento protector en el desarrollo de enfermedades relacionadas con los procesos oxidativos. Más allá de su función antioxidante, también ha sido involucrada en la expresión genética, el metabolismo mitocondrial, en la diferenciación celular y en la regulación del sistema inmunológico. Desde el punto de vista de protección antioxidante, se consideran niveles óptimos en sangre valores ³ 1200-1300 µg/dL (estandarizados según los lípidos plasmáticos). Con relación a su efecto beneficioso en la prevención primaria o secundaria de enfermedad aterosclerótica, los resultados obtenidos aun no son concluyentes. La vitamina A forma parte de una de las líneas de defensa del organismo ante los radicales libres. El mecanismo de acción antioxidante comprende una acción barredora de radicales simples de oxígeno y radicales thioil y podría estar relacionada con los procesos que involucran expresión genética y diferenciación celular. Se consideran niveles óptimos como antioxidantes valores ³ 80 µg/dL. El mayor riesgo del uso de dicha vitamina es su toxicidad aguda o crónica. La cuantificación de la concentración de vitamina E (alfa-tocoferol) y vitamina A (retinol) sérica se realiza por cromatografía liquida de alta eficiencia (HPLC), método de gran reproducibilidad y precisión, siendo de elección para la determinación de estas vitaminas por su alta sensibilidad.

Palabras clave: Vitamina E, vitamina A, antioxidante.

Abstract.  

    Vitamin E usually works as a biological antioxidant, preventing the oxidation of poliunsaturated fatty acids and proteins, for which it is considered an important protective factor in the development of diseases related to oxidative processes. Beyond its antioxidant properties, it has been involved also in genetic expression, mitochondrial metabolism, cell differentiation and immune system regulation. From the point of view of its antioxidant protection properties, values ³ 1200-1300 µg/dL are considered optimum levels (standardized according to plasmatic lipid levels). In relation to the beneficial advantage effects of vitamin E on primary or secondary atherosclerotic disease, data are not conclusive. Vitamin A is part of the organism´s defense barrier against free radicals. Its antioxidant mechanism of action includes scavenging of singlet oxygen and thiol free radicals, and it also could be related to processes that involve genetic expression and cell differentiation. As an antioxidant, vitamin A plasmatic levels ³ 80 µg/dL are considered optimal. The highest risk of using this vitamin is related to its acute or chronic toxicity. Quantification of serum vitamin E (alpha tocopherol) and vitamin A (retinol) are made by high performance liquid chromatography (HPLC), method of high precision, sensitivity and reproducibility.

Key words: Vitamin E, vitamin A, antioxidant.

Recibido: 30-07-2001. Aceptado: 10-06-2002.

INTRODUCCIÓN

    Existe un amplio interés en la prevención de algunas condiciones y enfermedades crónicas principalmente cáncer y enfermedad cardíaca, por lo que muchos de los esfuerzos están enfocados hacia la efectividad de los componentes de la dieta como agentes importantes en esta prevención (1, 2). En este sentido en el campo de la nutrición se han focalizado investigaciones con el fin de estudiar el efecto antioxidante de diversos nutrientes así como también sus posibles efectos prooxidantes (3, 4).

    Es conocido que los radicales libres generan importantes cambios en lípidos, proteínas, ácidos nucleicos y en carbohidratos, y se han asociado a la generación y progresión de variados procesos degenerativos crónicos como las enfermedades cardiovasculares (coronaria, cerebral, periférica), cáncer, cataratas y degeneración macular, desórdenes neurológicos como el Parkinson, cuadros inflamatorios, enfisema y muchos de los procesos asociados al envejecimiento, entre los que se incluye el estado de deficiencia inmunológica para las infecciones, dada la particular dependencia del balance oxidativo-antioxidante de este sistema (5, 6).

    Debido a que la producción de radicales libres forma parte del metabolismo normal de la célula, el organismo posee un sistema para contrarrestar sus efectos. Dentro de esta defensa antioxidante se encuentran los llamados esenciales o vitaminas antioxidantes por ser dependientes de fuentes exógenas, como las vitaminas E, A, C y los betacarotenos, y los no esenciales porque pueden ser obtenidos por síntesis endógena, perteneciendo a esta categoría la línea de defensa enzimática.

    Se ha desarrollado un especial interés en el tema y numerosas investigaciones sobre el mismo. En tal sentido en el año de 1989 la Organización Mundial de la Salud señaló que “un estado óptimo de los antioxidantes esenciales debería reducir el riesgo de enfermedades degenerativas y ser un pre-requisito de salud óptima“ (citado en 2). En consecuencia, se ha acumulado un importante cuerpo de estudios enfocados sobre el efecto protector de las vitaminas antioxidantes. Estudios epidemiológicos relacionados con la dieta, señalan consistentemente la relación entre el consumo de vitaminas antioxidantes y la enfermedad cardiovascular (2, 7-9). La eficacia de la terapia con vitaminas antioxidantes ha sido evaluada por estudios o pruebas al azar los cuales mostraron que no existe una clara reducción de la mortalidad por enfermedades cardiovasculares con la suplementación con dichas vitaminas, aun cuando ésta se prolongue hasta seis años o más (7, 10, 11).

    Otros estudios han sido realizados para evaluar los niveles plasmáticos de vitaminas antioxidantes y su relación con enfermedad cardiovascular, en este sentido estudios, epidemiológicos multicéntricos, encontraron que la vitamina E era un fuerte predictor de la mortalidad por enfermedad isquémica cardíaca más que los clásicos factores de colesterol total y presión diastólica, presentando este orden de asociación: vitamina E > colesterol y/o factor genético Finlandia > vitamina C > carotenos = vitamina A (2, 12). Estudios de casos y controles (13, 14) y estudios prospectivos (2,13, 15) concuerdan con la hipótesis de que un elevado estado de vitaminas tiene un potencial efecto protector contra las enfermedades cardiovasculares y ciertos cánceres (2, 3).

    Estudios de predicción de riesgo de tipo retrospectivo y prospectivo apoyan los datos anteriores y establecen un orden de potencial protección para Enfermedad Cardiovascular (ECV): vitamina E > betacaroteno= vitamina C > vitamina A. Los estudios de intervención, teóricamente capaces de revelar una relación causal entre antioxidantes y ECV aún no han sido concluyentes y algunos de ellos están aún en progreso (2, 5).

    Sobre la base de las investigaciones realizadas se han sugerido concentraciones sanguíneas de vitaminas antioxidantes E y A que han sido asociadas a una reducción del riesgo de enfermedades crónicas tipo cardiovascular o cáncer y cuyos valores son mayores o más exigentes que los niveles de referencia tradicionales para deficiencia nutricional.

    El estado de vitaminas E y A en un individuo forma parte de la evaluación del balance oxidativo debido a que las concentraciones plasmáticas de estas vitaminas han resultado ser un indicador más preciso del estado de antioxidantes en el organismo, que la evaluación del aporte y consumo de estas vitaminas en la dieta de cada individuo (2, 3), por lo que es de interés para los investigadores manejar una metodología que permita determinar de manera confiable los niveles de vitaminas E y A en sangre de individuos y poblaciones. Actualmente la cromatografía líquida de alta eficiencia representa el método más utilizado para su determinación simultánea, por su alta sensibilidad y reproducibilidad, lo cual permite determinar en muestras biológicas pequeñas concentraciones y así lograr un diagnóstico más preciso. En la presenta revisión se contemplan detalles importantes en la ejecución de esta valiosa técnica estandarizada en el país, para la difusión y aprovechamiento de los investigadores en el área.

    También han sido señaladas las recomendaciones en cuanto a la cantidad de vitaminas antioxidantes E y A que se debe consumir para alcanzar los niveles sanguíneos óptimos, de tal manera que puedan ofrecer, en una población sana, protección contra las enfermedades crónicas (2, 3, 16, 18). Recomendación que podría ser mayor que aquella dada para prevenir las bien conocidas deficiencias vitamínicas desde el punto de vista nutricional (6, 17).

    El estado de antioxidantes esenciales como las vitaminas E y A, a diferencia de las otras líneas de defensa, puede ser modificado a través de medidas dietéticas (2) y/o farmacológicas, la indicación adecuada de dichas medidas debe estar basada en el estudio de sus propiedades, funciones y recomendaciones ajustándose a los nuevos criterios de protección antioxidante y adecuándolo a los individuos y a las poblaciones según su condición médica y al análisis de su estado antioxidante real (19).

    De lo antes expuesto deriva la importancia que tiene el conocimiento de los aspectos básicos fundamentales de estas vitaminas antioxidantes esenciales para implementar las recomendaciones adecuadas para cada caso.

VITAMINA E

Aspectos básicos

    El término vitamina E es usado para un grupo de compuestos liposolubles derivados del tocol y del tocotrienol, que tienen actividad de vitamina E. (20, 21).

    En la naturaleza se dan cuatro tocoles y cuatro tocotrienoles, se les conoce con los nombres de a, b, d y g tocoferol y sus correspondientes a, b, d y g tocotrienoles. El alfa-tocoferol tiene la mayor actividad biológica y es la forma de vitamina E más ampliamente disponible en los alimentos (20, 22).

    Para fines prácticos, 1 mg de la forma sintética de acetato de alfa-tocoferol es equivalente a 1 Unidad Internacional (UI) de vitamina E y 1 mg de la forma natural de alfa-tocoferol equivale a 1,49 UI (20).

Fuentes

    Las principales fuentes de vitamina E son los aceites vegetales tales como maíz y de soya, así como el germen de trigo y la margarina. Los productos animales no son buena fuente de vitamina E (23, 20).

Absorción, metabolismo y distribución

    La absorción de tocoferoles depende de los mismos factores que la digestión y absorción de lípidos a nivel intestinal, siendo esenciales para este proceso la presencia de sales biliares y enzimas pancreáticas. La vitamina E es transportada a la mucosa intestinal y una vez dentro de la luz intestinal es incorporada a los quilomicrones los cuales son transportados en la circulación linfática; sólo una pequeña parte de la vitamina E consumida es transportada directamente a la circulación portal (21).

    El promedio del porcentaje de absorción de la vitamina E consumido en la dieta (0,4-1 mg) es entre 50 y 70%. Sin embargo la eficiencia de la absorción, puede disminuir cuando se consumen mayores cantidades de tocoferol (20). Un incremento de los ácidos grasos poliinsaturados de la dieta, o la administración conjunta de vitamina E con sales ferrosas o resinas captadoras de ácidos biliares, interfieren con la digestión y absorción de la vitamina E.

    Los tocoferoles son distribuidos en el plasma con las lipoproteínas, la mayoría de la vitamina E está presente en el plasma humano en las lipoproteínas de baja densidad (LDL) y en las de alta densidad (HDL) (20, 21).

    Los compuestos de vitamina E se encuentran concentrados en sitios donde haya abundantes ácidos grasos, especialmente en estructuras de las células que contienen membranas de fosfolípidos. Los tejidos con mayor contenido de lípidos tienden a tener mayor contenido de vitamina E; en la sangre la cantidad de lípidos es determinante de la concentración de vitamina E circulante. La mayoría de los tejidos incorpora vitamina E, pero el hígado es su principal depósito del que se puede movilizar rápidamente. El tejido adiposo también acumula vitamina E continuamente y puede secuestrarla; y aunque este tejido constituya una gran reserva de vitamina E, el tocoferol presente en los adipocitos no está disponible para otros tejidos con facilidad (20).

Recomendaciones

    Las recomendaciones de la RDA (24) con relación al consumo adecuado de vitamina E para prevenir la deficiencia nutricional y sus síntomas clínicos son para los hombres y mujeres adultas de 10 y 8 mg diarios respectivamente. Los requerimientos de vitamina E se incrementan con un alto consumo de ácidos grasos poliinsaturados (AGP), con los cuales debe mantener un índice mayor de 0,4 mg de alfa tocoferol por g de AGP consumido en la dieta. Por lo tanto para definir el consumo ideal de vitamina E en un individuo, debería tomarse en cuenta su consumo total de energía, porcentaje de calorías provenientes de las grasas, y de los ácidos grasos poliinsaturados, el consumo de otros antioxidantes, y aspectos como la edad, actividad física y la exposición a contaminación ambiental (18, 22).

    Ahora bien, más allá de los requerimientos para prevenir las deficiencias nutricionales de vitamina E, se ha sugerido que su consumo, para lograr concentraciones séricas óptimas para cumplir su rol antioxidante, esté por encima de lo recomendado por la RDA, teniendo importancia en la modulación de la función inmunológica y en la prevención de desarrollo de patologías que constituyen problemas de salud pública, tales como las ECV y el cáncer (1, 3, 20, 22, 23, 25-27).

    Al calcular la actividad de vitamina E de una dieta mixta debe considerarse que existe bastante diferencia entre el contenido total de tocoferoles y la cantidad de alfa-tocoferoles. Por esta razón deben calcularse los equivalentes de alfa tocoferol, ajustando la proporción de beta y gamma tocoferoles (20, 23).

Funciones

    La vitamina E funciona en general como un antioxidante biológico, previniendo la oxidación de los ácidos grasos poliinsaturados de las membranas celulares y de las proteínas ricas en radicales con azufre. Este papel deriva de su estructura molecular, ya que se comporta como una molécula liposoluble capaz de fijar radicales libres del tipo O2-, O22- y OH. debido a su grupo fenólico (20, 21, 22, 25, 28).

    La inhibición de la peroxidación lipídica en las membranas por el tocoferol evita la acumulación de hidroperóxidos, porque aquel funciona como un “canal molecular” a través del cual los radicales abandonan la zona hidrocarbonada de las membranas. El tocoferol al ser oxidado, forma radicales hidroquinona estables que no perturban la química celular y que posteriormente son regenerados a vitamina E mediante la aceptación de un electrón proveniente de agentes reductores como la vitamina C (4, 21, 28, 29).

    Por esta función antioxidante, la vitamina E se considera como un importante elemento protector en el desarrollo de enfermedades relacionadas con los procesos oxidativos, como enfermedades cardiovasculares, cáncer, diabetes, cuadros infecciosos, reumáticos y neurológicos, pancreatitis y el envejecimiento (1, 5, 22, 23, 25, 30, 31).

    Más allá de su función antioxidante, la vitamina E también ha sido involucrada en la regulación de la síntesis de ADN, la expresión genética, el metabolismo mitocondrial y en la proliferación y diferenciación celular. Asimismo se ha relacionado con la regulación de la agregabilidad plaquetaria inhibiendo la actividad de fosfolipasa A2 y la ciclooxigenasa plaquetaria, lo cual tiene implicaciones importantes en la prevención de enfermedad vascular periférica. La vitamina E puede también afectar el sistema inmunológico mediante la modulación del metabolismo de prostaglandinas y leucotrienos. Estas funciones de la vitamina E representan nuevas áreas de investigación con relación a la regulación celular con importantes implicaciones en la fisiología del organismo humano (6, 22, 23, 25, 32, 33).

    Por otra parte, ha sido bien caracterizado el papel esencial de la vitamina E en la prevención de la hemólisis de los glóbulos rojos, y en otros desordenes hematológicos en niños prematuros y en adultos, así como su importancia en algunas alteraciones genéticas (22).

    La vitamina E ha sido usada como parte de la terapéutica farmacológica en algunas patologías sin que se hayan obtenido resultados convincentes y definitivos. Con relación a esto, se ha administrado vitamina E en los casos de claudicación intermitente por enfermedad aterosclerótica vascular periférica, en los casos de enfermedad arterial coronaria, en ataque isquémico transitorio, en el síndrome premenstrual, en Sprue tropical, en hipertensión arterial, en diabetes mellitus y en la reperfusión de tejidos posterior a isquemia de diferentes orígenes (34-40).

    El uso profiláctico de la vitamina E ha sido estudiado en diferentes investigaciones a las cuales se ha hecho referencia anteriormente. La suplementación con vitamina E puede reducir el riesgo de sufrir ECV por diferentes vías, especialmente por su función antioxidante inhibiendo la peroxidación de las LDL-c, cuya forma oxidada forma parte de la lesión aterosclerótica inicial. También por medio del efecto inhibitorio de la vitamina E sobre la agregación plaquetaria y el metabolismo de los eicosanoides, que pueden ayudar a retardar la formación del trombo arterial y en la reducción de la generación de trombina. Otro efecto puede ser su posible acción sobre las HDL-c y las arritmias cardíacas, y su acción protectora sobre el oxido nítrico (6, 20, 22, 25, 33).

    El mecanismo por el cual la vitamina E puede actuar en la prevención de infecciones, neoplasias, enfermedades autoinmunes y enfermedades inflamatorias, a través de la estimulación del sistema inmunológico no ha sido completamente descrito. Sin embargo se ha señalado que su acción antioxidante, inhibiendo los radicales libres que pueden iniciar cambios en el ADN y su efecto indirecto sobre la mitogénesis de las células T tiene especial importancia en su función inmunoestimuladora (1, 20, 22, 32).

Evaluación del estado de vitamina E

    Para la evaluación del estado de vitamina E, no se cuenta con un índice que refleje con exactitud su consumo así como tampoco sus depósitos en el organismo (10, 11). La concentración de tocoferoles totales en suero es el índice más usado para medir el estado nutricional de vitamina E, siendo de mayor precisión la determinación de los isómeros de vitamina E, a través del método de cromatografía líquida de alta eficiencia. Además, conjuntamente puede realizarse el test de hemólisis de eritrocitos en la presencia de 2% de peróxido de hidrógeno, el cual proporciona un índice del potencial antioxidante (22, 23). También se ha sugerido la determinación del metabolito urinario de alfa-tocoferol: 2,5,7,8-tetrametil-2(2-carboxietil)-6-hidroxicromano como un indicador de adecuado consumo de vitamina E (41).

    Los niveles séricos tanto de alfa como gamma tocoferoles están altamente correlacionados con el colesterol sérico y la concentración total de lípidos. El índice tocoferol/lípidos es utilizado para prevenir un error al clasificar las deficiencias de vitamina E en pacientes con alteraciones lipídicas (2, 23, 19), no solamente porque existe una bien conocida correlación estadística con los lípidos del plasma, sino porque el grado de deficiencia clínica de vitamina E, el grado de daño a la membrana celular y los indicadores de peroxidación lipídica in vivo se correlacionan con el tocoferol plasmático solamente después que los valores absolutos de vitamina E se estandarizan con los lípidos plasmáticos (19, 20, 23).

    Concentraciones séricas de tocoferol por debajo de 500 µg/dL (11,6 µmol/L) se consideran deficientes desde el punto de vista nutricional (23), y como valores bajos de alfa-tocoferol los comprendidos entre 500 µg/dL (11,6 µmol/L) y 1000 µg/dL (23,2 µmol/L) (42).

    Desde el punto de vista de protección antioxidante, se consideran niveles óptimos de vitamina E en sangre, los valores por encima de 1200- 1300 µg/dL (28-30 µmol /L) según lo sugerido por Gey (2, 3).

    Las deficiencias de vitamina E raramente ocurren como una consecuencia de un aporte inadecuado en la dieta. Las manifestaciones clínicas de la deficiencia están limitadas a ciertos casos, como a la deficiencia de vitamina E al momento de nacer, también en los casos de niños y adultos con malabsorción intestinal por diferentes causas tales como: abetalipoproteinemia, colestasis hepática, fibrosis quística y malabsorción adquirida posterior a resección intestinal extensa. También puede encontrarse deficiencia de vitamina E, en los casos de desordenes hemolíticos como deficiencias de glucosa-6-fosfato- deshidrogenasa o sintetasa y en la betatalasemia mayor (20, 22, 23).

    Debido a los posibles beneficios que significa la suplementación con vitamina E, ha crecido el número de personas que se automedican con dosis altas de vitamina E diariamente. En este sentido el rango usual de 100-800 mg/día, no ha mostrado evidencias claras de toxicidad, aun cuando ha sido reportado que el alfa tocoferol puede ser tóxico cuando es utilizado a altas dosis in vitro (43). Sin embargo se requieren posteriores estudios que permitan definir con más propiedad el rango de seguridad con relación a las dosis de vitamina E (20, 22, 44, 45, 46, 47).

VITAMINA A

Aspectos básicos

    El término vitamina A se aplica genéricamente a todos los derivados de la beta-ionona, distintos de las provitaminas A de tipo carotenoide, que exhiben la actividad biológica del trans retinol. Los ésteres del trans-retinol se denominan comúnmente ésteres de retinilo, como por ejemplo el palmitato de retinilo, el aldehído correspondiente se le denomina retinal o retinaldehído, el ácido retinoico es la forma acídica de la vitamina A, el cual es activo en el crecimiento y diferenciación celular, pero no en la visión ni en la reproducción. La forma biológicamente activa de la vitamina A en el ciclo de la visión es el 11-cis retinaldehído. De los cuatrocientos y tantos carotenoides que han sido caracterizados, sólo unos treinta tienen actividad de provitamina A, el carotenoide más activo es el trans betacaroteno (36). Un microgramo de all-trans retinol es igual a 3,3 Unidades Internacionales de all trans vitamina A alcohol. Para convertir todas las fuentes de vitamina A y carotenoides de la dieta en una unidad simple se ha utilizado el término equivalente de retinol (ER). Generalmente 1 µg de retinol equivale a 6 µg de beta caroteno ó 12 µg de carotenoides mixtos.

    El betacaroteno y otros carotenoides con carácter de provitamina A son convertidos en retinal en las células de la mucosa intestinal. El retinal y el retinol pueden ser interconvertidos en forma reversible en presencia de enzimas que requieren nicotinamida adenina dinucleótido (NAD) o fosfato de nicotinamida adenina dinucleótido (NADP) (49, 50).

Fuentes

    Los precursores de la vitamina A se encuentra compartiendo las mismas fuentes que los carotenoides en: vegetales amarillos y anaranjados como la zanahoria, la auyama; vegetales de hojas verdes: espinaca, acelga, berro, brócoli, perejil; frutas: mango bocado, durazno, lechosa, melón y otros como el pimentón rojo, el tomate y el plátano. y como vitamina A preformada en la leche y derivados lácteos, hígado, yema de huevo y pescado. La fuente principal de vitamina A en la dieta del venezolano está constituida por los cereales fortificados (harina de maíz precocida) y secundariamente las frutas y las hortalizas.

Absorción, metabolismo y excreción:

    La vitamina A asociada a tejidos animales como los carotenoides de verduras y frutas son liberados de las proteínas mediante la acción de la pepsina y enzimas proteolíticas. En el lumen intestinal la provitamina y la vitamina A se emulsionan con sales biliares formando micelas que facilitan la hidrólisis de los esteres de retinilo. La vitamina A ingerida como tal o transformada en la pared intestinal a partir de la provitamina, se esterifica con ácidos grasos de cadena larga y se incorpora a las lipoproteínas de baja densidad y a los quilomicrones (21, 49).

    A través de la linfa y de la sangre llega al hígado, donde el retinol se une a proteínas y es reesterificado, y se almacena en un complejo lipoglicoproteico desde donde se libera a la sangre como retinol sin esterificar hacia los tejidos. Debido a los mecanismos de homeostasis se logra un ajuste de la capacidad de absorción intestinal, de la utilización por los diferentes tejidos y de la excreción de la vitamina A con la finalidad de mantener más o menos constantes sus concentraciones en sangre. En este proceso juega un importante papel la proteína ligadora de retinol (retinol binding protein) la cual forma un complejo con la prealbumina, transportando en el plasma humano la vitamina A y liberándola en los receptores de las células blanco (21, 23, 49).

    El retinol puede sufrir beta-glucuronidación y ser eliminado en la bilis; el exceso aparece en la orina o en la bilis. El retinaldehído se puede oxidar irreversiblemente en ácido retinoico y productos sucesivos que son eliminados por diferentes vías (21, 23, 49).

Recomendaciones

    Las recomendaciones en los Estados Unidos (RDA) (24) son de 1000 ER/pers./día para el hombre y 800 para la mujer, las cuales deben ser revisadas en función de su posible utilidad en lograr niveles plasmáticos de vitamina A que puedan cumplir con su papel de protector antioxidante y reducir la incidencia de algunas enfermedades crónicas (51).

    Entre los factores de la dieta que afectan la absorción de vitamina A se encuentra el contenido de grasa, proteína y vitamina E de la dieta. Además de los anteriores, también influyen en la absorción de los betacarotenos, la digestibilidad de la matriz del alimento y el tipo y cantidad de fibra consumida. El mayor riesgo del uso de la vitamina A es su toxicidad, presentando mayor riesgo los niños, embarazadas, los desnutridos y las hepatopatías. Existen tres tipos de toxicidad: aquella que produce malformaciones congénitas y resorción fetal, la hipervitaminosis aguda descrita con dosis únicas > 100 mg (330000 UI) en niños y >200 mg (660000 UI) en adultos y la toxicidad crónica con dosis desde 4,2 mg (14000 UI) en niños y 10 mg (33000 UI) en adultos. También ha sido reportado el aumento de colesterol total, fosfatasas alcalinas y triglicéridos, así como la disminución de las HDL con el consumo de megadosis de vitamina A por un período aproximado de 4 años. La administración diaria de 2,4-3,0 mg (8000-10000 UI) de vitamina A puede considerarse segura (51-53).

Funciones

    La Vitamina A interviene en los procesos de la visión, la diferenciación celular, metabolismo de aminoácidos, diferenciación de células epiteliales, el funcionamiento del sistema inmunológico, la reproducción, así como interviene en el mecanismo de defensa antioxidante.

    La vitamina A forma parte de una de las líneas de defensa del organismo ante los radicales libres (radicales thioil, superóxido, hidroxilo, peróxido de hidrógeno y oxigeno atómico) que están implicados en la patogenia de muchas enfermedades. El mecanismo de acción antioxidante de la vitamina A comprende una acción barredora de radicales simples de oxígeno y radicales thioil, y podría estar relacionada con los procesos que involucran expresión genética y diferenciación celular. Algunos estudios han señalado la relación inversa entre el estado de vitamina A y cáncer, estando presente también esta relación con el riesgo de sufrir enfermedad isquémica coronaria. En este sentido se ha sugerido que la concentración sanguínea segura para minimizar el riesgo de enfermedad isquémica coronaria es muy similar a aquella para un bajo riesgo de cáncer (2,8 µmol / L = 80 µg/dL) (2, 54-57).

    El ácido retinoico ha demostrado estimular el rechazo de ciertos tumores inmunogénicos quizás debido a una mejoría en la vigilancia inmunológica (58). Se han identificado en casi todos los tejidos, receptores nucleares para el ácido retinoico lo cual lo involucra de alguna manera con los procesos de regulación y expresión de los genes. Por otro lado, se ha demostrado también que una deficiencia de vitamina A está asociada con una alteración de la resistencia a infecciones y de la inmunidad a través de varios mecanismos: cambios en la linfopoyesis, reducción de citoquinas, alteración de la estructura de la membrana, disminución de la acción fagocítica (23).

Evaluación del estado de vitamina A

    La concentración de retinol en suero es el índice más usado para medir el estado nutricional de vitamina A a través del método de cromatografía líquida de alta eficiencia.

    Los niveles en sangre considerándolo desde el punto de vista nutricional, se han señalado tres categorías: a) Normales: ³ 30 µg/dL, b)Marginales: 20-29 µg/dL y c)Deficientes: < 20 µg/dL (4, 56). Se han establecido 3 niveles de retinol sérico cuando los pacientes presentan valores subnormales (30 µg/dL): i) menor de 10 µg/dL ii) menor de 20 µg/dL y iii) 20-29 µg/dL. En los tres niveles la concentración de vitamina A puede ser incrementada, si se aumenta el consumo de la misma. En los niveles i) y ii) es bastante probable que haya perjuicio de la función de la vitamina A, y en el nivel iii) sólo algunos individuos pueden exhibir perjuicio de las funciones de la vitamina A. Al hablar de perjuicio, se incluye, alteraciones en la adaptación a la oscuridad, ceguera nocturna, lesiones oculares y posiblemente pérdida o disminución de la función inmune (23).

    Los niveles séricos de vitamina A requeridos para ofrecer una protección antioxidante y contribuir a la prevención de enfermedades como el cáncer y la enfermedad isquémica cardíaca son más altos que los necesarios para impedir la aparición de manifestaciones clínicas de deficiencia nutricional. Por tal motivo han sido sugeridos niveles de retinol sérico óptimos para su función como antioxidante, y se consideran dos categorías: a) Niveles óptimos: ³ 80 µg/dL; y b) Niveles subóptimos: < 80 µg/dL (2).

DETERMINACIÓN BIOQUÍMICA DE ALFA-TOCOFEROL Y RETINOL EN SANGRE

    La cuantificación de la concentración de alfa-tocoferol y retinol sérico se realiza por cromatografía liquida de alta eficiencia (HPLC), según el método desarrollado por el International Vitamin A Consultive Group (59) y estandarizado para vitamina A y vitamina E (48). Este método posee gran reproducibilidad, es muy preciso y específico y es de elección para la determinación de estas vitaminas por su alta sensibilidad. Se utiliza la modalidad cromatográfica conocida como cromatografía liquida de fase reversa, la cual consiste en la partición de la muestra entre una fase estacionaria hidrofóbica (frecuentemente cadenas C-18 enlazadas covalentemente a partículas de sílica) y una fase móvil más polar. El tiempo en el cual los compuestos de la muestra eluyen depende de la polaridad: los componentes polares eluyen antes que los componentes menos polares. La detección de los componentes separados por HPLC se realiza espectrofotométricamente, (rango UV para retinol y retinil acetato). La cuantificación de los componentes se logra por comparación de las alturas de los picos con las de los estándares (analítico y estándar interno).La adición de un estándar interno (all trans retinil acetato) ayuda a la corrección por pérdidas durante la extracción y el análisis.

Sistema cromatográfico

    El sistema de cromatografía líquida (Cromatógrafo líquido marca Hewllett-Packard modelo 1050) está formado por varias unidades, cada una de las cuales realiza una función propia: a) Bomba distribuidora de solvente, que succiona la fase móvil a partir del depósito y lo envía a través del sistema a flujo constante, b) Columna de fase reversa (25 cm de largo × 4 mm de diámetro interno), (C 18), tipo Spherisorb OD2, con un tamaño de poro de 80 A, y un tamaño de partícula de 5 µm, con un guarda columna del mismo empaque, c) Detector rango UV visible, de longitud de onda programable, d) Integrador automático.

Manejo de la muestra

    Las vitaminas E y A son substancias muy lábiles que requieren de un manejo especial y algunas precauciones deben ser tomadas antes de su análisis para prevenir su degradación (60). Los cuatro factores críticos son:

    1.Oxidación: la vitamina A y E y los carotenoides pueden ser destruidos por oxidación en la presencia de aire, el calor y los iones metálicos (hierro y cobre) pueden potenciar este fenómeno.

    2.Exposición a la luz: las vitaminas son destruidas por la exposición a la luz solar, que es más destructiva que la artificial, pero debe evitarse su exposición directa en ambos casos.

    3.Hemólisis: en diferentes análisis se han obtenido resultados erróneos, por lo cual no deben procesarse muestras hemolizadas.

    4.Extracción: la extracción completa de vitaminas E y A en un solvente orgánico ocurrirá sólo después de una precipitación completa de la proteína por la adición de alcohol en una proporción adecuada.

Toma de la muestra

    Existen procedimientos óptimos para garantizar en lo posible la calidad de la muestra y evitar su degradación. La muestra debe ser tomada de sangre venosa de la vena antecubital preferiblemente con vacutainer de vidrio envueltos en papel de aluminio para protegerlos de la luz directa, y sin anticoagulante, con la precaución debida de limpieza local, aplicación correcta del torniquete, lo cual minimiza el riesgo de hemólisis y producción de hematomas. Por otra parte es preferible la muestra de un paciente en ayunas, pero el hecho de haber desayunado no varía substancialmente los niveles séricos de retinol o de alfa-tocoferol. La muestra debe ser conservada a –20°C ó –70°C, condiciones en las cuales dura estable durante 6 a 12 meses. El análisis debe hacerse en el laboratorio bajo luz incandescente y no con luz fluorescente para reducir la absorción de la luz ultravioleta. Idealmente los procesos deben ser realizados bajo luz roja o luz filtrada.

Extracción de las vitaminas E y A

    1.La muestra de suero (puede ser utilizado plasma) debe ser tratada con etanol o metanol para desnaturalizar las proteínas séricas, y liberar las vitaminas E y A para ser sometida a extracción con solventes orgánicos. Se toman 100 µL de suero y se agrega la misma cantidad de estándar interno (retinil acetato, concentración 100 µg/dL), en tubo de ensayo cónico, plástico, traslúcido, de Nalgene, se agita brevemente (con un mezclador tipo vortex).

    2.Se añaden luego 300 µL hexano y se agita durante 3 minutos,

    3.Posteriormente se centrifuga a 5000 r.p.m. por 5 minutos para acelerar la separación.

    4.El sobrenadante o capa orgánica es retirado cuidadosamente con una pipeta y colocado en tubo ámbar para ser secado bajo corriente suave de nitrógeno en campana de extracción. Deben repetirse dos o tres veces los pasos seguidos a partir de la adición del hexano

    5.Se reconstituye en 100 µL de etanol y se toman 25 o 30 µL de la solución extraída de la muestra para ser inyectado en el cromatógrafo con condiciones estables.

Condiciones cromatográficas

    a) Fase móvil: Metanol:Agua 98%:2%. b) Flujo: 1,5 mL/min, c) se programa el detector para la longitud de onda de 325 lambdas para retinol, 328 para retinil acetato y 292 para alfa-tocoferol, d) temperatura: ambiente, e) sensibilidad de detección: 0,02 AUF(Absortion Units Full), f) tiempo de corrida: 5-6 minutos, g) Velocidad de carta: 0,6 mm/seg, h) Tiempo de elución: retinol 1,3 min, retinil acetato 1,9 min, alfa-tocoferol 4,09 min.

CONCLUSIÓN

    En base a la revisión realizada de las Vitaminas antioxidantes E y A se puede concluir que para lograr y mantener un estado adecuado de antioxidantes y administrar de una forma segura suplementos farmacológicos con el objetivo de ajustar la ingesta de vitaminas antioxidantes y optimizar su estado, deberían conocerse sus concentraciones reales en el organismo, paralelo al conocimiento de las características propias de las vitaminas, sus fuentes, funciones, el estado fisiológico y nutricional del individuo, su patrón de alimentación y las interacciones que surgen entre los nutrientes y ante la presencia de otros fármacos, así como también sus posibles efectos tóxicos. En este sentido cabe destacar lo señalado por Slater de suma importancia para el estudio de los antioxidantes: “el criterio para que los antioxidantes sean exitosos es que deben alcanzar el sitio correcto, al momento correcto y a las concentraciones correctas, más aun deben tener una baja toxicidad intrínseca para su uso en condiciones in vivo” (citado en 29).

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