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versión impresa ISSN 0459-1283

Letras v.51 n.80 Caracas dic. 2009

 

Géneros discursivos y lengua escrita: Propuesta de una concepción integral desde una perspectiva sociocognitiva

Giovanni Parodi1

Pontificia Universidad Católica de Valparaíso - Chile. gparodi@ucv.cl

1 Este artículo ha sido elaborado en el marco del Proyecto FONDECYT 1060440.

Resumen

El concepto de género del discurso cuenta con una amplia discusión en la bibliografía reciente. Su definición y clasificaciones han sido objeto desde múltiples opciones teóricas y empíricas. En particular, cabe destacar que su centralidad dentro de las teorías lingüísticas ha ocupado un lugar preponderante durante los últimos diez a quince años. No obstante ello, es fácil comprobar que las elusivas y divergentes concepciones subyacentes al término género ofrecen una amplia diversidad de opciones alternativas, llegando a detectarse visiones relativamente extremas. En este contexto, en este artículo se propone un marco de reflexión teórica interdisciplinario para alcanzar una concepción integral de los géneros discursivos. Así, sin dejar de reconocer los factores sociales y semióticos, se propone una definición operacional para este constructo desde una perspectiva que enfatiza el factor cognitivo y el rol activo del sujeto en su construcción. Al mismo tiempo, se avanza en una propuesta para la construcción de géneros académicos y profesionales en dominios disciplinares.

Palabras clave: género del discurso, cognición, conocimiento disciplinar

Written discourse genres: Towards a comprehensive conception from a socio-cognitive perspective

Abstract

The concept of discourse genre has been focus of wide discussion in recent bibliography. Its definition and classifications have been a subject from multiple theoretical and empirical perspectives. Particularly, it is worth foregrounding that its centrality within linguistic theories has occupied a predominant place during the last ten or fifteen years. Even so, it is easy to realize that the elusive and divergent conceptions that underlie the term genre offer a wide variety of alternative options, making it possible to detect relatively extreme visions. In this context, this article proposes an interdisciplinary framework for the theoretical reflection that aims at achieving a comprehensive conception of discursive genres. Therefore, without dismissing an acknowledgment of social and semiotic factors, an operational definition of this construct is proposed from a perspective that emphasizes the cognitive factor and the active role of the subject in its construction. At the same time, a proposal is advanced for the construction of academic and professional genres in disciplinary fields.

Key words: discourse genre, cognition, disciplinary knowledge.

Genres du discours écrit: Vers une conception intégrale d’après une perspective sociocognitive

Résumé

Le concept du genre du discours a été très étudié dans la bibliographie récente. Sa définition et ses classements ont été analysés d’après de multiples options théoriques et empiriques. Notamment, il faudrait faire ressortir l’importance que les genres discursifs ont eue dans les différentes théories linguistiques pendant les 10 ou 15 dernières années.En dépit de cela, il est facile de vérifier que les élusives et divergentes conceptions sous-jacentes du terme genre fournissent une grande diversité d’options alternatives permettant de relever des visions relativement extrêmes. En tenant compte de ce contexte, dans cet article, on présente un cadre de réflexion théorique interdisciplinaire pour atteindre une conception intégrale des genres discursifs. De cette façon, sans mettre à l’écart les facteurs sociaux et sémiotiques, on propose une définition opérationnelle pour ce principe d’après une perspective mettant l’accent sur le facteur cognitif et sur le rôle actif de l’individu lors de sa construction. En même temps, on avance vers une proposition de construction des genres académiques et professionnels dans des domaines disciplinaires.

Mots clés : genre du discours, cognition, connaissance disciplinaire

Generi del discorso scritto: Verso una concezione integrale da una prospettiva sociocognitiva

Riassunto

Il concetto di genere del discorso possiede oggi un’ampia discussione sulla più recente bibliografia. La sua definizione e le classificazioni sono state prodotte da molteplici opzioni teoriche ed empiriche. Il suo luogo centrale nelle teorie linguistiche è stato sviluppato negli ultimi dieci, quindici anni. Nonostante ciò, è facile comprovare che le elusive e diverse concezioni che riguardano la parola genere offrano un’ampia diversità di opzioni alternative, tra le quali possono essere percepite ottiche relativamente estreme. In questo contesto, l’articolo propone un quadro di riflessioni teoriche interdisciplinari per arrivare ad una concezione integrale dei generi discorsivi. In questo modo, senza smettere di riconoscere i fattori sociali e semiotici, si offre una definizione per questo costrutto da una prospettiva che fa l’enfasi sul fatto cognitivo e sul ruolo attivo del soggetto nella sua costruzione. Allo stesso tempo, si fa una proposta per la costruzione di generi accademici e professionisti riferiti ad alcune discipline.

Parole chiavi: Genere del discorso, Cognizione, Conoscenza disciplinare.

Géneros do discurso escrito: para uma concepção integral a partir de uma perspectiva socio-cognitiva

Resumo

O conceito de género do discurso conta com uma ampla discussão na bibliografia recente. A sua definição e classificações têm sido objecto de múltiplas opções teóricas e empíricas. Em particular, cabe destacar que a sua centralidade dentro das teorias linguísticas tem sido preponderante durante os últimos dez a quinze anos. Não obstante, é fácil comprovar que as elusivas e divergentes concepções subjacentes ao termo "género" oferecem uma ampla diversidade de opções alternativas, chegando a detectar-se visões relativamente extremas. Neste contexto, este artigo propõe um marco de reflexão teórica interdisciplinar para alcançar uma concepção integral dos géneros discursivos. Assim, sem deixar de reconhecer os factores sociais e semióticos, propõe-se uma definição operacional para este constructo a partir de uma perspectiva que enfatiza o factor cognitivo e o papel activo do sujeito na sua construção. Ao mesmo tempo, avança-se numa proposta de construção de géneros académicos e profissionais em domínios disciplinares.

Palavras-chave: género do discurso, cognição, conhecimento disciplinar

Recepción: 08-07-2008 Evaluación: 10-11-2008 Recepción de la versión definitiva: 15-01-2008

Introducción

¿Qué son efectivamente los géneros del discurso?, ¿constituyen unidades cerradas en sí mismas, muy fáciles de definir y operacionalizar?, ¿se encuentran efectivamente "allí afuera" como sugieren algunos o son constructos "puramente mentales", como proponen otros?, ¿constituyen exclusivamente unidades de análisis creadas por el científico empirista radical?, ¿es factible desarrollar una pedagogía o alfabetización académica guiada por la teoría de los géneros, es decir, son estos "enseñables" o resultan "meramente empleables"? Muchas o todas estas preguntas circundan erráticamente a la teoría de los géneros. Algunas, al parecer, excesivamente excluyentes. No obstante ello, quedan de manifiesto intereses diversos, propósitos, orígenes y naturalezas variadas.

Al mismo tiempo, como es fácil comprobar, las elusivas y divergentes concepciones teóricas subyacentes al término género ofrecen una amplia diversidad de opciones alternativas. Sin lugar a dudas, ello puede confundir y perder al novato, pero también al experto. Aproximaciones desde la Nueva Retórica, las Lenguas para Propósitos Específicos, la Lingüística Sistémico Funcional, la Semiolingüística, el Análisis de Discurso, entre otras, son todas opciones válidas de ser exploradas y discutidas. En algunos casos, se detectan diferencias altamente relevantes, tanto en la naturaleza misma como en los parámetros de clasificación y de aplicaciones educativas. Así, en algunos casos, varían grandemente los focos de atención y el modo de abordar el análisis, el tipo de categorizaciones o taxonomías y el modo de realizar indagaciones empíricas. En ciertos casos, los principios antagónicos hacen imposible la compatibilidad de enfoques.

Ahora bien, el propósito de este artículo es proporcionar un marco de reflexión monográfica que explicite mi propia concepción integral y enfatice, de modo especial, un enfoque sociocognitivista de los géneros discursivos (con especial atención a la modalidad escrita de la lengua) desde los principios de la Escuela Lingüística de Valparaíso (ELV) y de una exploración empírica de ciertos géneros académicos y profesionales en algunas disciplinas científicas. Esta reflexión y propuestas se ofrecen en el contexto de una discusión en curso y abierta a revisiones y críticas. Como se desprende, en este trabajo no busco identificar ni comparar los principales enfoques que se han preocupado de los géneros discursivos. Menos aún intento registrar una evolución histórica del concepto ni de sus progresos o problemas. Existen, hoy en día, abundantes estudios que contribuyen a aportar tal panorama de modo muy adecuado (entre otros, Bhatia, 1993, 2004; Devitt, 2004; Hyland, 2007, 2008; Bruce, 2008).

Este artículo se vincula con los antecedentes fundantes de la ELV (Peronard & Gómez Macker, 1985; Gómez Macker, 1998; Parodi, 2007a, 2008a; Peronard, 2007) y presenta y defiende una tesis teórico-empírica que puede resultar obvia para muchos investigadores fuera del ámbito estricto de la lingüística (tales como psicolingüistas, cientistas cognitivos, psicólogos evolutivos y psicólogos del discurso) en que se tiende a acoger una mirada inter y transdisciplinaria. Y que puede resultar controversial y no evidente para un número significativo de investigadores desde la teoría de la comunicación, la sociología, el análisis del discurso, el análisis crítico del discurso y, en general, desde ciertas áreas de las humanidades, de las ciencias sociales y de las ciencias computacionales.

El asunto tiene que ver con los principios ontológicos y epistemológicos de nuestra concepción de ser humano y de lenguaje y, por ende, de nuestra concepción integral y multidimensional de los géneros. Estos principios son cruciales para explorar una teoría de los géneros académicos y profesionales y para una alfabetización disciplinar especializada. Entonces, desde nuestra visión psico-socio-discursiva del lenguaje (Parodi, 2003, 2005), en que un sujeto hablante/ escritor y uno oyente/lector desempeñan un rol central (Parodi, 2007a, 2008a), los géneros se articulan de modo integral desde un enfoque socioconstructivista -al menos- en tres dimensiones: cognitiva, social y lingüística.

Sin lugar a dudas, la dimensión cognitiva aporta un componente fundamental, hasta ahora un tanto ausente, la cual se articula con la social a través de la dimensión lingüística y rescata, así, al ser humano como agente comunicativo vital, evitando así cosificaciones y externalismos exagerados para dar cuenta de los géneros. Este núcleo temático será un punto central a desarrollar en lo que sigue.

1. Los géneros discursivos como constructos cognitivos

No cabe duda de que el estatus de la dimensión cognitiva dentro de los estudios acerca del lenguaje ha mostrado un camino poco decidido. Resulta así escaso el empleo de los términos cognición o cognitivo en los trabajos de los últimos 20 a 30 años. Por supuesto que no incluyo aquí los aportes de Noam Chomsky ni los de la denominada lingüística cognitiva. Esta relativa ausencia de términos no sólo revela una escasa atención a estos aspectos sino que demuestra que el foco de preocupaciones ha transitado por otros caminos. No obstante ello, no deja de llamar la atención la sí decidida presencia de términos, entre otros, tales como conocimiento, pensamiento, experiencia, significado, procesamiento, conceptos, ideas. Esto quiere decir que, de cierto modo, habría lo que podría llamar una lingüística mentalista o psicológica en la cual se reconocen hechos mentales, pero desde la cual no se indagan procesos de naturaleza claramente cognitivista. La vaguedad conceptual y definicional se hace patente y queda claro que se tiende a dejar fuera de alcance todo asunto que implique una decisión respecto a la dimensión cognitiva del lenguaje (Parodi, 2008a).

En cuanto a los géneros discursivos desde fuentes lingüísticas, no se registra un importante uso de los términos en cuestión y, cuando sucede, es escaso y vago. Son ciertamente pocas las excepciones, aunque en los últimos años se detecta una progresiva atención a una dimensión cognitiva del género (Bhatia, 2004; Virtanen, 2004; van Dijk, 2008; Bruce, 2008). La carencia de compromiso y de precisión es abundante. Se hace evidente que los teóricos del género han tendido a excluir la dimensión cognitiva o, definitivamente, han negado, desestimado o desenfatizado la relación entre cognición y lenguaje.

En mi opinión, una concepción multidimensional de los géneros debe visualizar los diferentes ejes que lo componen. Al menos, debe determinar dimensiones básicas que sostengan la concepción compleja a la cual adherimos. Como se aprecia en la Figura 1, la dimensión cognitiva, la dimensión social y la dimensión lingüística se proponen como esenciales y dan así forma a los géneros discursivos. Estos ejes fundantes son representados de modo interactivo en la siguiente figura.

A partir de la Figura 1, se evidencia que la relación entre las tres dimensiones no es una de tipo simétrico. La dimensión lingüística ejerce así un rol fundamental y sinérgico entre las tres, pero a la vez establece un nexo entre las otras dos. Para que mucho de lo que acontece en el mundo social alcance un estatus cognitivo, el lenguaje como herramienta central de la vida humana vehicula la semiosis hacia un sustrato cognitivo y a la vez reconstruye el mismo hecho semiótico.

Sin negar estos tres ejes propuestos y las diversas interacciones implicadas en este concepto de género, deseo en este momento destacar una concepción de los géneros discursivos, preferentemente, como constructos cognitivos. En mi opinión, esta dimensión que resalto no ha sido suficientemente considerada y se ha tendido a una excesiva mirada semiótica externalista del constructo género (Halliday, 1978; Kress & Threadgold, 1988; Martin, 1992; Stubbs, 2007). En todo caso, de ningún modo busco atomizar la exquisita riqueza que enmarca a los géneros, sino más bien, introducir una dimensión que estimo ha sido, intencional o ingenuamente, olvidada o descuidada, y que juzgo central para una comprensión cabal del objeto en cuestión (una discusión más detallada respecto del continuum internalismo externalismo se encuentra en Parodi, 2008a).

Es muy cierto que cada sujeto va construyendo sus conocimientos en interacción con otros sujetos y en contextos que demandan instrumentos discursivos diversos, pero no es menos cierto que ese conocimiento, elaborado a través de procesos ontogenéticos, se almacena en la memoria de los lectores/escritores y hablantes/oyentes en un formato representacional complejo, aún no totalmente determinado. Al respecto, dos conceptos singulares resultan relevantes para la dimensión cognitiva de los géneros. Durante los últimos años el llamado modelo de situación (van Dijk & Kintsch, 1983) ha adquirido relevancia como una instancia representacional de alto nivel del conocimiento en el procesamiento del discurso. Es posible sostener que tal nivel de representación cognitivo podría dar cuenta también del conocimiento de los géneros, dado que los géneros existen porque el lector/ oyente experto cuenta con una representación mental de la situación social en que éstos se producen y emplean. Complementariamente, el concepto de modelo de contexto, acuñado más recientemente por van Dijk (1999, 2006, 2008) también da cuenta del tipo de conocimiento al que aludo y resalta el carácter cognitivo del constructo "contexto" en el procesamiento del discurso. Estos dos modelos dan cuenta de conocimientos de diversos tipos, algunos más procedurales, otros más declarativos. Ambos modelos se ofrecen como un camino para la mejor comprensión y explicación del modo de operar cognitivamente de los géneros discursivos, pero es evidente que se requiere investigación empírica que avale esta propuesta (por razones de espacio, no me detengo aquí en explicaciones pormenorizadas de uno u otro modelo. Al respecto véanse las referencias anteriores de van Dijk). La siguiente figura captura la propuesta en cuestión.

Entonces, como se aprecia en la Figura 2, estos dos constructos representacionales proveen andamiajes cognitivos singulares para una teoría de los géneros en que el componente cognitivo brinda estabilidad a los conocimientos. También, por una parte, permite explicar el sustrato psicológico del procesamiento del discurso escrito; por otra, da cuenta de que los géneros no son entidades que existan exclusivamente "allí afuera", sino que se articulan a partir de conocimientos elaborados socioconstructivistamente y que se almacenan y se activan desde diversos tipos de memorias. De este modo, la dimensión lingüística es la que permite la construcción cognitiva en su interacción con el contexto social externo.

Esta concepción integral da cuenta de una visión más amplia y refleja la multidimensionalidad del concepto de género. Se asume, así, que los géneros son más que meras constantes sociales, a modo de patrones de comportamiento e interacción (definidos únicamente por variables del contexto social: el lugar, los participantes, etc). Con ello intento aportar una perspectiva más abarcadora y con sustrato cognitivo y superar, en lo posible, los reduccionismos implicados en visiones extremadamente retóricas o contextualistas (Parodi, 2008a). Del mismo modo, como se indicó más arriba, destaco la dimensión cognitiva de los géneros porque con ello busco apuntar el rol central del ser humano como sujeto hablante/escribiente y oyente/lector dentro de un proceso de comunicación muy dinámico y participativo. Este sujeto es quien -en definitiva- construye en su mente los géneros discursivos como instrumentos comunicativos, a partir de contextos y situaciones sociales específicas y –por supuesto- en interacción mediada a través de la dimensión lingüística con otros sujetos. Así, el conocimiento de los géneros, construido individual y socialmente, se almacena a modo de representaciones cognitivas y, desde esta óptica, ellos serán activados y se materializarán en textos específicos, dentro de contextos sociales y culturales, según sea el caso.

Como se ha venido argumentando, defiendo un concepto integral de género y no distingo géneros sociales y géneros cognitivos (Bruce, 2008) o variantes más sociales y otras más lingüísticas o cognitivas (van Dijk, 2008). Si a lo que se apunta en la mirada de Bruce o van Dijk es a distinguir planos o dimensiones dentro de una concepción integral, quiere decir que hablamos de lo mismo. Si lo que se rescata en uno u otro de estos autores, son géneros diferentes en planos diferentes, ciertamente no coincido con tal propuesta.

Ahora bien, desde mi perspectiva, declaro que el concepto de género bakhtiniano (aunque potente en un sentido y tremendamente iluminador para la discusión de inicio) se vuelve estrecho. El excesivo énfasis contextualista desde una mirada semiótica social, en mi opinión, ha incurrido en un nuevo reduccionismo teórico y metodológico. Resulta así imperativo superar estas debilidades en la concepción de los géneros discursivos. Ciertamente, a través de los géneros se realiza una serie de mecanismos de interacción social que permiten construir acciones discursivas, pero ellos descansan y se construyen y reconstruyen, por medio de constructos cognitivos y lingüísticos que, todos juntos, se articulan complejamente. En definitiva, el contexto discursivo de los géneros descansa sobre un conocimiento que es fundamentalmente de naturaleza cognitiva, pues lo que brinda permanencia al constructo género es el sujeto y su memoria de sucesos previos vividos en entornos e interacciones determinadas.

Este mismo principio socioconstructivista es el que permite sostener que los géneros evolucionan y van dando respuestas a nuevas demandas comunicativas. Cada sujeto organiza sus conocimientos dinámicamente a través de sistemas de representación cognitivos que cuentan con mecanismos de categorización y jerarquización. Existen diversas teorías que dan cuenta de la estructuración del conocimiento en dominios específicos, tal como la teoría de los esquemas, de los marcos o de los escenarios. Otras teorías integran conocimiento desde múltiples fuentes y buscan dar cuenta de estructuras de representación dinámicas de tipo procedural. Una cuestión central y actualmente muy controversial es hacerse cargo del formato y del modo de operar de las representaciones cognitivas del conocimiento: básicamente (y de modo muy sucinto) se cuenta con una opción proposicionalista, otra conexionista y una híbrida, a modo de combinación entre las dos primeras (van Dijk & Kintsch, 1983; Rumelhart & McClelland, 1986; Kintsch, 1988, 1998). Para una breve revisión y mirada crítica de estas propuestas, véase Parodi (2005, 2007a) e Ibáñez (2007).

En este contexto, mi adscripción al término género implica un enriquecimiento progresivo de mi propia concepción del lenguaje humano en manifestaciones concretas que operacionalizan situaciones e interacciones comunicativas. En este sentido, es factible que los términos tipo o clase textual aludan a una perspectiva algo más reduccionista y un tanto más excesivamente lingüística. De este modo, estimo que el término género da cuenta de una concepción más amplia y refleja la multidimensionalidad del lenguaje en acción. Con ello intento —como ya se ha apuntado más arriba— buscar una perspectiva más abarcadora e integral y superar, en lo posible, los reduccionismos implicados en los extremos dicotómicos internalistas o contextualistas.

Así, la dimensión cognitiva, la dimensión social y la dimensión lingüística interactúan de modo complejo dando forma a los géneros discursivos. Esta concepción integradora y abarcadora propende a la comprensión de un sujeto y su lenguaje, pero dando centralidad al sujeto y su construcción social de conocimientos. Dentro de las tres dimensiones, es relevante el rol que le corresponde a la dimensión lingüística, a través de la cual principalmente se conectan las otras dos dimensiones. De este modo, el sujeto interactúa en un contexto específico y construye su realidad a través de cogniciones situadas y de conductas deliberadamente intencionadas, en interacción con otros sujetos.

La concepción cognitiva de los géneros conlleva una vinculación directa al procesamiento, en este caso, del discurso escrito. De este modo, desde esta perspectiva, la relación entre tipos de géneros, sus respectivas estructuras lingüísticas y su consecuente procesamiento psicolingüístico abre nuevos escenarios para la investigación. Por ejemplo, la posible relación existente entre tipos de géneros escritos y grados de comprensión de los mismos es un asunto altamente relevante. En concreto, el estudio de las vinculaciones entre la organización cognitiva de los géneros, la estructura del conocimiento cognitivo especializado, la organización lingüística de los textos y la comprensión de dichos textos escritos ofrece un ámbito novedoso. Estas interacciones fundamentales son representadas en la siguiente figura.

La comprensión de los textos escritos que vehiculan el conocimiento disciplinar en su relación con la estructura léxico gramatical y el conocimiento previo del sujeto lector constituye un ámbito poco explorado. Este espacio investigativo resulta altamente necesario de indagar para un cabal entendimiento de los procesos de alfabetización especializada de los géneros disciplinares. Como se sabe, los diversos tipos de géneros emergen con el fin de brindar respuesta y satisfacer diferentes demandas comunicativas y, por ende, su estructura y organización retóricas-lingüísticas se disponen en virtud de cumplir esos fines. La cuestión que destaco a partir de la Figura 3 es, precisamente, si los distintos géneros discursivos conllevan e implican diferentes tipos y niveles de procesamientos cognitivos, los que a su vez se cristalizarían en representaciones diversas, exigirían tipos de inferencias de naturaleza diferente.

Desde esta óptica, no es tan sólo necesario investigar las demandas comunicativas especializadas exigidas a los estudiantes dentro de una determinada disciplina, sino que también es relevante la indagación de si estas demandas experimentan variación entre disciplinas. No obstante estas declaraciones de principios, es vital dejar en claro que, la construcción de teorías debe andamiarse en un sistema de enfoques empíricos experimentales que brinden información que nutra las nuevas reflexiones. Ya sea que estos datos corroboren hipótesis del investigador o las refuten, las relaciones sinérgicas permanentes entre los ejes teoría y empíria constituyen un mecanismo de aseguramiento de revisión, y de una construcción y reconstrucción permanente de algunos principios teóricos, andamiados en acercamientos progresivos a la realidad.

1.1. Géneros discursivos: Hacia una definición integral

Sin lugar a dudas proponer una definición concisa de género es asunto complejo. Existe, de hecho, una amplia variedad disponible. Desde múltiples esferas se han aproximado al constructo, más teóricamente, más instruccionalmente, más retóricamente, más gramaticalmente. Sin embargo, en mi opinión, se tiende a enfatizar excesivamente un componente más que otro o a focalizar una dimensión en desmedro de otras, dejando, en unos casos, la definición un tanto desbalanceada o, en otros, peligrosamente empobrecida. Por un lado, ello constituye justamente una cuestión de opciones y orientaciones teóricas y metodológicas; por otro, apunta que en una sola y breve definición no resulta sencillo dar cuenta de la riqueza del concepto o de la amplitud de la definición misma que se intenta proponer. Sea que se defienda una opción, entre otras, desde la nueva retórica (Freedman & Medway, 1994; Bazerman, 1994, 2008), desde la lingüística aplicada (Swales, 1990, 2004; Bhatia, 1993, 2004), desde la perspectiva semiodiscursiva (Charaudeau, 2004), desde la Escuela de Sydney (Halliday, 1978; Halliday & Hasan, 1989; Martin, 1992; Martin & Rose, 2008), desde la perspectiva comunicativa alemana (Heinemann, 2000; Heinemann & Viehweger, 1991), o desde el análisis del discurso (van Dijk, 1997, 2002, 2008), la cuestión –desde mi perspectiva- es ser capaz de mirar el fenómeno integralmente.

En mi opinión, el género constituye una constelación de potencialidades de convenciones discursivas, sustentada por los conocimientos previos de los hablantes /escritores y oyentes/ lectores (almacenados en la memoria de cada sujeto), a partir de constricciones y parámetros contextuales, sociales y cognitivos. Dicho conocimiento -construido sociocognitivamente- se articula de modo operativo a través de representaciones mentales altamente dinámicas. Así, el género -como potencialidad de recursos- se instancia en conjuntos de selecciones convencionalizadas, las que presentan determinadas regularidades sincrónicamente identificables, pero que también son factibles de ser observadas a modo de variaciones diacrónicas, pues no son entidades de modo estático sino altamente dinámicas. En su manifestación concreta, los géneros son variedades de una lengua que operan a través de conjuntos de rasgos lingüístico-textuales co-ocurrentes sistemáticamente a través de las tramas de un texto, y que se circunscriben lingüísticamente en virtud de propósitos comunicativos, participantes implicados (escritores y comprendedores), contextos de producción, ámbitos de uso, modos de organización discursiva, soportes y medios, etc. Estos conjuntos de rasgos lingüístico-textuales pueden ser identificados a partir de corpus representativos de instanciaciones en textos concretos, desde los cuales se proyectan regularidades prototípicas que caracterizan a un género determinado en un nivel mayor de abstracción.

La siguiente figura captura algunos de los rasgos nucleares constitutivos de los géneros. A partir de su conjugación y la operacionalización de variables más específicas emerge un género singular y, cuando alguno de los componentes nucleares se actualiza, es posible que varíe a otro.

Como se aprecia, la figura queda abierta a nuevos componentes nucleares o satelitales, puesto que la mayor precisión y la evolución de los mismos pueden traer consigo variaciones más enriquecidas. Para mayores detalles y definiciones pormenorizadas (Parodi, Venegas, Ibáñez & Gutiérrez, 2008).

Desde esta perspectiva, los géneros, a modo de estructuras de conocimiento cognitivo, almacenados como representaciones mentales dinámicas, constituyen un conocimiento de convenciones adquiridas interactivamente por un sujeto en sus relaciones con otros. Estos conocimientos convencionalizados, cognitivamente construidos a partir de contextos culturales, orientan los procesos discursivos que los sujetos participantes ponen en práctica en el contrato social. Para que ello ocurra, desde una perspectiva de sujeto experto, requisito sine qua non, es la participación de sujetos conscientes de su rol activo en la interacción comunicativa y de la búsqueda del cumplimiento de los propósitos que persiguen. Ellos deben planificar, monitorear y revisar su participación, con el fin de regular así el cumplimiento del acto comunicativo. El contexto y los roles sociales modelan e imponen restricciones sobre el género; no obstante ello, un sujeto en su madurez discursiva (producto de procesos recursivos ontogenéticos) y en conocimiento de las posibilidades y recursos puede elegir alternativas discursivas, realizar ajustes, proponer cambios y variar el propósito, el foco, etc. Sin duda, es factible que con ello el género varíe y se constituya en otro, pero esa es prerrogativa de los participantes en el acto discursivo. En suma, el sujeto experto en el manejo discursivo, no está constreñido por el contexto, sino que puede y debe decidir libremente ajustarse al mismo y actuar en el marco en cuestión. Así, un sujeto puede violar conscientemente alguna de las convenciones de determinado género, pero ciertamente serán sus interlocutores quienes evaluarán la pertinencia de tal posible trasgresión.

1.2. Construcción sociocognitiva y ontogenética de los géneros del discurso

Tal como he venido argumentando y como una forma de dejar aún más explícita nuestra postura, en la siguiente figura se muestra parte de los conocimientos que un sujeto escritor/lector ha de construir cognitivamente a través de complejos procesos ontogenéticos en su interacción con el medio físico, social y cultural. Esto quiere decir que el sujeto debe elaborar representaciones cognitivas de –entre otros- diversos objetos, procesos y mecanismos, almacenándolos en sus diversos sistemas mnemónicos. Muchos de los objetos, mecanismos, procesos, entornos físicos, etc., que el sujeto debe aprehender, están obviamente en el mundo externo y a partir de ellos y en su interacción con otros sujetos paulatinamente procesa y organiza una heterogénea variedad de conocimientos. La dimensión lingüística revela aquí un rol fundamental, pues es justamente ella la que articula la dimensión social y la cognitiva. Sin ella, la interacción entre ambas sería escasa y limitada. La Figura 5 muestra la distribución, a nuestro entender, en que esos objetos externos llegan a tener un correlato cognitivo.

Como se comprende a partir de esta figura, a través de procesos de experiencias de interacción informal y otros de educación formal y sistemática, parte de estos objetos externos son conocidos, manipulados y, posteriormente, representados en la memoria de un sujeto. Estos constructos ahora cognitivos son altamente dinámicos, evolutivos y variables a lo largo del tiempo y de las posteriores interacciones del sujeto con entornos y experiencias variadas. Muchos de estos constructos son los que dan forma y constituyen lo que denomino géneros discursivos.

Desde esta propuesta, el mundo externo se constituye en un punto de partida para la construcción relativa e intersubjetiva de los conocimientos individuales. De modo más específico, en lo que atañe al género del discurso y, por ejemplo, los participantes y sus roles sociales, queda claro que ellos existen "allí afuera". No obstante ello, dado que el género es una herramienta discursiva de interacción social, debe necesariamente existir una representación cognitiva de esos participantes y de sus potenciales roles para que un escritor y un hablante puedan comprender de qué hablan y qué funciones comunicativas se ponen en juego a través del lenguaje. Es ciertamente el contexto el que eventualmente puede activar estos conocimientos, pero si no existe una construcción previa de ellos almacenada en la memoria del sujeto, la interacción social fracasará en su objetivo comunicativo.

Buscando aportar mayores detalles a mi postura, en la Figura 6, intento dar cuenta de ciertos conocimientos que un sujeto construye a partir del lenguaje en su relación con la sociedad y la cultura y, por supuesto, con los otros sujetos; entre otros, el conocimiento de los géneros, los conocimientos del mundo y la competencia discursiva. Ciertamente los procesos formales de instrucción en determinados dominios disciplinares y los diversos procesos de alfabetización académica que un sujeto experimenta durante su vida son algunas de las fuentes que aportan a la construcción de estos y otros múltiples conocimientos.

Ahora bien, esta construcción sociocognitiva del género llega a cristalizarse en un género puramente cognitivo. Ello pues el sustrato de representación, almacenamiento, activación y eventual reorganización es básicamente cognitivo. Que a ello se llegue por medio de interacciones sociales y a partir de personas, roles sociales, objetos culturales concretos que, por ejemplo, constituyen los entornos físicos en que se despliega un determinado género discursivo es una cuestión fundamental, pero que no incide directamente con el tipo de formato ni mecanismo de almacenamiento cognitivo de la información.

2. Géneros académicos y géneros profesionales

2.1. Géneros, ámbitos educativos y disciplinas científicas

Como se sabe, el lenguaje escrito es el medio preferente mediante el cual se crea, fija y transmite el conocimiento disciplinar; específicamente, a través de aquellos géneros prototípicos que andamian la construcción inicial de saberes especializados y que, gradualmente, van cimentando la integración a una comunidad discursiva particular. Desde este contexto, en mi opinión, los géneros académicos y profesionales se operacionalizan a través de un conjunto de textos que se organizan a través de un continuum en el que se van concatenando desde los textos escolares generales hacia los académicos universitarios y los profesionales. Esta progresión se concibe desde una persona en formación académica, a través de la cual se debe ir paulatinamente enfrentando escenarios y géneros diversos. En la Figura 7 se intenta capturar gráficamente esta conceptualización, en virtud, entre otros, del medio y del contexto de producción y circulación:

Las flechas unidireccionales muestran el transcurso desde ciertos géneros alternativos, que, eventualmente, un sujeto en formación podría eludir con salidas opcionales (tal como, la educación técnico-profesional). No obstante ello, es evidente que en la formación primaria y secundaria, estos géneros presentan un carácter un tanto más obligatorio. Es bien sabido, que la exposición a géneros técnico-profesionales es comparativamente menor en Chile (Parodi, 2005), dado que las comunidades en educación tienden a orientarse mayoritariamente a un cierre de la educación primaria o secundaria; con un aumento progresivo en Chile en el interés por proseguir hacia la educación universitaria.

La centralidad de los géneros académicos, dentro de este continuum, como ejes articulatorios entre los profesionales y otros géneros especializados (e.g., géneros científicos) revela su carácter fundamental en la construcción de un sello disciplinar especializado. Así, este espacio académico de formación actúa como una guía conductora inicial, ofreciendo un repertorio de géneros que se constituyen en accesos al conocimiento y a las prácticas especializadas escritas, es decir, al saber y al hacer. Las diversas relaciones, representadas en la Figura 7, intentan captar nuestra concepción de las interacciones que un sujeto en formación debe recorrer para llegar a construir un dominio discursivo en los ámbitos académicos y profesionales. Ello implica que un determinado sujeto, a través de estos géneros posiblemente vinculados de modo concatenado, debería verse enfrentado a un proceso progresivo de alfabetización permanente.

Ahora bien, dado nuestro interés en los géneros académicos y profesionales, nos competen en este momento dos ámbitos específicos. Entre ellos espero encontrar ciertos géneros que se entrecrucen y que constituyan anclajes epistémicos a modo de vasos comunicantes entre

un ámbito académico y su correlato profesional. Estos pasajes entre el mundo universitario y el mundo laboral constituirían nichos en que el conocimiento avanza más fluidamente, de modo que se espera que el sujeto lector se apoye en un género ya conocido para proyectarse hacia nuevos escenarios discursivos. La Figura 8 muestra estas interacciones y solapamientos, a la vez que da cuenta de la posible transversalidad de ciertos géneros a través de las disciplinas. Por supuesto que estos supuestos teóricos serán contrastados con investigación empírica posterior.

Esta figura captura la idea de un sector de intersección en el que se espera existan géneros comunes entre el ámbito académico y el profesional; del mismo modo, existirán otros más específicos y prototípicos. Todo ello revela gran dinamismo en la construcción, evolución y circulación de los géneros. Así, se espera que existan algunos géneros que circulen entre el mundo académico y el profesional a lo largo de una misma disciplina.

Hasta hace muy poco tiempo, o incluso todavía para algunos, la concepción del discurso académico había tendido a visualizarlo como un conjunto de géneros muy unificado, en particular desde los dominios de la enseñanza-aprendizaje de lenguas (Swales, 1990, 1998, 2004; Hyland, 1998, 2000). Nuestro punto de vista en este aspecto, por una parte, apunta a que algunos de estos géneros discursivos pueden variar grandemente a través de las disciplinas e incluso dentro de una misma disciplina (Bhatia, 1993, 2004; Parodi, 2005, 2007a y b, 2008b; Ibáñez, 2008). Por otra, la investigación empírica también ha demostrado que otros géneros muy específicos pueden mantenerse relativamente homogéneos a través de varias disciplinas científicas (Venegas, 2006; Parodi, 2007a, b, c). Tal como sostiene acertadamente Bhatia (2004), los géneros cruzan transversalmente las disciplinas, aunque es factible que, por supuesto, exista heterogeneidad al interior de un mismo género así como entre las disciplinas. La idea de conjuntos de géneros y sistemas de géneros (Bazerman, 1994), colonias de géneros (Bhatia, 2004) o macrogéneros (Martin & Rose, 2008) pretende –en parte- dar cuenta de ello. De este modo, los géneros discursivos pueden cruzar transversalmente tanto el discurso académico como el discurso profesional, desde una o varias disciplinas.

Volviendo a la Figura 8, las flechas bidireccionales muestran justamente estos posibles puntos de intersección entre géneros académicos, profesionales y otros géneros especializados, mientras todos ellos transitan a través de diversas disciplinas; tanto a partir de las áreas de comunalidad como las altamente específicas al interior de una disciplina o entre géneros mismos. En efecto, el área achurada de intersección pretende dar cuenta de ello. Como se comprende, se abre así un abanico de posibilidades de investigación. Entre otros, la determinación de estos escenarios discursivos presenta interesantes implicaciones científicas, tanto en un terreno teórico como aplicado o directamente pedagógico. Así, se podrá explorar y aportar, desde el dominio lingüístico, descripciones gramaticales, semánticas y discursivas; desde el procesamiento de estos géneros, se podrá identificar ciertos procesos psicolingüísticos; desde la alfabetización especializada, se obtendrá información para diseño de materiales, procedimientos didácticos, etc.

Algunos de estos géneros serán prototípicos de un solo ámbito, ya sea el académico o el profesional; o de una sola disciplina. Otros estarán presentes en varios contextos y adquirirán posiblemente formas y funciones diversas. De hecho, las líneas punteadas de la intersección académico- profesional destaca el carácter provisional de los géneros allí encontrados. Es una frontera difusa que puede llegar a ser eventualmente traspasada por géneros en transición.

Buscando afinar el concepto de géneros académicos y profesionales, en la siguiente figura, se grafican los niveles en que propongo que ellos interactúan, desde un marco más global de tipo jerárquico en que el discurso especializado actúa como nivel mayor de abstracción.

A través de esta figura, muestro la interacción jerárquica entre el discurso especializado (DE), los géneros académicos y profesionales (GA&P), el discurso disciplinar (DD), y la instanciación final en textos concretos (T), como unidades lingüísticas pero también como unidades de sentido. Todos ellos establecen grados progresivos desde un nivel más abstracto a otros más concretos como son los GA&P y hasta el T. Este continuum muestra el modo en que el sistema lingüístico ofrece múltiples potencialidades, las cuales se van seleccionando y organizando en virtud de ciertas variables, hasta llegar a constituirse en objetos operacionalizados, o sea, los textos propiamente tales, como -por ejemplo- el Manual de Química Orgánica de la carrera de Química Industrial y la Guía Didáctica N° 3 de la asignatura Psicología Organizacional de la carrera de Psicología.

Esta propuesta de organización del discurso especializado, a partir de los textos específicos y alcanzando a niveles más abstractos como son los géneros, es altamente congruente con mi postura de una investigación basada en corpus ecológicos y representativos desde los principios de la lingüística de corpus (Parodi, 2008c), como punto de arranque y contraste para las reflexiones teóricas. En esta propuesta se incluyen así niveles progresivos de abstracción (género y discurso) a partir de datos concretos y realizaciones particulares (textos). De este modo, un modelo circular de tipo "teoría-empírica- aplicación- teoría" (Parodi, 2008a) que recorre diversas etapas permite registrar información relevante para proyectar tanto teórica como empíricamente propuestas educativas en ámbitos disciplinares específicos.

2.2. Hacia una alfabetización disciplinar basada en géneros

En un intento por conceptualizar el complejo proceso de construcción y aprendizaje a partir de las prácticas discursivas académicas y profesionales, visualizo dichos procesos como un circuito, dado el carácter altamente sinérgico en que las diversas instancias comunicativas aportan y re-aportan a la construcción social de conocimientos especializados. En este circuito intento capturar un conjunto de variables relevantes al proceso de construcción y apropiación de géneros disciplinares, así como destacar las conexiones direccionales y bidireccionales en que concibo el flujo de conocimientos y actividades cognitivas situadas, tanto individuales como en vinculación con la comunidad. La Figura 10 grafica este circuito que se enmarca en el contexto cognitivo, discursivo, social y cultural.

Como se aprecia, las dimensiones implicadas en los géneros discursivos ponen en juego unas acciones y relaciones vinculantes que dan paso a la construcción de conocimientos especializados. En este circuito de construcción de los géneros especializados, un sujeto novicio que ingresa a una comunidad discursiva en el nivel universitario debe acceder a un conocimiento disciplinar, preferentemente, a través de la lectura de los textos de su currículo. Todo ello en el contexto de una serie de actividades formales como son las asignaturas de su plan de estudios, las exigencias evaluativas y las interacciones con sus profesores y sus compañeros de grupo. Este sujeto está así sumergido en un conjunto de géneros orales y escritos que van sosteniendo progresivamente su construcción de conocimientos especializados.

A través de la Figura 10 se muestra cómo el foco en el discurso escrito (la comprensión de información escrita específica) se constituye en un eje fundamental del recorrido académico de un sujeto en formación. Son, de este modo, los géneros disciplinares los que, progresivamente, le abren al lector/escritor el paso al conocimiento de la disciplina y lo van apoyando en su acceso paulatino a la respectiva comunidad discursiva.

En el contexto de este circuito de construcción y reconstrucción de prácticas discursivas, la comprensión de los materiales escritos se complementa gradualmente con la práctica de la escritura de géneros especializados. Las relaciones sinérgicas entre ambas practicas de lectura y de escritura especializadas van transformando el conocimiento disciplinar y el sujeto va adquiriendo progresivamente un dominio de los géneros disciplinares, a través de un proceso de índole ontogenética. Algunos de estos géneros sólo serán leídos como acceso a conocimientos específicos; otros constituirán tareas de escritura con el fin de comunicar, por este medio, informaciones específicas. Algunos de estos géneros académicos deberán ser leídos inicialmente y, posteriormente, ejercerán su máximo cometido comunicativo, cuando el aprendiz al volverse experto sea capaz de escribirlos adecuadamente; de este modo, ellos cumplirán funciones comunicativas relevantes en las prácticas sociales, tanto académicas como profesionales. Como se desprende, llegado el momento en que el sujeto escritor sea competente en aquellos géneros especializados altamente prototípicos de la disciplina y muestre el cabal dominio de las prácticas discursivas dentro de esa comunidad, habrá demostrado su efectiva participación al menos en un género disciplinar que le permite comunicar significados especializados. De este modo, la lectura es un paso fundamental en el acceso al conocimiento y la estructura discursiva del material escrito, pero sólo la producción escrita efectiva de los géneros requeridos revela el máximo nivel de competencia discursiva de un sujeto experto en la disciplina. Lectura y escritura se vinculan así sinérgicamente y revelan su conexión permanente (Parodi, 2003).

Comentarios finales

Inicié este artículo esbozando una serie de preguntas relevantes para una teoría de los géneros del discurso, las cuales no necesariamente buscaban ser todas respondidas en el marco de este trabajo. También hice hincapié en la multiplicidad de posibilidades terminológicas y conceptuales así como las complejidades teóricas y aplicadas. Me propuse acotar la reflexión al desarrollo de algunos principios teóricos especialmente enmarcados desde una perspectiva sociocognitiva y discursiva del lenguaje, enfatizando la dimensión cognitiva de los géneros. También avancé hacia algunos principios para una alfabetización disciplinar basada en géneros especializados, tanto académicos como profesionales. De este modo, a través de la comprensión y producción de textos escritos se visualiza el acceso a los conocimientos disciplinares, codificados en géneros especializados. De este modo, el desarrollo de una competencia discursiva experta que también incorpore el manejo adecuado de géneros académicos y profesionales debe ser andamiado desde contextos universitarios y laborales.

En marcado en las reflexiones de este trabajo y en vinculación directa con la alfabetización especializada, un asunto que se proyecta como de interés tanto teórico como aplicado es el estudio de las interacciones entre estructuras lingüísticas, representaciones cognitivas y determinados procesamientos psicolingüísticos. Precisamente, la comprensión de los textos escritos que vehiculan el conocimiento disciplinar en su relación con la estructura lexicogramatical de los textos de esos géneros disciplinares y el conocimiento previo del sujeto lector constituye un ámbito poco o nada explorado. Por supuesto que cualquier investigación que aborde este nicho deberá realizar primero un acucioso relevamiento y descripción de los géneros que circulan en el ámbito a estudiar.

Queda claro que los aspectos cognitivos de una teoría de los géneros permanecen como un desafío interesante que aún requieren reflexión teórica e indagación empírica. La conexión establecida entre el modelo de situación y el modelo de contexto como representaciones cognitivas de conocimientos fundamentales para el procesamiento de los géneros es –en mi opinión- un camino novedoso que puede permitir comprender mejor la articulación cognitiva, lingüística y social de tipo multidimensional de los géneros. Asimismo, la mirada integral de una teoría de los géneros en que cada dimensión se articule integradamente, sin perjuicio de un énfasis mayor de una por sobre otra, reviste desafíos importantes. Por último, las variables en que se operacionaliza cada una de estas dimensiones en la constitución más detallada de un género se constituye en otro nicho oportuno.

En suma, en este artículo he buscado aportar una reflexión acerca de los géneros del discurso, transcurriendo desde una perspectiva teórica, pasando por la alfabetización especializada y técnicas empíricas basadas en corpus, y volviendo de regreso sobre la teoría. Este modelo constituye -en mi opinión- un círculo virtuoso que

permite fortalecer la construcción de teorías desde bases empíricas ecológicas para llegar a brindar soportes robustos al diseño e implementación de una pedagogía o alfabetización especializada a partir de los géneros representativos de las disciplinas. Todo ello, desde sólidos principios teóricos que pongan de relieve nuestros supuestos de base y que permitan así avanzar coherentemente hacia escenarios más aplicados y experimentales.

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