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Letras

versión impresa ISSN 0459-1283

Letras v.49 n.75 Caracas  2007

 

Reseña

El niño malo cuenta hasta cien y se retira

Chirinos, Juan Carlos. (2004). Caracas: Editorial Norma. Primera edición. 230 páginas.

José Rafael Simón Pérez

Recibida: 30-01-2006

Durante el XXIX Aniversario del Taller Literario “Marco Antonio Martínez” del Instituto Pedagógico de Caracas, efectuado entre el 15 y 17 de noviembre de 2005, se llevó a cabo un foro titulado: “Narrativa venezolana hoy: movimientos, tendencias y paisajes”. Durante el desarrollo del mismo, Antonio López Ortega (de la Fundación Bigott), Carlos Sandoval (de la Universidad Central de Venezuela) y Leroy Gutiérrez (Coordinador-Editor de Los Libros de El Nacional), hicieron una especie de diagnóstico del estado actual de nuestra narrativa, algo que ocurre con cierta frecuencia en los círculos culturales del país.

Demás está decir que el foro se organizó, entre otras razones, por aquellos encendidos artículos que aparecieron a principios del año 2005 en el Papel Literario del diario El Nacional, como consecuencia de un evento realizado en la ciudad de Mérida. Total que en dicho foro se mencionaron nombres y obras: Juan Carlos Méndez Guédez y Una tarde con campanas, Rubi Guerra y Un sueño comentado, Milton Quero y Corrector de estilo. Otro de los nombres mencionados fue el de Juan Carlos Chirinos, autor de la novela El niño malo cuenta hasta cien y se retira. Confieso que había oído hablar de él, pero nunca había leído nada de su puño y letra.

Así fue como llegué a la primera novela de este escritor venezolano Licenciado en Letras egresado de la Universidad Católica “Andrés Bello”, nacido en la ciudad trujillana de Valera, en el año 1967, y que ahora reside en Madrid, la capital de España. Vale decir que Chirinos también es autor de los libros de cuentos Leerse los gatos (1997) y Homero haciendo zapping y de las biografías para jóvenes Alejandro Magno, el vivo anhelo de conocer y Albert Einstein, cartas probables a Hann. Los tres últimos títulos corresponden al año 2004. Como se puede apreciar, se trata de un escritor joven, pero que ya posee obra publicada.

El niño malo... está dedicada al abuelo Regino, a quien el autor califica como cuenta cuentos mayor. Igualmente, la novela se encuentra dividida en dos partes. La primera se titula “la o del ladrón, la t del santo”. Un título extraño para una novela también extraña. En esta parte, D.Jota aterriza en una casa en la que habitan la abuela y Fanny, luego de tener un aparatoso accidente en un trineo. D.Jota proviene de Caracas, del Caribe, del mismo sitio del que llegó el hombre que hace muchos años conquistó el corazón de la abuela: Eugenio. Los personajes que cobran vida en esta parte de la novela son: D.Jota, Fanny, la abuela (siempre bailando, tup, tup tup y admirando a Bette Midler) y Svevo. Este último personaje pareciera marcar una línea de estrecha cercanía con el abuelo del autor, Regino, mencionado ya con anterioridad. La cercanía viene dada porque en un momento de la novela, Svevo empieza a contar historias en un restaurant del puerto titulado El brazo de la gaviota, para deleite de los turistas que visitan la zona. De hecho, Eugenio le obsequia un libro titulado precisamente Cómo contar historias.

La segunda parte se titula así: “El mal es un autor de la belleza. El mal introduce la sorpresa, la innovación en este mundo rutinario. Sin el mal llegaríamos a la uniformidad, sucumbiríamos en la idiotez”. (Sobre el cuaderno negro). En esta parte, la cápsula del mal (el demonio) se termina de apoderar del alma del personaje de D.Jota, si es que esta especie de antihéroe alguna vez tuvo alma, quien abandona a Fanny en medio de una tormenta de nieve. Ambos habían ido con el perro Don Camilo a pastorear el rebaño de ovejas, pero una peligrosa tormenta de nieve los sorprende, por lo que deben pernoctar en un refugio completamente abandonado. En vista de que dicha tormenta no cesaba, D.Jota regresa a El Pueblo, que así se llama el pueblo, para buscar ayuda. Sin embargo, tratando de huir de dos osos llega a la casa de la abuela. Una vez allí, solo, empieza a hurgar por todos los espacios de la casa. Le roba a Fanny un cuaderno negro y a la abuela la bicoca de cien mil dólares, por lo que decide retirarse. Una vez que el robo se ha consumado, D.Jota decide seguir su rumbo, el cual realizará de ahora en adelante junto a un nuevo compañero: un gato llamado Pangur Ban. No olvidemos el refrán que la tía de D.Jota siempre pronunciaba: “los gatos son hijos del diablo, y los perros de San Roque!”.

Mención aparte merece el tiempo de la historia, de la novela. Se trata de un tiempo circular. Definitivamente, un tiempo en el que el narrador entrelaza o intercala diferentes momentos de la historia: la vida de D.Jota en Caracas, las andanzas de D.Jota, Fanny  y el perro Don Camilo quienes llevan a pastar a las ovejas y se encuentran con la antena de Radio Blanca y con Williams, uno de sus locutores; el continuo baile de la abuela –tup,tup,tup-, fanática de los bailes Fred Astaire, Ginger Rogers, Frank Sinatra, Carmen Miranda y Bette Midler; los relatos fantásticos de Svevo; y las cartas de Eugenio, quien sentía que en las playas blancas de El Pueblo le faltaba el aire porque sencillamente le faltaba horizonte. Y también mar. Un tiempo que muchas veces se detiene y no avanza, como cuando D.Jota se levanta de la cama producto de muchos retortijones luego de comer el tocino de la abuela, baja al baño, se inventa hasta una entrevista con la mismísima Bette Midler, ve por la ventana a la vieja abuela de Fanny comunicarse y dominar a un alce, y el reloj siempre está marcando la misma hora: 2:35 de la madrugada, para sorpresa del mismo personaje.

La parte de la diagramación del texto también sería interesante de destacar. En este sentido, no se trata de un texto novelístico identificado como se realiza tradicionalmente.

Me gustaría culminar esta breve reseña sobre la novela El niño malo..., parafraseando algunas palabras del mismo Chirinos quien, al final del texto, en la Nota del Autor expresa: “La escritura de una novela comienza como un trabajo solitario; las horas frente al papel (o frente al papel imaginario de la computadora) han de ser vividas lo más lejos del ruido: es un acto íntimo que nadie debe transgredir, so pena de frustrar para siempre el gesto creativo. Pero, tarde o temprano, el que escribe necesita el consejo de lectores mejor preparados que él para “oír” la voz de su novela y, ávido, recurre a ellos. Casi siempre son los amigos los primeros en aceptar esta petición”. Sabias palabras de quien ha decidido dedicar su primera novela a los poetas venezolanos y, particularmente, a Ana Enriqueta Terán y a Eugenio Montejo. Palabras que reflejan el oficio de quien para muchos de nosotros puede ser generacionalmente cercano: el Chirinos de Lassie o Flipper o Niebla, el fiel perro de Heidi que sólo sabía dormir y cazar mariposas.

Allí está El niño malo cuesta hasta cien y se retira, de Juan Carlos Chirinos. Plena de alusiones cinematográficas. En espera de lectores que descifren sus enigmas.